1.2.1. El espacio público: calles y plazas. 1.2.2. El espacio privado: manzanas y parcelas. 1.2.3. La red de caminos. 1.2.4. Los Viajes de Agua y las norias. 1.2.5. La ocupación del territorio. Los recintos cercados y la edificación dispersa.
1.3.LA CONFIGURACIÓN DE LOS LÍMITES DE LAS TIERRAS SEPTENTRIONALES A LA VILLA.1.3.1. Las calles y barrios del norte de la ciudad. Conformación de las parcelas colindantes con la cerca. 1.3.2. El paseo de San Bernardino y el camino de la Fuente Castellana.
Capítulo 1
LA ESTRUCTURA ORIGINAL DEL TERRITORIO NORTE DE LA VILLA LA ESTRUCTURA ORIGINAL DEL TERRITORIO NORTE DE LA VILLA LA ESTRUCTURA ORIGINAL DEL TERRITORIO NORTE DE LA VILLA LA ESTRUCTURA ORIGINAL DEL TERRITORIO NORTE DE LA VILLA LA ESTRUCTURA ORIGINAL DEL TERRITORIO NORTE DE LA VILLA DE MADRID
DE MADRID DE MADRID DE MADRID DE MADRID
La razón y el progreso perseguidos durante el Siglo de las Luces dejaron su huella en la ciudad de Madrid. En la primera mitad del s. XVIII se inicia la renovación del periodo ilustrado que abre sus puertas a artistas extranjeros y alcanza su esplendor en el reinado de Carlos III. La ciudad se dignificó dotándola de las infraestructuras básicas: nuevos viajes de agua, saneamiento, empedrado y limpieza. Se construyó el Museo de Ciencias, el Botánico, el Observatorio Astronómico y numerosos edificios para albergar las nuevas instituciones, y otros manufactureros como la Fábrica de Porcelana, la Imprenta Real y las Platerías Martínez. Se hicieron importantes transformaciones urbanas que embellecieron y realzaron la ciudad, como la construcción del Salón del Prado. No solo interesa la arquitectura sino también la relación del edificio con el entorno en que se ubica. El espacio público adquiere importancia.
Las reformas promovidas por los Borbones, son cambios puntuales sobre una estructura general existente, concebidas con la intención de mejorar y controlar la ciudad. Los límites que definen el espacio urbano frente al campo no se alteran, pero es también en este periodo cuando se realizan las primeras intervenciones en el exterior, mejorando los caminos existentes que comunican con otras poblaciones y creando nuevos paseos fuera del recinto cercado.
Madrid fue una ciudad delimitada desde sus origines hasta la segunda mitad del s. XIX. Los límites los constituyeron las murallas que bordearon los dos primeros recintos y las cercas sucesivas que se construyeron al ampliarse la ciudad. Pero esta frontera tan precisa entre la ciudad y el campo siempre acabó siendo franqueada por el crecimiento urbano.
Cuando en 1561 Felipe II fijó su residencia en Madrid, puso en marcha el proceso de crecimiento y desarrollo de la ciudad en el que sigue inmerso hasta hoy. El establecimiento definitivo de la corte en los primeros años del s. XVII, tras la etapa vallisoletana, convirtió la pequeña villa medieval en la ciudad capital del reino. Pero sus orígenes se encuentran en la fortaleza árabe erigida por el emir Muhammad ben Abd al-Rahmman en el s. IX, en la cornisa natural elevada sobre el río Manzanares, lugar estratégico para la defensa del territorio y reforzar el
sistema defensivo de Al-Andalus; aunque algunos investigadores se remontan al poblado visigodo de las inmediaciones de la actual Casa de Campo e incluso a los asentamientos paleolíticos de la ribera del Manzanares.
La ciudad musulmana formada por el primitivo núcleo urbano surgido junto a la alcazaba, tras la reconquista cristiana en el s. XI fue aumentando paulatinamente en extensión y población. La función defensiva con la que se inició y que mantuvo durante los primeros siglos de la época cristiana, cambió por la de administración y gobierno de la monarquía, y el carácter militar se transformó en el cortesano de la ciudad palaciega y conventual que albergó a los personajes más ilustres del Siglo de Oro español, época de esplendor cultural y artístico.
En el s. XVII la ciudad había alcanzado por el este otro límite natural: la vaguada de la Castellana, recorrida por el arroyo del mismo nombre también denominado del Prado. Al construirse el Palacio del Buen Retiro al este de la Castellana, durante el segundo tercio del siglo XVII, la ciudad, limitada de oeste a este por dos elementos naturales: el río Manzanares y la vaguada de la Castellana, quedó enmarcada por dos posesiones reales: el palacio Real1 y el palacio del Buen
Retiro. Por el norte y sur la frontera entre la ciudad y el campo la constituía la cerca, marcando una brusca transición entre el espacio urbano y el medio rural, pues a pocos metros de la cerca, las tierras estaban cultivadas.
