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Editors for Hypertext Authoring

5.2 A Modular Authoring Tool for Component-based Adaptive Web Applications

5.2.3 Editors for Hypertext Authoring

En una librería de Venecia, editado por Mondadori en 1994, hallé el Diario di un incubo / Taccuini  1919-1935, de H. P. Lovecraft. Lleva notas de David E. Schultz y está traducido por Claudio de Nardi. En el original se llamó The commonplace book, y está constituido de apuntes y transcripciones que el autor consignaba al azar para reelaborar sus ideas en futuros relatos.

En una de esas anotaciones (Taccuini , 27) expresa:

“Muerte, desolaci ón y horror, espacios batidos por el viento, fondo del mar, ciudad muerta. Pero la Vida... ¡horror todavía más grande! Vastedad inaudita de reptiles y leviatanes, de espantosas bestias de junglas prehistóricas, de lujuriante riscosa vegetación, de malignos instintos del primer hombre... La Vida es más horrible que la Muerte.” 

En la siguiente (Taccuini , 28), recordando uno de sus relatos, Gatti di Ulthar, y su afición a los gatos, nos dice que éstos constituyen el alma del antiguo Egipto.  Agrega, incluso, estas palabras:

“Pertenece (el gato) a la estirpe de los señores de la jungla y es heredero de los secretos del Africa antigua y misteriosa. Está emparentado con la Esfinge y conoce su lenguaje; pero es más antiguo que la Esfinge y recuerda lo que ella ha ol vidado”. En otra nota (Taccuini , 42) nos habla del terror de los espejos. Recuerda un sueño

en el que la escena se modifica por el sólo hecho de reflejarse “en el agua o e un

espejo”. El comentarista halla el antecedente en Nathaniel Hawthorne (The american

notebooks, 17/X/1835): Hacer del propio reflejo en un espejo el tema de un relato , como consta en el Monsieur de miroir , de éste. Tal sería la fuente y no el origen de The outsider   (1921) del mismo Lovecraft. George Wetzel, a su vez, afirma que la referencia le fue sugerida a Lovecraft por los Fragments from the Journal of a solitary man, de Hawthorne. Sin embargo, un personaje de The shadow over lnnsmouth (1931) expresa que los habitantes de Innsmouth tienen un aspecto tan horrible que mueren de terror con sólo mirarse en el espejo. Schultz es terminante en este aspecto.

El tema de la reflexión  puede rastrearse también en el Pickman's model   (1926) y otros relatos de Lovecraft. El aislamiento de los amigos y la vida enfermiza que debió sobrellevar por esa alergia al frío que lo obligaba a la reclusión, lo indujeron quizás a reiterar esta idea del horror ante las superficies reflexivas. Esto fue seguramente más significativo que los antecedentes literarios. A veces no podemos escindir la vida del hacer creador. Ambas instancias se juntan o coinciden en algún momento. El Taccuini  1919-1935 contiene todas las ideas y transcripciones que le servirían a Lovecraft para concretar su obra. En esto se parecía a Maiacovski, en cuya libreta de tapas negras consignaba todo aquello que le serviría para el desarrollo de su poesía. Las anotaciones eran rápidas. No le importaba la puntuación ni el estilo. Sólo la idea, el posible tema. Y también ciertos estados de ánimo en conexión con

su carácter. O bien en alusiones a Old man, el gato que lo acompañaba cuando escribía o se recluía en su casa por el frío intenso que le atacaba los bronquios.

 A veces naufragaba en algún enigma cósmico. Le preocupaba, por ejemplo, la posibilidad de un hombre lanzado a una velocidad superior a la de la luz. Creía que en el caso de tal aceleración, la materia del ser humano se transformaba en espacio. No conocía la Teoría de la relatividad . Pero algunos manuales de divulgación científica lo habían llevado al problema de la desintegración. Sus ser es gelatinosos y deformes están ubicados, de alguna manera, en este ámbito de significación.

También consigna sus sueños y ciertas precisiones que podemos extraer del Supernatural horror in literature y, especialmente, de las Selected letters: 1911-1937 (Arkham House 1965-76; vol. I-II al cuidado de August Derleth y Donald Wandrei; vol. IV-V al cuidado de August Derleth y James Turner). En éstos, por ejemplo, nos relata (1,114, sigo a Schultz) el sueño de un castillo medieval con los centinelas adormecidos, mientras en la llanura enfurecía la batalla entre los arqueros de Inglaterra y las extrañas figuraciones de manteles amarillos sobre las armaduras, que desaparecían cuando su comandante, despojándose del yelmo, advertía que era un ser sin cabeza.

Los sueños eran fundamentales en Lovecraft. Padecía de una recurrencia onírica. Despertaba repentinamente falto de respiración y ya no dormía. Al día siguiente tenía el tema para desarrollarlo con todos los recursos que le dictaba su imaginación. En este aspecto fue, sin duda, el Gran Soñador. O, sencillamente, el Soñador de Providence.

Tampoco faltan los lugares enigmáticos que visitó, como la casa de Salem o las aldeas espectrales (Taccuini , 99):

“Historia de Salem, el cottage  de una vieja bruja donde después de su muerte se  produjeron distintos sucesos espantosos.” 

La referencia también se halla en las Letters (1, 204). En una reveladora apuntación escribe: .

“Región subterránea bajo la plácida aldea de Nueva Inglaterra, habitada por criaturas (vivas o muertas) y a deformes y de antigüedad prehistórica”.

En su inabolible Nueva Inglaterra, donde a veces se internaba ocultándose de todos. Su tierra legendaria en que danzaban frenéticamente los fantasmas. O bien esas niñas cuyos cuerpos se fundían con los indígenas que retornaban del pasado. Una Nueva Inglaterra que estallaba en sus arterias y lo consumía.

El Taccuini  define, por lo tanto, el itinerario de, una inteligencia agitada por todos los vientos, carcomida de extrañas ensoñaciones que sólo podían caber en uná imaginación castigada por la tragedia. Allí están el terror y los sueños infantiles. Las selvas prehistóricas cubiertas de monstruos. Y sobre todo esas ideas llenas de pavor, donde se levantaba una cosmología atroz que acechaba el hundimiento de la civilización.