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Structure and Meaning

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6.1 Relating pattern to structure

6.1.5 Structure and Meaning

Dentro de las manifestaciones sobre el VIH/SIDA ha estado y sigue estando presente un polémico debate sobre cómo se deben representar los sujetos afectados ya que, como afirma Lacan, “el sujeto es aquello que el significante representa para otro significante”112. Habida

cuenta del impacto que estas imágenes tienen en la representación social de la enfermedad y la influencia sobre las actitudes de estigma y marginación de los enfermos, la vigencia de este discurso sigue

111 NAYLAND, Blake. “La tarea de comisario en Bajo un luz diferente”. En: ALIAGA, J. V., y VILLAESPESA, M (com.), Transgenéric@s. Representaciones y experiencias sobre los géneros, la sociedad y la sexualidad en el arte español contemporáneo (Koldo

Mitxelena Kulturunea). San Sebastián: Diputación Foral de Guipúzcoa, 1998, p. 63. 112 LACAN, Jacques. “Posiciones del inconsciente”. En: LACAN, Jaques. En: LACAN, Jaques. Écrits. Paris: Éditions du seuil, 1995, pág. 835

considerándose fundamental para construir una iconografía del VIH/SIDA desligada de los planteamientos morbosos que, en la mayoría de las ocasiones, los mass media construyen y difunden.

A principio de la década de 1980, la ausencia de las imágenes de los afectados era moneda corriente. La información se concentraba en cifras y estadísticas anónimas ajenas a la realidad personal de cada paciente. Poco después, comenzó una búsqueda por parte de la prensa y los medios de comunicación, de las imágenes de los enfermos más desfigurados creando un sentido desvirtuado de la enfermedad. Estas imágenes, en vez de informar sobre la realidad del virus, fomentaron la idea de enfermedad metáfora que tanto ha influido todos estos años. Aquellas imágenes que se salían de esta estética que potenciaba las marcas físicas de la enfermedad provenían de intervenciones activistas, exposiciones, carteles, graffitis y pintadas y tenían como característica unificadora una expresión de la rabia y el dolor que, a menudo, se manifestaba a través de imágenes explícitas nada complacientes. “El SIDA plantea cuestiones que problematizan el campo visual y las formas de representación en general. Por ejemplo, el virus invisible, cuya relación con las marcas visibles del cuerpo es inevitablemente compleja; la prueba de la visibilidad a la que se somete a las personas con SIDA, en la que se busca en el aspecto externo señales de supuesta esencia interna; y por último, el problema de la representación de los infectados evitando la intrusión o el voyeurismo, sin colaborar con una imagen que se considera la imagen fotográfica y el texto impreso como medios valiosos de disciplina y castigo”113.

Por desgracia, estas imágenes, que buscaban romper de una manera radical con la visión injusta que se estaba planteando de la enfermedad, eran incomodas para muchos sectores sociales que encontraban en éstas la prueba de la degeneración que asociaban al VIH. Es por

113 SMITH, Paul J. “La representación del SIDA en el Estado Español: Alberto Cardin y Eduardo Haro Ibars”. En: BUXÁN BRAN, Xosé M. (ed.). Conciencia de un singular deseo. Estudios lesbianos y gays en el Estado español. Barcelona: Laertes, 1997, p.304.

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esto, por lo que muchas obras expuestas o proyectos artísticos eran difíciles de aceptar y de promover. No querían ver sus nombres ligados a imágenes “sexuales, blasfemas y revolucionarias”. La censura era moneda corriente y los comentarios homófobos y reaccionarios no se hicieron esperar. Como degradante ejemplo las declaraciones que Vanity Fair publicó del artísta norteamericano Mark Kostabi: “esos comisarios de museos, la mayor parte de ellos homosexuales, que han controlado el mundo del arte durante la década de los ochenta se están ahora muriendo de SIDA. Aunque esto me parece triste, sé que será para bien, porque los homosexuales no están participando activamente en la perpetuación de la vida humana”114

Mientras que las ideas de que el SIDA está unido a una vida devaluada, a la enajenación, al sufrimiento y a la muerte, todavía estaban presentes en la mayoría de la población, el descubrimiento de los primeros tratamientos produjo un cambio de mentalidad. Las expresiones de rabia y desesperación se empezaron a vincular a nuevas propuestas que trataban de potenciar la supervivencia y las actitudes de desafío a la enfermedad. Los medicamentos se convirtieron en reguladores del sentimiento de rabia de muchos artistas que intentaban entender las nuevas verdades sobre la epidemia y sobre sí mismos. En este periodo de tiempo las agencias de publicidad de compañías farmacéuticas sustituyeron las imágenes de dolor por imágenes de notable vitalidad para sus anuncios de campañas antivirus. Éstas, seguían un principio fundamental de la publicidad, hacer que el consumidor se identifique con el modelo. Mientras que la estrategia pudo ser un concepto de publicidad eficaz, estas representaciones confundieron la realidad de la enfermedad. Reforzaron en el público dos mitos muy perjudiciales sobre el VIH. Por un lado, que la enfermedad era una cosa sobre todo de hombres y que la epidemia estaba, en el mejor de los casos, bajo control. Estos mitos hicieron que la sociedad mirara de otra manera el SIDA y se confiara. Tuvieron un claro reflejo en la disminución de

