2.4 Conclusion
4.1.1 Static cross-section
Los hindúes se sienten felices, porque ven que todas las cosas de este mundo están animadas por el espíritu de Dios.
Rabindranath Tagore
La mayoría de los pueblos de nuestro mundo poseen conceptos religiosos que parecen basarse sobre principios comunes. Que esto suceda en un continente o en varios que se encuentren unidos, como Europa, Asia y Africa, es comprensible. Pero que existan ritos y conceptos religiosos casi idénticos a éstos en América, demuestra que ha habido un comienzo común o que se han producido relaciones intercontinentales.
Los aztecas, por ejemplo, heredaron sus ceremonias rituales y su fe de los toltecas. Este misterioso pueblo de procedencia desconocida, que vivió entre México y Centro
América y que influenció a las tribus vecinas con sus pensamientos, opiniones y conocimientos, según parece entró a figurar en forma de pequeños grupos étnicos que probablemente salieron en misión cultural para educar y enseñar a pueblos menos desarrollados.
El nombre “Toltecas” significa maestros artesanos. El conocido investigador español Sahagún1 pudo establecer los siguientes hechos acerca de éstos: “Eran muy artistas e ingeniosos para todo lo que hacían. Todo era peculiar, de buen gusto y de calidad, incluso las casas que construían, que ellos decoraban interiormente con ciertas piedras pulidas verdes en forma armoniosa, lo mismo que con otras piedras pulidas y talladas que reunían en forma de mosaicos. Ellos fueron los inventores del arte de formar
1Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las casas de Nueva España, Ed. Nueva España, México, 1946, T. III, p. 47.
mosaicos de plumas de aves de todos los colores, llegando a dar efectos maravillosos. Igualmente, los toltecas poseían una antiquísima ciencia relacionada con los efectos curativos de las hierbas medicinales, dejando a la posteridad una lista de las mismas con sus efectos terapéuticos, hierbas que aún hoy en día son empleadas con magníficos resultados. Fueron los primeros médicos y los inventores de la medicina.
“De las piedras sabían tanto que era increíble, pues aun las piedras que se encontraban debajo de la tierra, o cristales que se hallaban incrustados o embutidos dentro de rocas mayores, eran descubiertos por su disposición natural y por sus conocimientos
profundos. Eran tan extraordinarios los toltecas, que no se les escapaba ningún
conocimiento de la mecánica, pues en todos los ramos técnicos eran sobresalientes. Eran pintores, picapedreros, carpinteros, albañiles, grabadores y artistas en labores con
plumas de colores, cerámica, tejido e hilados.
“Eran tan avezados en la astrología, que fueron los primeros que contaron todos los
días del año y fueron ellos los que establecieron el primer calendario. Conocían el arte
de interpretar los sueños. Además, conocían todas las estrellas del cielo, como también sus movimientos y sus influencias. Eran hombres buenos, virtuosos, más altos que los aztecas, buenos cantantes y bailarines. Empleaban tambores y maracas (cascabeles grandes de madera), para acompañar sus bailes y danzas. Eran buenos músicos, in- ventando melodías y canciones que cantaban de memoria. Eran creyentes y, además, grandes oradores”.
Involuntariamente uno piensa en los egipcios, al leer esto, ya que los mismos igualmente eran entendidos en todas las artes y ciencias, siendo maestros en Astronomía, Matemáticas, Técnica, en las diveras Artes y en las artesanías, como inclusive en la joyería.
Los toltecas conocían el bautismo, la confesión y la absolución. La confesión era obligatoria por lo menos una vez en la vida. Conocían igualmente el rito de comulgar con reparto de ofrendas que estaban consagradas a Dios y que significaban la
absolución de todos los pecados para los creyentes que comían de las mismas. El pensamiento de un principio espiritual es la base de la religión tolteca. Según este pensamiento, el ser humano es la materialización de una partícula divina, pensamiento compartido con los hindúes.
Es curioso que los persas tengan una leyenda que demuestra analogía con el
pensamiento tolteca. La leyenda es la siguiente: Cuando Dios había creado la tierra, el cielo y las estrellas con todos sus movimientos, estaba muy feliz, pero sólo al principio. Pues encontraba todo tan^ sin vida. Entonces tomó una parte de su alma y la rompió en miles y miles de pedacitos, los que dejó caer sobre la tierra, para que éstos dieran vida a la materia. Esto dio nacimiento a la vida animal y vegetal, como también hizo nacer el género humano. La idea básica es idéntica y no es de suponer que pueblos tan distantes unos de otros, hayan llegado separadamente a un pensamiento exactamente igual. Los sacerdotes españoles que acompañaban a Cortés, se encontraron asombrados y aun aterrorizados al establecer que los indios americanos poseían ritos religiosos idénticos a los que ellos mismos profesaban y difundían: el bautismo se efectuaba salpicando agua, costumbre que se encontraba en uso en igual forma en Babilonia, Egipto, Escandinavia, como también en Palestina. El bautismo empleado por los aztecas y también por los quechuas se efectuaba salpicando agua, haciendo la señal de la cruz y orando. Diversas tribus centroamericanas y peruanas tenían en uso el rito de la confesión con su
recibiendo de manos del sacerdote indígena una especie de oblea de una pasta de harina de maíz.
