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Flexibility at Run-time using the Actor–Mediator–Bus Pattern

Querying a heterogeneous Web

2. Within Comunica, multiple heterogeneous interfaces are first-class citizens This enables federated querying over heterogeneous sources and makes it for example

4.3. Requirement analysis

4.4.2. Flexibility at Run-time using the Actor–Mediator–Bus Pattern

A pesar de los esfuerzos realizados en la búsqueda de un patrón criminoló- gico que defina a los agresores sexuales de menores, no se han encontrado signos unívocos que permitan reconocer un perfil patognomónico que sea capaz de identificarlos. Por el momento no se registra una signología o sinto- matología uniforme que configure, desde el punto de vista criminológico, un cuadro sindrómico característico.

Hay abusadores de menores de todo tipo y condición. Desde el que exhibe un carácter tímido y sobrelleva su desviación sexual con angustia, cargado de culpa y de vergüenza; hasta el psicópata sexual grave o depredador sexual vio- lento, de escasa o nula conciencia de su perturbación; pasando por el delin- cuente intelectual, seductor, que reivindica la pedofilia, ideológicamente, como una diversidad de elección del objeto sexual y la equipara con la homosexuali- dad u otras manifestaciones de la sexualidad transgenérica.

Una primera clasificación agrupa a los ofensores sexuales de menores en primarios y secundarios. Los primarios o preferenciales son los verdade- ros pedófilos o si se prefiere son los pedófilos puros o propiamente dichos, en el sentido de su preferencia u orientación sexual exclusiva. También se los con- sidera con la denominación de “depredadores sexuales”. Son los que tienen imposibilidad de alcanzar el placer sexual con otra persona que no sea una niña o un niño, menores de edad.

De acuerdo a la edad de preferencia de sus víctimas a estos abusadores primarios se los puede identificar como: a) infantófilos, los que tienen predi- lección por menores de 0 a 5 años; b) pedófilos, cuya preferencia alcanza a menores prepubescentes, de 6 a 12 años; y c) hebéfilos, los que muestran preferencia por menores en edad puberal, de 13 a 16 años.

La característica fundamental de estos abusadores es la violencia con la que actúan, porque, además de dañar psicológicamente, producen lesiones fí- sicas o agresiones sexuales que pueden ser seguidas de muerte. Su conducta siempre es compulsiva. Son auténticos depredadores, (cazadores), sexuales de menores. Carecen de conciencia del trastorno de la sexualidad que padecen. No sienten arrepentimiento de su accionar disvalioso, porque consideran su com- portamiento como adecuado. Son totalmente refractarios al tratamiento y po- seen elevados índices de reincidencia y peligrosidad criminal.

Esgrimen como argumento la mentira de que han sido provocados por sus víctimas, y también arguyen su “interés pedagógico” por introducir, educar e ilustrar a la víctima en el “arte amatorio” de la sexualidad adulta.

A veces, y con menor frecuencia que la literatura les asigna, actúan con sentimientos de venganza por haber sido abusados en su infancia. Al respecto, estadísticas que no han sido comprobadas en nuestro país y que impresionan ser exageradas, informan que un porcentaje del 40 % de los victimarios fue a su vez abusado. En ocasiones son sádicos, perversos y pueden llegar a come- ter lesiones corporales graves u homicidios. Cuando la agresión sexual sobre- viene a un secuestro el homicidio de la víctima es la regla esperada.

Por el contrario, los abusadores de menores secundarios o situacionales son aquellos que no dependen exclusivamente de la pedofilia para alcanzar el placer sexual. Son heterosexuales naturalmente e incurren en pedofilia al presen- tar dificultades en la vida de relación con sus parejas mayores de edad, o por- que se encuentran atravesando situaciones de estrés o porque son discapacita- dos, y su minusvalía física y baja autoestima constituyen impedimentos para llevar una relación normal de pareja. También, porque enfrentan una situación de pérdida y se encuentran en estado de soledad y depresión, o bien por relaja- ción moral por alcoholismo o toxicomanía, porque son oportunistas del turismo sexual infantil, o porque son usuarios y consumidores de pornografía infantil. Estos pedófilos, a diferencia de los primarios, sufren por su padecimiento, tienen conciencia del disvalor de sus actos y por ello se sienten culpables y experimentan vergüenza, sentimiento que incrementa su baja autoestima y los conduce a graves perturbaciones de la vida de relación, tanto en lo social como en lo profesional o laboral. Habitualmente tienen una respuesta aceptable al tra- tamiento, con bajos índices de reincidencia criminal. Por lo general el abusador de menores oportunista o situacional es casado, puede cometer incesto o abu- sar de los hijos de su pareja, atacando sexualmente a los niños por aprovecha- miento de su estado de indefensión e inocencia.

