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LITERATURE REVIEW 2.1 OVERVIEW

2.6. INTERNATIONALIZATION DECISION-MAKING PROCESS

2.6.3. Decision-making Process

• Objetivo • Registro de datos. • Codificación de datos. • Análisis de datos.

• Qué registramos • Participantes en el programa. • El entorno.

• Tipo de registros • Fuentes. • Nuevos.

• Métodos de recogida • Métodos existentes. • Métodos nuevos. • Posibles problemas • Cuál es el resultado.

• Accesibilidad a los datos. • Métodos de registro.

deseamos saber es un ejercicio útil para obligarnos a pensar en términos concretos, que son los que se vertirán en la implementación del programa.

Por otro lado, a la hora de diseñar nuestra intervención debemos tener en cuenta la existencia de muchos ti- pos de datos que ya están recogidos y almacenados en diferentes registros. Es importante descubrir qué tipos de registros existen, ya que ello podría sernos útil para la intervención. Tales registros nos permitirán entender mejor el marco de trabajo en la medida que pueden proporcionar una forma importante de clasificar nuestra po- blación o un resultado adicional. Por ejemplo, en un Centro de Atención Primaria existen registros de los pa- cientes que están incluidos en un programa de prevención de enfermedades cardiovasculares, o en un programa de prevención de complicaciones producidas por la diabetes. Tales datos han de revisarse cuidadosamente an- tes de tomar la decisión de usarlos de una manera o de otra. Evaluar la fiabilidad y validez de esos datos exis- tentes depende de la reconstrucción de las condiciones bajo las cuales fueron recogidos: ¿fueron recogidos en las mismas o similares circunstancias? ¿Fueron registrados por la misma persona o por varias que desempeña- ban roles semejantes? ¿Son una medida válida de lo que pensamos que miden? La cuestión más importante es ¿por qué fueron recogidos? Si fueron recogidos para un propósito importante y necesario de la organización, entonces es probable que sean fiables.

El uso de los datos de registros existentes se puede encontrar con problemas de acceso. Por ejemplo, los da- tos de salud pública son públicos y de libre acceso. Sin embargo, los datos de salud privada pertenecen a la ins- titución que los ha recogido, que puede tener muchas razones para no compartirlos con un investigador. Además, el secreto profesional puede impedirnos el acceso a datos en posesión del médico o del hospital. Es necesario, por tanto, prestar la máxima atención al menos a las tres siguientes consideraciones:

1. Ser extremadamente selectivo con los datos que deseamos conocer.

2. Proporcionar el fundamento para cada tipo de información: debemos tener claro por qué necesitamos un tipo de información, y ser capaces de explicarlo con claridad a la persona adecuada.

3. Crear un método de recogida de datos que proteja la confidencialidad del participante del programa. Además de utilizar datos ya obtenidos y registrados, habitualmente usamos auto-informes y hetero-informes para obtener nuevos datos. Los auto-informes y hetero-informes se refieren a menudo a medidas de papel y lá-

piz, pero también pueden administrarse mediante un formato de entrevista cara a cara o por teléfono. Aunque

usualmente se pide a los sujetos que informen sobre ellos mismos, hay veces en que se necesita que otras per- sonas proporcionen informes acerca de la conducta del paciente, su estado de ánimo antes de una intervención quirúrgica o farmacológica, o su estatus de comparación con otros pacientes, etc. Los pacientes hacen compa- raciones sociales y ello influye en su comportamiento.

Este tipo de entrevistas puede construirse para cada caso concreto. Podemos desarrollar nuestras escalas, pero hay que tomar muchas precauciones para ello. Aunque muchas personas lo hacen, es inapropiado escribir meramente algunos ítems y asumir que miden el constructo que nos interesa. Para cada instrumento de auto-in- forme debe documentarse la fiabilidad y la validez. Estos temas se abordarán más detenidamente en el Capítu- lo 15, pero adelantemos algunos contenidos de especial relevancia en el momento del diseño.

La fiabilidad responde a la cuestión ¿es precisa la medida? Al hablar de precisión podemos referirnos a dos aspectos de la misma. En primer lugar, cabe preguntarse: ¿es internamente consistente? ¿Van juntos to- da la serie de ítems y miden un constructo único? La consistencia interna se valora habitualmente en térmi- nos del alfa de Cronbach, con valores de 0 a 1. En general, .70 es considerado como un mínimo aceptable para una escala. En segundo lugar, es necesario preguntarse: ¿es estable? También es importante que las res- puestas a un instrumento sólo cambien por factores aleatorios, y no sistemáticos, a lo largo del tiempo (fia- bilidad test-retest).

