4.5 On the Use of Compressed DFAs for Packet Classification
5.1.3 Hardware Plane
El cuarto uso de la voluntad es la capacidad de crear, que brota de esa hontanar de novedades que es la persona (3.2.1). Crear es h- acer que existan cosas nuevas (6.1). Lo más creador que existe es el amor: «todo amor es creador, y no se crea más que por amo- r»371. Amar es crear.
Por ejemplo, el amor aguza la capacidad de superar las dificultades para unirse y conocer al amado, busca siempre nuevas formas de afirmación del otro. Pero sobre todo, la capacidad creadora del hombre, aplicada al amor, busca dos cosas fundamentales: manif-
estar el amor y perpetuarlo reproduciendo lo amado. Ambas se
dan unidas con frecuencia. Si no se manifiesta el amor y no se p- erpetúa en los bienes que crea, es un amor que no deja huella. El amor empuja a crear.
El amor se manifiesta con palabras que lo declaren de modo explíc- ito. Hay que decirlo y expresarlo, y recrearlo muchas veces, para que siga vivo y con el paso del tiempo se intensifique y no decrez- ca. Se manifiesta con palabras, que expresan y reproducen la belleza del ser amado y al mismo tiempo le manifiestan a él y a los demás la intensidad de nuestro amor. Se dijo (5.7) que el sentido más lato de toda la creación artística es expresar la verdad, enco- ntrada y amada, por medio de una obra de arte. Decía Platón que el
amor es el deseo de engendrar en la belleza372. Este pensamiento apunta en esa dirección: lo amado es bello para el amante (7.5). y despierta en él el deseo de expresar su belleza y reproducirla. Por eso el amor se manifiesta en obras de arte, aunque sean muy d- omésticas, que tratan de expresar y reproducir la belleza y la
imagen del ser amado. Es una forma de recordarle y decirle cómo
se le quiere: poesías, canciones, retratos, fotografías, etc.
Pero el amor, como todos los sentimientos (2.5), se expresa tambi- én en mil gestos y modos de la conducta, a través de los cuales el hombre canaliza su voluntad creadora para expresar el amor. Cu- ando no se hace así, se puede empezar a dudar de su sinceridad. Por eso, el amor hay que cuidarlo, alimentarlo y hacerlo crecer a base de estas manifestaciones prácticas. En caso contrario la ruti- na lo apaga, quizá ni siquiera existe.
Uno de los actos creadores que manifiestan y alimentan el amor es
el regalo. Regalar es una de las formas más puras del dar373, porque implica desprenderse totalmente de algo: su sentido es que sea para la persona amada, aquel a quien se regala. Se renuncia al derecho a reclamarlo. En caso contrario, no es tal. No hay interés propio en el regalo, sólo que el otro reciba un bien y que sea sólo suyo. Hacer un regalo, en el fondo, es dar una parte de nosotros mismos. En caso contrario tiene muy poco valor. Mientras en el mundo se siga regalando, mientras existan los Reyes Magos, exis-
tirá el don puro, desprovisto de cualquier interés egoísta. Se regal-
an no sólo porque es una costumbre social, sino porque se quiere manifestar así un amor verdadero.
El regalo implica cierta sorpresa: es algo inesperado o desconocid- o. Por eso conlleva cierta «magia» (12.7) o ilusión. Un regalo verd- adero tiene además que ser algo valioso, exige desprenderse de algo que cuesta, hacer un gasto, de dinero o tiempo y trabajo: es algo bello, precioso. Los regalos más sentidos son aquellos que hemos construido nosotros mismos, con nuestras manos, porque son fruto de un esfuerzo, o un objeto precioso que ha costado «u- na fortuna». El valor del regalo (una piedra precioso, por ejemplo)
quien regala: no tiene sentido regalar un saco de cemento. Amar es regalar. El regalo convierte en deudor al que lo recibe. Hay deu-
das impagables, como la vida.
Cuando una persona regala algo útil, o cuando en general se da un bien al ser amado, o a otras personas, hablamos de beneficiar, b-
ene–facere, hacer un bien, de cualquier tipo: «hacer bien al amigo
es una consecuencia del amor que se le tiene»374. El amor siempre busca beneficiar al amado, conseguirle ventajas, facilitarle las co- sas, que tengan los medios que necesita. Los padres son los m- áximos benefactores de los hijos. Amar es beneficiar, y produce una deuda en el beneficiado.
Otro modo de manifestar el amor es honrar a la persona amada. Honrar es estimar, mostrar un reconocimiento que hace más dig-
no al otro: «ser amado es ser honrado»375. Hay tantos modos de honrar que no podemos enumerarlos todos: agradecer, mostrar p- úblicamente el mérito, devolver lo recibido, sentirse deudor, premia- r, dar testimonio de la excelencia de alguien, decir que la persona amada es valiosa, etc. La conducta con los padres suele estar lle- na de gestos que los honran. Muchos actos del amor hasta aquí d- escritos (escuchar, cuidar, esperar) son modos de honrar cuando se añade este deseo de reconocimiento que le es propio. Amar es
honrar.
Un modo especial de honrar es dar honor, que significa honrar p- úblicamente, delante de todos. Los honores buscan que el amado tenga buena fama, y sea considerado justo, bueno y bello: es un
reconocimiento público de los méritos y la excelencia de alguien:
«el honor se tributa a una persona como testimonio del bien que h- ay en ella»376. Suele ir acompañado de premios, celebraciones y homenajes (12.6). Amar es dar honor.