La enfermedad crónica es una alteración progresiva de la salud, donde la persona requiere cuidado y apoyo de la familia y del equipo interdisciplinario de salud; por lo tanto, demanda cierto grado de dependencia(31).Las enfermedades
crónicas generan dependencia total o parcial. La primera se caracteriza por que hay una pérdida total de la autonomía y, en consecuencia, se necesita indispensablemente un cuidador para ayudar a cumplir con las actividades cotidianas (31). Entretanto, en la dependencia parcial, el individuo es capaz de
favorecer el autocuidado; pero requiere un cuidador que le proporcione apoyo y acompañamiento en el proceso de la enfermedad y en la asistencia a los servicios de salud. Por lo tanto, las enfermedades crónicas de total o parcial dependencia precisan de un cuidador; sin embargo, en la práctica diaria y culturalmente se considera que los únicos que requieren cuidadores son aquellas personas con total dependencia por su condición de salud, pues se presenta un deterioro orgánico y funcional en el cual el paciente no podrá
favorecer su propio autocuidado y, por ende, dependerá deotro para satisfacer las necesidades básicas de la vida diaria(31).
Es importante destacar que las enfermedades crónicas comparten características particulares, en cuanto a factores de riesgo y estilos de vida modificables; además, obligan a modificar el modo de vida del paciente, pues afectan todos los aspectos de su vida y los de su familia. Aquel quien padece la enfermedad se enfrenta a condiciones de frustración, ira, negación o depresión. Por otro lado, la familia tiene que tomar decisiones muy importantes y difíciles, reorganizarse, replantear expectativas y adecuar sus metas y objetivos a la situación, ya que el tratamiento de un enfermo crónico no sólo lo involucra, sino que a los demás integrantes de su familia(32).
Las enfermedades de dependencia parcial comparten características particulares, pues son enfermedades que evolucionan de manera progresiva a través del tiempo, requieren modificación en estilos de vida (manejo dietario y nutricional, actividad física, manejo de estrés y dejar de fumar), visitas continuas al médico (controles para clínicos periódicos y tratamientos farmacológicos) y apoyo educativo. El impacto que generan estas enfermedades no sólo afecta al paciente, sino a la persona que lo cuida. Las enfermedades crónicas, se caracterizan por una larga latencia que provoca la pérdida de la funcionalidad. La mayoría de ellas, están asociadas a una combinación de factores sociales, culturales y ambientales (de conducta)y pese a no amenazar la vida directamente, provocan de inmediato una carga sustancial sobre la salud, causando impacto económico y deterioro de la calidad vida de los individuos, familias y comunidades (37).
El problema mundial creciente que se está produciendo a consecuencia del incremento en la incidencia y prevalencia de las enfermedades crónicas, representa una barrera para los objetivos de desarrollo de los países. En respuesta a ello, se han propuesto cinco acciones prioritarias, fundamentadas en el control de los factores de riesgo, y motivadas por los efectos sobre la salud, la rentabilidad, bajos costos de implementación, viabilidad política y financiera. Estas acciones son: Control del tabaco, reducción de sal, la mejora de la dieta, la reducción en el consumo de alcohol y la actividad física (38). Esta
última, ha demostrado tener un impacto positivo en la prevención y control de enfermedades crónicas no transmisibles (39). Debido a que la inactividad física,
aumenta el riesgo de presentar condiciones de salud adversas, a nivel mundial, se estima que causa el 6% de la carga de morbilidad por cardiopatía coronaria, 7% de la diabetes mellitus, 10% de cáncer de mama, y 10% de cáncer de colon
(40).
Un estudio realizado por Castillo et al., en su estudio sobre diabetes, hace aportes aplicables a todas las enfermedades crónicas, pues menciona que para el control de dicho factor de riesgo la estrategia principal es el entrenamiento físico bien planificado, dosificado y orientado. Indica, además, que el mejoramiento del metabolismo en el organismo del adulto, retarda el desarrollo de los cambios relacionados con la vejez, asegura una mejor funcionalidad y ayuda a la protección de la longevidad (41). Para mejorar el estilo de vida en
esta población es necesario dar continuidad al cuidado, de esta manera se disminuye el riesgo de complicaciones (42).
