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Hasta el momento ninguna medida de escepticismo y crítica ha hecho que considerara los sueños como algo insignificante. Muchas veces parecen no
tener sentido, pero somos obviamente nosotros quienes carecemos del juicio y del ingenio necesarios para descifrar el enigmático mensaje...39
Respete sus sueños. Es más importante anotarlos y revisarlos que descifrar su significado. Los sueños están tan llenos de sentido que es improbable que lleguemos a agotar por completo el significado incluso de un solo sueño. Éste es el resultado inevitable de su procedencia del inconsciente. Cualquier sueño aporta material del que podemos ser conscientes, otro que se halla al borde del consciente, y también material tan alejado del consciente que puede que nunca lleguemos a saber por qué está presente en el sueño.
Cualquier persona u objeto en un sueño puede representar o bien a esa persona u objeto real, o puede ser utilizado como símbolo de alguna cualidad contenida en esa personalidad. Pero normalmente asumimos la segunda posibilidad cuando trabajamos con los sueños, puesto que habitualmente los sueños se expresan en términos simbólicos. Cuando uno ha trabajado suficiente con los sueños, va afinando la intuición y sabe cuándo nos hablan objetivamente en lugar de simbólicamente.
Escoja las personas y objetos de sus sueños y considérelos símbolos. Es decir, busque todo aquello que asocia con esa persona u objeto. Intente determinar primero qué asociaciones tienen mayor importancia para usted, pero no ignore el resto. No está intentando reducir el sueño a una única explicación: más bien está intentando «ampliarlo» hasta que empieza a resonar en su interior de una manera vigorosa. Recuerde que los sueños reales empezaron con nuestros antepasados mamíferos y que tienen sus raíces en las emociones. De acuerdo con ello, confie en sus emociones para juzgar si se encuentra en el buen camino. No deje que su mente racional le fuerce a aceptar una conclusión con la que sus sentimientos no están de acuerdo.
Es útil tener un buen diccionario para buscar la etimología de la palabra que describe un objeto o acción del sueño. Eso no contradice lo que acabo de decir sobre confiar en las emociones con preferencia a los pensamientos al trabajar con los sueños: no está buscando una única definición del símbolo de su sueño; está buscando el desarrollo histórico de un sueño. Las palabras son verdaderos símbolos, contienen toda su historia en su interior. Si esto suena raro, simplemente inténtelo durante un tiempo y vea si con ello no se esclarece muchas veces un sueño que de otro modo quedaría inexplicado.
La primera vez que aparece un sueño, puede parecer superficial y trivialmente repetitivo. La segunda puede ser un mes más tarde o cuarenta años después. Existencialmente se trata del mismo sueño... A medida que continúa el proceso, el sueño puede finalmente ser tan breve que consiga expresarse con una sola nota, un hiato entre el soñante y la forma medio
39 Carl Jung, The Collected Works, vol. 16: The Practice of Psychotherapy, Princeton, Princeton University Press, 1985, pag. 325.
oculta, un rostro relacionado con un sonido y después la oscuridad. Es casi imposible describir un sueño así mediante el lenguaje; se trata de un jeroglífico.40
Asimismo, debido al lenguaje simbólico de los sueños, muchas veces se expresan con juegos de palabras o bromas. Por ejemplo, el investigador pionero del tema de los sueños, el doctor Henry Reed, realizó en una ocasión un estudio sobre los sueños donde aparecían zapatos. Descubrió que con mucha frecuencia ocurrían en un punto crítico de transición en la vida de una persona, cuando necesitamos examinar «allí donde ponemos los pies,» nuestra perspectiva básica de la vida. Es decir, nuestros zapatos son el punto donde ponemos los pies, por lo tanto son la base sobre la cual nos apoyamos. Si esto suena un poco ridículo, inténtelo la próxima vez que sueñe con zapatos.
Tomemos otro ejemplo (sólo un ejemplo, no asuma que se puede poner una etiqueta fija a un símbolo onírico): un motivo habitual de los sueños es verse desnudo. Juguemos un poco con eso. Estamos desnudos, desvestidos, expuestos. Ah, quizá esta última palabra nos recuerda algo. Quizá hemos revelado demasiadas cosas y nos sentimos «expuestos» en nuestra vida. Pero, naturalmente, todos los detalles de la situación añaden más peso al significado. ¿Estaba solo y desnudo en el sueño? ¿Rodeado por otras personas? ¿Sentía turbación en el sueño? ¿O se sentía relajado y cómodo en su desnudez?
Un paciente una vez soñó que estaba extrayendo nabos de la tierra de un planeta extraño. Al ir discutiendo el sueño, se dio cuenta de que la palabra nabo (turnip en inglés) era un juego de palabras para «turn-ups» (lo que se desentierra o saca a la luz), es decir, eso que estaba surgiendo del suelo del inconsciente en su sueño. Los juegos de palabras ocurren con tanta frecuencia en los sueños que es importante intentar localizarlos constantemente. No obstante, cada persona tiene su propio vocabulario onírico, y las personas varían mucho en el tipo y frecuencia de las combinaciones de palabras.
Recuerde el descubrimiento de Jung de que los sueños muchas veces repiten temas mitológicos. Si algún elemento de su sueño le recuerda a un mito (o cuento de hadas), léalo y vea si no le ayuda a explicar el sueño. A veces la estructura de un sueño será tan similar a un mito particular que resultará obvio. En esos casos, sirve de ayuda comparar cuidadosamente su sueño con el mito para ver en qué varía su versión personal. El mito le dará una idea del problema general con el que está tratando. Sus variaciones personales le dirán mucho sobre su punto de vista personal sobre el problema.
