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Lo que aún no ha sucedido, puede acontecer en cualquier momento.

Hasta el momento no ha habido una explicación categórica de las épocas glaciales. La teoría más generalizada es aquélla según la cual por motivos desconocidos se habría ale- jado la Tierra del Sol en tal forma, que se habría producido una mayor glaciación que la que actualmente presenta nuestro planeta. En cambio, durante determinadas épocas, la Tierra se habría acercado más al Sol, aumentando considerablemente la temperatura ambiente e influyendo en el desarrollo de los grandes saurios, los que vivían en sus pantanos adaptados a un clima caluroso y húmedo a la vez. Los mismos habrían desaparecido a consecuencia de una catástrofe que se produjo en forma repentina, privándolos de su clima acostumbrado. Ello explicaría el motivo por el cual estos

enormes animales se han encontrado hacinados en cantidades fantásticas en determinados puntos de la tierra.

Al pensar que para el bienestar de los saurios era indispensable un clima tropical y un terreno pantanoso, mientras que otros territorios que tenían estas características,

quedaron cubiertos totalmente por glaciares y nieves, lo lógico sería suponer que ambos fenómenos se hayan producido sencillamente por una variación en la posición del eje de la Tierra.

En el capítulo anterior se mencionaba que el retroceso en las glaciaciones de Groenlandia, establecido científicamente, debería significar la traslación de la capa polar hacia Siberia. Esta traslación significaría naturalmente un movimiento similar en el hemisferio sur, con lo que la capa polar antártica tendría que acercarse a la punta me- ridional de Sudamérica.

Si el eje de la Tierra está expuesto a variaciones periódicas, como lo sugiere igualmente la variación existente en el polo magnético, a pesar de que ésta es muy pequeña, y como se desprende de los hallazgos efectuados en los distintos continentes, ello explicaría en forma exhaustiva el motivo de las épocas glaciales y de los diluvios.

¿Cuáles son las razones que pueden aducirse en favor de esta teoría?

En el continente antártico se ha establecido la existencia de grandes yacimientos de carbón. Igualmente se han encontrado petrificaciones de vegetación tropical. En las más altas cordilleras se han ubicado remanentes de petrificaciones de fauna marina.

Demostraciones de glaciaciones, o sea, morrenas, bloques erráticos y desgastes en los faldeo? rocosos de las montañas se encuentran en casi todas las latitudes. Todo ello demuestra que la Tierra ha variado su posición en relación con su inclinación sobre la órbita que describe alrededor del Sol, innumerables veces.

Imaginemos que el eje de la Tierra cambiase de posición en un determinado número de grados en forma de que el polo norte quedara emplazado sobre el mar del Norte, cubriendo así las islas británicas y parte de la costa de Francia. Entonces la capa polar antártica cubriría parte de Nueva Zelandia. Si, en cambio, el polo norte cubriera parte del Asia nororiental, el polo sur abarcaría parte del extremo meridional de Sudamérica. Pues, en todas estas regiones y en muchas otras se encuentran los vestigios inequívocos de antiguas glaciaciones.

Si se localizan sobre un mapamundi determinados puntos en el hemisferio norte, en que hay demostraciones palpables de antiguas glaciaciones, siempre se van a poder

encontrar las mismas en la parte correspondiente del hemisferio sur, salvo que se

encuentre allí un océano. Si en algún continente existieran vestigios de épocas glaciales, en el hemisferio opuesto también se van a encontrar, lo que demuestra que las

glaciaciones en puntos diametralmente opuestos de nuestro planeta han debido existir al mismo tiempo, lo que reforzaría la teoría de que las mismas siempre han sido

producidas por las capas polares que han ido desplazándose a través de las distintas épocas geológicas. Si en alguna parte existieran morrenas, bloques erráticos y rocas^ con las huellas inequívocas de haber sido producidas por glaciares, y no existieran en la parte diametralmente opuesta en el otro hemisferio, tal vez se podría dudar. Pero las huellas características coinciden.

Tratemos de explicar las causas de los diluvios. Ha quedado demostrado científicamente que la última glaciación sobre Europa desapareció aproximadamente hace unos

años. Esta fecha coincide aproximadamente con el desaparecimiento de la isla

Atlántide. ¿Es esto solamente una coincidencia casual? ¿O existe aquí una evidencia de

que el retroceso de los glaciales sobre Europa engendró tales inundaciones y tal desequilibrio en la posición de los océanos, que ello motivó la catástrofe que hundió esta isla?