Un punto en común que exhiben los abusadores de menores cualquiera sea su tipo (37), es que pertenecen mayoritariamente al sexo masculino en una pro-

porción superior al 80 %. En nuestra modesta casuística de la Quinta Circuns- cripción Judicial de la Provincia de Córdoba el porcentaje de varones es abru- mador, alcanzando el 97 % de la muestra estudiada. La edad de los victimarios varones oscila, en promedio, los 32 años (19).

La mujer participa como actora rara vez en forma primaria. Más bien lo hace como partícipe secundaria y en complicidad con el victimario. En nuestro país no existen datos fidedignos al respeto. Finkelhor ha informado que en EE. UU. el 5 % de las niñas y el 20 % de los niños han sido abusados por delincuen- tes del sexo femenino. La victimaria es más difícil de descubrir e investigar. Sus abusos sexuales infantiles están camuflados en las tareas domésticas de la crianza de los niños, (vestirlos, higienizarlos, dormir junto a ellos, etcétera).

Cuando la abusadora es una mujer se trata por lo general de un incesto ma- terno-filial, que produce un pacto de silencio mayor en la víctima. Por lo general se trata de una relación de poder en donde no existe el cariño, ni el afecto.

Se reconocen cuatro tipos de abusadoras sexuales de menores, a saber: a) el tipo maestra-amante, la victimaria tiene a su cargo la educación escolar del niño, no considera su conducta un abuso y percibe al menor como su amante. En ocasiones esgrime, como justificativo, el argumento del ritual de la inicia- ción sexual del menor; b) el tipo abusadora predispuesta o intergeneracio- nal, es la que tiene a su cargo el cuidado del menor, (mucama, niñera, baby- sister, etc.), y habitualmente ha sufrido abusos o maltratos en su infancia; c) el tipo abusadora dominada o forzada, es la que acepta actuar como victimaria por coerción o violencia de su pareja varón; y d) la abusadora incestuosa o parafílica, es la madre de la víctima o bien la que actúa con complicidad al compartir la perversión sexual con su pareja abusador.

La opinión tan arraigada que afirma que en su gran mayoría los abusadores de niños/as han sido, a la vez, abusados en su infancia no parece ser real y se trata de uno de los mitos en torno al tema que es necesario desterrar. Esta fal- sa, indiscriminada y no comprobada afirmación, ofende a las víctimas agredidas sexualmente al convertirlas en potenciales o futuros delincuentes, otorgándoles un grado de temibilidad y peligrosidad predelictual que no poseen.

Lo que se puede comprobar es que muchos victimarios registran antece- dentes de una infancia signada por la violencia familiar, el maltrato hacia la madre y la ausencia o carencia de una figura paterna.

Otro rasgo reconocido que puede llegar a ser común en algunos abusa- dores es el hecho que suelen ser grandes manipuladores de la voluntad de sus víctimas, mendaces y seductores. Excepcionalmente, la pedofilia del vic- timario se asocia con otra parafilia, el exhibicionismo, por ejemplo. Además, no es infrecuente que los abusadores presenten rasgos psicopáticos en su personalidad, (obsesivos o esquizoides), como también síntomas y signos depresivos. Una característica destacable en los depredadores sexuales vio- lentos parece ser el consumo masivo de pornografía infantil agresiva y brutal, (Hentai, incesto, violación).

Un porcentaje no despreciable de abusos sexuales de menores está a cargo de adolescentes. Estadísticas de los EE UU. reportan que un 20 % de los abusos infantiles y un 30 % de las violaciones de menores tiene a los adolescentes como victimarios(52). En nuestra modesta casuística no hemos podido comprobar esas

observaciones. Al contrario, la participación de jóvenes en calidad de abusadores ha sido irrelevante del orden del 2 al 3 % de la muestra analizada. No obstante uno de los casos de violación seguido de muerte correspondió a un agresor de 17 años. Y en otro caso, con participación de un menor de 18 años que accedió carnalmente a su víctima de 8 años, el hecho fue consumado con contagio de enfermedad venérea por vía anal. Aunque aislados, estos casos podrían demos-

trar que los hechos cometidos por adolescentes revisten una mayor gravedad. El resto de los victimarios menores fueron considerados inimputables (19).