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Frames

In document Studies in Corpus Linguistics (Page 40-43)

1.4 Sinclair: Corpus Concordance Collocation

1.4.5 Frames

MPM. Permítame que, para la parte específica de este cuestionario, me inspire en algunas de las conversaciones que usted tuvo ocasión de mantener con algunos renombrados escritores como Charles Simic, Eugénio de Andrade, Ángel González y un largo etcétera, y que recogió en Extravagante tripulación (2012). Usted le preguntó a Eugénio de Andrade si estaba de acuerdo con aquellos que calificaban a su poesía de “poesía de la exaltación” —“de la celebración”425, dijo preferir el propio Andrade,

puesto que incluso la muerte era luminosa en ella. Si estuviera en su mano establecer una etiqueta para su propia obra ¿cuál sería? ¿Comparte la luminosidad de esa “poesía solar” a pesar de estar teñida de melancolía en muchos de sus poemas?

MLV. No sé si poner una etiqueta a lo que hago es algo que me apetezca, pero imagino que sí podría pensar en un lema, que creo que es en lo que pensaba Andrade cuando hablaba de celebración. A mí, sí, me gusta también ese término. Uno tiene la sensación de que las situaciones dolorosas por las que uno pasa en la vida tienden a dejar una

424 Szymborska, Wislawa, Poesía no completa, México D. F., Fondo de Cultura Económica, 2008, p. 126. 425 López-Vega, Martín, Extravagante…, op. cit., p. 13.

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sensación indeleble, una cicatriz, mientras que las experiencias felices no es que se olviden, pero no se adhieren con la misma fuerza a la memoria, no afectan tanto a nuestro día a día. Me gusta pensar que (además de otras cosas, claro) mi poesía es una rebelión contra eso, e intento salvar en ella los momentos de felicidad, para guardarlos, pero también para recordar el camino que me llevó a ellos y ser capaz de repetirlo. Como digo siempre, algo así como hacer el libro de instrucciones de la vida que no nos dan cuando nacemos. La poesía de Andrade nos enseñaba que puede haber luz, felicidad, en una manzana, en una palmera, en un olor, en cierta hora de la tarde. Era un poeta muy oriental en cierto modo en eso. A mí también me interesa esa dicha contemplativa, pero algo menos que la participativa, que es más compleja. La contemplación es intensa, pero compartir un momento intenso, y a la vez que uno lo vive, ser capaz de contemplarlo con esa misma intensidad, es otra cosa. No diré que sea mejor, pero sí que me a mí me interesa más.

MPM. Andrade decía admirar la poesía china por un compendio de motivos que hace suyos y que considero, a causa de la tesis presente, de gran adecuación citar textualmente: “la presencia del hombre a través de las cosas, la aproximación a lo real concreto, el gusto por el despojamiento, la errancia o el vagabundaje o una especie de inocencia, la intimidad con la naturaleza, la indiferenciación entre lenguaje común y lenguaje literario, la concepción de lo sagrado, el carácter dominante del ritmo, la pasión por la amistad…”426. ¿Qué aspectos comparte con el portugués al respecto? ¿Qué

rasgos cree que debería aprender —o desaprender— la poesía occidental —por dotarla de un nombre— respecto a otras poesías?

MLV. La poesía occidental, como cualquier otra, aprende y desaprende todo el tiempo, y si no lo hace se vuelve aburridísima. No sé si hay una gran influencia directa de las poesías china o japonesa, pero sí que es importantísima esa creación de la poesía occidental que llamamos poesía oriental y que, sin saber chino o japonés, uno no puede hacerse una idea cierta de hasta qué punto es fiel. De hecho, según el traductor que uno lea, la cosa cambia mucho. Por eso, esos rasgos que Andrade señala me parecen fundamentales, pero en cualquier poeta, no sólo en uno chino o japonés. El lenguaje que me gustaría que tuvieran mis poemas es el que tienen los de Li Po o Du Fu en las traducciones de Marcela de Juan. Si consiguiera aunar de ese modo sencillez y hondura,

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experiencia propia y alcance universal, habría logrado mucho más de lo que nunca me hubiera atrevido a proponerme.

MPM. Usted le preguntó a Seamus Heaney “¿Ser fiel a los clásicos es la mejor manera de ser moderno?”427, y al parecer bien podríamos plantear semejante cuestión como una

respuesta por sí misma. Parece ser que la actual generación de poetas ya no se siente acuciada por una necesidad de ruptura con la tradición como aquéllas que la antecedieron. ¿Por qué se produce esta integración de forma tan natural?

