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5.5 Programmable logic and software

5.5.3 CPLD registers

Observa el movimiento de los astros y recuerda que tú giras con ellos, y no olvides de reflexionar acerca de las modificaciones de los elementos. Estos nobles

pensamientos purifican el alma de las manchas de esta vida terrenal.

Desde los más remotos comienzos de la cultura humana, el hombre parece haberse interesado por el movimiento de los astros. El culto al Sol y a la Luna, como la adoración de Venus, trajeron consigo que su aparición en el horizonte fuera saludada con ceremonias y festividades especiales.

La aparición de cometas siempre ha sido considerada como de mal presagio, aun en tiempos antiquísimos, porque los pueblos sabían a través de sus tradiciones que tales enviados del cielo podían tener una nefasta influencia sobre la vida humana.

A consecuencia del interés existente por seguir el curso de los astros, nació la ciencia de la astronomía, que fue cultivada por muchos pueblos antiguos, entre ellos por los

sumerios, los babilonios, egipcios, mayas, toltecas y también por los incas. No sabemos cuándo se inició este estudio, pero puede afirmarse categóricamente que ya existía antes

de que el último diluvio cubriera los palacios y templos de islas y continentes con las destructivas olas de los océanos.

Un elocuente testimonio que refuerza la convicción de que los pueblos antiguos sabían mucho acerca del movimiento de los astros, es la puerta del sol de Kalassasaya, en Bolivia.^ Esta puerta es un resto de un gigantesco templo antiquísimo. Está labrada en un gigantesco bloque de roca andinita, de una sola pieza. Frente a la puerta del sol se encuentra una escala monolítica con varias gradas, y delante se encuentra una piedra de referencia y observación.

La puerta del sol lleva sobre su cara anterior una serie de relieves que aparece en la ilustración N9 39. Estos relieves han sido reconocidos como una especie de calendario. A continuación se reproduce la explicación que Kiss ha dado para las figuras cinceladas en la piedra y que considero realmente convincente.

Kiss considera a la gran figura central como representación del mes de setiembre, del comienzo de la primavera en el hemisferio sur, igualmente importante para las labores agrícolas como para la observación del sol y del cielo, como lo demuestran las grecas o meandros que rodean el rostro del dios central, como también los signos entrelazados y las cabezas de cóndores que aparecen en los demás meses, deben simbolizar el cielo. Los cóndores acostumbran volar sobre los más altos picachos de las cordilleras andinas, lo que naturalmente habrá influenciado a los indios que erigieron el monumento, para ponerlos como símbolos de lo celestial.

El trompeta caricaturesco que aparece en la esquina y que dirige su pie exageradamente grande hacia la izquierda, significa: “por aquí hay que seguir”. Según esto, aparecerían 12 meses, y alrededor de cada cara, aparecen 24 pequeños símbolos que deberían

significar 24 días. Solamente en febrero y en abril se añade un día en forma de un pájaro de la selva, o tal vez un papagayo, lo que significaría en total 290 días para el año. El lector va a responder: “pero si el año tiene 365 días, ¿cómo el^ calendario marca solamente 290?” Esta cuestión la trataré de explicar más adelante.

El astrónomo alemán doctor Rolf Müller, de Potsdam, efectuó estudios acerca de la puerta del sol, considerando la posición de los pilares esquineros colocados frente a la misma en relación con ella. Calculó el ángulo preciso entre la salida y la puesta del Sol indicados por la mencionada puerta con sus pilares de referencia. Basado sobre el án- gulo resultante calculó la inclinación del eje terrestre contra la trayectoria de la Tierra, o sea, la inclinación de la eclíptica que se encuentra en constante cambio. En otras

palabras, el eje de rotación de la Tierra no queda estacionario en la misma dirección, sino que va describiendo una especie de cono. Este fenómeno es visible en todo trompo. Cuando la rotación de éste va decreciendo, se nota esta rotación cónica que se va

acentuando, mientras más fuerza pierde el trompo. Se ha podido determinar matemá- ticamente, con qué periodicidad se efectúa este fenómeno, y se ha comprobado a base de mediciones efectuadas hace 4000 años. El astrónomo doctor Müller llega a un resultado aproximado para la erección de la puerta del sol de Kalassasaya, fijándolo en 9.500 años antes de nuestra era.

Si este cálculo fuera correcto, existiría la certeza de que hace unos 11.500 años ya existían seres humanos que poseían los conocimientos necesarios como para levantar un calendario que era indispensable para sus necesidades.

Otro investigador, el ingeniero Kurt Bilau1 supone que la Tierra giraba más lentamente en aquel tiempo, lo que explicaría el motivo de haberse marcado solamente 290 días en el mencionado calendario. Una catástrofe, como la que es narrada en las revelaciones de

San Juan, bien podría haber podido acelerar la rotación terrestre, haciendo variar el año de 290 días de 30,2 horas, a un año de 365 días de 2,4 horas.

