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2.4 Conclusion

3.1.4 License

La fuerza de la palabra escrita es tan formidable que nos puede hacer llorar como reír, que nos puede producir indignación como apaciguarnos.

El genial americano Donnelly, que fue uno de los primeros de la edad contemporánea en preocuparse detalladamente del problema de la Atlántide, estableció una hipótesis relacionada con la procedencia de nuestro alfabeto que merece ser tomada en

consideración. Con el objeto de que los lectores puedan formarse una opinión propia acerca de este problema, a continuación doy cabida a las explicaciones del mencionado escritor e investigador.1

Indudablemente, uno de los inventos más apasionantes del genio humano ha sido el de la escritura fonética, que abrió al género humano las puertas del porvenir, ya que sin ésta, el actual progreso técnico seguramente no existiría.

Una investigación indiscutida hasta la fuente primitiva de nuestro actual alfabeto occidental no ha sido posible efectuarla hasta el momento actual. Podemos seguir sus huellas de pueblo a pueblo hasta llegar a la escritura egipcia, la sumeria, la fenicia, sinaítica y abisinia, pero más allá no encontramos absolutamente nada.

Los egipcios no hablaban de sus glifos, como si los hubieran inventado ellos mismos, sino que “del idioma de los dioses”. Estos dioses, seguramente, fueron sus antepasados, altamente civilizados, o sea, los habitantes de la Atlántide, los que, como se establecerá en seguida, llegaron a ser los dioses de muchos pueblos mediterráneos.

Las tradiciones fenicias indican como inventor de la escritura a Tautus o a Taut. Los egipcios lo denominaron Thot o Thouth, siendo, según parece, el mismo personaje en las dos tradiciones.

Según los griegos, el inventor de la escritura fue Her- mes. Salta a la vista que los egipcios y fenicios coinciden en que ellos obtuvieron la escritura de un pueblo anterior que existió antes de la formación de sus propios estados. Que el inventor sea indicado como un dios y no como el antepasado del respectivo pueblo, puede considerarse como la demostración de lo aseverado, ya que existe la tendencia en casi todos los pueblos, de considerarse descendientes de los primeros reyes y aun de los dioses que dieron vida a los primeros pobladores.

El primer Hermes de los griegos fue llamado posteriormente Mercurio por los romanos, y era hijo de Zeus y de Maya. Maya era la hija de Atlas. Eso me parece suficiente demostración de que Thaut o Thot, el dios de los egipcios y de los fenicios, era hijo de Zeus y nieto de Atlas. Atlas fue el que dio nombre, seguramente, a la isla Atlántide como el cerro Atlas en el norte de Africa y es de suponer que estuvo entre los reyes más

famosos de la isla desaparecida. Brasseur de Bourbourg, el investigador de la cultura maya, es de opinión de que la diosa maya o maia, tiene que haber estado en relación directa con el pueblo maya. Puede haber también un simbolismo en el sentido de que el pueblo maya haya sido, por decirlo así, un vás- tago del pueblo atlante (Maya, hija de Atlas).

William Drummond, un investigador inglés, era de la opinión de que los pueblos que vivieron antes del diluvio y que eran sabatistas, o sea, adoraban a los planetas, em- pleaban en su vida diaria los jeroglíficos como algo lógico y corriente.

Baldwin, otro inglés, consideró que un pueblo que tenía la supremacía sobre los mares y ejercía una hegemonía comercial que lo obligaba a mantener contacto con varios

continentes, tuvo que modificar obligadamente sus pictogramas por una escritura fonética (Atlántide), mientras que tanto los egipcios como los mayas podían seguir con su sistema de escritura más primitivo, aunque cada una de las mismas había llegado a un desarrollo digno de mención.

Es conocido que algunas de las letras en uso hoy en día en el alfabeto occidental fueron inventadas por pueblos que vivieron con posterioridad a los babilonios, fenicios y egipcios. En las escrituras más primitivas no existía la c, que era reemplazada por la g. Los romanos convirtieron la g en c y en seguida, al ver que la g hacía falta, añadieron una rayita para convertir la C en G, pero conservando la C. Los griegos añadieron al alfabeto “la Y griega que se representaba como nuestra V y Y. Los dos signos

eran empleados al principio en forma simultánea. Además, añadieron la X. Modificaron la T de los fenicios en TH, o sea, Theta; la Z y la S las dejaron como consonantes do- bles. Cambiaron la Y fenicia (Yod) en I (Iota).

Los griegos hicieron del alfabeto fenicio que en parte era consonante en un alfabeto totalmente fonético, una herramienta utilísima para poder anotar la palabra oral. La doble W fue incluida igualmente al alfabeto resultante.

Las letras que debemos a los fenicios, son las siguientes: A, B, C, D, H, I, K, L, M, N, O, P, Q, R, S, T, Z.

Si queremos buscar parecidos con otros alfabetos, debemos hacerlo a base de estas letras.