Por su parte, la validez se refiere a si el instrumento mide lo que se propone medir. ¿Es válido? Si parece serlo cuando lo leemos, tiene validez aparente. Esto no suele ser suficiente. La relación del instrumento con

otras medidas del mismo constructo refleja la validez concurrente. Si es suficientemente diferente de las medi- das de otros constructos claramente distintos tiene validez discriminante. Si los resultados que hallamos me- diante el instrumento son consistentes con la teoría, decimos que tiene validez predictiva.

Antes de considerar el desarrollo de un instrumento propio debemos averiguar qué escalas y medidas exis- ten en la literatura. Hay revisiones de los instrumentos apropiados para cada caso. También los artículos de re- vista son una buena fuente. Se pueden hacer búsquedas bibliográficas computerizadas. Pero seamos conscientes y precavidos; el hecho de que otras personas hayan usado una técnica no significa que sea buena. Necesitamos evaluarla. Cuando hemos encontrado un instrumento acerca del cual hay datos publicados que indican que es suficientemente fiable y válido, hay otras cuestiones que debemos considerar antes de seleccionarlo. ¿Es de ad- ministración simple? ¿Se ajusta su duración y longitud a nuestros procedimientos? ¿Es claro? ¿Es intrusivo? ¿Qué nivel de lenguaje requiere? Por otro lado, incluso si consideramos que su contenido es apropiado, ¿pen- sarán los sujetos a los que se les aplica que es apropiado también? Una vez contestadas estas preguntas pode- mos seleccionar finalmente nuestro o nuestros cuestionarios.

Observar la conducta es difícil y costoso. Por ello a menudo es útil establecer un autoinforme sobre las con- ductas de los participantes. Hay técnicas para mejorar la validez de tales autoinformes, pero siempre hay que interpretar con mucha precaución los datos procedentes de los autoinformes sobre conductas. Se pueden pro- ducir sesgos conscientemente (para dar buena imagen) o inconscientemente, por olvido o mala interpretación. La especificidad de la cuestión y las preguntas por el pasado más inmediato pueden ayudar a disminuir la in- validez debida al olvido.

Los auto-registros en forma de diario pueden ser una buena solución, pero sin embargo pueden ser reacti- vos. Esto es, el acto de registrar una conducta puede alterar su frecuencia. Para mejorar la exactitud del auto- registro debemos tener en cuenta que: a) debe ser fácil de realizar; b) las conductas diana deben ser tan concretas como sea posible; c) los formularios de registro deben ser transportables y de una tamaño pequeño para poder llevarlos en el bolsillo; d) los sujetos deben ser cuidadosamente instruidos; e) los formularios de registro deben requerir respuestas breves y no excesivamente intrusivas, y f) debe establecerse algún sistema de recordatorios para programar fácilmente los registros.

Los intentos de dar una buena imagen pueden ser más difíciles de evitar. Puede ayudar proporcionar indi- caciones de que cualquier conducta es aceptable. (Redactar un ítem, por ejemplo, diciendo: Algunas personas,

algunas veces, no toman la medicación prescrita cuando se supone que lo hacen, ¿con qué frecuencia ha omi- tido tomar su medicación para la artritis durante la semana pasada?)

Finalmente, además de los comportamientos, cogniciones o emociones que nos interesen, también debemos intentar evaluar el entorno, que no sólo incluye el marco físico, sino también el marco social. La evaluación puede hacerse mediante observación, pero es muy costosa o imposible a veces. Por ello, en la mayoría de las ocasiones se hace mediante auto-informe. Las medidas del entorno social pueden ir desde cuestiones simples acerca de la composición de la familia hasta medidas muy elaboradas del apoyo social.

2.7. Evaluación

Aunque la evaluación de los programas de intervención se abordará en otro de los capítulos de este libro, le dedicaremos unas líneas, ya que se trata de una fase que debe ser siempre planificada en el diseño.

De hecho, una parte importante del diseño es contemplar cómo haremos una «pre-evaluación». Tal como señala Fernández-Ballesteros (1996, p. 56), «con base a unas necesidades y una vez establecidos los objetivos y metas a alcanzar el planificador ha de plantearse cuál es la mejor intervención. No cabe duda de que antes de seleccionar una intervención los agentes sociales (públicos o privados), han realizado —explícita o implícita- mente— una evaluación previa de las distintas acciones que, una vez implantadas, supuestamente, van a per- mitir conseguir los objetivos establecidos y atender las necesidades de las que se partió». Esta autora desarrolla