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La Revolución Ciudadana se presenta como un híbrido de gran plasticidad en el marco del sistema-mundo capitalista colonial. Consideramos que, después de los gobiernos ultraconservadores y neoliberales que han marcado la historia de Ecuador, entender el proyecto político de la Revolución Ciudadana como un proyecto de derechas no se ajusta a

la realidad. Boaventura de Sousa Santos (2014) dice al respecto62:

59 Muñoz Jaramillo (2014) sostiene la hipótesis de que SUMA podría ser una estrategia subrepticia de un

sector de Alianza PAÍS, a través de un grupo de personas muy cercanas a Rafael Correa, que, en su necesidad de redefinir las relaciones de poder, sitúa a SUMA bajo control de una plaza fundamental, el Distrito Metropolitano de Quito, para las nuevas orientaciones de las grandes inversiones del país. Igualmente, la selección de Jorge Glass como vicepresidente tiene mucho que ver con esa inclinación hacia la derecha del gobierno (como se cita en Muñoz Jaramillo, 2014, p.274).

60 Se incluyó, igualmente, una consulta popular sobre las cuentas de funcionarios/as públicos en paraísos

fiscales.

62Boaventura de Sousa también afirma: es opinión ampliamente compartida que Correa ha sido, “a pesar

de todo”, el mejor presidente que Ecuador ha tenido en las últimas décadas y el que ha garantizado mayor

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Se puede discutir si los gobiernos de Correa son de izquierda o de centroizquierda, pero me parece absurdo considerarlos de derecha, como pretenden algunos de sus opositores de izquierda... Dada la polarización instalada, creo que estos últimos sólo reconocerán que Correa fue en última instancia de izquierda o centroizquierda en los meses (o días) siguientes a la

eventual elección de un gobierno de derecha… (De Sousa Santos, 2014, párr.3).

Considerando los tradicionales proyectos de la derecha ecuatoriana, no se puede definir la Revolución Ciudadana como un proyecto “de derechas” o, al menos, como un proyecto

manifiesto de “derechas”. La Revolución Ciudadana tampoco puede ser definida como una

“revolución”, en un sentido “clásico” del término, puesto que surge de la libre concurrencia en un proceso electoral y, además, no ha producido realmente un cambio estructural en la realidad del país. Pese a que se propugna teóricamente un cambio de paradigma que no solo busca dejar atrás el propio concepto de “desarrollo”, y con éste, el capitalismo (Ramírez,

2012), se acepta el enmarcado eurocéntrico de “desarrollo” aunque se proponga como un

proceso político que no técnico (Correa Delgado, 2010, p.12). Y , además, aunque, al menos discursivamente, se aboguen por alternativas al capitalismo, pragmáticamente se busca “democratizar” al mismo, a través de la generación de mayores avances tecnológicos, los

cuales han de estar disponible para las grandes mayorías (Correa Delgado, 2010, p.26).

Ahora bien, a efectos prácticos, la reducción de la pobreza y de las brechas en las desigualdades sociales son, sin lugar a duda, manifestaciones clave de una realidad de mejora de la calidad de vida de la población, expresado ello a través de programas de transmisión de excedentes a las clases vulnerables por parte del Estado, como nunca antes se había realizado en la historia de la República.

De esta manera, la disyuntiva que se presenta a la hora de comprender y analizar el proceso político de la Revolución Ciudadana es si ésta se ajusta a un modelo de acumulación y distribución propia del capitalismo, un capitalismo del siglo XXI, o, si por el contrario, el cambio de paradigma propuesto, el Sumak Kawsay o el Buen Vivir, deja atrás el paradigma de desarrollo capitalista, y todo ello, durante el período de una década, esto es, del 2007 al 2017. Tal y como afirmaba Bobbio (1995), en las díadas existen términos medios, y en este caso, René Ramírez (2012), a inicios del proyecto político de la Revolución Ciudadana, ya sugería que un proyecto político que aspira a la “transformación social”, a una

transformación social de izquierda hacia el buen vivir, puede abarcar diferentes fases en el

tiempo, no consecutivas necesariamente, que se aglutinen en torno a un período entendido como “una gran transición”. Como citábamos anteriormente, para Ramírez (2012), existen

diferentes momentos durante el período de transición hasta alcanzar esa “gran

transfromación social”, lo cual implicaría la asunción de momentos calificados como de

posneoliberalismo, como de socialismo de mercado, etc., e incluso, momentos donde predomine el neoliberalismo (Ramírez, 2012, p.46).

