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5.3 High level design

5.3.1 Requirements

sión, después de haber sabido más de ellos y de las cualidades que los distinguen. Condillac

¿Cuánto tiempo demorará un grupo étnico para adquirir conocimientos profundos de medicina? Debe ser un largo período de tiempo, en especial, al tratarse de gente que vive en estado salvaje. Es indudable que los primeros médicos fueron los brujos, los conjuradores de los malos espíritus, los sacerdotes de los cultos primitivos, que, su- poniendo que las enfermedades eran producidas por malos espíritus, trataban de

extraerlos del interior del cuerpo del enfermo por medio de zahumerios, cantos mágicos y muchas veces con bailes y ruidos producidos por tambores y otros instrumentos ruidosos.

Posteriormente, hombres inteligentes, basados en métodos empíricos, comenzaron a estudiar y a tratar las enfermedades según sus síntomas, llegando a un sistema eficaz. ¿Puede un sistema tal haberse desarrollado en pocos centenares de años?

Si estudiamos la historia de las distintas tribus primitivas existentes en distintos continentes, vemos que eran los magos los que sanaban los enfermos. Hasta que el género humano haya llegado a formar una ciencia basada en la experiencia, para establecer que tal yerba es apropiada para combatir tal enfermedad, tienen que haber pasado miles de años, pues es muy probable que la eficacia de cada medicamento haya sido establecida por mera casualidad. De lo contrario habría que suponer que antes del último diluvio ya hubieran existido escuelas o cursos para médicos, en las que se hubieran tratado los enfermos bajo control y se hubiera experimentado en ellos, hasta llegar a conclusiones precisas. ¿Podemos suponer esto?

Por otra parte, vemos aun en nuestros tiempos actuales la tendencia de innumerables personas de todos los niveles sociales, de acudir a los charlatanes para tratar sus en- fermedades por medio de sistemas descabellados, sistemas que en determinados casos dan un resultado positivo, cuando se trata de personas influenciables del tipo neurótico. En poblaciones pequeñas que carecen de médicos, los charlatanes hacen su agosto, produciendo más daño que beneficio a sus pacientes, los cuales están irremediablemente condenados a muerte, si tienen alguna enfermedad grave.

Nos sorprende el modernismo que se deja entrever en las tradiciones egipcias, cuando éstas hablan de Thout o Thaut, del iniciador de la medicina. Este dios también os considerado el inventor de la escritura. Es un hecho conocido que los egipcios poseían buenos conocimientos anatómicos y médicos. La trepanación del cráneo era una operación efectuada a menudo, como se ha podido establecer en momias, en las cuales se veía claramente que la persona había seguido viviendo muchos años después de la trepanación, a juzgar por la regeneración de los huesos circundantes al orificio, que habían seguido creciendo, dejándolo casi cubierto. La demostración más elocuente de los conocimientos anatómicos queda a la vista, al estudiar la forma que los egipcios

tenían para embalsamar a sus muertos, extrayéndoles sus órganos internos. Las momias así conservadas, impregnadas muchos veces de resinas y de otros productos y

recubiertas con tiras de lienzo, han perdurado a través de los milenios, lo que naturalmente se ha debido en parte al clima seco de ese país.

Los incas igualmente practicaban la trepanación y también aquí se encuentran

profundos conocimientos de medicina, en especial en lo que se refiere a las cualidades medicinales de las hierbas. Pero no sólo los incas tenían conocimientos de las hierbas medicinales, sino que también los araucanos y muchas otras tribus americanas. Los incas inclusive conocían el efecto sanativo de los rayos solares sobre heridas abiertas, como también los peligros que significaba dejar una herida abierta expuesta al aire. Sus médicos distinguían enfermedades reumáticas, malaria, fiebres varias,

enfermedades y desequilibrios cerebrales. Sus instrumentos quirúrgicos estaban

labrados en fragmentos de cuarzo, tan afilados y tan bien terminados que una operación no les significaba ningún problema. Tanto los egipcios como los incas poseían métodos curativos que son desconocidos aún paranuestros médicos.