MLV. Bueno, ese tipo de preguntas siempre se hacen para dar pie a una respuesta que uno ya espera, y en el caso de Heaney era la relación de sus poemas con las églogas clásicas, por ejemplo. Yo creo que la relación con la tradición de cualquier poeta que merezca la pena siempre es muy intensa; lo que ocurre es que no siempre es con la misma parte de la tradición que quienes te precedieron, y entonces hablamos de esa ruptura. Pero no conozco a ningún poeta que de veras merezca la pena que haya roto con la tradición. No conozco ningún poeta más moderno que Anne Carson, y ella está todo el día con sus griegos a cuestas.

MPM. En su último poemario La eterna cualquiercosa, cita usted a autores de absoluta actualidad como Anne Carson, Xuan Bello o el propio Heaney, junto a Lucrecio o a Horacio, desde cuya piel declama el clasiquísimo poema “Para el tiempo que vendrá” ¿Qué autores clásicos —en un sentido amplio— le han marcado más profundamente? MLV. Siempre es complicado hacer un árbol genealógico de uno como lector-escritor, pero lo intentaré, entendiendo, eso sí, “clásicos” en un sentido amplio. Digamos que algunos de mis padres son (o me gustaría que fueran): Joseph Brodsky, Wislawa Szymborska, Czeslaw Milosz, Muriel Rukeyser, Yehuda Amijai, Denise Levertov, Zbigniew Herbert... Antes de esos: Auden y Eliot, claro. Y antes: Wordsworth. Y antes: Li Po, Du Fu. Y antes: el Ovidio de las Pónticas, por ejemplo. Y Safo, claro. Pero también el Libro de Buen Amor, y Gabriel Celaya, y Blas de Otero, y Gloria Fuertes, y Antonio Machado. Y de hoy: Olga Novo, Vicente Gallego, Abraham Gragera... Supongo que la lista suena bastante obvia. Los grandes son grandes para todos: es difícil ser original en eso, y ni falta que hace.

MPM. En cierta ocasión usted decía en su personalísimo Extracción de la piedra de la cordura, muy en la línea de Ricardo Reis, “primero abandónate a ti mismo / y luego

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podrás abandonarlo todo”428. ¿Supone ello una apuesta por un yo poético menos fuerte, una poesía más impersonal, en la línea que propugnaba Keats?

MLV. Un yo poético menos fuerte no me interesa especialmente. Todo lo que vivimos lo vivimos en primera persona, así que, de hecho, me interesa un yo poético fortísimo. Lo que me interesa es un ego menos fuerte; si me libero de mi ego, supongo que eso hará bien a mis poemas. Pero hacerlo a la inversa no creo que tenga mucho sentido. Conozco a algunos poetas muy empeñados en hacer desaparecer el yo de sus poemas con curiosísimas piruetas verbales. Son los más egocéntricos que he conocido.

MPM. Resulta muy llamativa la gran cantidad de poemas inspirados en obras pictóricas dentro de su obra. En una entrevista, usted decía que estos poemas tratan, en parte,

“sobre si esa epifanía es posible cuando para ver un cuadro tienes que ser capaz de

eliminar la interferencia de otros mil turistas que pasan ante él y que tienen el mismo derecho a verlo que tú. Esa epifanía es más difícil, por esa abundancia de candidatos y porque cada vez nos resulta más difícil la sorpresa: ya nunca vemos nada por primera vez. De todo hemos leído, todo lo hemos visto en fotografías, en vídeo, en tres dimensiones. Una labor de la poesía contemporánea es descubrir dónde se produce hoy

la epifanía, la duración”429. Esa epifanía, esa aura perdida, suponemos que la reivindica

para el conjunto de lo existente. Así pues, ¿es la pintura para usted metáfora de la vida? MLV. Al decir eso me refería, más que a mis poemas sobre cuadros, a mis poemas sobre ir a museos, que se ha convertido en una experiencia muy curiosa. Me gusta mucho hacer poemas sobre cuadros, o sobre otras obras de arte, o sobre música. Todo eso me gusta y además me gusta la traducción, y esa es la forma más divertida que conozco de conjugarlo todo. Si la obra de arte te da, digamos, el tema, de algún modo eso automatiza tu escritura, la libera de ataduras lógicas a priori, y lo que surge siempre es más sorprendente para ti mismo, aunque luego, claro, trabajes ese borrador. Al escribir uno de esos poemas el inconsciente trabaja más de lo que lo hace normalmente en un poema, digamos, normal. Así que es una buena forma de experimentar, de probar otras cosas. Con el tema ya dado puedes centrarte más en los aspectos formales del poema; imagino que es algo así como escribir la música para un poema ajeno en vez de escribir letra y música al mismo tiempo. En cuanto a la epifanía, o la intensidad si se quiere, quiero reivindicarla para no olvidarme de ella. No soy del tipo de gente que hace

428 López-Vega, Martín, Extracción…, op. cit., p. 30. 429 González Veiguela, Lino, “Una entrevista…”, op. cit.

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fotografías todo el rato. Casi nunca las hago, de hecho. No quiero fotografiar mi vida; quiero vivirla. Y después, de vez en cuando, cuando necesito entender algún momento de mi vida, hago una radiografía: un poema. Busco la intensidad del instante vivido con todos los sentidos. Y a quién le importa que no quede un souvenir de eso, si esos momentos no se olvidan jamás.