Las enfermedades crónicas tienen un impacto sobre la calidad de vida de las personas y este se incrementa conforma se incrementa la edad, influyen en las diferentes dimensiones que tiene la calidad de vida como por ejemplo los aspectos físicos y emocionales(43). Estos cambios que se generan se producen
a lardo del tiempo ytiende a variar tornándose cada vez más negativo (44).
Es decir, tanto el aumento del número de morbilidades como de la edad, generan mayor afectación en varias áreas de la calidad de vida en los adultos mayores (45).Resultados similares fueron obtenidos por Heyworth etal., quienes
además agregan que la enfermedad pulmonar obstructiva, la falta de educación superior, el tabaquismo y el sexo femenino están asociados a una peor calidad de vida relacionada con la salud (46). Evidencia adicional aportada por Hopman
et al., quienes confirman que, mientras la función física puede verse seria y negativamente afectada por la enfermedad crónica, la salud mental se puede mantener relativamente estable (47).
La Calidad de Vida Relacionada con la salud (CVRS) se ve más afectada por las consecuencias propiamente de la enfermedad, sin embargo, existen factores o aspectos extrínsecos e intrínsecos que constantemente interactúan
con la vida de las personas y que tienen repercusión sobre la misma. Dentro de los factores extrínsecos se evidencia la calidad del medioambiente, la disponibilidad de servicios públicos, el ingreso económico mensual, la posesión de bienes, el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo y el sobrepeso (48).
Estos últimos, se asocian a una peor salud física y por ende a una baja calidad de vida (49, 50). Igualmente, la falta de controles médicos, el bajo nivel
socioeconómico, el estado civil, el vivir con niños, residir en zonas rurales y la falta de ejercicio físico son factores que se relacionan con una menor CVRS
(51).
Por otro lado, los aspectos intrínsecos como las creencias, prácticas y el afrontamiento espiritual religioso no tienen un peso significativo sobre la CVRS
(52). Otros, como la edad que va aumentando a lo largo del tiempo, la tensión
alta, la misma presencia de una o más de una ECNT –que a su vez genera presencia de dolor- y la discapacidad impactan negativamente en la independencia funcional y la percepción de calidad de vida de las personas adultas, predisponiéndolas a desenlaces adversos(50, 53). Parker et al.,
identificaron en sus hallazgos quela osteoartritis, la depresión y la enfermedad neurológica tienen un importante efecto negativo sobre la CVRS de las personas que las padecen (54). Un estudio realizado por Zhouet al., además
aportan que la presencia de enfermedad cardiovascular, osteoporosis, cataratas son factores que afectan principalmente la CVRS (55).
En el caso enfermedades reumáticas, este aspecto se hace más evidente. El incremento en el tiempo de evolución, la presencia de comorbilidades y la afectación de caderas y rodillas influyen negativamente en la percepción de calidad de vida (38). Por ello, son importante resultados que destacan la
necesidad de considerar estas patologías como de alto impacto y que requieren una mayor atención(57).En relación con la enfermedad reumática, se ha
encontrado que la rehabilitación modifica la calidad de vida de las personas que las padecen ya que atenúa el dolor, también mejora la percepción de su estado de salud por cambios favorables frente a las limitaciones de la movilidad física, disminución de la rigidez y una reincorporación progresiva en las actividades
de la vida diaria, brindando más independencia funcional y mejor calidad de vida (58).
La identificación de los factores que afectan la CVRS en cada una de las condiciones de cronicidad, es crucial para aliviar la carga de la enfermedad, como lo presenta Imayama et al., en su estudio enfocado en comprender los determinantes de la calidad de vida en la diabetes tipo 2. Se describen tres dominios primordiales: factores personales, médicos y de estilo de vida(59). El
primero resulta ser una herramienta útil para detectar los adultos con diabetes tipo 2 que están en riesgo de mala calidad de vida. En cuanto al estilo de vida la actividad física se asocia positivamente y por lo tanto ejerce un factor protector (60).
CAPÍTULO III