¿Existe en algún otro país un sistema gráfico fonético y que podía estar emparentado con el sistema fenicio? El sistema chino no puede ser, pues tiene más signos que con- ceptos, La escritura cuneiforme tampoco viene al caso, pues tiene 700 signos formados por pequeñas cuñas parecidas a flechas, a pesar de que han existido estudios que han tratado de relacionar los pictogramas con estos símbolos, como lo demuestra la ilustración N9 36, en la cual salta a la vista que existen ciertas analogías entre el pictograma y el signo cuneiforme respectivo.

Era un hecho totalmente inesperado para los españoles cuando irrumpieron en el

continente americano, el ver que en el mismo se encontraba en uso un alfabeto fonético, en un continente que era llamado “el nuevo”. El antiquísimo pueblo maya que habita la península de Yucatán, en el sur de México, y que asegura haber llegado desde el Este, tenía bibliotecas enteras en que se habían reunido las ciencias relacionadas con los más diversos conocimientos humanos. Que estas bibliotecas fueran destruidas por el

fanatismo de ciertos sacerdotes españoles es una pérdida tan sensible para la ciencia actual, como las destrucciones de los archivos egipcios por la avalancha musulmana.

Los mayas descendían de los colhuas, que desaparecieron aproximadamente unos 1.000 años antes de nuestra era. El alfabeto maya fue tomado de éstos, el cual fue salvado afortunadamente por el obispo español Diego de Landa. Este mismo obispo declaró en su tiempo que había hecho incinerar una gran cantidad de manuscritos mayas, porque los mismos no contenían más que las obras del diablo. Es una ironía del destino que este mismo sacerdote fue el que salvó para las generaciones venideras el significado de las distintas letras mayas con la respectiva pronunciación.

Diego de Landa fue el primer obispo de Yucatán. Escribió una historia del pueblo maya y de su país, la cual fue conservada en forma de manuscrito en los archivos de la Real Academia de Historia de Madrid y olvidada. Esta está complementada con una

explicación acerca del alfabeto fonético de los mayas.

Afortunadamente este manuscrito fue descubierto en los referidos archivos por el sacerdote francés Brasseur de Bourbourg, el cual pudo traducir algunos de los es-

casísimos manuscritos mayas salvados de las hogueras. Brasseur declaró: “El alfabeto y los símbolos explicados por de Landa significaron una verdadera piedra de Rosetta, para poder efectuar mi traducción”. Al salvar el manuscrito olvidado de su pasividad, puso al alcance de los estudiosos el relato americano del desaparecimiento de la isla Mu,

seguramente idéntica con la isla Atlántide.

Al observar la tabla de ilustración N9 11 con la comparación de los antiguos alfabetos de la cuenca del Mediterráneo y de Europa, se puede apreciar fácilmente la

modificación de los diversos símbolos a través de las centurias. Si en esas pocas

centurias hubo modificaciones tan apreciables, sería realmente asombroso que encontrá- ramos parecidos entre éstos y la escritura maya de hace 300 ó 400 años. Pero no

debemos olvidar que los mayas son uno de los pueblos más conservadores de nuestro mundo. Con testarudez se aferran a su idioma patrio, el cual hablan en forma idéntica como hace 400 años y el cual no muestra variación, aun comparado con el de las inscripciones más antiguas de los monumentos de piedra que fueron grabadas en la misma en las primeras tres o cuatro centurias de nuestra era.

El historiador español Pimentel. refiriéndose a los mayas, dice: “Estos indios han conservado su idioma con tal tozudez que no quieren aprender ningún otro, lo que obli- ga a los blancos a aprender el idioma maya para entenderse con ellos”.

Si consideramos que entre el alfabeto primitivo maya y la época actual han transcurrido miles de años y que por otra parte no estamos al corriente de las modificaciones que haya sufrido el alfabeto fenicio durante ese lapso, sería realmente asombroso que

existieran ciertos parecidos entre los símbolos mayas y los símbolos europeos derivados del fenicio.

Si fuera posible establecer un parecido entre dos o tres signos mayas y fenicios, podría suponerse que también los demás habrían sido derivados de una fuente primitiva común, pero que a través de los milenios se hubieran desarrollado en forma distinta, no quedando así ningún parecido entre ellos.

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En la tabla escrituras antiguas (N9 11) se ha reemplazado la V (V corta) o F por el símbolo U de los mayas. En infinidad de escrituras antiguas, como en el hebreo, sirio, palmyrico y aun en el español primitivo, la V (V corta) i era empleada en vez de la F y a veces, también, en vez de la Ü.

Para que el lector pueda ahondar en este tema, me he permitido ofrecerle este estudio, tomado del libro de Ignatius Donnelly, “Atlantis”, para que así pueda formarse su propia opinión acerca de las semejanzas, que a veces no pueden captarse a primera vista, entre las escrituras de los dos mundos, el llamado “antiguo” y el “nuevo”, como también entre los idiomas, los que he mencionado en capítulos anteriores.