El conocido terapeuta familiar Cari Whitaker se basó en esta función del inconsciente para trabajar con nuevos pacientes. Una de sus herramientas favoritas era sentarse con una familia y contarles «cuentos
de hadas fracturados.» Al principio, los miembros de la familia pensaban que estaban escuchando una historia tradicional, pero de alguna manera las cosas se iban volviendo más y más distorsionadas a medida que Whitaker hablaba. Whitaker confiaba en su inconsciente para escoger el relato adecuado y restructurarlo para que se adecuara a la situación. Lo que salía era siempre la historia de la familia que estaba tratando, aunque tan escondida tras la metáfora, que afectaba a los miembros de la familia de manera inconsciente en lugar de consciente.
Confíe en sí mismo cuando sienta que un sueño es significativo; si cree que es importante, normalmente suele serlo. Sin embargo, lo opuesto ya no está tan claro. A veces un sueño muy importante parece que no lo es porque no queremos enfrentarnos al tema del que trata el sueño. En tales casos, dése un tiempo y no se obligue a enfrentarse con el tema si no se siente cómodo. No obstante, tenga en cuenta que en un momento determinado puede que quiera revisar sueños anteriores. Cuando lo haga, puede asustarse al ver lo realmente importantes que eran unos sueños aparentemente inocuos.
Por ejemplo, cuando un terapeuta estaba empezando a descubrir la psicología junguiana, se convirtió en un «auténtico creyente,» como muchos otros que se convierten a una «nueva fe.» En esa época, soñó que era un vendedor de discos psicoanalíticos funda-mentalistas. Sería difícil escoger una imagen mejor de una actitud consciente distorsionada. Pero en esos momentos él no tenía ni la más remota idea de lo que el sueño indicaba.
Pruebe maneras inusuales de conectar con el sueño. Puede cerrar los ojos e intentar regresar al sueño. Si lo consigue, vuelva a alguna parte del sueño que le dejó confuso y siga a partir de allí. Ésta es básicamente la técnica que Jung creó (al menos en el mundo occidental moderno), y que él llamó imaginación activa. Esto parece un término singularmente apto porque, por desgracia, a la mayoría de nosotros nos han enseñado a desdeñar la fantasía, las ensoñaciones, la propia imaginación, como pérdidas de tiempo. La idea de que la imaginación y la fantasía puedan ser activas es algo muy ajeno al pensamiento occidental moderno.
Existen muchas variaciones de esta técnica; por ejemplo, puede mantener un diálogo con las personas u objetos que han aparecido en el sueño. Una buena manera de hacerlo es utilizar la técnica de las «dos sillas» que inició Fritz Perls, el fundador de la psicoterapia gestalt. Coloque dos sillas una frente a la otra, después siéntese en una e imagine que la persona (u objeto) del sueño está sentada en la otra silla. Dígale todo lo que se le pase por la cabeza. Después pase a la otra silla y póngase en la piel de esa otra persona (u objeto). Respóndase a sí mismo. Vaya cambiando de silla para ir continuando el diálogo. Verá como resulta mucho más fácil de lo que se pudiera imaginar. Si utiliza esta técnica, puede grabar la sesión y después transcribirla en su diario.
También puede olvidarse del magnetofón y apuntar el diálogo sobre papel. En primer lugar pruebe a relajarse. Si sabe meditar, hágalo
durante un instante para centrarse. Si no sabe cómo hacerlo, éste es un sistema fácil: primero siéntese cómodamente y cierre los ojos. Tome consciencia de los pies, sin hacer caso del resto del cuerpo. A partir de allí, pase la consciencia a la parte superior de la cabeza. Después al centro del pecho. Vaya trasladando la consciencia a otras partes del cuerpo hasta que se sienta cómodo ubicándola allí donde desee. Después, con suavidad, experimente todo el cuerpo como una unidad. Descubrirá que la respiración enlentece y se va haciendo más profunda a medida que avanza en este proceso, para el que sólo necesitará unos momentos.
Después entable un diálogo con una persona (u objeto) del sueño, igual que con la técnica de las dos sillas. Excepto que en este caso puede anotar ambos lados del diálogo sobre el papel. Yo prefiero hacerlo con un ordenador. Otros puede que prefieran papel y pluma. También podría dibujar, pintar o esculpir su sueño. Al contrario de lo que se cree, ello muchas veces resulta más fácil si tiene poca o ninguna capacidad artística. O pruebe a poner un nombre al sueño, como si fuera un relato breve o una obra de teatro. Puede ahondar en el proceso y dividir el sueño en actos, hacer una lista de los protagonistas y de la acción, etc. Esto suele ser muy útil porque los sueños se prestan a estos trucos escenográficos.
En resumen, existen muchísimas maneras de ayudar al trabajo con los sueños. Trataremos un poco más sobre aspectos específicos de los sueños en capítulos posteriores. Pero lo más importante es recordar el sueño y anotarlo. Si no lo hace así, no es posible hacer nada más.
Los sueños forman un registro del proceso de individuación. En el siguiente capítulo abriremos una discusión sobre el punto de partida de ese proceso: el concepto junguiano de los tipos psicológicos.