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El modelo que propone René Ramírez sería algo similar al gráfico que exponemos a

continuación, donde las intersecciones representarían la convivencia de diferentes estadios en un mismo momento.

Coincidimos con Ramírez (2012) y, así, entendemos la Revolución Ciudadana, esto es, como un proceso, como una transición, pero no necesariamente en forma de fases interrelacionadas. Más bien, consideramos que se ha producido un desplazamiento en el tiempo que ha arrastrado diferentes formas de aprehender la realidad política en Ecuador durante la década 2007-2017. Desde esta lógica, tomando como referencia a Boaventura de Sousa Santos (2010), partimos de la inserción de Ecuador en el sistema-mundo capitalista colonial cuyo nervio central es la producción, acumulación y distribución originada a través de una lógica de “explotación” y “dominación”. Junto a la explotación capitalista, interaccionan y se interrelacionan otros sistemas de explotación autónomos, como el racial

y de género63, cuyo núcleo común es la misma esencia de la explotación y la dominación de

unos seres humanos sobre otros.

En función de la interacción de las tres lógicas de poder y dominación en el sistema-mundo capitalista, en el marco de un proyecto que dice perseguir la disolución de dichas lógicas, tal y como es el proyecto político de la Revolución Ciudadana, podemos presentar dos momentos “liberadores” frente a estas lógicas de poder atendiendo a cada lógica de

63 Entendemos que el patriarcado no se ubica en el interior del sistema capitalista, sino que interactúa con el

mismo. El sistema de dominación de las mujeres es previo al surgimiento del capitalismo como sistema. Fases de la transición

Fase 1

Fase 2

Fase 3 Fase 4

Las "fases de la transición" para "la gran transformación al Sumak Kawsay

Fuente: Ramírez (2012). Fases de la transición Fase 1 Fase 2 Fase 3 Fase 4

Las "fases de la transición" para "la gran transformación al Sumak Kawsay

Fuente: Ramírez (2012).

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dominación así como a la imaginación política necesaria para superarlas. Estos dos

momentos sí son sucesivos pero, en vez de representar una liberación in crescendo desde la

avenencia con el sistema capitalista (racista y patriarcal) que camina hacia la superación y presentación de alternativas transformadoras (Sumak Kawsay), más bien consideramos que se ha producido un desplazamiento desde posiciones más transformadoras y rupturistas, presentes en el momento de la conquista del poder por parte de AP y su proyecto político, la Revolución Ciudadana, hacia una forma de convivencia explícita con el sistema capitalista (racista y patriarcal). Ambos momentos, el alternativo y el convivencial, no dejan de ser planteamientos de “izquierda”, o, como se ha conceptualizado anteriormente, de la “nueva izquierda” (o nuevas izquierdas) latinoamericanas. En este sentido, cabe prestar atención a una advertencia que realiza De Sousa cuando afirma que la diferencia entre “convivencialismo” y “alternativas” no es la misma diferencia que “reforma” y “revolución”. Ambas, el convivencialismo y las “alternativas” recurren a mediaciones y características del reformismo, esto es: democracia política y cambio legal (De Sousa

Santos, 2010, pp.12-13). Ahora bien, estas mediaciones son realizadas de diferente manera

ya que las opciones “alternativas” radicalizan las mismas a través de contenidos y formas

no liberales así como utilizan una semántica revolucionaria y anticapitalista64 para justificar

la radicalización de las mediaciones reformistas. El punto de partida es la gran inestabilidad política que vivió el país desde la década de los años 1980, el cual no se pudo superar a través de la propia institucionalidad liberal. El empresariado nacional requería de estabilidad política y mantener a la “clase peligrosa” contenida para continuar fortaleciendo el engranaje capitalista en el país:

Tuvimos diez años de inestabilidad política… que algo no nos gustaba y cambiábamos de

presidentes. Entonces, “ellos” (el gran empresariado del país), no por la inestabilidad que

causaba a sus empresas sino también por el desarrollo y futuro del país… ellos debían de

apoyar no solo del lado del desarrollo de empleo y desarrollo económico sino también desde el fortalecimiento de la democracia. Entonces, ellos, empresarios grandes del país, se unieron, y crearon esta corporación, y dijeron: ¿cómo podemos nosotros apoyar a

que no haya tanta inestabilidad? (E. BG , Corporación Líderes para Gobernar).

