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A principios del siglo XXI, el giro a la izquierda en América Latina se convierte en discurso

recurrente en la región (Borón, 2004; Castañeda, 2006; Hillebrand y Lanzaro, 2007, Calvo

Salazar, 2009; Arditti, 2009). Al mismo tiempo, se comienza a distinguir entre las dos

izquierdas presentes en el continente latinoaemericano (Borón, 2004).

La entrada de América Latina en el nuevo milenio se caracteriza por un ciclo político marcado por un giro hacia la izquierda, un giro expansivo y sin precedentes, que implica un abanico de diferentes manifestaciones que, por primera vez en la historia del continente, producen el establecimiento de una serie de gobiernos que se ubican políticamente entre

figuras renovadas del populismo y el debut de una naciente socialdemocracia criolla

(Lánzaro, 2011). Sin embargo, precisar la definición de izquierda se presenta como una tarea compleja en el siglo XXI. No realizaremos precisiones de tipo sustantivas, pero si presentaremos una breve reseña histórica y política de “la izquierda” en América Latina.

Immanuel Wallerstein (2005) explica la emergencia de las ideologías43 en el sistema-mundo

desde la modernidad eurocéntrica, las cuales orbitaron alrededor del “conservadurismo”,

partidario de mantener el statu quo y la introducción de reformas lentas, defendido por las tradicionales élites terratenientes y aristocracias europeas, y el “progresismo”, partidario del

cambio social, del avance científico y tecnológico así como de la idea de “progreso”,

proyecto dirigido por la burguesía44. Esta díada no es perfecta. Por la derecha del

conservadurismo, se sostenía el pensamiento reaccionario o ultraconservador, que se oponía

a cualquier tipo de cambio; y, por la izquierda del progresismo, emergió el “radicalismo” y

el socialismo45. La evolución de estas corrientes forma parte de la tradición eurocéntrica,

aunque no dejará de impactar, de múltiples maneras, en América Latina.

43 Immanuel Wallerstein, a diferencia de otros/as autores, considera que una ideología es algo más que un

conjunto de ideas, que un compromiso moral o una forma de entender el mundo. Una ideología es una

estrategia coherente en la arena social mediante la cual uno puede sacar específicas conclusiones políticas.

Se supone, entonces, que existen grupos en competencia, con estrategias a largo plazo enfrentadas acerca de

cómo efectuar el cambio y quién es el mejor capacitado para dirigirlo (Wallerstein, 2005, p.48).

44 Es necesario recordar que, desde esta lógica, no existía un posicionamiento en contra de las jerarquías

“naturales” sino de las heredadas. Así, las jerarquías naturales eran “naturales” y aceptables para las masas populares, teniendo, por tanto, una base legítima y legitimada de autoridad frente a las jerarquías heredadas, que imposibilitaban las movilidad social (Wallerstein, 2005, p.50).

45Ya en el siglo XX, la díada conservadurismo-progresismo se mantiene. Norberto Bobbio (1995) planteaba

la existencia de la díada izquierda-derecha y su ruptura desde la “tercera vía” que supusieron los

planteamientos de Anthony Giddens. También considera que izquierda y derecha son excluyentes aunque pueden llegar negociar. Por otra parte, sus extremos, desde la extrema derecha y desde la extrema izquierda, tienen más puntos en común de lo que se pudiera suponer.

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En América Latina, Atilio Borón (2004), señala la fuerte presencia de gobiernos de izquierda a inicios del siglo XXI en América Latina, sobre todo, en América del Sur, aunque éstos ya no se sostenían tanto en los escenarios tradicionales (sistema de partidos y representación parlamentaria). Estos gobiernos se identificarían como:

De "centro-izquierda" o "progresistas" y, de modo muy especial, en la tumultuosa aparición de nuevos movimientos sociales que, en algunos países, adquirieron una enorme gravitación. Ésta se expresó de formas variadas, desde la "conquista de calles y plazas" para resistir a las políticas del neoliberalismo hasta la irrupción de masivas insurgencias que ocasionaron, en los últimos años, el derrumbe de sucesivos gobiernos en el Perú,

Ecuador, Argentina y Bolivia (Borón, 2004, p.41).

Aunque en los últimos tiempos se ha insistido en la poca “utilidad” de la distinción, recurrimos aquí a la díada izquierda-derecha porque nos resulta un recurso metodológico útil y socorrido para situar a los actores sociales del proceso político, en concreto, del ecuatoriano durante la Revolución Ciudadana. Stoessel (2014), parafraseando a Bobbio señala que la izquierda tiende a abogar por la igualdad y la transformación del mundo en una perspectiva de más igualdad, mientras que la derecha prioriza la libertad, y entiende que las desigualdades sociales son intrínsecas y necesarias para mantener el orden social. Ahora bien, esa tradicional díada izquierda-derecha, así como las díadas que nacen en la derecha (extremo-derecha y centro-derecha), y en la izquierda (extrema-izquierda y centro- izquierda), proceden del pensamiento moderno eurocéntrico. En América Latina, el pensamiento decolonial tratará de romper primero con el eurocentrismo de dicha distinción “situando” la díada en el contexto latinoamericano y, después, con el binarismo que nace de

la izquierda referido a la existencia de las dos izquierdas que introdujo Catañeda (2006).

Desde la teoría decolonial se insiste en las especificidades de la región por lo que los candados conceptuales homogeneizantes y uniformadores, según parámetros eurocéntricos, poco pueden servir para describir y analizar los procesos políticos de América Latina en general, y de América de Sur, en concreto. Por otra parte, Mignolo (2007) no deja pasar

inadvertida la dimensión eurocéntrica de este preconizado giro a la izquierda en la región,

puesto que la introducción del marxismo y corrientes de izquierda en América Latina tuvo mucho con ver con la presencia de refugiados/s políticos/as europeos/as a inicios del siglo XX.

