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The Request–Response Loop

Resulta inevitable que veamos el mundo a través del cristal de las relaciones humanas. No es sorprendente que nuestros sueños traten casi exclusivamente sobre las relaciones con los demás. Están básicamente poblados con las mismas personas con las que tenemos contacto en nuestra vida cotidiana. Pero también aparecen personas que conocemos muy poco, si es que las conocemos. Y, de vez en cuando, aparecen personas a quienes jamás hemos visto antes (y probablemente nunca lo hagamos): personas creadas por el inconsciente.

Jung opinaba que las cualidades que hemos negado en nuestra vida no se van a ninguna parte, simplemente quedan relegadas al inconsciente, donde se personifican como la sombra. Cuando nuestros recursos conscientes son inadecuados para tratar con algún tema nuevo en nuestra vida, y necesitamos cualidades que han sido relegadas al inconsciente mediante la negación o negligencia, esas cualidades aparecen como una figura de sombra en nuestro sueño. Siempre que tenemos sueños de sombra deberíamos considerarlos como el inicio de algún nuevo ciclo vital. Debido a que nuestras vidas son complejas, en cualquier momento de nuestra vida hay muchos de esos ciclos que están en marcha.

Las figuras de sombra normalmente aparecen primero en forma no humana: alienígenas de otro planeta, vampiros, zombies, criaturas semihumanas, etc. Nos hacen enfrentarnos a su presencia no deseada, aunque inevitable. Con el tiempo, estas figuras oníricas evolucionan y se van haciendo totalmente humanas, de nuestro mismo sexo, pero malas, diabólicas, despreciables. (¡Por supuesto nada que ver con nosotros, que somos criaturas perfectas!) Más adelante, siguen evolucionando y se convierten en personas lastimosas a quienes toleramos, pero que miramos por encima del hombro, después en conocidos, personas que vemos como figuras no especialmente importantes, pero a quienes tole- ramos como parte de nuestra vida cotidiana. Más adelante aún, las figuras de sombra se convierten en amigos, familiares, amantes. Finalmente, si hemos aprendido a integrar sus características no deseadas en nuestra personalidad, éstas ya no tienen que ser personificadas en el inconsciente. Hemos cambiado y ellas forman ya parte de nosotros.

Danza con la sombra. Cuando finalmente nos vemos forzados a reconocer la existencia de la sombra, al principio nuestra relación es como una incómoda danza ritual, que siempre amenaza con degenerar en una guerra activa. (Reimpresión de 1001 Spot Illustrations of the Lively Twenties.)

Déjenme revisar esta progresión un poco más despacio, aplicándola al caso de la niña de mi ejemplo anterior. Para cuando se haya convertido en adulta, sin duda hará ya mucho tiempo que dejó de intentar utilizar sus habilidades mecánicas innatas. Durante un tiempo, puede que su vida le parezca plena y completa. Pero a la larga algo falla. Quizá se encuentra con un dilema moral que no puede resolver con cualquiera de sus recursos racionales normales. O, quizá, se siente inexplicablemente deprimida, incapaz de sentir interés por nada. No importa cuál sea la manera con la que intente resolver su dilema o salir de su depresión, nada sirve de ayuda.

Ello es debido a que lo que necesita se encuentra en el inconsciente, y no puede alcanzarlo a través de su consciente. Cuando llega ese momento, el inconsciente empezará a poner ante su conocimiento consciente figuras de sombra que son las que rodean los rasgos de personalidad que ha estado negando durante todos esos años. Al principio, las figuras de sombra de sus sueños probablemente no sean humanas, y resultará imposible identificar las características que poseen. Esto señala una etapa en que la mente consciente de la mujer se ve ante la necesidad de aceptar unas capacidades que ha negado que sea posible desarrollar en su caso. Por lo tanto, la propia idea parece aborrecible, inhumana.

Es frecuente que la negación sea tan completa que los sueños de sombra se conviertan en pesadillas. Me he creado el hábito de que cada vez que tengo una pesadilla, intento volverme a dormir inmediatamente

y regresar a ella para poder hacer las paces con la figura de la pesadilla. Algunas veces esto es lo que ocurre. En la mayoría de ocasiones, el intento es suficiente para formar algún tipo de acercamiento entre el consciente el inconsciente, y ya no es necesario volver a tener otra pesadilla.

El mundo onírico ofrece un escenario maravilloso donde se pueden representar muchas situaciones diferentes, llenas de distintos personajes, que llevan a conclusiones muy diversas. Las personas que dicen no soñar nunca se sentirían perturbadas si descubrieran las escenas que se representan en su psique todas las noches. En sus sueños se ven exactamente frente a las mismas situaciones con las que se tienen que enfrentar para su crecimiento y desarrollo. La evolución de carácter va teniendo lugar lentamente a pesar de su falta de consciencia sobre el tema.

He hablado de la sombra en un sentido amplio, en el que la sombra puede aparecer como cualquiera, desde una temida figura de pesadilla hasta un amigo o familiar: las figuras de sombra aparecen en los sueños prácticamente todas las noches. No obstante, las más extremas, las que nos parecen tan abominables, sólo aparecen cuando algo va mal en el proceso. Esas figuras de sombra aparecen cuando nos hemos vuelto demasiado rígidos en nuestros patrones. Pensemos en la sombra física. Sólo surge cuando la luz nos ilumina. Cuanto más brillante la luz, más oscura la sombra. Asimismo, si nos consideramos demasiado buenos, demasiado perfectos, la sombra se vuelve más oscura como compensación.