Muñoz Jaramillo (2014) sostiene la hipótesis de que la aparición del correismo fue el

resultado del surgimiento de una forma singular de estado de excepción65 producido por la

64 De esta manera, durante el primer momento de la Revolución Ciudadana, especialmente los primeros años,

se creó un discurso contra los poderes fácticos y tradicionales del país, englobados en la “oligarquía” en los grupos de “banqueros y corruptos” a los que Correa iba a aplicar “el látigo” a través del eslogan “Dale, Correa, dale”. Ello fue construyendo un sentido común, un imaginario social sobre el cambio que pretendía el nuevo gobierno que se enfrentaba a la “dictadura de la partidocracia y las mafias políticas”, para devolver la “patria” al país, y constituirse como una patria “altiva y soberana”. Este discurso incendiario y rupturista fue dando paso a un segundo momento de estabilidad, de continuar haciendo desde la mesura a través de eslóganes como “la Patria ya es de todos” y “la Revolución Ciudadana avanza”.

65 En una crisis política, cuando se produce el tránsito de una forma de Estado decadente a otra nueva forma,

ésta se conoce como “estado de excepción” en tanto el estado que debe desconocer su forma ideal, la democracia liberal, y opta por una organización de dominio excepcional de clase, que salva a la sociedad burguesa de su crisis, de las contradicciones atascadas, no superadas por el viejo Estado oligárquico y que permitió a las clases dominantes superar la incapacidad política para gobernar (Muñoz Jaramillo, 2014, p.180).

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crisis política, signado por un equilibrio estático66 que da lugar a un régimen bonopartista-

cesarista67. La crisis, que existía en todos los ámbitos de la realidad, mostró las contradicciones existentes al interior de un bloque dominante, que atendía a la lógica de dominación política, social, económica y cultural neoliberal. Por ello, un sector de la burguesía, de una burguesía “progresista”y/o burguesía “emergente”, la cual apostó por la modernización de la economía y del aparato estatal con el objetivo de restaurar el orden y lograr el anhelando progreso burgués.. Al mismo tiempo, un amplísimo sector de la sociedad que sufría las consecuencias nefastas del orden neoliberal, de manera colectiva y organizada, clamó por un cambio de signo político e ideológico.

Muñoz Jaramillo presume que la oligarquía costeña y la burguesía emergente veía caer su poder dentro del aparato estatal y aspiraban a controlar y reformar el Estado para expresar

sus intereses. Afirma, igualmente, que, a su vez, se produce el fortalecimiento del

movimiento indígena en la década de los 90, el cual liderará el movimiento popular de resistencia frente al neoliberalismo (Muñoz Jaramillo, 2014, p.179). Es por ello que la

burguesía emergente, que no lograba alcanzar el poder a través de la representación política

de los partidos de centro-izquierda, planificó la conquista del poder político través de dar ciertas direcciones políticas a sectores subalternos organizados (Muñoz Jaramillo, 2014, p.179). Para este autor, se establece un momento de alianza estratégica entre la tendencia oligárquico-neoliberal, que dominaron en el período 1982-2006, y las fracciones de burguesías emergentes, a través de:

(…) Una ideología neodesarrollista generada en la región como una supuesta alternativa

al neoliberalismo. Estos sectores afines al modelo neodesarrollista impulsan un patrón de reproducción y acumulación capitalista orientado hacia formas de organización

económica con fuerte intervención estatal y desarrollo endógeno (…) (Muñoz Jaramillo,

2014, p. 286).