Procuraré explicar de cómo, a mi juicio, podría haber ocurrido este fenómeno. Los polos, al cambiar bruscamente de posición en relación con la radiación solar, comenzarían a perder rápidamente sus capas de hielos que se calculan en arriba de 2.000 metros de grosor, por lo menos las masas de hielo del polo sur. Un período de intensas lluvias y nevazones se originaría a causa de la evaporación constante y de la tendencia de formación de un nuevo núcleo glacial en los nuevos polos.

Hace algún tiempo leí en una revista un artículo escrito por un científico que calculaba que la desaparición de los hielos polares significaría el aumento de nivel de todos los mares en unos 700 metros. Creo exagerada esta cifra. Pero, aunque fueran sólo 100 metros, ello significaría un cambio total en la geografía de nuestro planeta. El nivel de los mares aumentaría en forma lenta, pero segura, como lo relatan multitud de leyendas que en parte se han reproducido en capítulos anteriores. Hasta que se formen nuevas capas polares, podrán pasar meses y tal vez años, según haya sido el movimiento de traslación de los polos. Si se tratara de pocos grados, una parte de los hielos, glaciares y nieves quedaría sin variación. Entonces, la formación de la nueva capa polar se

reduciría a la parte menos expuesta a los rayos solares. En caso de un cambio más amplio, la estabilización demoraría mucho más tiempo, ya que las masas de hielo polar tendrían que desaparecer completamente para volver a formarse en otras regiones. Las consecuencias de tal acontecimiento se explican en uno de los capítulos posteriores. En Chile se ha podido establecer innumerables veces que los temblores traen consigo cambios en las condiciones climatéricas, o sea, un temblor que se produce en un día de sol radiante, puede provocar un cambio, produciéndose posteriormente lluvias o

neblinas, etc., o viceversa. Las fases lunares parece que también tienen influencia sobre el tiempo o sobre los temblores. Esta interdependencia de los mencionados fenómenos está poco estudiada, pero es digna de destacarse.

¿Sería exagerado suponer que, al producirse un cambio en la posición axial de la Tierra, se produjeran erupciones volcánicas? Yo personalmente lo considero muy posible. Y para demostrar lo verídico de esta suposición, vuelvo a acudir al informe de Platón acerca de la isla Atlantis. El habla de las grandes erupciones volcánicas que por fin despedazan la isla y la hacen desaparecer bajo la superficie del mar. ¿No es este detalle un factor verdaderamente decidor? Por una parte, el mar comenzó a subir rápidamente de nivel. Por otra parte, la actividad plutónica se acrecentó. Es muy probable que las aguas hayan penetrado a través de una grieta al volcán, produciendo así una explosión que aceleró el fin del continente, el cual bajo otras circunstancias tal vez habría podido subsistir aún algunas semanas sobre el nivel de las turbulentas aguas. Fue así que en una terrible noche y un día, esta isla desapareció debajo del océano atlántico.

Donnelly, uno de los hombres más interiorizados de todos los detalles relacionados con Atlantis y a quien se ha mencionado varias veces, ya que he tomado un buen número de referencias de su libro, cuenta que en la segunda mitad del siglo pasado, un barco inglés que colocaba los cables submarinos entre Europa y Norte América, pudo sacar de las aguas a la altura de las islas Azores un trozo de tracalita. Este material mostraba unas largas agujas cristalizadas. Es conocido que la tracalita solamente cristaliza en esta forma, si en el momento de enfriarse, se encuentra al aire. Ello demuestra que las islas Azores son de origen volcánico. Cuando Donnelly adujo este hallazgo como para

demostrar que las mencionadas islas eran volcánicas, no supo que su suposición iba a tener una confirmación elocuente en la segunda mitad del presente siglo, ya que al lado de la isla Faial de las Azores, recientemente apareció una isla humeante, echando lava por sus costados, que desapareció dos veces consecutivas para volver a aparecer por tercera vez.

Donnelly aseguraba que, si el nivel de las aguas que circundan las islas Azores pudiera bajarse de nivel en unos

XV.metros, ahí aparecerían los clásicos contornos de la isla legendaria, en la forma idéntica

como aparece en los relatos de Platón.