114 KOSTABI, Mark. Revista Vanity Fair. Junio 1989.

fondos públicos y en los esfuerzos de educación y prevención, sobre todo en determinados sectores sociales como las mujeres pobres para las que la plaga estaba fuera de control.

Los comentarios negativos de las comunidades del SIDA en respuesta a estas dos tipologías tan extremas no se hicieron esperar y comenzaron a establecer propuestas que permitieran reflexionar y reexaminar las imágenes públicas sobre el SIDA. La actuación de los artistas y de la gente que vivía diariamente con el VIH fue, en aquellos momentos, fundamental para lograr una expresión artística no impuesta y realista. Según la artista Rebecca Guberman “si elegimos la vida, y perseguir cada momento con el entendimiento de que nuestra elección de vivir es la esencia de nuestra supervivencia, entonces nos embarcamos en una odisea personal de descubrimiento y potenciación”115. El discurso sobre qué tipologías

iconográficas y qué estrategias de lenguaje utilizar, a la hora de representar a los enfermos de SIDA, sigue abierta. El término “víctima” ha sido descartado por muchos activistas por la connotación negativa que comporta y muchos afectados niegan que ser portador del VIH o tener SIDA tenga que ser visto como algo tremendista.

De las primeras exposiciones que programaron instituciones de reconocido prestigio dentro del mundo del arte sobre el VIH/SIDA fueron las polémicas muestras de Nicholas Nixon y Rosalin Solomon. En 1988 el Museo de Arte Moderno de Nueva York expuso la obra fotográfica de Nixon bajo el título “Retratos de gente” y la Grey Art Gallery programó “Retratos en la era del SIDA” de Rosalin Solomon. Ambos autores presentaban fotografías en blanco y negro de retratos de personas con SIDA incidiendo en las marcas características de la enfermedad. Las manchas del sarcoma de Kaposi, la delgadez extrema y la desfiguración del cuerpo eran puntos en común que, por otra parte, también establecían algunas diferencias entre ambos

115 www.thebody.com%2Fiapac%2Fart.htm&langpair=en%7Ces&hl=en&le=A SCII&oe=ASCII (ref. de abril de 2004).

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autores. Fotografías muy elogiadas por la crítica del momento que en realidad no supo, o peor, no quiso ver en ellas su verdadera factura, la repetición de los c ó d i gos q u e co n st a n te m e n te l os m e d i os d e comunicación estaban utilizando para representar a las personas con VIH/SIDA. “Para todos aquellos que hayan prestado atención a los modos de

re p re s e n t a c i ó n d e l S I DA e n l o s m e d i o s d e comunicación, puede que les parezca que nada de esto importa, porque lo que vemos en las fotografías de Nixon es principalmente la reiteración de lo que ya ha sido dicho o mostrado de la gente con SIDA: que han sido destrozados, desfigurados, debilitados por el síndrome; que están normalmente solos,

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d eses p e ra d os p e ro res i g n a d os a s u m u e r te “inevitable””116.

La exposición de Nixon causó una gran polémica más allá de las buenas críticas cosechadas. Estos retratos en los que Nixon y su mujer Bebe, una periodista científica, pretendían contar la historia del SIDA incendiaron los ánimos de muchas personas afectadas que se veían retratados como mostruos, solitarios y abandonados a su suerte. No cabe duda que los retratos de Nixon potenciaban esa sensación d e exc l u s i ó n , “ l a i m p re s e n c i a d e l o t ro, l a inidentificabilidad con el otro, en el otro -la rotura de toda socialidaz”117.

116 CRIMP, Douglas. Posiciones críticas. Madrid: Akal, 2005, p. 139.

117 BREA, José Luis. “SIDA: El cuerpo inorgánico” (en línea). Acción Paralela, nº1

(ref. de junio de 2006). Disponible en Web: http://www.accpar.org/numero1/sida.htm

Esta polémica se materializó en una intervención que llevó a cabo un grupo de ACT UP, uno de los colectivos activistas más importante en la lucha contra el SIDA. La acción consistió en establecer un grupo de apoyo para hablar con los visitantes acerca de estas fotografías. Dentro de ese grupo se mostraban fotografías de personas con SIDA en las que nada hacía presagiar su estado de salud. Pe r s o n a s v i v i e n d o c o n S I DA q u e e s t a b a n co n tex t u a l i za d a s e n s u e n to r n o d e m á x i m a cotiadianidad. A su vez, se repartieron unas octavillas con el texto que se expone a continuación, que se ha convertido, a la luz de los acontecimientos, en toda una declaración de principios y un manifiesto sobre cómo deben enfocarse los retratos de personas con VIH/SIDA.

