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Relative position of a triple (t) inside a delta (D) for a triple pattern (p).

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Equation 13: Relative position of a triple (t) inside a delta (D) for a triple pattern (p).

Sin pretender abordar en profundidad el capítulo de la medicina legal que trata sobre la sexología forense, es necesario, a los fines previstos en la presen- te obra, analizar los factores normales que intervienen en la compleja función de la sexualidad humana y sus desviaciones o anormalidades, en razón que el abu- so sexual de menores es un delito contra la integridad sexual de las personas y, también, en orden a la necesidad de comprender los fundamentos jurídicos que amparan el bien que la ley penal tutela.

Tratándose de una función extremadamente compleja no resulta fácil defi- nir qué se entiende por sexualidad humana normal en su polifacético y dual cometido: la procreación por un lado, perpetuando la especie, y, por otro, la satisfacción del placer erótico. Ambos atributos de capital importancia en la formación e integración de la persona humana y en su proyección psicosocial. La sexualidad, al involucrar el comportamiento social del ser humano, cumple un rol fundamental en su vida de relación.

Por ende resulta imposible considerarla como una entidad independiente, desligada del desarrollo estructural y de la configuración global de la persona- lidad. Ya que se encuentra indisolublemente unida a los factores que integran los caracteres personales del individuo, su particular constitución biológica y el sentido general de identidad del ser humano. En definitiva, es indisoluble su vínculo al ordenamiento biológico de ser hombre o mujer.

CONCEPTO

Sexo es el conjunto de rasgos biológicos, tanto anatómicos como fisiológi- cos, que determinan la diferenciación genérica entre un macho y una hembra. Esta diferenciación comienza desde el mismo momento de la fecundación, cuan- do óvulo y espermatozoide se unen para engendrar un nuevo ser. El sexo no debe ser confundido o equiparado con la sexualidad.

El sexo forma parte de la sexualidad al determinar biológicamente la iden- tidad de género, (varón o mujer); pero, además, resulta abarcativo de la com- plejidad de los roles sexuales, (feminidad o masculinidad), de la preferencia u orientación sexual, (heterosexualidad u homosexualidad), y del resto de las manifestaciones del estímulo sexual, (erotismo, vínculo afectivo, reproductivi- dad), como así también de las normas culturales, religiosas y jurídicas que regulan el comportamiento sexual humano.

Por ello comprende un conjunto de fenómenos bio-psico-sociales trascen- dentes y fundamentales para el desarrollo de la persona humana y del conjunto social. También se encuentra íntimamente vinculado a la vida afectiva y a los valores morales del individuo, atributos que exceden la mera función reproduc- tiva o el simple placer erótico. Por eso, el concepto de sexualidad normal es muy difícil de definir y autoridades indiscutibles en la materia, como KAPLAN y

SADOCK, evitan hacerlo, limitándose a identificar lo que consideran anormal o

desviado, entendiendo como tal: “la conducta sexual que no se orienta hacia el

otro, que excluye la estimulación de los órganos genitales primarios, que se asocia inapropiadamente a sentimientos de ansiedad y culpabilidad, y que es de naturaleza compulsiva”(100).

La valoración de la sexualidad debe hacerse en forma integral, no sólo como expresión de la raíz biológica humana sexual bifronte, sino como una forma personal e intransferible de ser y manifestarse, que no comienza y termi- na en el propio individuo, sino que se proyecta mancomunadamente en otro ser y puede trascenderlos con la simiente de uno nuevo. Por lo tanto la sexualidad, además de ser el mecanismo que asegura la reproducción de la especie, debe ser considerada como una experiencia comunicacional entre las personas.

Intentando una definición aproximada puede aceptarse que: “la sexualidad

normal es la condición, atributo o aptitud que integra los aspectos somáticos, afectivos, intelectuales y sociales de los seres sexuados; de modo tal de con- tribuir al enriquecimiento y desarrollo de la persona humana, la comunica- ción y el amor”(100).

Entendida cabalmente la sexualidad no es sólo un integrante de la persona- lidad, sino también la manera que las personas tienen de manifestarse a sí mis- mas frente al entorno social, como componentes de una variedad del género humano.

La sexualidad se construye con la experiencia, con la maduración psicobio- lógica y acompaña a la persona durante toda su vida, porque tiene distintas formas de expresarse, ya sea en el antro materno o en la primera infancia, como también en la vejez y en la ancianidad.

Comienza condicionando el desarrollo de la niña o del niño, como miem- bros partes de un determinado grupo social sexuado y no de otro, y puede ocurrir, por causas distintas, que aparezcan desviaciones capaces de marginar a la niña/ño en formación, para ubicarla/lo fuera del contexto social aludido.

Por ello, si en este período formativo de la personalidad se producen tras- tornos o perturbaciones del desarrollo psico-madurativo de la sexualidad, podrán inducirse o incitarse determinadas actividades sexuales inadecuadas, temores o frustraciones, que alteran el proceso de sexuación normal y generan la apari- ción de conductas desadaptadas e impropias que se harán presentes a partir de la adolescencia. Éste es el mecanismo de producción generalmente aceptado de las parafilias y los desórdenes de la sexualidad.

Las perturbaciones del desarrollo madurativo sexual pueden ser producidas por múltiples causas, pero dos factores traumáticos se destacan: a) el trauma psicosexual abusivo o victimización sexual infantil, con su carga de estigmas y secuelas; y b) la represión inadecuada o violenta de conductas sexuales preco- ces y normales.

Debe considerarse, además, que toda experiencia sexual o corporal trau- mática vivida en etapas tempranas y cruciales de la formación madurativa de la personalidad adquiere, según opinión de COLEMAN, “hacia el futuro un signifi- cado causal, creador y potenciador de diferentes trastornos de ansiedad sub- yacente en las personas”.