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3.3 Extending Apache: Apache Modules

3.3.7 The Apache API

Los introvertidos son más tranquilos que los extravertidos. Con frecuencia una manera rápida de distinguir a un introvertido de un extravertido es la enorme cantidad de palabras que estos últimos utilizan. Los introvertidos prefieren, con diferencia, lo familiar a lo nuevo, les gusta que las cosas sigan igual. Normalmente se sienten más cómodos en su propia compañía que en la de otros. En situaciones donde conocen a personas nuevas, se sienten perdidos y fuera de lugar. Prefieren vivir las cosas en su propia mente antes de experimentarlas realmente en el mundo exterior.

En nuestra extravertida cultura americana, los introvertidos han sido considerados más bien peyorativamente. Las cosas son muy distintas en una cultura introvertida como la japonesa, donde miran con desaprobación a la extraversión. Tanto la manera introvertida como la extravertida de adaptación a la vida son normales: ambas funcionan. Como ya he mencionado, una de las cosas que originalmente empujó a Jung hacia sus conceptos de introversión y extraversión fue la censura por parte de Freud de las personalidades narcisistas. Jung se percató de que la etiqueta les encajaba a algunas personas que realmente eran narcisistas, pero que se les podía aplicar injustamente a otras simplemente porque su orientación era hacia el interior en lugar de hacia el exterior.

Para los extravertidos, los introvertidos siempre les parecerán egoístas y absortos en sí mismos porque están más interesados por el mundo interior que por el exterior. Para los extravertidos, es casi imposible imaginar cómo los introvertidos pueden negar los «hechos» del mundo exterior. Los extravertidos no son siempre conscientes de que esos hechos han sido coloreados por sus propios procesos interiores inconscientes. Los introvertidos son siempre conscientes de que todo lo que saben del mundo es cómo éste aparece en su propia mente.

Jung resumió la postura de los introvertidos de manera sucinta: «¡El mundo no existe únicamente por sí mismo, sino también como yo lo veo!»45 Originalmente, la batalla entre la extraversión y la introversión fue abordada en primer lugar y de manera explícita por la filosofía. La versión filosófica de la introversión se llama la «postura idealista.» Tal como fue expresada en el siglo XVIII por el filósofo irlandés George

Berkeley: «No experimentamos otra cosa que no sean los pensamientos que nos cruzan por la mente. Por lo tanto, eso es todo lo que podemos decir sobre la realidad. Insistir en que hay algo "ahí fuera" es una tontería. Todo lo que sabemos es lo que experimentamos "aquí dentro".»

Aproximadamente por la misma época, el filósofo escocés David Hume negó esa creencia básica de la postura extravertida: la causalidad. Sencillamente damos por sentado que una acción causa otra. Toda la lógica aristotélica está basada en silogismos (es decir, si A implica a B y

45 Carl Jung, The Collected Works, vol. 6: Psychological Types, 1971, Princeton, Princeton University Press, pag. 621.

B implica a C, entonces A implica a C.) Newton dijo que por cada acción existe una reacción igual y opuesta. O dicho de manera más simple: cada efecto tiene una causa. Hume destruyó la base de la causalidad al traspasar el argumento a la mente. Digamos que argumentamos que una pelota cambia de dirección cuando choca con un bate de béisbol, debido al choque con el bate. Hume insistiría en que todo lo que podemos afirmar es que la pelota chocó con el bate y que fue en dirección opuesta. Dos acontecimientos fueron relacionados en el tiempo y el espacio debido a nuestra sensación. Pero no existe ninguna necesidad lógica de demostrar que uno causó el otro.

Según esta perspectiva, el mundo real es el subjetivo, no el objetivo. Pues bien, un filósofo aún más importante, Immanuel Kant, apareció a finales del siglo XVIII y dio una respuesta precursora de la propia opinión

de Jung. Kant dijo que existía un mundo exterior objetivo, pero que sólo lo podemos experimentar mediante el filtro que ofrece nuestra propia mente. Ya tenemos unas estructuras psíquicas innatas dentro de las cuales encajamos nuestras percepciones de la realidad. No podemos percibir la realidad excepto a través de esas estructuras. Y, naturalmente, ya nos hemos encontrado con esas estructuras en este libro bajo la terminología junguiana de arquetipos y mi propio término de invariantes cognitivas. Kant creía que ello era una limitación necesaria de la humanidad, que nunca podríamos conocer «das Ding an sich» (la cosa en sí misma).

