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3.5. Hybrid Multiversion Storage
Con el advenimiento de mitos y creencias religiosas apareció la práctica sagrada de la prostitución, siendo las niñas prepúberes preparadas y convertidas en sacerdotisas, para su consagración al culto de la fertilidad. Culto destinado a una diosa madre a la que se consagraron celebraciones especiales, coinciden- tes con períodos de siembra o de cosecha. Así los templos de distintas diosas en la antigüedad se convirtieron en verdaderos burdeles en el Peloponeso, en Atenas, en Corintio, en Egipto. Entre los pueblos politeístas del Asia Menor los ritos orgiásticos de fecundidad incluyeron la participación de niñas vírgenes.
Originaria de Babilonia, la prostitución ritual o sagrada aparece con el adve- nimiento del tercer milenio a. C., como culto de la diosa sumeria Innana- Isthar, deidad de la fertilidad a la que fueron consagradas sus fieles sacerdo- tisas llamadas “hieródulas”. Isthar fue la diosa de la belleza y la sensualidad, protectora del amor carnal, de las prostitutas y de las relaciones extramaritales, a la que se consagraban niñas vírgenes sumerias para su veneración y culto. Las sacerdotisas mantenían relaciones sexuales con los que pagaban dinero destinados a la diosa. La tradición sostenía que las adolescentes debían ofren- dar la primera relación sexual en su honor y el acto ritual debía hacerse dentro del templo.
El Antiguo Testamento cita los actos “abominables” de las mujeres de Caanan que se identificaron con esta costumbre. En el Oriente antiguo las “lukur”, también llamadas “naditu”, fueron mujeres santas, pertenecientes a las clases sociales altas consagradas al dios principal de una ciudad, (Marduk en Babilonia, Ninurta en Nippur, Shamash en Sippar), que vivían enclaustradas; y aunque podían contraer matrimonio no les era permitido tener hijos, por lo cual practicaban el coito anal como método contraceptivo.
En las antípodas, en la antigua Roma, las Vestales eran niñas prepúberes cuya edad oscilaba entre los 6 a 10 años, seleccionadas para ser consagradas a la diosa del hogar, Vesta, culto introducido en Roma por Numo. Las vestales debían ser vírgenes y mantenerse castas hasta cumplir los treinta. Su misión era la de conservar el fuego sagrado en los templos en los que se veneraba la deidad. La pérdida de la virginidad era considerada una falta muy grave que se castigaba con la muerte por lapidación o decapitación.
En tiempos del Emperador Domiciano se comprobó que las vírgenes ves- tales habían roto su voto de castidad y se lo consideró un gravísimo crimen de
incesto, ordenándose fueran quemadas vivas y dando muerte a los implicados. La celebración de la Vestalia se llevaba a cabo entre los días 7 al 15 de junio.
En la India, en la región sureña de Belgaum, aún hoy las “Devadasis”, (prostitutas sagradas), le rinden culto a la reina Yellamma o Yellardamma, an- tigua diosa de la fertilidad, práctica ancestral originada entre los siglos IX y X en la región de Tamil Nadu. Según la investigadora mejicana, Valeria LUISELLI
LÓPEZ, la palabra “devadasis” proviene del sánscrito: “sirvientas de la deidad”.
Sus siervas, eximidas del matrimonio y consagradas a la diosa, son selecciona- das entre las niñas más bellas y de humilde condición entre los 6 y 8 años de edad. CAPOLUPO(9), afirma que: “más de mil niñas de 10 años se consagran anualmente en la India a este culto”. La devadis debe ofrecer sus servicios
sexuales a los sacerdotes del templo. Por considerar el ritual como una forma de prostitución los ingleses prohibieron la actividad en 1947, pero aún hoy subsiste como una forma de prostitución infantil encubierta. Tanto es así que el investigador Robert GOODMAN ha dado a conocer un estudio reciente llevado
a cabo por la Asociación Racionalista de la India, señalando que el 30 % de las niñas prostituidas en Bombay creen estar cumpliendo un mandato sagrado, por haber hecho votos a la diosa Yollamma, pese a que legalmente su práctica se castiga con tres años de prisión. GOODMAN afirma “[…] que a pesar que existe una ley que prohíbe su práctica la dedicación de niñas intocables a la diosa Yellama está en aumento y el culto se celebra en pequeños santuarios, en casa de particulares o en lugares de peregrinación prostibularios”. Las niñas termi-
nan, como asegura CAPOLUPO(9), ingresando al circuito de la prostitución de
menores para satisfacer la demanda del turismo sexual infantil.
Vinculado a la prostitución sagrada algo similar ocurre en África con una tradición de abuso y servidumbre sexual que afecta a las niñas púberes, cono- cida con la denominación de “esclavas de trokosi”. En esta costumbre brutal las niñas son entregadas a los sacerdotes como pena expiatoria de delitos cometi- dos por miembros de su familia. La creencia ancestral sostiene que la única for- ma de apaciguar la ira de los dioses es entregar las hijas vírgenes a los chama- nes y expiar las faltas cometidas por los adultos. Esta práctica inhumana data del siglo XII y aún es llevada a cabo en los países africanos de Ghana, Togo y Nigeria. Las niñas se transforman en esclavas de los dioses, las “Trokosis”, y están obligadas a realizar las tareas domésticas en las granjas para mantener al sacerdote, que puede disponer sexualmente de sus servicios a partir de la ter- cera menstruación. Si una de las trokosi muere o el sacerdote se cansa de ella la familia está obligada a reemplazarla en una sucesión de interminable expia- ción.
El semanario “Misión Network New” informó que por medio de la gestión de Every Child Ministries, (ECM), en abril de 2010, fueron liberadas en Ghana cincuenta y cinco esclavas “trokosi” que iniciaron un proceso de rehabilitación para reintegrarse a la comunidad. El rescate de las jóvenes mujeres se realiza
mediante el pago indemnizatorio al santuario animista, que depende del chamán propietario. Se ha llegado a pagar hasta 2,5 millones de cedis (unos mil dólares), toros y vacas como indemnización. Una ONG africana, “Internacional Needs Ghana”, ha conseguido rescatar a 2.800 niñas trokosi, desde la sanción de una ley que prohíbe el trabajo ritual forzado, según el informe de referencia. Enti- dades tales como el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para las Mu- jeres, (UNIFEM), aportan dinero para los programas destinados a luchar contra la tradición del trokosi en África.
También existió una prostitución sagrada masculina. En el nuevo mundo de Amerindia, entre los Incas, la prostitución masculina de los pampayrunas revestía un carácter ritual y sagrado. Los niños fueron elegidos e iniciados antes de la pubertad para cumplir su función en templos, oratorios, santuarios o pirámides donde se adoraban los dioses incaicos. El estudio de las momias incaicas infantiles indica que a las niñas las sacrificaban abandonándolas en los santuarios de altura, con ajuares ricamente elaborados, (estatuillas de metales preciosos, cerámicas, tejidos, hojas de coca), preparados en casas llamadas alca huasi donde moraban las Vírgenes del Sol, niñas de 8 a 12 años de edad seleccionadas por su belleza y destinadas a ser esposas de los jefes incas, sa- cerdotisas de los santuarios o víctimas de sacrificios humanos. En la antigua Mesopotamia los denominados “assinnú” fueron posiblemente varones eunu- cos y homosexuales pasivos que estaban vinculados a los oráculos de la diosa Listar.