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NO MÁS IMÁGENES SIN CONTEXTO

Creemos que la representación de la gente con SIDA afecta no sólo a cómo perciben los espectadores a la PWA118

fuera del museo, sino, en última instancia, a puntos cruciales de la financiación, legislación y educación referentes al SIDA.

Al retratar a los PWA como personas por las que hay que sentir pena o temor, como personas solas y solitarias, creemos que esta exposición perpetúa la concepción errónea general del SIDA sin dirigirse a las realidades de aquellos de nosotros que vivimos cada día esta crisis como PWA y como personas que aman a PWA.

HECHO:

Actualmente muchos PWA viven durante muchos años tras el diagnóstico, debido a tratamientos de medicinas experimentales, mejor información sobre la nutrición y mejor atención médica, y debido a los esfuerzos de los PWA dispuestos a seguir luchando para defender y salvar vidas.

HECHO:

La mayoría de los casos de SIDA en la ciudad de Nueva York se da entre población de color, incluyendo mujeres. Normalmente, las mujeres no viven mucho tras el diagnósitco por falta de acceso a una atención médica que no se pueden permitir, una atención médica de urgencias, o una información básica sobre qué tiene que hacer si tiene SIDA.

El PWA es un ser humano cuya salud se ha deteriorado no sólo por un virus, sino también por la pasividad gubernamental, la falta de acceso a atención médica y a la negligencia institucionalizada bajo la forma de heterosexismo, racismo y sexismo.

Exigimos visibilidad de PWA que sean vitales, que estén enfadados, que sean tiernos, sexy, bellos, en acción y que se defiendan.

DEJA DE MIRARNOS; EMPIEZA A ESCUCHARNOS.

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Los personajes de Nixon se encuentran recluidos en espacios interiores, muchos de ellos, ambientes hospitalarios que dejan al enfermo escondido, ocultado bajo sus muros. En este sentido, la visión de Solomon es algo más positiva ya que presenta retratos en el espacio público. Así mismo, algunos de los protagonistas de Solomon están acompañados, no aparecen solos y aislados como los de Nixon. Podría decirse, que aún considerando que la iconografía utilizada por ambos autores no sea precisamente la más correcta a la hora de plantearse el retrato de sujetos con SIDA, el caso de Solomon permite, por lo menos, ver algo más de esperanza que la visión apocalíptica de Nixon. En ambos casos, el interés por hacer de las marcas del SIDA un elemento principal en la identidad del protagonista retratado, refleja que “tras el culto y la promoción fetichistas de la humanidad del artista hay un cierto desdén hacia la humanidad “normal” de aquellos que han sido fotografiados. Se convierten en el “otro”, criaturas exóticas, objetos de contemplación”119

Reflexionar sobre la adecuación de las imágenes de personas enfermas de SIDA se convierte en algo complicado ya que lleva consigo el cuestionamiento de los límites de la representación. “Es así que el SIDA, pudiendo ser efecto y proyección del desvanecimiento del sentido en la vida psíquica del cuerpo organizado -y potencia efectiva de dispersión de sus órganos, por tanto- puede al mismo tiempo constituirse en ocasión y lugar de reposicionamiento de la vida del sujeto en el orden puro de lo real, existencial, y en experiencia vívida de la plenitud del sentido. En tanto exclusión impenitente y cruel de toda credulidad en los órdenes del imaginario -en que el sueño de un sujeto constituido, de un cuerpo organizado, encontraban sustento”120.

Son muchos los interrogantes que surgen a la hora de

119 SEKULA, A. “Dismantling Modernism, Reinventing Documentary”. En: SEKULA, Allan. Photography against the grain: Essays and photo Works. Halifax: Press of

the Nova Scotia Collage of Art and Design, 1984, p. 59.