Innumerables leyendas de los más variados pueblos de Europa, Asia y América relatan que hubo un tiempo en que fue necesario reunir los sabios para hacerlos controlar el calendario, ya que el mismo no coincidía con las estaciones del año. Una demostración irredargüible la encontramos en uno de los calendarios mayas. Este pueblo usaba dos calendarios distintos. Uno de los mismos estaba totalmente fuera de lugar y fue complementado con otro que se adaptaba al anterior y, al emplearse junto con éste, permitía mantener un sistema de medición del tiempo en concordancia con las cuatro estaciones del año.2

La puerta del sol de Kalassasaya lleva, fuera del calendario ya descrito, bajorrelieves añadidos posteriormente en forma de ocho figuras que se repiten tres veces, o sea, 24 figuras adicionales a cada lado del calendario anterior, lo que añadiría, probablemente, 48 días más a los 290 contados anteriormente, lo que daría un total de 338 días, si consideramos cada figura añadida como válida por un día, lo que parece lógico, ya que todos estos nuevos símbolos son idénticos. ¿Puede suponerse que estos 48 grabados fue- ron añadidos por generaciones posteriores que se dieron cuenta que el calendario no les servía en la forma anterior?

El calendario monolítico de Kalassasaya es preincásico (ilustración 39). Este

corresponde a las construcciones megalíticas monumentales que un pueblo desconocido levantó en lo alto de los Andes, al igual que en las islas del Sur, Japón, Trinidad, India y en otros países.

La construcción en forma de pirámide, sobre la cual se

1 Die Qffenbarungen JoJiannis, Kurt Bilau, Luclcen & Luckcn, Berlín SO 16, p. 44. Sylvanus G. Morley, Fondo de Cultura Económica, México, La civilización maya, 1956, cap. 12, p. 290.

encuentra estacionada la figura central, del dios sol, sugiere una especie de observatorio astronómico primitivo. Ya se ha mencionado el ornamento de grecas que circundan el rostro del dios y que significan “cielo”.

El calendario primitivo de Kalassasaya es más nuevo que el del primer calendario maya, como trataré de demostrarlo, mencionando lo que al respecto dice Sylvanus Morley, el conocido investigador.

“Como el calendario desempeña un papel de tanta importancia sobre los monumentos y en la historia maya, es indispensable hacer una descripción somera del mismo:

“El tzolkin o año sagrado contaba con 260 días. Se supone que el calendario de 260 días de la cronología maya, de ese pueblo de cultivadores del maíz, de aguateros y leñadores, como de los canteadores de piedras, se adaptaba perfectamente a las necesidades del mismo. Era la cronología santa que también llevaba el nombre de “el contador de los días”. Este período de tiempo era la base para la vida y el ceremonial religioso de los mayas, indispensable para su felicidad. Los primitivos mayas no consideraban el día de su nacimiento desde el punto de vista de su inclusión en el año tropical, por así decirlo, sino que como parte del tzolkin o año sagrado de 260 días. El dios patrocinante del día en que nacían, era su dios predilecto, su patrono, su dios protector, si así puede

expresarse. Indudablemente, también el dios patrocinante del mes en que habían nacido, les era más favorable que los de los demás 19 .meses, pero su dios del tzolkin, personal, era su más poderoso protector, su más fiel aliado entre los dioses celestiales. Inclusive

se pudo establecer que un indio cakchiquel del altiplano de Guatemala llevaba el nombre que correspondía a su nacimiento, como su nombre propio, o sea, Oxlahu Tzii, lo que corresponde al 13 de octubre del calendario maya”.

Los 260 días del año sagrado quedaban nominados anteponiéndoles los números 1 al 13, inclusive, a los nombres de cada uno. Estos, comenzando por Ik, tenían cada uno su glifo propio.

Como un dato interesante, añado a las indicaciones del señor Sylvanus Morley, el significado del nombre de cada día, ya que creo que así podrá darse cuenta el lector de las catástrofes que deben ser recordadas por los distintos nombres. Creo que a este detalle se le ha concedido poca importancia hasta el momento. Complemento estos nombres con los glifos respectivos (véase ilustración N° 55).

He copiado los nombres de los días del calendario maya con el objeto de que el lector pueda convencerse de que un acontecimiento trágico, descorazonado!’ como el desa- parecimiento de la isla o del continente de Mu, quedó perpetuado en sus significados. Nadie puede dudar de que l<>s nombres de los días: Cimi - la muerte, en seguida Manik - tragado por el agua, Lamat - el precipicio del mar, hundirse en el agua, y Mulunk - zambullirse, muerte hajo las aguas, como también Oc - el hecho de repartir granos con la mano, y por fin Chuen - territorio que ha ;ido atacado interiormente por un brote volcánico o de luego, se refieren a esta catástrofe.