Ya que sería vano y pretencioso incluir aquí, en unas cuantas líneas, tantos siglos de historia sobre los que se han escrito miles de volúmenes, atendiendo a uno o varios de los múltiples aspectos que intervienen en el complejo hecho urbano, iniciaremos la exposición de esta investigación reconociendo el territorio donde se ubicó el arrabal de Chamberí y su relación con la Villa de Madrid. Para ello en este primer capítulo examinaremos en primer lugar la topografía del terreno donde se asienta la ciudad, la endeble a la vez que rotunda última cerca que delimitó la Villa y las puertas y portillos que existieron en su tramo norte. Seguidamente, analizaremos la trama urbana del norte de la ciudad cercada, y describiremos someramente la red de caminos, los viajes de agua y los asentamientos dispersos que estructuraban el espacio septentrional a la Villa. Finalmente, profundizaremos en el conocimiento de los límites que acotaban las tierras más propicias para ser ocupadas por el desarrollo urbano; recorriendo la franja norte de la ciudad, entrando en los edificios y jardines de las parcelas colindantes con la cerca, y paseando por los caminos de San Bernardino y de la Castellana, borde occidental y oriental respectivamente de ese territorio, deteniéndonos en los elementos singulares situados en sus márgenes. La descripción corresponde a la situación de mediados del s. XVIII, aunque se señalan los cambios significativos de siglos anteriores y los posteriores del primer tercio del s XIX, es decir, antes de que surgiera el arrabal de Chamberí. Las fuentes gráficas fundamentales para conocer el Madrid existente en el s. XVIII son: la Planimetría General, realizada con los datos obtenidos en la Visita General 1 El Alcázar, convertido en residencia real, fue objeto de numerosas transformaciones y ampliaciones. Tras su destrucción por el incendio acaecido en la Nochebuena de 1734 fue sustituido por el Palacio Real Nuevo, Palacio de Oriente. Sobre este tema y las transformaciones urbanas de su entorno es de gran interés la tesis realizada por Ángel Martínez Díaz, leída en junio de 2004 en la ETSAM, desarrollada dentro del proyecto de investigación más amplio sobre la ciudad de Madrid, ya comentado en la introducción, en el que también se enmarca esta tesis.
de la Regalía de Aposento de los años 1750 y 1751, y el Plano Topographico de la Villa y Corte de Madrid, realizado por Espinosa de los Monteros en 1769. El control fiscal promovido por el marqués de la Ensenada dio como resultado, durante el reinado de Carlos III, la primera imagen formal precisa de la Villa de Madrid: el conocido plano de Espinosa de los Monteros. Es la primera planimetría de la ciudad con rigor métrico y geométrico, por proceder de una medición exhaustiva de todas las manzanas y de la distancia entre ellas. También procede de la Planimetría el Plano Geométrico de Madrid realizado por Tomás López en 1785. Aunque está dibujado a escala menor que el anterior, aporta datos de ocupación de algunas manzanas que no contiene el plano de Espinosa, donde se expresa solamente el perímetro de las manzanas y la planta de las iglesias. Ambos planos omiten la parcelación de las manzanas que sí contiene la Planimetría General.
Antes de realizarse estos planos, el s. XVII nos legó dos imágenes magnificas de la Villa, los conocidos planos de Marcelli y Texeira. Además de ser las primeras que se conservan, nos ofrecen una imagen tridimensional imprescindible. En ellos se pueden ver algunas de las transformaciones urbanas realizadas por los Austrias, como la construcción de la plaza Mayor sobre la plaza del Arrabal. Nos muestran la imagen de Madrid en el s. XVII, formado por casas de una o dos plantas en la corona perimetral y un núcleo central que conserva la trama medieval irregular del espacio público, pero en el que las construcciones han sido sustituidas por otras nuevas de mayor altura, destacando los palacios y jardines construidos por la nobleza. Sobre el conjunto del caserío se elevan las torres y chapiteles de las numerosas iglesias y conventos que existían, con sus patios, jardines y huertas. La distancia temporal entre ambas planimetrías, es suficiente para ver la ciudad limitada por la cerca de Felipe IV que representa Texeira frente a la ciudad abierta que dibujó Marcelli.
