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3.8.2. Experimental Setup

3.8.3.3. Query Evaluation

Es un comportamiento parafílico cualitativo de la sexualidad, en el cual el objeto sexual normal, hétero u homosexual, (cuerpo

humano en su totalidad), es reemplazado por otro ob- jeto inanimado, (prenda de vestir u otro elemento), o por una parte del cuerpo humano, para poder alcanzar la excitación y/o el goce sexual.

El elemento que reemplaza al objeto sexual nor- mal se llama “fetiche”. El orgasmo se produce a tra- vés de un talismán u objeto fetiche sexual. Si el feti- che sexual es una zona o parte anatómica del cuerpo Fetiches sexuales

humano (pies, axila, pubis, pelos, piel, etc.), el trastorno recibe la denomina- ción de “parcialismo”. A los objetos o elementos no animados utilizados en las prácticas sadomasoquistas, (ligaduras, cuero, látigos, cadenas, collares), tam- bién se los denomina fetiches.

De acuerdo a los criterios fijados en el DSM IV el fetichismo sexual, clínica- mente, debe tener una duración de más de seis (6) meses y producir alteraciones severas de la vida de relación de quien lo padece, sea en el ámbito social o laboral. En estas características se basa el diagnóstico diferencial con la práctica común, dentro de la sexualidad considerada adecuada, que se lleva a cabo como actividad reafirmante del vínculo o juego sexual previo al acto amatorio de la pareja.

Aunque se fija en la infancia, recién el trastorno aparece en la adolescencia y tiende a hacerse crónico. Clínicamente el síntoma más importante es la crecien- te y progresiva incapacidad para conseguir la excitación sexual sin la participa- ción del fetiche. De acuerdo a los postulados de la teoría psicoanalítica el fetiche actúa como símbolo fálico ante el temor inconsciente a la castración (100). Es una

perturbación casi exclusivamente padecida por el sexo masculino. TRAVESTISMO

En su forma de “fetichismo travestista” configura una parafilia que consiste en la utilización de vestimentas, apariencias y complementos sociales del sexo contrario a quien lo practica. Es un cambio de rol sexual que, desde el punto de vista social, distingue la masculinidad de la feminidad. Se determina por intensos impulsos y fantasías sexuales que llevan al hombre a vestirse y a caracterizarse como una mujer o viceversa, cuando es la mujer la que adopta la vestimenta del hombre, (travestismo masculino o femenino respectivamente), practicado con la finalidad de conseguir la excitación sexual y poder iniciar la masturbación o la actividad coital (100).

El travestismo se exterioriza de muchas formas. Se llama íntimo, oculto o privado, cuando la fantasía o necesidad sexual impulsa a un varón a vestirse con prendas de mujer, generalmente íntimas, (lencería, medias, zapatos). Este tipo de travestismo oculto se produce en varones héterosexuales y generalmen- te se acompaña de masturbación u otros trastornos parafílicos, (hipoxifilia). Se trata de una verdadera parafilia, cuya ejecución se requiere para alcanzar el goce sexual del fetiche íntimo femenino, (ropas o prendas), de allí su nombre “fetichismo travestista”.

La prenda de mujer actúa como fetiche sexual. Un caso paradigmático de este trastorno sexual, que ha conmovido a la opinión mundial, ha sido el del ex Coronel de la Fuerza Aérea del Canadá, Russel Williams, homicida y violador confeso de mujeres a las que ultimaba después de violarlas, para luego vestirse con sus ropas íntimas y fotografiarse, mientras se masturbaba. Otro travestis-

mo, en cambio, es público y homosexual. Consiste en la adopción de vestimen- tas femeninas de parte de varones homosexuales que ejercen la prostitución en la vía pública. Esta variante no es considerada una parafilia ya que la homosexua- lidad es admitida como una forma de diversidad,

de elección sexual o pre- ferencia, sin estar acredi- tada como un desorden.

Derivada de esta mo- dalidad se distinguen las personas transgénero que son varones homosexua- les que además de vestir- se como mujeres desa- rrollan caracteres sexuales secundarios femeninos por medio de tratamien- tos hormonales feminizan- tes o cirugías plásticas de

implantes o procedimientos estéticos, (cambios en la voz, desarrollo mamario, cambios en la piel, depilación, modelación corporal femenina), conservando los genitales externos del sexo masculino al que pertenecen.

Otras de las variantes es el llamado transformismo, también denominado travestismo histriónico, cuando por motivos artísticos, culturales y/o laborales las personas adoptan un aspecto transitorio característico del sexo opuesto a la representación que invisten.

Cabe una última categoría destinada a los llamados transexuales, en los que el trastorno psicológico, (“disforia de género”), es más profundo ya que se rechazan los órganos sexuales que genética y anatómicamente les correspon- den, en su condición de hombre o mujer, porque el transexual se siente ligado a un cuerpo que no le pertenece, pudiendo llegar a mutilarse o a consentir ser mutilado quirúrgicamente, (“cambio de sexo”). Se trata de una inadaptación, (“disforia”), entre lo psicológico y lo físico (82). A diferencia del “travesti” que

acepta su género, su cuerpo y su condición biológica, el transexual no lo admi- te ya que percibe que su anatomía no corresponde a la idiosincrasia sexual a la que se siente pertenecer. Según informe publicado en La Nación, con fecha 30/ 01/11(82): “[…] técnicas de neuroimágenes revelaron diferencias en la estruc- tura de la sustancia blanca cerebral que conecta los diferentes centros. Los ce- rebros de transexuales de varón a mujer estaban des masculinizados y los de mujer a varón masculinizados”.

Cnel. Russel Williams (48) Fuerza Aérea de Canadá. Traves- tismo íntimo heterosexual. Fetichismo y sadismo. Violador y asesino serial. Condenado a cadena perpetua. Copyright trinityatierra.com