Si seguimos estudiando los significados del hombre del sexto día: Eb, la escala a escalera para subir, encontramos en ella igualmente un dramático recuerdo de aquel acontecimiento. Cuatro días seguidos dan cuenta de muerte, destrucción y desaparición bajo las aguas, mientras que el quinto da cuenta del reparto de alimentos a los

sobrevivientes. El sexto día habla de las fuerzas volcánicas, mientras (>1 séptimo indica la acción de subir una escala o escalera, tal vez para salvarse, tal vez para dar gracias a los dioses por la salvación.

El pueblo maya tiene que haber sufrido esta catástrofe en sus tiempos primitivos, la que lo sobrecogió de una forma tan extraordinaria que los perpetuó en los nombres de sus días de semana, para no olvidarlos jamás.

El nombre de los días hace suponer que la catástrofe duró aproximadamente unos cinco días.

El calendario maya no tiene días que se llamen Ik, Okbal o Kan, ya que a cada día hay que anteponer un número del 1 al 13, como yo mencioné ya en el capítulo dedicado a la desaparición de la isla Mu. ¡La isla desapareció en el sexto año Kan, el 11 Muluk del mes Z a c . . . ! Mientras cada mes no tuviera sus treces días y mientras no hubieran transcurrido los 20 meses, no podía enterarse el año santo o tzolkin.

Quisiera mencionar que, a mi juicio, este calendario tiene que haber correspondido alguna vez a la rotación terrestre, ya que no es de suponer que un pueblo que, como el de los mayas, poseía conocimientos astronómicos avanzados e inclusive conocía el año de Venus, hubiera incurrido en errores tan visibles. Antiquísimas tradiciones relatan que los reyes de aquellos primitivos tiempos reunieron a sus hombres sabios para corregir el calendario, ya que el mismo no servía al propósito de indicar la exacta medición del tiempo.

Si establecemos que el calendario de Kalassasaya marca 290 días, y el calendario santo de los mayas suma solamente 260 días, esto es a mi juicio la demostración más

1. pop /2 . zotz /3. yaxkin /4. yax /5. mac

6. pax /7. uayeb /8. uo / 9. tzec / 10. mol/ 11. zac / 12. kankin / 13. kayab / 14. zip / 15. xul

16. chen / 17. ceh / 18. muan/ 19. kumhu.

dedor del Sol en menos días que hoy, lo que no quiere decir que la trayectoria misma haya variado, sino que los días eran antiguamente más, largos, con lo que un número menor de días bastaba para completar el año.

Los mayas complementaron su calendario santo de sólo 260 días, combinándolo con un calendario de 365 días. Este, denominado Haab, cuenta con 19 meses: 13 meses de a 20 días y un último mes de término de sólo 5 días (los nombres de estos meses van

indicados en ilustración N” 56). No he querido dar las traducciones de los nombres, ya que no son de mayor interés y habrían quitado un espacio que bien se puede dedicar a otros tópicos.

Como sería engorroso explicar la manera de combinar los dos calendarios de los mayas, el lector que se interese por este detalle, podrá encontrarlo en el libro de Sylvanus Morley, La Civilización Maya.

El decimoquinto mes, “Muan” tal vez podría corresponder u la fecha de desaparición de la isla “Mu”.

Es difícil establecer si la intromisión del cometa que es narrada conjuntamente con el diluvio de fuego en la leyenda de Bochica, tuvo influencia en la aceleración de la rotación de la Tierra.

Otra teoría sería la de que el crecimiento de nuestro planeta pudiera traducirse en una rotación más rápida, pero este cambio se habría producido a través de miles y miles de años 3. El motivo de esta aceleración sólo se puede suponer. Pero no es posible dudar de que los sumerios, egipcios, babilonios y algunos pueblos americanos, poseían ya los conocimientos necesarios como para establecer un calendario preciso. Es por eso que hay que suponer que el calendario ceremonial o santo de los mayas tiene que ser

antiquísimo, ya que es de 260 días mientras que el de Kalassasaya debe corresponder a una época más reciente, más o menos a la fecha de desaparición de la Atlántide. Como las fechas coinciden aproximadamente se podría pensar que los pueblos de aquellos tiempos que vivían en Bolivia y en el Perú fueron obligados por las circunstancias a abandonar sus países para buscar refugio en el altiplano, donde carecían de calendarios, por lo que construyeron uno, para permitir a los indios cultivadores de cereales el establecer con exactitud las épocas más propicias para sembrar y para cosechar. Posiblemente nuestro planeta no había logrado estabilizar su rotación en forma definitiva en aquellos tiempos, por lo que las generaciones posteriores añadieron las figuras que ya han sido comentadas. Es probable que el nuevo calendario de 338 días haya quedado fuera de servicio en un lapso relativamente corto. Entretanto, los cultos constructores de la puerta del sol deben haber sido desalojados de sus territorios por otros pueblos que desaparecieron.