Hace algunos años, durante una Conferencia Internacional de Cirujanos en Lima, se hizo una prueba de efectuar una operación a base de los primitivos instrumentos quirúr- gicos de cuarzo de los incas resultando un éxito completo, lo que demuestra que la ciencia quirúrgica de los incas era eficaz.

Los obreros agrícolas chilenos conocen igualmente algunos sistemas curativos que pueden parecer totalmente equivocados y peligrosos. A pesar de ello siguen empleán- dolos cuando no existe la posibilidad de poder consultar a un médico. Se contaba el caso de un obrero que recibió una cuchillada en el abdomen, en forma de que los intes- tinos estaban a la vista. E1 hombre se hizo transportar a la orilla de un lago y se hizo colocar lamas de las que flotaban sobre las aguas del mismo, sobre la herida que él mismo había logrado cerrar con sus manos. En pocos días se encontraba fuera de peligro.

Los envoltorios de barro, lo mismo que los baños termales, eran utilizados en forma corriente por los indios; los baños de Mamiña en el Norte de Chile eran visitados por los incas para encontrar alivio para afecciones reumáticas y de los ojos.

En la leyenda de Bochica es mencionada especialmente la circunstancia de que el anciano, para salvar al niño que está por nacer, opera a la mujer moribunda con una piedra afilada, salvando así al que llega a ser posteriormente el padre de una nueva generación, de un nuevo pueblo. ¿Es exagerado suponer que Bochica era un médico que se atrevió a hacer lo que cualquier otro hombre no habría logrado ni tal vez con los mejores instrumentos actuales?

¿Qué haría un médico de nuestra generación en un caso análogo, si por una catástrofe imprevisible se viera privado de todo su instrumental y viera en peligro la vida de un niño? ¿No trataría de hacer uso de cualquier medio a la mano, para salvar una vida útil? Si un médico actual se viera en una isla desahitada, recién salvado de un naufragio, y tuviera que afrontar una situación análoga, ¿no trataría de hacer uso de una concha afilada o de un fragmento de cuarzo, para cumplir con sus funciones? Y si las

circunstancias lo obligaran a permanecer en la isla desierta, ¿no trataría de procurarse instrumentos de cualquier materia, para poder emplearlos en casos de emergencia? Por muy inteligente que sea una persona, no es de

suponer que dentro de una corta vida estuviere en situación de buscar minerales, de convertirlos en metales, de fundirlos en forma de poder fabricar utensilios metálicos, aunque fueran de una aleación de cobre y estaño. Los conocimientos teóricos no bastarían como para permitir a un hombre inteligente de llegar a rehacer multitud de implementos que había estado habituado a emplear antes del naufragio. Pero

instrumentos quirúrgicos de fragmentos de cuarzo y de concha, o de pedazos de hueso estarían a la mano, para que el médico náufrago pudiera cumplir su misión en casos de grave emergencia.

Cuanto tiempo demorarían los descendientes de un náufrago culto como para rehacer o redescubrir los instrumentos y los métodos necesarios para llegar al mismo nivel cultural y técnico, es difícil de precisar. Pero creo que tendrían que ser innumerables generaciones las que se preocuparan de los problemas, para resolverlos. Pero lo que sobreviviría indudablemente, serían los conocimientos sobre medicina que,

probablemente, podrían aún ser aumentados.

¿Es exagerado pensar que en tiempos antediluvianos ya existía una bien desarrollada ciencia médica que retrocedió en forma notoria a causa del último diluvio, con respecto

a los instrumentales que se usaban, pero que, salvada en sus principios primordiales por un grupo pequeño de elegidos, llegó a un cierto florecimiento en países extraños y pudo conservarse hasta nuestros tiempos? ¿Cómo sería posible explicar de otro modo los conocimientos médicos existentes entre los toltecas, los aztecas, los incas y los egipcios?

