3.3 Extending Apache: Apache Modules
3.3.5 Predefined Hooks
Jung iba a descubrir la relación entre el instinto y el espíritu en los arquetipos del inconsciente colectivo, cada uno de los cuales se extendía desde el reino más elevado al más bajo de la experiencia humana. No obstante, era también interesante que Freud y Adler se sintieran inconscientemente atraídos hacia «dioses» opuestos, mientras que Jung siguió siendo politeísta. A Jung le parecía evidente que los seres humanos están tirados y empujados por una multitud de fuerzas que no se pueden reducir necesariamente a una sola. Ello le llevó a buscar modelos históricos de carácter humano que pudieran explicar por qué existen personas tan diferentes como Freud y Adler (y Jung). Al igual que las invariantes cognitivas son estructuras eternas a través de las cuales la mente humana filtra la realidad, Jung llegó a sentir que existía una reducida cantidad de tipos humanos eternos.
Por ejemplo, Freud veía a la humanidad como eternamente desgarrada entre el principio de placer y el principio de realidad. Es decir, todos queremos satisfacer nuestra necesidad de placer, especialmente el de carácter sexual, pero la realidad pone límites a nuestra capacidad para satisfacer esas necesidades. Claramente la opinión de Freud pone énfasis en el mundo exterior, en los placeres que están «ahí fuera», y en las restricciones de «ahí fuera» (aún en el caso de que las restricciones externas se hayan convertido en internas).
Adler, al contrario, consideraba que la humanidad sufría de sen- timientos de inferioridad de un tipo u otro. Para compensar ese complejo
de inferioridad, intentamos conseguir poder. Al sentirnos poderosos, podemos borrar nuestros sentimientos de inferioridad. Está claro que la opinión de Adler pone el énfasis en el mundo interior, en nuestra respuesta subjetiva a los acontecimientos exteriores.
Naturalmente, cualquier evento se puede contemplar desde ambos puntos de vista. Podemos examinar lo ocurrido en el mundo exterior, o podemos examinar lo que sintió la persona acerca de esos acontecimientos. Jung se dio cuenta de que cada uno de nosotros tiene una predisposición hacia uno de estos dos enfoques en la vida. Un tipo de persona instintivamente se hace atrás cuando el mundo se le acerca, otro instintivamente se acerca a ese mundo exterior. Jung denominó al movimiento hacia el mundo exterior extraversión (del latín «extra», exterior, y «exterus», hacia fuera), y a la retirada hacia uno mismo introversión (del latín «intro», hacia dentro). Un extravertido es la persona cuya actitud primordial hacia la vida es extravertida; un introvertido es una cuya actitud es introvertida.
Ambas actitudes son tan básicas que es imposible descubrir cualquier forma de vida tan primitiva que no muestre evidencia de ambos tipos de conducta. Una ameba considera a todo lo que se encuentra en el mundo como alimento o como enemigo. Ataca y se traga el alimento y huye del enemigo. Podemos considerar la primera conducta como un movimiento hacia el mundo exterior, la última como una retirada del mundo. Los animales más evolucionados poseen los mismos instintos. En los últimos años, los estudios realizados por Hans Selye sobre los efectos del estrés han demostrado como, bajo estrés, nuestros cuerpos producen sustancias químicas que nos preparan para luchar o para huir. Como en la mayor parte de las situaciones estresantes del mundo actual no podemos hacer ni una cosa ni la otra, no tenemos salida para esa inyección extra de energía y nos quedamos alterados y ansiosos gran parte del tiempo.
Aunque todos somos capaces de escoger cualquiera de las dos reacciones ante el mundo cuando una situación así lo exige, preferimos, con diferencia, una a la otra. La ruidosa fiesta que a un extra-vertido le encanta resulta un infierno para un introvertido. El amor del introvertido por lo familiar es un aburrimiento mortal para el extravertido. Cuando los introvertidos se cansan, tienen que irse a algún lugar ellos solos para recargar las pilas. Y al contrario, los extravertidos tienen que encontrarse con gente o cosas para poder animarse de nuevo.
Muchos tests psicológicos de personalidad actuales utilizan medidas de extraversión e introversión, pero las consideran desde el punto de vista estadístico. Es decir, que estos tests asumen que todo el mundo tiene cierto grado de extraversión y de introversión, pero que la mayoría de personas tiene una mezcla bastante igualada de ambas cualidades. Las personas que son fuertemente introvertidas o extravertidas se consideran un porcentaje estadísticamente pequeño de la población.
Esta perspectiva destruye el concepto junguiano. Jung no creía que alguien tenga que ser tan odiosamente extravertido como el proverbial vendedor de coches usados para ser un tipo extravertido, ni tan retraído como un erizo para ser un introvertido. Éstos son los dos extremos que en los tests de personalidad dan extravertido e introvertido.
Al igual que con tantos otros temas, Jung vio mucho más allá de las características de la conducta exterior, que resultan obvias. Para resumir: la extraversión es un dirigirse hacia el mundo para reponer energía, la introversión la busca en el interior de la psique. La mayoría de nosotros encajamos claramente dentro de una u otra categoría, independientemente de los extremos de comportamiento que indican los tests psicológicos.
El motivo por el cual esta distinción es tan decisiva es que los introvertidos comparten un gran número de características que contrastan con las de los extravertidos, sólo por el hecho de ser introvertidos, independientemente de cuál sea su grado de introversión. Sin embargo, debido a que con frecuencia nuestra conducta es más una evidencia de las restricciones sociales que de una preferencia personal, muchas veces es necesario dirigirse hacia los sueños de la persona para descubrir si realmente es de tipo introvertido o extravertido. Si el soñante tiene conflictos frecuentes con una persona introvertida, él o ella es un extravertido, y viceversa. Ello es debido a que la actitud no desarrollada se ha retraído hacia el inconsciente y ha adoptado diversas formas personificadas. (Hablaremos de ello en mayor profundidad en el capítulo siguiente dedicado a la sombra.)