El arca, como símbolo sagrado y como altar portátil, era adorada en la India, en Caldea, Asiría, Egipto, Grecia y Palestina, como también por indios cherokees y otras tribus norteamericanas.
Una institución parecida a la de los conventos de monjas existía en el imperio incásico, con princesas coyas o vírgenes del sol como sacerdotisas. Iguales costumbres se
encontraban entre los aztecas. Estas instituciones hacen recordar a las sacerdotisas de Hesthia en Grecia como a las vestales romanas.
Los ritos funerarios de los aztecas eran análogos a los de los mayas y de los egipcios. Debajo de las pirámides escalonadas de los mayas se encontraban a menudo tumbas con momias con obsequios funerarios en objetos de oro y de jade. La costumbre de enterrar a los muertos con objetos de valor se encuentra en todo el continente americano, al igual que en Asia, en Mesopotamia y Noráfrica.
Todo hace suponer que estos conocimientos, ciencias, costumbres y ritos religiosos deben haber saltado de un continente a otro, lo que refuerza la idea de un puente intercontinental antediluvial, pero no excluye la posibilidad de que antiguamente ya existieran los medios necesarios como para facilitar la pasada de un continente a otro.
Aun en islas del Océano Pacífico se encuentran vestigios que insinúan la posibilidad de relaciones primitivas entre Egipto y, por ejemplo, la Isla de Pascua. Es conocido que los negros yoruba de la península del Níger (Noráfrica occidental) adoraban a un Dios que ellos denominaban Oru u Orún y que seguramente es idéntico al Dios egipcio Horus. Este era representado por los negros con una máscara de la cabeza de un carnero de largos cachos enroscados. En la isla de Pascua el carnero se llama Apai Oru. Aquí se adivina una relación común que no es posible desconocer.
Para volver a los aztecas, quisiera mencionar que éstos tenían la costumbre de colocar a sus muertos en el momento de sepultarlos, un objeto de jade (piedra semipreciosa verde) debajo de la lengua. Los chinos acostumbraban colocar a sus muertos un grillo de jade sobre la lengua, y los egipcios hacían sacar a sus muertos tanto el corazón como las entrañas, haciendo reemplazar el corazón por un escarabajo de piedra o metálico. Los tres símbolos representan la vida eterna. Los objetos introducidos dentro del cuerpo del hombre debían ayudarlo durante el largo trayecto a recorrer por él mismo y con- quistarle la vida eterna. La coincidencia de tres ceremonias rituales tan parecidas en pueblos tan alejados entre sí hace pensar que existen conexiones antiquísimas entre éstos.
La magia, o sea, la época en que los brujos, magos y hechiceros de las tribus representaban una fuerza mística y servían de intermediarios entre los dioses y los hombres, se encuentra en la prehistoria de todos los pueblos de los distintos continentes, y aun en las islas más remotas. A menudo se afirma que todos los pueblos tienen que desarrollarse en forma análoga y que ia naturaleza los obliga a vencer las mismas dificultades y a perseguir caminos paralelos. Yo pienso que esto no puede ser así, sino que existe una analogía en el desarrollo de la cultura humana de los distintos pueblos, porque los conocimientos han existido desde hace tiempos inmemoriales y han
recorrido el mundo entero, sobreviviendo a las terribles catástrofes que nuestro planeta ha debido soportar.
Me he podido convencer de que la cultura humana es mucho más antigua de lo que se supone en general y trataré de demostrarlo con nuevas argumentaciones basadas en hechos que pasaré a relatar.
Cuando el indio araucano reunía a su tribu, para subirse a la cima de las montañas, y producir con sus instrumentos musicales un ruido espantoso, para atraer las lluvias y las tempestades, estaba empleando el mismo sistema en uso por otros pueblos en otros continentes.
Son demasiadas las coincidencias entre la manera de vivir, de actuar y de pensar de los pueblos del llamado viejo y el nuevo mundo como para poder sostener que no haya habido un contacto anterior. Además, no se puede sostener hoy en día la teoría de que la América no haya estado habitada por un período igual de tiempo que todos los demás continentes. Así creo poder afirmar que en tiempos prehistóricos existieron pueblos que ya poseían una cultura avanzada, pero no generalizada, y la que más bien se encontraba representada por un grupo pequeño de escogidos, que por acontecimientos de diversa índole esta elite fue destruida conjuntamente con una parte del respectivo pueblo, cayendo los sobrevivientes en una situación de miserias y dificultades que los obligó a recomenzar, creando herramientas nuevas, de corte primitivo, buscando nuevas minas, estudiando un nuevo calendario y formando un nuevo sistema de escritura, cuando todos los eruditos que sabían escribir, habían desaparecido.
Lo único que sobrevivía muchas veces, eran el idioma, la religión, la tradición oral, las leyendas, costumbres^ y ritos y los pocos conocimientos generales que se habían podido salvar.
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