En paralelo a los trabajos de la Planimetría e independientemente de ellos, el grabador francés Nicolás Chalmandrier realizo en 1761 el Plan Geometrico y Historico de la Villa de Madrid y sus Contornos. Aunque el rigor formal es menor que el de los planos antes mencionados del s. XVIII y contiene bastantes elementos imaginados que no se corresponden con la realidad, sobre todo en el trazado de los jardines, tiene el valor de ser el primer plano que muestra la ciudad en planta a una escala grande que permite incluir múltiples detalles y actualizaciones respecto de los planos anteriores del s. XVII.
Los planos realizados durante el transcurso de más de un siglo, desde la publicación del Texeira (1656) hasta el de Chalmandrier (1761), fueron realizados a escalas muy lejanas o son copia de planos anteriores. Son fuentes menos significativas pero no por ello carentes de interés. Entre estas planimetrías hay que señalar el plano de Nicolás de Fer, como muestra de la corriente francesa de la cartografía madrileña seguida por Chalmandrier y Tardieu. Fue realizado a partir del la reducción del Texeira de Fosman y Ambrona de 1683, pero está dibujado en planta prescindiendo de la perspectiva. Tuvo dos ediciones, la primera elaborada en el cambio de siglo y otra más cuidada y a mayor escala de 1706. Junto a estas fuentes hay que mencionar las primeras producciones del geógrafo Tomás López. Todas son de pequeño tamaño, la primera fue realizada en 1757. De las reediciones destacan las actualizadas por Ventura Rodríguez de 1759 y 1762.
Entre los planos del s. XVIII hay que señalar otra obra: las 64 láminas realizadas por Espinosa en 1769 para ser incluidas en la guía Madrid dividido en ocho
quarteles, con otros tantos barrios cada uno de Juan Francisco González.
Basándose en este trabajo, Fausto Martínez de la Torre en 1800 dibujó de nuevo las manzanas de la Planimetría agrupadas por barrios, e incluyó en la publicación una reducción del plano de Tomás López de 1785.
En los planos generales de la Villa realizadas durante los siglos XVII y XVIII la extensión del caserío es bastante similar, aunque haya transcurrido más de un siglo entre ellos. El encuadre del dibujo se ajusta al recinto cercado, ya que el objetivo del plano era ofrecer una imagen de la ciudad y no del entorno que la circunda; sólo tiene cabida el paseo de ronda y el inicio de los caminos de comunicación con otros núcleos de población. Además, en muchos casos, la escueta superficie correspondiente a los terrenos exteriores está ocupada por títulos, escudos, cartelas, leyendas y ornamentos sobrepuestos. Existen algunas excepciones, como el pequeño plano realizado en 1683 reduciendo el plano de Marcelli que nos ofrece un esbozo de la periferia con un encuadre un poco más amplio, o el plano de Tardieu de h. 1780. El primero incluido en el tomo relativo a España de una obra general Description de l‘Univers..., editada en París, y el segundo forma parte de una colección de grabados de varias ciudades2. Ambos
están dibujados a escalas lejanas y con escasa precisión. Sus autores, de origen extranjero, posiblemente realizaron los dibujos con los datos incluidos en los textos de obras de viajes o con los que les fueron transmitidos por los propios viajeros, sin haber tenido un contacto con la realidad de primera mano y sin realizar una toma de datos en el lugar. Tan sólo el plano realizado por Pedro Ribera h. 1725 con el trazado de los viajes de agua que abastecían a la Villa, nos muestra con mayor precisión la ciudad y el territorio exterior a la cerca por donde discurrían estos canales. Pero el exquisito dibujo de Ribera no es una iconografía diseñada para ser divulgada, es un plano de trabajo realizado a lápiz, lo que dificulta su lectura.
Madrid. Copia reducida del plano
de Marcelli grabado por De Witt, 1683.
2 Miguel MOLINA CAMPUZANO, Planos de Madrid de los siglos XVII y XVIII, IEAL, 1960, pp. 239 y 501.
En el s. XIX con la guerra de la Independencia y la caída del Antiguo Régimen, la iglesia pierde sus fincas urbanas por las políticas desamortizadoras y la nobleza sus privilegios aunque no su patrimonio; la ciudad cortesana se transformó en la ciudad burguesa adaptada al liberalismo y al capitalismo. El cambio social va acompañado de la inestabilidad política que sumió al país, y a Madrid en particular, en la penuria económica.