¿Es posible suponer que el nivel del mar pueda ascender en unos 3.000 metros? La Biblia asegura que Noé tocó tierra con su arca en los faldeos del monte Ararat. Muchos investigadores están acordes en que el arca se encuentra aún hoy en día bajo los

glaciares del referido monte. Fernando Navarra, el autor del libro Yo encontré el Arca

de Noé, encontró un cuartón de madera labrada en vías de petrificación, bajo los hielos

del Ararat más o menos a la altura mencionada, cuartón que. dada su procedencia y la contextura, se supone que tiene que ser una parte de ese antiquísimo barco. Pues, ¿qué otra procedencia podríase atribuir a un pedazo de madera que se empleaba hace miles de años para la construcción de barcos, precisamente en la cuenca mediterránea, de una especie que hoy en día ya no crece en aquellos parajes? Además, ¿como pedía llegar tal cuartón a esa altura? Si Noé realmente allegó su arca a la cumbre del Ararat a una altura superior a los 3000 metros, calculadas a base del nivel actual de los mares sería lógico suponer que la alta marea que se produjo, al desaparecer la época glacial sobre el continente europeo, a causa del cambio en el eje de la Tierra, cubrió al mismo tiempo a las muchas islas que las leyendas se empeñan en recordar con tanta insistencia.

Si no se hubiera podido establecer que las leyendas y tradiciones por lo general llevan una base de veracidad, podríamos sonreír compasivamente y dudar de la historia de Noé con su arca. Pero son muchos los pequeños detalles que influyen para que no podamos desentendemos de la evidencia de que el diluvio realmente se produjo y es una realidad histórica.

Alrededor del monte Ararat existen multitud de evidencias que refuerzan los hechos relatados por la leyenda. Fernando Navarra dice textualmente1: “No hay lugares en los alrededores del monte nombrado que no recuerden en alguna u otra forma los hechos relatados por la leyenda”. “Nakitschewan”, la localidad denominada Naxuama por Tolomeo, se llamaba Apobaterion en la época de José, o sea, “desembarcadero”. Su nombre actual significa el lugar en que Noé desembarcó y aún se señala hoy en día el punto donde se encontraba antiguamente su tumba. “Eriwan” significa la primera aparición. La palabra “Arguri”, que en realidad ha sido transformada de “Abora”, significa plantar la parra. Habría que mencionar el hecho de que las viñas europeas y semitas tienen su origen en aquellos parajes, donde Noé plantó la primera cepa.2 Los turcos denominan al Ararat “Arghidagh”, o sea, monte del arca. Los persas le pusieron “Kok-i-Nouh”, o sea, monte de Noé.

■ Fernando Navarra, Ich fand die arche Noah, verlag Heinrich Schef- íler, Frankfurt am Main, 1956, p. 163.

■ Fernando Navarra, Ich fand die arche Noah, p. 56.

Supongamos que, con motivo de un cambio en el eje de la Tierra se haya producido la desaparición de la Atlántide y de la isla Hiva (en el Pacífico). Si los primeros faraones egipcios realmente fueron colonos atlantinos, y si éstos pudieron sobrevivir a la catástrofe mundial sin haber sufrido graves daños, ello nos da un indicio realmente valiosísimo. Volvamos a la narración de Platón: “Existe en Egipto, comenzó Kritias, una comarca llamada saítica, en el delta del Nilo. La ciudad más importante es Sais, cuna del rey Amasis. Los habitantes de Sais aseguran que esta ciudad fue fundada por una diosa que ellos denominan Neith y que los griegos llamaban Atenea. Por este motivo ellos se consideraban muy amigos de los atenienses, ya que Atenas llevaba el nombre de la misma diosa. Por ello se consideraban inclusive emparentados con los griegos. Por este motivo, cuando Solón visitó la ciudad, fue colmado de honores y de agasajos, y cuando éste comenzó a indagar sobre el pasado de su pueblo, comprendió que en su patria nadie sabía nada seguro sobre la época primitiva del pueblo griego. Cuando comenzó a relatar a los egipcios lo que se contaba en Grecia acerca de los tiempos idos, o sea la leyenda de Phoroneos, el primer hombre, y de Niobe y cómo del diluvio se salvaron solamente dos personas: Deucalión y Pirrha, y cuando trató de enumerar las genealogías y calcular los siglos que habían transcurrido, uno de los sacerdotes egipcios lo interrumpió con las palabras: “Solón, Solón, vosotros los helenos, sois y permanecéis niños, y un heleno anciano no existe. .