Pero en realidad incluso la opinión de Kant se queda corta. ¿Cómo es que las invariantes cognitivas a través de las cuales filtramos la realidad encajan de manera tan admirable con la realidad? No es como si fuéramos tropezando con cosas que no vemos, o nos quemáramos al tocar objetos que parecen fríos. No, cuando experimentamos el mundo a través de las invariantes cognitivas, parece como si tuviéramos un mapa preciso de la realidad tal como la mente humana es capaz de percibirla. Las mismas invariantes cognitivas tienen que ser experimentadas de manera muy distinta por un pez, que tiene un entorno totalmente diferente, así como capacidades sensoriales diferentes a las de un ser humano. Pero las invariantes cognitivas del mundo interior y los objetos del mundo exterior tienen, de algún modo, que ser dos aspectos de la misma cosa.

Todos experimentamos el mundo exterior a través del mundo interior. Los extravertidos ignoran el proceso intermedio y actúan como si experimentaran el mundo exterior directamente. Los introvertidos se centran en el proceso interior. Debido a ello, los introvertidos son proclives al solipsismo (la creencia de que nadie ni nada existe excepto la persona que tiene ese pensamiento).

Un amigo mío del tipo introvertido me ha insistido diciendo que como es él quien percibe el mundo, y es él quien toma las decisiones sobre el mundo, consiguientemente no existe ningún mundo (para él) a no ser que esté pensando en él. Es difícil discutir con esta postura, pero un

extravertido no se preocuparía, porque ningún extra-vertido se toma el mundo tan en serio. En la inmortal obra de Boswell, Life of Johnson, éste nos cuenta cómo Johnson (el extravertido de los extravertidos), cuando le comentaron la argumentación de Berkeley, dio un puntapié a una piedra cercana y proclamó solemnemente: “Así es como yo la refuto.”46 Naturalmente no estaba refutando a nadie, puesto que sólo era en su mente donde sentía la sensación de dar el puntapié a la piedra, sólo en las mentes de los allí presentes se percibió el acto del puntapié a la piedra. La diferencia entre extraversión e introversión en estos temas es emocional, no lógica.

El introvertido sólo se siente cómodo con el mundo exterior una vez tiene preparado un modelo interior. Von Franz dice que Jung le contó el caso de un niño que no quería entrar en una habitación a menos que supiera los nombres de cada mueble que ésta contenía.47 Un introvertido una vez me dijo que se sentía francamente incómodo en una situación nueva donde pudiera presentarse alguna persona o concepto que no conociera antes y que no sabría cómo enfrentarse a ello. Otro introvertido me explicó que se sentía mucho más cómodo después de desarrollar un conjunto de estrictas reglas que utilizaba en situaciones sociales. Solamente adaptaba esas reglas en casos de necesidad perentoria.

Igual que la función inferior de un extravertido es la introversión, que atrae al extravertido hacia el mundo interior, la función inferior de un introvertido es la extraversión, que empuja al introvertido hacia el mundo exterior. Es importante que el introvertido llegue a experimentar realmente el mundo exterior y que no se parapete tras una barrera de experiencias interiores. En El lobo estepario de Hermann Hesse tenemos el clásico retrato de un introvertido empujado hacia el mundo sensual de la experiencia. En esa novela, un saxofonista simboliza la visión que tiene un introvertido del extravertido sensual. Actualmente lo podríamos sustituir por una estrella de rock.

Me imagino que, llegados a esta altura, el lector tiene un mejor conocimiento de las dos actitudes diferentes de ver el mundo. Él mismo debería poder decir con cierta confianza si él o ella es un introvertido o un extravertido, y probablemente también saber identificar las actitudes de muchas otras personas que resultan significativas.

En el resto de este capítulo pasaremos a una discusión más detallada de las cuatro funciones: pensamiento, sentimiento, sensación e intuición. Por último hablaremos de los ocho tipos psicológicos que obtenemos al combinar la actitud con la función. Naturalmente podríamos ir más allá y obtener dieciséis tipos combinando actitud con función superior y secundaria, ¡pero tenemos que detenernos en algún punto!

46 Louis Kronenberger, comp., The Portable Johnson & Boswell, Nueva York, Viking Press, 1947, pág. 125.