6.5 Querying Graph Databases
6.5.1 The Filter / Verify Paradigm
América Central es un área privilegiada en cuanto a la diversidad biológica de leñosas perennes con potencial forrajero (Benavides et ál. 1992). Sin embargo, no es sino hasta hace pocas décadas que se iniciaron esfuerzos para el estu- dio sistemático de la calidad nutritiva, el manejo agronómico y el potencial de incorporación de estos forrajes en la dieta de los animales, como una forma de intensificación de la producción animal basada en forrajes (Pezo et ál. 1990, Benavides 1994).
El follaje, frutos e incluso la corteza de muchas leñosas perennes son parte importante de la dieta de los animales silvestres en su hábitat natural (Van Soest 1994). Para los animales domésticos, los árboles y arbustos son fuente tra- dicional de forrajes en diversos ecosistemas (Norton 1994). En los ecosistemas semiáridos y subhúmedos, especialmente, es donde las leñosas más contribuyen a la dieta durante el período seco, cuando los animales son manejados bajo pastoreo/ramoneo (Torres 1987).
En términos generales, la biomasa comestible de las leñosas perennes, en especial de las leguminosas, es rica en proteína cruda, vitaminas y la mayoría de minerales, excepto el sodio (Pezo et ál. 1990, Escobar et ál. 1996). Estos
América Central es un
área privilegiada en cuanto
a la diversidad biológica
de leñosas perennes con
potencial forrajero.
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contenidos pueden variar con la época del año, pero la magnitud de los cambios estacionales son bastante menores a los detectados en gramíneas, por lo que las diferencias se hacen más marcadas en el período seco (Torres 1987).
Quizás, el alto contenido de proteína cruda es el atributo más relevante del follaje de las leñosas perennes, especialmente de las leguminosas. Sin embargo, análisis detallados de la fracción proteica en Erythrina spp. y Gliricidia sepium han mostrado que el 75% está constituida por compuestos de nitrógeno no proteico (Kass et ál. 1993), lo cual puede resultar una limitante para su uso en monogástricos, pero no en rumiantes. Asimismo, una buena proporción del nitrógeno insoluble está ligado a la fibra detergente ácido y, en consecuencia, de baja disponibilidad para los animales que los consumen. Estas características son comunes en el follaje de muchas otras leñosas perennes.
La disponibilidad energética del follaje en muchas especies arbóreas y arbus- tivas es similar o superior a la observada en gramíneas tropicales (Torres 1987, Benavides 1994, Escobar et ál. 1996). Sin embargo, algunas muestran una baja degradabilidad ruminal, debido a los altos contenidos de taninos y otros meta- bolitos secundarios con efectos perjudiciales sobre la digestibilidad, el consumo y el comportamiento animal (Valerio 1994). Son conocidos los casos de, por ejemplo, los taninos en Calliandra calothyrsus, la mimosina en Leucaena spp., eritrodinas en el género Erythrina, cumarinas en Gliricidia sepium, saponinas en Sesbania sesban y oxalatos en algunas especies del género Acacia.
La magnitud de la respuesta al uso del follaje de leñosas perennes está condicio- nada, entre otros factores, por la calidad de la dieta base, la cantidad consumida, la condición corporal y el estado fisiológico de los animales (Norton 1994). En el caso de dietas típicas del período seco basadas en el uso de forrajes maduros o residuos de cosecha (caracterizados por altos niveles de fibra y muy pobres contenidos de proteína cruda), la suplementación con estos follajes incrementa el consumo de forrajes (Escobar et ál. 1996), evita la pérdida de peso, e incluso, logra ganancias de peso (Norton 1994). Además, se pueden obtener niveles aceptables de producción de leche, sin que las vacas tengan que hacer uso de sus reservas corporales (Camero et ál. 1993).
En contraste, cuando el forraje base no presenta limitaciones proteicas (>7,5% de proteína cruda), como es el caso de las pasturas durante el período de llu- vias, los aumentos observados en la producción de leche por vaca han sido inferiores al 20% (Kass et ál. 1993). Sin embargo, un efecto sustitutivo parcial sobre el consumo de pasto puede redundar en incrementos en la carga ani- mal (vacas/ha) mantenida por las pasturas y, por ende, una mayor producción por hectárea. Si el follaje de la leñosa perenne es de digestibilidad alta, como la morera (Morus spp.), el efecto aditivo de la suplementación puede ser más marcado (Oviedo 1995). Lo mismo ocurre si también se incluyen suplementos energéticos como melaza, pulidura de arroz, banano o granos (Kass et ál. 1993).