Aunque el primer tercio del s. XIX, en el que nos adentramos en este capítulo, se caracteriza por la escasa producción cartográfica, son de gran interés las planimetrías que ofrecen un encuadre más amplio. Las primeras imágenes existentes de toda la ciudad con el terreno que la circunda tienen un origen académico. Son las producidas por los alumnos de la escuela de Bellas Artes de San Fernando para las pruebas de suficiencia en las distintas categorías, realizadas en los años 1804 y 1805. Su objetivo era ubicar el edificio proyectado por el alumno en el lugar. Son planos esquemáticos, con poco detalle y a escalas lejanas. Fueron los militares franceses los que realizaron en 1808, con fines estratégicos, el primer plano de la Villa de Madrid incluyendo un territorio amplio de los alrededores con una representación más concisa.3
En 1812 se hace una nueva edición del plano de Tomás López de 1785, actualizada por su hijo Juan López, pero como su antecesor, sólo comprende la ciudad cercada. El plano levantado por el ejército francés de Madrid y sus Contornos, fue reeditado varios años después. En la nueva versión se generalizó el caserío para mostrar la estructura viaria principal, eliminando el resto de las calles y manzanas, ofreciendo una imagen sintética muy sugerente, pionera del dibujo
3 La exposición Madrid 1808. Guerra y Territorio, abierta al público el 25 de abril de 2008 en el Museo de Historia de Madrid, nos ha permitido conocer los originales de la esplendida y abundante cartografía del territorio español realizada por los militares franceses. Existen algunos mapas anteriores a los mencionados, que no incluimos en este estudio. Su carácter y escala no ofrecen información precisa sobre los trazados de caminos y asentamientos existentes. Ubican los núcleos de población y las comunicaciones entre ellos, a escala tan reducida que el aspecto formal desaparece, recurriendo al símbolo como forma de representación de la realidad.
En el dibujo realizado por Isidro Francisco de Ribera en 1724, se ubica Madrid entre otras poblaciones respecto al río Manzanares y sus afluentes
Fragmento del plano de Madrid y sus alrededores copia del levantado por los cartógrafos militares franceses a escala 1/100000, ca. 1825.
analítico de la ciudad. Y por último, como testimonio primordial de esta época, no debemos olvidar la magnifica maqueta de León Gil de Palacio que restituye a escala 1/816 el Madrid de 1830.
4 Estos dos proyectos se analizan en el siguiente capítulo, junto a otras actuaciones y propuestas previstas en Chamberí antes de que se formara el arrabal, incluidos los proyectos de los alumnos de la Academia antes mencionados.
La carencia de cartografía que incluya tanto la ciudad cercada como los terrenos exteriores antes del siglo XIX queda solventada, en parte, por la existencia de planos parciales. Unos fueron realizados como base de una propuesta, para trazar un paseo o para ubicar un nuevo edificio, y otros los dibujaron los militares españoles, para reflejar en ellos la posición de las tropas y las maniobras a realizar para la defensa de la ciudad.
Entre los primeros hay que destacar el plano dibujado por Francisco Nangle proponiendo una traza regular para el paseo de ronda norte, que nunca se llegó a ejecutar, y el proyecto para la nueva carretera de Francia de autor anónimo realizado a principios del s. XIX4. Entre los segundos, destacan los planos
realizados por Luis de Surville en 1767, muestran el terreno septentrional a la Villa donde más tarde se ubicó Chamberí. Aunque el ámbito representado en estos planos parciales se restringe a la zona de actuación, son documentos de gran interés para conocer los terrenos exteriores a la Villa en el s. XVIII. Sin embargo, su escaso rigor formal ha hecho necesario recurrir a planos muy posteriores para dibujar el territorio de forma más precisa. El Plano de Madrid y sus contornos
elaborado por el Cuerpo del Estado Mayor del Ejército en 1856 y el plano de Carlos Colubí de 1866, realizado con fines catastrales, han sido fundamentales para reconstruir, a partir de los trazados que permanecen, la antigua red de caminos y localizar los primeros asentamientos.
Otras iconografías de estos terrenos, dignas de mención por su singularidad, son: el plano de la ronda norte de hacia 1750 y los cuatro planos de Bernardo Villamor de 1843. Todos tratan un mismo tema: el agua. En el primero, de autor anónimo, están dibujadas las arcas y norias que formaban parte del sistema de riego del arbolado del paseo. En los planos de Villamor se puede ver el trazado de los cuatro viajes de agua principales que atraviesan la Villa, cada uno en un plano independiente.
Con la información procedente de todos estos planos se ha reconstituido gráficamente el fragmento norte de la Villa y del territorio adyacente donde se formó posteriormente Chamberí, dejando constancia del pasado del barrio y de su entorno, y de los posibles condicionantes para su implantación y desarrollo. A lo largo de los siguientes capítulos daremos cuenta de las transformaciones del lugar que explican algunas de las incógnitas del trazado actual.