120 BREA, José Luis. “SIDA: El cuerpo inorgánico” (en línea). Acción Paralela, nº1

(ref. de junio de 2006). Disponible en Web: http://www.accpar.org/numero1/sida.htm

plantearse este tema. “¿Debe el arte representar a los enfermos con SIDA directamente, o debe dar la vuelta a su foco exterior, retratar el mundo circundante y que a menudo oprime a las personas con SIDA? ¿si un enfermo de SIDA va a ser representado, cómo deben ser estas representaciones? ¿sí se dirige al mundo exterior de que debe tratar entonces el trabajo? ¿la falta de acción del gobierno? ¿el mundo de la investigación médica? ¿el virus en sí mismo? ¿cómo se pueden abstraer conceptos como homofobia, miedo, cólera o demencia? ¿cómo puede representarse la supervivencia, la resistencia o el ser VIH positivo?”121. La realidad es que el arte sobre el SIDA da

respuestas a casi todos estos interrogantes y las obras que se analizan en capítulos posteriores son buena muestra de ello. Que las obras tengan una serie de preocupaciones comunes no significa que la diversidad de estilos y soluciones sea reducida. La gran diversidad que existe hace pensar que la crisis del SIDA ha forzado a romper fronteras disciplinarias, tabúes morales, geográficos y raciales.

Son, así mismo, destacables, los problemas de difusión y censura que se han encontrado muchos artistas que han intentando romper, a través de propuestas arriesgadas y subversivas, el lenguaje impuesto desde los poderes fácticos. Ésta cuestión pone de manifiesto cómo, en realidad, ese espíritu de libertad que se asocia a estos regímenes occidentales, no deja de ser la fachada de una sociedad fuertemente controlada desde las estructuras de poder. Desde los primeros momentos de la epidemia se conocen casos de censura artística relevantes. A modo de ejemplo citar la reducción de fondos públicos reservados a arte contemporáneo que se produjo en 1989 en Estados Unidos a consecuencia del escándalo suscitado por la obra de Robert Mapplethorpe y de Andrés Serrano. Así mismo, cuando en la Bienal de Venecia de 1990 Gran Fury presentó unas obras con una crítica explícita a la Iglesia y al Papa en su relación con SIDA la censura explotó inmediatamente también en este país.

121 BAKER, Rob. The art of AIDS: from de stigma to conscience. New York:

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La batalla sobre el SIDA se ha insertado en un conflicto de época y ha contribuido ampliamente a empujar hacia delante las barreras de la mentalidad. Los artitas que se han involucrado con esta crisis han tenido y siguen teniendo la intención de demostrar, con todas las estrategias a su alcance, que “si la enfermedad nos sitúa en el lugar del otro, nada mejor que mostrarle a la colectividad que la otredad está ubicada en ellos mismos”122

Nunca antes una enfermedad había acabado con tal número de artistas. La muerte emblemática, sin duda, de Robert Mapplethorpe, Keith Haring, David Wojnarowicz, Félix González Torres o Pepe Espaliú, entre otros muchos artistas que han muerto a consecuencia de enfermedades relacionadas con el SIDA, junto con el discurso denigrante de la mayoría moral ha removido las entrañas en lo que se refiere a compromiso político desde el arte y ha potenciado la necesidad de hacer de las obras sobre el SIDA una cuestión vital. Muchos artistas han sentido en primera persona la pérdida y han intentado reflejar éste hecho en sus obras. “Según Greer Lankton observar a tantos amigos con SIDA ha sido como cirugía sin anestesia. He encontrado muy difícil relacionar mis respuestas emocionales a mi trabajo en el arte. Me parece cómo si nada de lo que podría hacer describiría la pena que siento”123. Debido sobre todo a la cercanía con el tema

muchos artistas han aportado una contribución de total compromiso también en términos de militancia personal no han dudado en participar en actividades de asociaciones en defensa de los derechos de gays, en realizar en cualquier caso obra de contrainformación o vincular su trabajo a estas temáticas. “En su mayor parte, la obra cultural sobre el SIDA ha sido realizada por aquellos que están afectados directamente por la

122 RÍO ALMAGRO, Alfonso Del. Nacimiento, cuerpo y muerte a través de la obra de Pepe Espaliú. Córdoba: Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí, 2002,

p.88.

123 BAKER, Rob. The art of AIDS: from de stigma to conscience. New York:

Continuum, 1994, p.139.

epidemia, artistas que están infectados por el VIH o que han perdido amigos, amantes, familiares o miembros de una comunidad por culpa del SIDA. El arte ha intentado transmitir lo que se siente cuando tratas con la epidemia: estar enfermo, cuidar a los que están enfermos, enfrentarse a la muerte, estar de luto, haber sido ultrajado, ser derrotado. Pero el arte sobre el SIDA también ha intentado combatir directamente la epidemia – enseñando prácticas de sexo seguro, informando a la gente sobre los riesgos, luchando contra la discriminación, exponiendo las mentiras de los gobiernos y de los medios de comunicación y estimulando el enfado y la protesta de los grupos afectados”124

124 CRIMP, Douglas. CRIMP, Douglas. Posiciones críticas. Madrid: Akal, 2005, p. 129.

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4.3.- concepto de autoría en LaS obraS

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