Asumiendo estas consideraciones, primero ¿qué se entiende por izquierda en América Latina? y, segundo, ¿qué es la “vieja izquierda” y qué es la “nueva izquierda”?

Siguiendo a Calvo Salazar, en la región los partidos de izquierda se caracterizan por ser

Un movimiento político con antecedentes históricos en partidos socialistas o comunistas, movimientos sociales de bases, organizaciones populistas u otras fuerzas políticas, los cuales se enfrenten contra las fuerzas tradicionales, en busca de objetivos revolucionarios o de transformación (Calvo Salazar, 2009, p.56).

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Respecto a la “vieja izquierda”, parece existir cierto consenso en referirse a la revolución

cubana de 1959 como principal hito histórico46 para la izquierda latinoamericana, la cual

sirvió para demostrar la existencia de una alternativa al capitalismo, además de establecerse

a sí misma como una fuerza para promover y difundir el nuevo pensamiento revolucionario del momento (Calvo Salazar, 2009, p.58). Ello propició una militancia latinoamericana más radical y se erigió como principal argumento contra la vía electoral para la toma del poder. Sin embargo, el proceso político cubano, pese a resistir en pleno siglo XXI, queda francamente debilitado por la caída del socialismo real en Europa, entre otros factores. Pero, la izquierda latinoamericana sobrevive a la caída del socialismo real y a la caída del Muro de Berlín en el viejo continente. Su mantenimiento y posterior resurgimiento dará paso

a la denominada “nueva izquierda” latinoamericana, entendida como una descripción de

formaciones de izquierda recientes, ubicadas durante los años 90 y primera década del nuevo milenio (Calvo Salazar, 2009, p.58). La “vieja izquierda” y la “nueva izquierda” se presentan en dos momentos diversos de la historia reciente de la región.

Muchos países habían vivido dictaduras civiles y militares, y caminaban hacia la democracia, hacia la democracia liberal. Las transformaciones políticas de los años 80 y 90, implicaron la implantación del neoliberalismo en la región, incluso a través de partidos políticos de corte socialdemócrata. Las consecuencias sociales que tuvieron la aplicación de las políticas neoliberales, además de la crisis de representación política, provocaron un resurgir revitalizado de los movimientos sociales, como el movimiento indígena en Ecuador

en la década de los 90. Estas nuevas formas de politización, y de ampliación de la esfera

pública, a través de los movimientos sociales (Stoessel, 2014, p.6), supusieron una auténtica resistencia frente al neoliberalismo. Apoyada en los movimientos sociales, o emergiendo de los mismos, la nueva izquierda se expandió en la región a través del asalto pacífico al poder (o, desde la oposición, donde se mantiene fuerte y vigorosa). Por ello, Stoessel (2014) sostiene que esta “nueva izquierda” más bien podría calificarse de post-neoliberal que antiliberal, puesto que amplifica los espacios de participación ciudadana a otros formatos de democracia (participativa, deliberativa, radical, comunitaria).

En la misma línea de configuración de alternativas al neoliberalismo, Arditi (2009), parafraseando a Panizza, refuerza este argumento sobre la acción colectiva. Éste señala que,

aunque la izquierda no se haya separado del mercado mediante políticas públicas, las ideas

de la izquierda ya son parte integral de la agenda emergente luego del ocaso del consenso de Washington (Arditi, 2009, p.239).

46 Añadiríamos al logro histórico de la Revolución Cubana, otro hito como fue aquel protagonizado por el

gobierno de coalición de la Unidad Popular en Chile, conformado en 1970 bajo la presidencia legítima de Salvador Allende, el cual fue asesinado para imponer la dictadura militar de Augusto Pinochet.

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Desde la nueva izquierda en América Latina, y amparando diferentes tipologías de gobierno en la práctica, se ha perseguido confrontar y superar el neoliberalismo global. Sin embargo, desde algunos enfoques se coincide en afirmar que estas nuevas izquierdas son más pragmáticas y moderadas que aquellas de los años 70 e, incluso aquellas más radicales, critican más el capitalismo en fase neoliberal que el capitalismo en sí (Stoessel, 2014, p.7). Igualmente sucede con la democracia representativa, la cual es aceptada, perfeccionada y combinada con otros formatos.

De esta manera, René Ramírez (2012), quien fuera Secretario Nacional de Planificación y Desarrollo así como Secretario Nacional de Educación, Ciencia y Tecnología y presidente del Consejo de Educación Superior durante los años de gobierno de Rafael Correa en Ecuador, en su artículo “Izquierda y buen capitalismo: una aporte crítico desde América Latina” afirmaba:

El proyecto político de Ecuador tiene que recorrer algunas fases (que no implican secuencialidad) para llegar a la gran transformación social (la sociedad del buen vivir). La gran transición implica pasar por el posneoliberalismo, el socialismo de mercado o socialismo redistribuidor y el biosocialismo republicano o socialismo del Sumak Kawsay. Incluso, en ciertos ámbitos, implica continuar con políticas del ciclo

neoliberal (René Ramírez, 2012, p.46).

En definitiva, desde la nueva izquierda en América Latina durante el siglo XXI, el debate sobre la construcción del proyecto político de izquierdas, parece oscilar entre pragmatismo y la utopía.

I.2.- Cambio de signo en América del Sur: las izquierdas y el progresismo alcanzan el