Muñoz Jaramillo (2014) sostiene que el gobierno de la Revolución Ciudadana supuso un proceso de transición para superar la crisis política a través de una alianza estratégica entre la burguesía que persigue un modelo extractivo re-primarizador de la economía, ligado a

orientaciones neoliberales con énfasis privatizador, especulativo-financiero de carácter

rentista, y sectores afines al modelo neodesarrollista, quienes articularán y definirán:

Una hegemonía orgánica, como carácter del grupo o fracción de clase que disputa y ejerce de manera determinante la dominación política sobre las otras facciones

dominantes y el conjunto de la sociedad (Muñoz Jaramillo, 2014, p.285).

Desde esta investigación, sostenemos que el proceso de inestabilidad política e inercia

(Hernández y Buendía, 2011) ponía en peligro los intereses de la clase dominante que

66El “equilibrio estático” es lo que Gramsci define como la situación que da lugar a un estado de excepción o

a un régimen de bonopartista o cesarista, que es lo que, según Muñoz Jaramillo, existe después del surgimiento

del correismo, como manifestación de la incapacidad de los sectores en disputa para dirigir política e

ideológicamente al conjunto de la sociedad (Muñoz Jaramillo, 2014, p.180).

67Muñoz Jaramillo (2014) toma de Gramsci la noción del cesarismo en tanto su papel de árbitro, el “tercero

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ansiaba la cohesión social, especialmente un sector vinculado a una burguesía emergente, para superar la crisis de hegemonía y, así, poder con el proceso de acumulación y reproducción del capital. No obstante, entendemos que, después del desgaste económico, social, político y cultural que supuso la etapa neoliberal, más que una alianza estratégica entre ciertos sectores de la burguesía emegente y la oligarquía tradicional, en algún momento, se produjo una maniobra que aglutinó los intereses, opuestos por naturaleza, de ciertos sectores de la burguesía y de los movimientos populares organizados, los cuales coincidieron políticamente en una lucha común frente al modelo neoliberal. Esta causa conjunta pronto terminaría quebrándose por la naturaleza espúrea de la misma. Sin embargo, ello permitió que la burguesía y ciertos sectores oligárquicos superasen su crisis de hegemonía, valiéndose del correismo y de los movimientos populares y, así, reestructurar el bloque de poder.

De esta manera,, consideramos que esta coincidencia inicial y bastarda de intereses opuestos permitió florecer el movimiento de la Revolución Ciudadana que aunaba a una burguesía emergente a la par que a amplísimos sectores populares y/o de la izquierda del país. Concebimos que existió un primer momento de discurso “alternativo”, que aglutinó y fue apoyado por los sectores populares y de izquierda, en torno a la creencia en la transformación social, y que fue acatado por la burguesía. Pero, también entendemos la existencia de un segundo período, donde muchas fuerzas políticas de izquierda y movimientos sociales se fueron desgajando del proyecto político de la Revolución Ciudadana, y, además,, los sectores izquierdistas al interior del proyecto fueron desplazados y marginados. En este sentido, la disputa por la hegemonía la ganó ese sector de la burguesía emergente, esos grandes monopolios nacionales de comerciantes dedicados al mercado interno que han apoyado al gobierno,, subrepticiamente o de forma manifiesta. En definitiva, después de un frente común, la lucha de clases se hizo manifiesta y el posicionamiento gubernamental se desplazó hacia la derecha, manifestándose en clara sintonía con el capitalismo monopolista del país. Ello no exime de que se alcanzaran determinadas conquistas sociales y un mejoramiento general de la calidad de vida de la población en general, como veremos más adelante.

Siguiendo a Boaventura de Sousa Santos (2010), y tomando estas consideraciones previas, establecemos dos momentos históricos en la Revolución Ciudadana 2007-2017, como se

muestra en el gráfico siguiente. Un primer momento, al que denominamos “vertiente

alternativa” de la RC, que comprende desde el año 2007 hasta el año 2013, aproximadamente; y un segundo momento, al que hemos denominado, siguendo a

Boaventura de Sousa (2010), la “vertiente convivencial” de la RC, que abarcaría el período

entre el año 2013 y el año 2017. Faltaría por determinar el rumbo de la Revolución Ciudadana a partir del año 2017, momento a partir del cual Lenin Moreno ejerce la presidencia de Ecuador.