195 4.2. Pablo Javier Pérez López

Dicen que no escribo nada alegre que hay oscuridad en mis palabras pero la luz nace de lo oscuro y la alegría es otra forma de tristeza y así es el oficio del que escribe para llegar a ser él mismo y ver su rostro algún día. Si quieres escribir en serio, con temblor debes pasear desnudo por lo oscuro y gatear por el barro de los días con las heridas y los ojos abiertos traer la luz a las tinieblas, sentir hasta que el alma duela. Triste oficio el de susurrar cosas nuevas con palabras viejas el de llenar de vísceras las palabras. La alegría espera fuera de la página la alegría nace de la página del entusiasmo y el verdor del herido Mi alegría está en el mundo y es grande cuando no está sola430.

Puede decirse, pues, que la única tesis que cabe extraer de la biografía de Pessoa es la de que la vida es nada, pero no una nada absoluta, pesimista, como aquella que se deriva de la carencia de ideales, sino una nada maleable y, por consiguiente, vivible y optimista. Es más, es precisamente la existencia de esa nada, contra la certidumbre de cualquier destino, lo que nos permite escapar a la desesperación431.

4.2.1. Nota biográfica

Pablo Javier Pérez López (Fig. 32) nació el año 1984 en Valladolid. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Valladolid en 2006, Doctor en Filosofía por la misma Universidad con la tesis titulada “El pensamiento poético de Fernando Pessoa. Acercamiento ontológico a la dialéctica Filosófico-poética. Filosofía y Poesía” que obtuvo la calificación de Sobresaliente “cum laude” por unanimidad, la mención de doctorado europeo y el premio extraordinario de doctorado 2011 en la rama de conocimiento de Arte y Humanidades de la Universidad de Valladolid.

Autor del libro Poesía, ontología y tragedia en Fernando Pessoa (Manuscritos, Madrid, 2012), coeditó los libros Viajes, literatura y pensamiento (Uva, Valladolid, 2009), El pensar poético de Fernando Pessoa (Manuscritos, Madrid, 2010) y Filosofía y

430 Pérez López, Pablo Javier, El misterio del oficio, Madrid, Amargord, 2014, p. 35.

431 Panero, Leopoldo María, “Biografía y nada. (Acerca de la noción de sistema)”, en ABC, Madrid, 11-2-

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Literatura. Diálogo recobrado (Manuscritos, Madrid, 2013). Forma parte del equipo que edita las obras de Fernando Pessoa publicadas por la editorial portuguesa Ática, donde coeditó junto a Jerónimo Pizarro la obra Ibéria. Introdução a um Imperialismo Futuro (Ática, Lisboa, 2012) de Fernando Pessoa. Las temáticas esenciales de sus diferentes publicaciones son la dialéctica filosofía-literatura, la infancia, el pensar poético, la voluntad de ilusión, la filosofía de la cultura portuguesa y la dimensión filosófica y estética de la obra de Fernando Pessoa. Fue coordinador del Encuentro internacional “Fernando Pessoa: poeta y pensador” celebrado en la Universidad de Valladolid en el año 2010. Ha realizado labores de traductor de obras y autores de lengua portuguesa. Publicó recientemente como antologista y traductor el libro Los mató la vida. Antología de escritores suicidas portugueses (Tragaluz, Medellín, 2013) así como una traducción castellana de una selección de relatos del escritor portugués Mário de Carvalho, El contagio y otros relatos. Selección de relatos de Mário de Carvalho (Taller editores, Bogotá, 2013).

Fig. 32. Pablo Javier Pérez López.

En el ámbito literario ha publicado en castellano los poemarios: Oscuro suave (Manuscritos, Madrid, 2013), con prólogo de Carlos Chaouen, El Misterio del oficio (Amargord, Madrid, 2014) con frontispicio de Antonio Gamoneda (Fig. 33) y La orilla detenida (Manuscritos-La Galla Ciencia, Madrid, 2015). Participó asimismo con poemas en portugués en la antología poética de Maria Quintans: Meditações sobre o Fim – Os últimos poemas (Hariemuj, Lisboa, 2012).

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Ha sido becado por diferentes instituciones durante su periplo académico. Pueden resaltarse entre sus estancias de investigación las realizadas en las Universidades de Lisboa y en la UNICEN (Argentina). Desde Septiembre de 2013 es investigador del proyecto Estranhar Pessoa en la Universidade Nova de Lisboa.

Fig. 33. Portada de Meditações sobre o Fim. Os últimos poemas (2012).

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