Para entender el mecanismo de la anestesia psicológica partiremos de las explicaciones de que disponemos para comprender la anestesia química.
En el caso de la anestesia química local, el anestésico inyectado se une con el receptor colinérgico de la primera neurona de las vías del dolor y lo bloquea. Con ello impide que se una al mismo la acetilcolina, que el estímulo irritativo va a liberar en la zona donde actúa, e impide la producción del impulso eléctrico, o señal nerviosa.
En el caso de la anestesia general, bien por inhalación o bien por inyección endovenosa, el anestésico impregna todo el sistema nervioso, de una manera global, no discriminada, hasta el punto de que se puede producir la abolición de toda la sensibilidad; se produce la pérdida de la consciencia hasta llegar a la narcosis, el sueño químico.
Del estudio del conjunto de teorías que tratan de explicar el mecanismo de la anestesia química se llega a la conclusión de que, de una u otra manera, se impide la libre circulación de los impulsos eléctricos en el sistema nervioso central.
Vamos a tratar de explicarnos los posibles mecanismos de la anestesia psicológica.
He podido comprobar dos cosas fundamentales en ella:
En primer lugar, que se trata de un proceso de origen central, cerebral; no es una anestesia de conducción, que se produzca por interrupción de la señal nerviosa que circula camino del cerebro por las vías de la sensibilidad dolorosa.
En segundo lugar, la selectividad de la anestesia psicológica para zona y circunstancias, que es su cualidad más importante y que le confiere una inocuidad total.
La selectividad de la psicoanestesia, y la posibilidad de desprogramarla a voluntad en cualquier momento, nos permite elaborar la siguiente hipótesis:
Que la sustancia que la origina se puede inactivar en cualquier instante cuando convenga, al tiempo que su producción o disponibilidad es permanente.
En mis pacientes bajo psicoanalgesia se pueden comprobar: -Signos de tipo vagal muscarínico.
-La sustancia, elaborada por el sistema nervioso central, tiene capacidad para suprimir el dolor epicrítico (noético) y también el protopático. -Al mismo tiempo se observan efectos antiinflamatorios, detectados en el proceso de cicatrización de las heridas operatorias.
-Se acelera el proceso de cicatrización por mejorar el metabolismo tisular.
-Y todo esto, acompañado de un estado de consciencia vigil y de perfecta lucidez del paciente.
La sustancia capaz de producir los efectos de la psicoanalgesia es muy probable que se origine en el neocórtex y en el tálamo difuso, que, como comprobó E. Laborit, hace años, tiene capacidad acetilcolinérgica y muscarínica.
Es probable que esta sustancia actúe, no sólo por despolarización de la primera neurona, inmediatamente antes de la sinapsis con la segunda - en la sustancia gelatinosa de Rolando- sino también en ciertos puntos de la tercera neurona, en el neo y el paleocórtex, impidiendo la decodificación de los impulsos eléctricos que allí llegaron.
O bien interrumpiendo, también a nivel de la tercera neurona, la llegada de esos impulsos ascendentes, procedentes de la zona agredida, a los centros donde deberían ser decodificados -interpretados- con lo que el proceso de elaboración del dolor no se produce.
A esa encefalina producida en el cerebro por la puesta en marcha del pensamiento, por la acción de pensar, se le podría denominar noesina. Y la noesina, posiblemente, será una molécula con capacidad acetilcolinérgica y muscarínica, analgésica selectiva, antiinflamatoria y capaz de producir todos esos efectos, conservando vigil la consciencia del paciente. Y, coincidiendo con su liberación y con la comprobación de sus efectos, se produce una respuesta biológica global armónica positiva (RBGAP), en la que destacaría la capacidad de mejorar la inmunidad, la cicatrización, la tranquilidad y la relajación del paciente, al tiempo que mejora su estado general a todos los niveles.
La activación de la noesina depende de la incidencia, sobre la sustancia cerebral, de una serie de energías capaces de producir o inducir los cambios bioquímicos necesarios. Esas energías, barrera final, insalvable para el bioquímico, serían movilizadas por la acción del pensamiento sobre el cerebro, expresando un deseo del paciente, en presente y con idea de posesión. Unas veces estando solo y otras reforzando su deseo con la ayuda del terapeuta.
Una energía que indiscutiblemente influye en el proceso, cuando existe la actuación del terapeuta, es el amor; una energía emanada de un sentimiento limpio que une a ambos y que facilita al paciente la obtención de lo que necesita.
Pienso que la noesina puede actuar de la siguiente forma: Se combina con parte de los receptores colinérgicos, en determinados lugares del sistema nervioso y los hurta a la acción de la acetilcolina que debería unirse a ellos para producir determinados impulsos eléctricos. O evitando sean decodificados si llegan al cerebro, con lo que no se produce la elaboración del dolor.
Y todo esto, sin interferir en la libre circulación de otros impulsos de vuelta, referidos a otras partes del organismo o a circunstancias diferentes de las programadas para la zona psicoanestesiada.
En ocasiones hemos comprobado verdaderas anestesias en la zona programada, con pérdida incluso de la sensibilidad táctil, aunque lo más frecuente es obtener una analgesia, desaparición de la sensibilidad dolorosa con persistencia de otras sensaciones, táctiles, de presión, etc., en general poco discriminatorias.
En el futuro cabe mantener la esperanza de que el dolor pueda ser controlado por el hombre a voluntad; no sólo el dolor crónico, que en sí es una carga negativa sin ningún sentido útil para el organismo que lo sufre, sino también el dolor agudo, potenciando el conocimiento del hecho de la agresión, que nos permita defendernos de ella sin necesidad de sufrir. Para ello deberán cambiarse algunos programas archivados en el cerebro humano a lo largo de la evolución de la especie... Éste es un trabajo que ha de encomendarse en particular a madres y educadores, porque tienen la ventaja de ser los iniciadores de la educación, los que ponen las bases de la misma.
Madre e hijo deben beneficiarse de la psicoanalgesia maternofetal que, como veremos más adelante, puede ser un regalo inestimable para el resto de la vida de los que nacen bajo su protección, y que puede ser el mejor punto de partida para este cambio tan necesario en la programación del cerebro respecto al dolor.
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