El retroceso de la última época llamada “glacial” ha sido fijada aproximadamente en unos 10.000 años antes de nuestra era. ¿Fue este fenómeno el que tuvo como conse- cuencia la erección del calendario pétreo de Kalassasaya?

3 La Terre s’en va, Louis Jacot, La Table Ronde, París, 1958.

Este tema lo volveré a orillar en uno de los próximos capítulos.

Al estudiar los conocimientos antiquísimos que han existido en relación con la

observación de los astros, conviene recordar un detalle que es poco conocido, pero que demuestra en forma realmente asombrosa de cómo aquellos primitivos seres humanos sabían calcular los movimientos de los cuerpos celestes. En el Egipto existen muchas zonas poco investigadas, en relación con sus templos y construcciones antiguas. Entre éstos se destaca el pequeño templo de Dendera 4. En el mismo existe un zodíaco que aparentemente ha sido tomado de fuentes antiquísimas. Para poder aquilatar en todo su valor los símbolos zodiacales, hay que considerar que los mismos representan el cielo de una época determinada. Las constelaciones de este zodíaco no coinciden con las de nuestro cielo actual, por lo que tienen que corresponder a una época anterior.

La posición del equinoccio de primavera del zodíaco de Dendera pone al Sol en otra constelación.

El movimiento de nuestro planeta hace que el eje del mismo vaya indicando

paulatinamente hacia distintas estrellas polares. Este movimiento de retardación de los equinoccios modifica igualmente las posiciones de salida y de puesta de determinadas estrellas en relación con ciertas constelaciones. Así, es posible poder establecer matemáticamente, cuántos años han pasado, si se determinan los movimientos de los respectivos astros en relación con su posición anterior. Para explicarlo en forma más sencilla, podría decirse que los astros se mueven en sentido inverso a la posición de los doce signos zodiacales, y eso en un pequeñísimo porcentaje por año. Este movimiento de los cielos, esta traslación lenta del universo representa a un reloj gigantesco, en el cual la esfera está representada por el firmamento, con lo que el hombre que posee los conocimientos suficientes, puede obtener datos precisos de éste. 1

Por consiguiente, un mapa celeste puede ser ubicado en forma fácil por un astrónomo en la época respectiva que le corresponde. Los investigadores y científicos que se interesen por la prehistoria de la humanidad pueden establecer interesantísimos detalles en estos mapas de posición de las estrellas de épocas pasadas.

Los científicos que acompañaron a Napoleón a Egipto, quedaron entusiasmados con el descubrimiento del zodíaco de Dendera, precisamente, porque establecieron que el

4.El Egipto de Ies Faraones, Juan Marín, Santiago, Editorial Zi g- Zag, 1955, p. 198.

mismo no coincidía con aquella época. Cuando posteriormente se supo que éste había sido copiado en la época greco-romana, se perdió el interés por él y cayó en el más completo olvido.

La opinión de que este zodíaco pudiera ser de procedencia griega, es errada. ¿Pudiera suponerse que los egipcios hubieran desconocido los signos del zodíaco, si éstos ya habían sido empleados anteriormente por los babilonios y seguramente por los sumerios?

La lógica explicación es que los egipcios tuvieron que renovar el zodíaco en el templo de Dendera que fue reconstruido por lo menos dos veces, como es necesario hacerlo en edificios tan antiguos. Es comprensible que un documento tan importante del pasado, como lo era un mapa celeste, tenía que ser conservado cuidadosamente, para que no se perdiera.

En Mesopotamia, los arqueólogos desenterraron tablillas de barro, de cuyo contenido se desprende que en aquellos tiempos la primavera se iniciaba cuando el sol entraba en la constelación de Taurus. Como en la época cristiana el sol penetraba al comienzo de la primavera en la constelación de Aries, existe un gran período de tiempo entre las dos épocas, lo que significaría que la civilización sumeria y babilonia habrían comenzado miles de años antes de lo que hasta el momento se ha supuesto, lo que está igualmente en concordancia con la indicación de los caldeos, que estaban convencidos de lo antiquísimo de su civilización. Así, el círculo zodiacal de Dendera correspondería a un período de tiempo situado a 3 1/2 “años grandes”. Cada “año grande” es calculado en