Al pensar en el alto nivel artístico y de artesanía a que llegó la joyería en tiempos antiquísimos, prediluviales, y cuán diestros eran los joyeros y escultores en aquellos

tiempos, según se desprende de los escritos de Platón, hay que llegar a la convicción de que ya en aquellos tiempos la humanidad había llegado a un desarrollo cultural digno de considerarse. Este tuvo su fin prematuro con el desaparecimiento de la Atlántide, pero no desapareció totalmente, ya que sobrevivientes como Viracocha, Quetzalcoatl, Parr y otros lograron salvar parte de los conocimientos, haciéndolos florecer en los países de su posterior radicación, perdiendo seguramente parte de los conocimientos técnicos a que había llegado su pueblo en aquellos remotos tiempos, conocimientos que han sido recuperados y seguramente superados por nuestra actual generación.

Los indios chimú de las costas del Perú, aquellos misteriosos hombres, de los cuales se sabe relativamente poco, poseían conocimientos extraordinarios en el arte de la joyería, siendo realmente incomprensible que no hayan fabricado también utensilios_

quirúrgicos en metal. Es posible que éstos hayan existido y que aún no hayan sido encontrados. Es de suponer que los chimú alcanzaron un nivel cultural muy superior al de los quechuas y aymarás, los que fueron amalgamados con muchos otros pueblos en el gran imperio incásico y fueron diezmados por los incas, cuando se opusieron a su dominación.

Interesante es constatar que las trepanaciones de cráneos no se limitaron a Egipto y al Perú, sino que también se han podido constatar casos en restos humanos encontrados en Suecia, Dinamarca, el norte de Alemania y en Francia. En las Leyes de Hammurabi, de Babilonia (2.000 años a. J. C.), se relatan operaciones llevadas a cabo en ojos, huesos y en órganos internos. Posteriormente, o sea, 1550 a. J. C., los egipcios mencionaban en un papiro más de 700 drogas. Ello demuestra que el acervo cultural de determinados pueblos fue muy grande.

Si la cultura ha descendido en determinadas ocasiones a una barbarie casi completa, ha sido debido a trágicos golpes del destino. Pero la barbarie nunca ha sido completa, sino

que solamente en ciertos aspectos. Los progresos en sentido espiritual y moral, lo mismo que los idiomas, pudieron conservarse a veces, desapareciendo en cambio los avances de la técnica. Pero el hombre ha vuelto a iniciar su marcha triunfal, aunque las circunstancias lo hayan obligado nuevamente a recurrir a herramientas y utensilios de piedra, de hueso o de madera y barro cocido. Pero seguía contando con las ventajas de un idioma lleno de riqueza, de fuerza y de flexibilidad y fuera de esto conocía en la teoría muchas cosas que en ese momento no podía llevar a efecto, pero que sus descendientes tal vez podrían llevar a cabo. Pero sabía adaptarse a las nuevas circuns- tancias y podía ir recuperando los adelantos que sus antecesores habían perdido a consecuencia de situaciones adversas que el destino les impuso.

Estoy convencido de que nuestra Tierra, a igual que todos los elementos que nos rodean, está sometida a ciertas leyes inmutables que hasta ahora no se conocen, que solamente se pueden suponer y que influyen en que generaciones de civilizaciones hayan sido destruidas casi completamente para volver a desarrollarse de nuevo en forma lenta, como también las ciencias y los progresos técnicos, superando así ligeramente el nivel alcanzado antes del anterior diluvio.

Los altos conocimientos de medicina que se han podido establecer al estudiar las civilizaciones babilónicas, egipcias, mexicanas y peruanas son una demostración tácita de la antigüedad de la civilización humana. Los conocimientos médicos de los griegos nos hacen la impresión de ser modernos. Estos empleaban tratamientos que se emplean aura hoy en día, tratando de influenciar la parte psíquica del individuo, inclusive con el empleo de la música. Conocimientos profundos heredados tienen que haber servido de base para comprender el extraordinario desarrollo espiritual de este pueblo privilegiado.

DECIMOSEPTIMO CAPITULO