La disponibilidad energética
del follaje en muchas
especies arbóreas y
arbustivas es similar o
superior a la observada en
gramíneas tropicales.
4.3.1 Efecto del ramoneo sobre las leñosas
En los SSP en los que el ganado tiene acceso directo a las áreas donde se encuentran leñosas perennes palatables, los animales consumen sus hojas y fru- tos. Sin embargo, independientemente de si las leñosas son comestibles o no, los animales son fuentes potenciales de daño a los árboles porque raspan la cor- teza, se rascan en el tronco, se comen los brotes nuevos y pisotean las plántulas recién emergidas.
No obstante, la presencia de los animales en SSP también puede ejercer efec- tos favorables sobre las leñosas perennes, pues el consumo de los frutos puede constituirse en un mecanismo efectivo de dispersión de semillas (Somarriba et ál. 1985). Por otro lado, cuando los animales cosechan la vegetación herbá- cea están consumiendo un material potencialmente combustible, con lo que disminuye el riesgo de incendios. Además, es una forma de reducir costos de mantenimiento (Tajuddin et ál. 1991), pues en el manejo normal de plantacio- nes se hace necesario controlar la competencia ejercida por plantas invasoras. En sistemas que involucran árboles forrajeros, la respuesta a la defoliación prácticamente sigue los mismos principios que regulan el uso racional de las pasturas. Así, es recomendable que siempre se deje área foliar remanente luego de una defoliación, ya que esto ayudará a prevenir que el árbol haga un uso muy intenso de sus reservas orgánicas durante el rebrote. En caso de que se use una intensidad de defoliación muy fuerte (poca o ninguna área foliar residual), se debe alargar el intervalo entre ciclos de uso para permitir que se restituyan las reservas utilizadas durante el rebrote (Mochiutti 1995). El primer corte o defoliación debe diferirse hasta que los tallos hayan alcanzado una altura de 1,0 a 1,5 m y los tallos hayan engrosado; con ello mejora la acumulación de reservas y el desarrollo radicular vigoroso (Ella et ál. 1991). Si se mantiene un patrón de defoliaciones fuertes y frecuentes, las plantas podrían morir (Stur et ál. 1994).
4.3.2 Posibles daños sobre las leñosas y cómo evitarlos
El daño de los animales por consumo de follaje y raspado de la corteza en árboles y arbustos que no tienen propósitos forrajeros es más frecuente con caprinos, pero puede ocurrir también con bovinos y ovinos (Stur et ál. 1994). Estos daños son más críticos en los estadios juveniles de las leñosas, en los cua- les es posible que el punto de crecimiento (meristemo apical) sea fácilmente consumido por estar al alcance de los animales (<2,0 m) y que el fuste no haya engrosado lo suficiente como para resistir la presión de los animales al rascarse (Chee y Faiz 1991, Reynolds 1995).
En sistemas silvopastoriles que incluyen árboles maderables o frutales, se han sugerido diferentes formas de protección para prevenir las pérdidas ocasio- nadas por la acción de los animales en pastoreo. Estas incluyen, entre otras prácticas, el manejo del pastoreo, el uso de repelentes y la protección mecánica. En el primer caso, se aconseja diferir el ingreso de los animales hasta que los árboles hayan alcanzado una altura tal que les permita evitar daños potenciales por defoliación de los meristemos apicales (Whiteman 1980); para la mayoría
Si bien los animales son
fuentes potenciales de
daño a los árboles, también
pueden ejercer efectos
favorables sobre las leñosas
perennes.
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de especies tropicales de rápido crecimiento, esto significa al menos los dos primeros años de la plantación. Además, se sugiere que en los primeros dos años de pastoreo se usen ovinos y recién al tercer año ingresen los bovinos al sistema (Lane 1981). Adicionalmente, el mantener un balance adecuado entre la disponibilidad de forraje y la carga animal ayuda a prevenir mayores daños por defoliación.
Una alternativa de bajo costo que ha mostrado efectividad en prevenir la defoliación de las leñosas en estadios juveniles, es pintar el fuste con excretas animales frescas (Payne 1985). También el uso de protectores mecánicos, como las cercas individuales, el alambre de púas y los sostenedores han demostrado efectividad en incrementar la supervivencia de los árboles (CATIE 1991), pero pueden resultar muy costosos en plantaciones de alta densidad (Pearson et ál. 1990). Su uso quizás pueda justificarse en sistemas de árboles dispersos en potreros cuando se trabaja con especies de alto valor comercial o cuando el propósito es la conservación de especies (Holmann et ál. 1992).