Sería exagerado seguir efectuando comparaciones fáciles de fundamentar, en relación con la escritura, por lo que prefiero pasar a otro tema, igualmente entrelazado con los estudios anteriores.

Si vuelvo al relato de Platón, lo hago por considerar que los atlantinos tienen que haber sido los inventores de la escritura, salvo que la hayan heredado de algún pueblo anterior. Platón dice lo siguiente:

“Gobierno y administración estatal estaban basados sobre los siguientes principios: Cada uno de los diez reyes gobernaba en el distrito que le correspondía; su residencia se encontraba en la capital respectiva. Su persona se encontraba por sobre las leyes, por lo que gobernaba como dueño y señor absoluto, pudiendo aplicar castigos y aun la pena capital, si así lo deseaba. El gobierno sobre ellos mismos y las relaciones entre ellos

estaban regulados por una ley implantada por Poseidón, ley que sus antepasados habían grabado sobre una columna de bronce, columna que se encontraba en la

fortaleza real en el templo de Poseidón.

Si considero como verídica la existencia prediluvial del continente llamado “Atlántide”, basado sobre las evidencias que existen, también debo considerar el relato de Platón como verídico. Si este manuscrito indica que los atlantinos poseían una columna de

bronce, sobre la cual habían grabado sus leyes, ello es una elocuente demostración de

que el género humano poseía en aquellos tiempos tan lejanos, signos jeroglíficos o letras fonéticas, para anotar los hechos más sobresalientes y para inscribir las leyes sagradas.

Quisiera recordar al lector que las leyendas que han podido ser controladas, aunque fueron antiquísimas, siempre han podido ser comprobadas como verídicas, como se ha establecido en innumerables ocasiones. ¿Por qué vamos a suponer que Platón fuera a dar forma a una fantástica elucubración en los últimos años de su vida?

No es posible establecer cuán antiguo es el invento de la escritura, pero existen fundamentados indicios para suponer que aun los pueblos más primitivos han tenido alguna relación con pictogramas o glifos. Ello está demostrado por los diseños empleados en sus tejidos, en sus alfombras y en su cerámica, que bien podrían ser considerados como letras primitivas. Muchas veces, estos ornamentos causan la impresión de haber sido reproducidos por personas que no conocían sus significados y por consiguiente no los combinaban convenientemente, sino que se limitaban a repe- tirlos o combinarlos en forma confusa. Los araucanos son grandes artistas en la

fabricación de choapinos y alfombras de diversas formas. A menudo en ellas aparecen figuras estilizadas de personas, animales y de otros objetos que tienen toda la apariencia de pictogramas (ilustración N9_ 6). Es muy probable que este pueblo haya tenido

primitivamente una escritura que se perdió, por desaparición de los eruditos. Otra argumentación en favor de esta teoría estaría en que este pueblo tiene una palabra para escritura. Por ejemplo, una roca con escritura lleva el nombre de “Huirinllil”. Si un pueblo nunca ha estado en contacto con escritos, seguramente no va a tener una palabra adecuada para ellos.

Los ornamentos empleados por los pueblos primitivos en sus cerámicas, seguramente tenían un significado, ya sea ritual o de conceptos, repitiéndose palabras o frases de gran importancia. En esta oportunidad quisiera recordar el dibujo del meandro griego que dio la vuelta al mundo y que en todos los continentes significa lo mismo: “cielo”, habiendo sido empleado en el decorado de fuentes, vasijas, alfombras, columnas y templos. Indudablemente, el número de pueblos que han sido privados de la mayoría de sus herramientas, armas y demás utensilios, ha sido grande. Al perderse sus eruditos, sus técnicos y sabios, tuvieron que afrontar situaciones tan difíciles que muchas veces perdieron una serie de conocimientos, entre los cuales seguramente se perdía en primer lugar la escritura. La misma era recordada, como hoy en día en Rapa Nui, en forma de ornamento sobre maderas esculpidas y sobre rocas, sin que los isleños puedan leerlos. Según parece, el destino del género humano es el de que tenga que luchar siempre de nuevo para mantener o para recuperar sus conocimientos, lo mismo que para salvar

su vida, cuando situaciones inesperadas lo vuelven a colocar en la situación del hombre de la edad de piedra, aunque su preparación intelectual sea muy superior. Pero cada vez la evolución será más rápida, con lo que al hombre le es dado un plazo mayor para llegar a un nivel cultural superior, antes de que llegue un nuevo cataclismo.

La escritura humana ya existió antes del último diluvio. Todo lo hace pensar así. Solamente existe la imposibilidad de demostrarlo por medio de documentos o de inscripciones de aquellos tiempos. Pero va a llegar el día en que nuestros infatigables investigadores presentarán las respectivas pruebas.

DECIMOTERCER CAPITULO

Antiquísimos Ritos Religiosos a Ambos Lados del