Solón le preguntó asombrado: ¿Por qué? ¿Cómo debo comprender lo que dices? El sacerdote repuso: “Jóvenes sois de espíritu, pues en vuestros cerebros no existe la tradición de tiempos pasados ni tampoco la sabiduría engendrada por la experiencia mi- lenaria. La culpa la tienen los siguientes acontecimientos:

A menudo y en las más diversas formas han sucumbido los seres humanos, y seguirán sucumbiendo, por lo general a consecuencias de diluvios de agua y de fuego, pero también por muchos y variados motivos, pues lo que se cuenta también entre vosotros, de Phaetón, el hijo de Helios, quien en cierta circunstancia se apropió del carro del sol de su padre, para guiarlo y, no teniendo la fuerza suficiente como para guiar a los indómitos caballos que tiraban del mismo, quemó toda la superficie de la tierra y en seguida fue destruido por un rayo, parece una fábula, pero la misma

esconde un hecho verídico, el cambio en la órbita de los planetas que giran alrededor de la Tierra y la destrucción periódica de todo lo terrestre por un enorme incendio. Los habitantes de las altas montañas y de las altiplanicies escasas de agua sufren más bajo este último siniestro que los que viven a orillas de los ríos y de los océanos. A nosotros nos salvó el Nilo, nuestro protector en todo cataclismo. Si los dioses anegan la tierra con agua, para purificarla, entonces sobreviven los montañeses, los pastores de ovejas y de ganado, pero los que como vosotros viven en ciudades, son arrastrados por las aguas al mar. En nuestro territorio, en cambio, el agua no baja del cielo, sino que el mecanismo consiste en que comienza a subir desde abajo. Por estos motivos, en nuestro país todo es conservado y es considerado como lo más antiguo.

“En realidad, en todas las comarcas, donde el exceso de frío o de calor no se opone, pronto se desarrolla una estirpe más o menos numerosa. Lo que ha habido de

sobresaliente y de magnífico en la historia de vosotros, o de nosotros, o de cualquier parte del mundo, siempre que hayamos tenido noticias de ello, está anotado en los archivos de nuestros templos y así se conserva a través de las edades. En vuestra patria, como en muchos otros países, cuando precisamente se ha desarrollado un gobierno bien

constituido y existe progreso evidente, entonces se produce, después de enterarse el

solamente a los analfabetos. Entonces volvéis a ser un pueblo joven y perdéis las nociones de vuestra historia anterior, como de la nuestra”.

Hasta aquí he copiado el informe de Platón, para poder seguir con el estudio del problema que nos preocupa.

Si el Egipto no fue azotado ni por el diluvio de fuego, ni por el de agua, hay que

suponer que el diluvio de fuego se produjo con anterioridad a la constitución del pueblo egipcio, o que no afectó a la región norafricana, mientras que fue un desastre para el pueblo heleno. No se puede suponer que las dos catástrofes se hayan manifestado en conjunto, ya que ello se podría establecer por las leyendas y tradiciones antiguas. El relato de Bochica da cuenta del diluvio de fuego en forma tan realista y tan detallada, que se puede suponer que éste se encontró en el centro del acontecimiento, mientras que la catástrofe relatada en las Revelaciones de San Juan, debe de haber sido vista por observadores que se encontraban en una zona menos expuesta a los terribles efectos del fuego Seguramente el diluvio de fuego se produjo alrededor del globo terráqueo en forma limitada a una zona relativamente estrecha. Que los incendios de bosques hayan seguido posteriormente, es muy comprensible y lógico, pero en esta catástrofe la humanidad fue exterminada en gran parte por fuego, y no por agua.

En cambio, el último diluvio debe haber azotado con furia aplastante al pueblo griego, para que del mismo se salvara la población que se encontraba sobre las montañas. Supongo que los egipcios no pueden haber vivido a orillas del Mediterráneo, cuando se produjo el diluvio, pues si las aguas alcanzaron la altura de 3.000 metros, para que el arca de Noé pudiera atracar en el Monte Ararat a esa altura, tiene que haber inundado todo el bajo Egipto. No es imposible que este pueblo haya vivido en aquellos tiempos en los montes Atlas. Estos montes, como el nombre lo indica, como también el oeste de Africa del Norte, deben haber sido colonizados primero por los atlantes. Desde allí los atlantes pueden haberse abierto paso a través de los pueblos que allí vivían, para llegar posteriormente a orillas del Nilo, ya que no podemos suponer que en la costa de Africa no hubieran existido tribus en aquellos tiempos.

Otra posibilidad sería la de que los egipcios se hubieran localizado en la altiplanicie etíope, ya que de lo contrario no habrían podido escapar al diluvio universal, que prin- cipalmente afectó a aquellos lugares que quedaron cercanos al nuevo Ecuador.

Está a la vista que los egipcios sobrevivieron al diluvio sin mayores dificultades, mientras que los griegos deben haber sucumbido en enormes cantidades.

Al hablar Platón de las erupciones volcánicas que acompañaron el último acto del hundimiento de la Atlántide, menciona una consecuencia lógica del desastre producido por la tergiversación de todo orden, de toda armonía anterior. Un cambio del eje terrestre tiene que provocar naturalmente una modificación de la fuerza centrífuga y de