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II.2.1.- Un primer momento (2006-2013): la “vertiente alternativa” de la Revolución Ciudadana.

Durante la “vertiente alternativa” de la Revolución Ciudadana, hemos incluido el período

comprendido desde su misma conformación oficial, el año 2006, hasta el año 2013. Esta fase expone, como hitos más paradigmáticos, la Constitución del 2008 y el Plan Nacional del Buen Vivir 2009-2013. Frente a la lógica de explotación capitalista, desde esta vertiente

alternativa, embebida de la tradición crítica, es posible imaginar el fin del capitalismo sin

fin (De Sousa Santos, 2012, p.12). La dificultad que se planteaba era doble y procedía de

dos frentes: de la política partidista y de los movimientos sociales, los cuales tenían que imaginar alternativas al fin del capitalismo. De esta manera, las respuestas a las cuestiones planteadas

1.- ¿Cómo imaginar alternativas postcapitalistas después del colapso del “socialismo real”? En este sentido, el gobierno de la RC, así como los otros

gobiernos de la órbita postneoliberal en la región, “imaginan”, al menos

discursivamente, el poscapitalismo a partir del capitalismo.

2.- ¿Cómo imaginar alternativas precapitalistas anteriores a la conquista y al

colonialismo? Los movimientos indígenas imaginan el poscapitalismo a partir del

precapitalismo. :88?6:89; GEEM GEEN@GEFH? )&"#" :89;6:89? "(&) ()& 5

Figura 2. Las vertientes políticas de la Revolución Ciudadana (2007-2017)

Fuente: Elaboración propia a partir de Boaventura de Sousa Santos Las vertientes políticas de la Revolución Ciudadana (2007-2017)

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En este ejercicio de imaginación política ya se podía vislumbrar el origen espúreo de la lucha común; si bien ambas causas imaginaban una realidad social que superase el fin del capitalismo en su fase neoliberal, desde el ámbito público-gubernamental, se entendía que el capitalismo seguía siendo el camino para imaginar un tipo de sociedad diferente al existente; sin embargo, desde muchos de los movimientos sociales, se albergaba la esperanza de superar el capitalismo a través de otras realidades ajenas, o muy alejadas, del mismo.

En este proceso de imaginación política, la Revolución Ciudadana se auto-identifica como proyecto del Socialismo del Siglo XXI, acompañando a los proyectos revolucionarios de Bolivia y Venezuela, apoyándose en fuerzas políticas de izquierda y sectores populares, y distanciándose de otros proyectos políticos de la región como los de Brasil y Argentina, El

Socialismo del siglo XXI busca mostrar la distancia que imagina existir entre lo que

propone y lo que en el siglo pasado se presentó como socialismo (De Sousa Santos Sousa, 2012, p.12).

El proyecto político de la Revolución Ciudadana, como Socialismo del Siglo XXI, se fundamenta en un pacto social interclasista. El presidente Rafael Correa reconoció abiertamente el conflicto de “clases” en el país y enarbola la distinción dicotómica entre “pelucones” (élites) y el pueblo. Su proyecto busca gobernar para el pueblo. Sin embargo, este pacto social es complejo y frágil, donde:

Lo popular cuestiona a las clases dominantes pero se presenta una autonomía relativa del Estado con capacidad de mantenerla en suspenso al gobernar de manera sistemáticamente contradictoria, y donde la confusión resultante torna posible el armisticio pero no la paz

(De Sousa Santos, 2012, pp.-12-13).

En este momento, se visibilizan los efectos de la explotación capitalista así como las múltiples dominaciones del colonialismo interno y cómo ello se institucionalizó en múltiples divergencias entre clases a través de las diferencias regionales, econòmícas y culturales. Respecto a la legitimación del proyecto de la Revolución Ciudadana, se podría decir que

éste no es de orden “nacional-popular” ya que el Estado-nación realmente no representa a

las diferentes nacionalidades del país, las cuales se quedaron fuera del proceso de