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1.3 Intel IXP2XXX Network Processors

1.3.3 Microengines

Hemos dicho (4.4) que se habita allí donde se tiene el plexo de útiles, en un lugar que ha sido modificado por la presencia humana y donde está «depositado» ese conjunto de instrumentos que uno tiene como propios. También hemos dicho que los griegos definían la casa como el conjunto de todos los instrumentos; es, por así decir, el lugar donde se guardan. Ahora podemos añadir que la casa es, también y sobre todo, el lugar

donde se guarda a sí misma la persona, el lugar donde el hombre «se q-

ueda», junto a sus posesiones. Donde mejor se vive y se habita es en la

propia casa, pues cada hombre tiene una que es suya y de nadie más. El

carácter personal del hombre, estudiado en el capítulo anterior, da origen a un lugar absolutamente peculiar, su hogar.

La casa es una de las posesiones más importantes y naturales: el homb-

re tiende a estar en ella. El arraigo en el lugar donde se habita es una inc-

linación natural. Arraigo significa echar raíces (es una metáfora vegetal:

el hombre también tiene raíces). El hombre tiende a identificarse con el p- araje donde habita, sobre todo cuando transcurre el tiempo. Por eso, la i- nclinación a estar en casa se amplía al lugar de origen, al pueblo, la «pat-

ria chica», que tiene relación con la estirpe (10.10). El hombre tiende a arraigar en el lugar donde ha nacido o donde vive, y normalmente lo habita haciéndose allí su casa. Suele elegir para eso parajes favorables, donde pueda trabajar y obtener fácilmente lo necesario para vivir. Se tiende ent- onces a que la casa esté cerca del trabajo. Antes, ese lugar estaba alre-

dedor de la casa (granjas, talleres…). Con el desarrollo de las ciudades

esto ha cambiado. La movilidad es ahora muy grande y se da una separa-

ción entre la vivienda y el trabajo. Tener uno junto a la otra aumenta la

calidad de vida.

La función de la casa en la vida humana es múltiple, y tiene que ver con l- os períodos cíclicos de que está formada (15.2): «quedarse en casa» es lo que uno debe hacer, para reponerse, descansar, dormir, coger fuerzas y poder después volver a trabajar. Asimismo, volver a casa es una de las cosas más humanas que existen. El hombre necesita «volver a casa», v- olver a «su» casa cuando acaba de trabajar. La vida humana tiene un

ritmo alternativo (15.7), que consiste en salir a trabajar, y regresar al

hogar para descansar y tener ocio. Cuando uno acaba algo, lo que hace es irse a su casa. Primero, hacer, producir, trabajar, luego, volver al hoga-

r, descansar.

Este arraigo, y el deseo de volver, acontecen también porque la casa es el hogar, que es el lugar donde habita la persona. Esta noción es una de las más ricas que existen. Intentaremos señalar muy brevemente algunas de sus notas:

1) Hogar es la casa propia, poseída. No hay hogar sin un techo. No se p- uede hablar de él si no existe la materialidad de una casa de la que uno es dueño. De hecho estas dos palabras se emplean como sinónimas. Y es propia porque se posee, al menos temporalmente, aunque esté en alquiler. 2) Sin embargo, el hogar es algo más que pura posesión material de una casa: forma parte de la intimidad (3.2.2). En casa abrimos la intimidad a un entorno que es también íntimo, ampliación de uno mismo y de su alma. El hogar es, por así decir, el lugar donde nos encontramos con nosotros mismos. En él guardamos parte de nuestro yo: nuestros recuerdos perso- nales, «nuestras cosas». El hogar es una parte de nosotros mismos. Cuando por la noche cerramos la puerta de nuestra habitación y nos que- damos a solas, sale entonces lo que realmente llevamos dentro: alegría, sentimiento de soledad o tristeza, cansancio, desgana, etc. En casa pod- emos, al fin, sentirnos a gusto, porque no hay miradas extrañas, todo nos

es familiar, no hay que disimular.

3) El hogar es también el lugar donde la intimidad se hace común con otras personas, donde se comparte la intimidad. Hogar es la intimidad común (7.2). El hogar es el sitio donde las personas se manifiestan como realme- nte son, donde los demás pasan a formar parte de mi intimidad.

Lo que dijimos acerca del diálogo (3.2.3) sucede sobre todo en el hogar: allí es donde realmente nos conocen. Cuando en un hogar hay incomunic- ación, discordias, divisiones, el problema es grave, afecta mucho a la per- sona: suele decirse «tiene problemas en casa» para incitar a la compren- sión. Los problemas que más duelen son los que uno tiene allí, por ejempl- o, la división de los hermanos. La felicidad humana depende en buena

medida de que en el hogar se comparta de veras la intimidad (8.2).

4) Con esto estamos aludiendo ya a una dimensión fundamental del hogar:

es el ámbito de la intimidad familiar (10.9). La nostalgia de la casa es f-

ortísima en el hombre, porque significa nuestro propio origen, nuestra

familia. El hogar es donde el hombre toma por primera vez conciencia de

su condición de hijo. En él. Antes que hombre, se es hijo, hermano, padre, madre... La relación con los demás es una relación de sangre, de intimid-

En el hogar, nuestro ser es completado por un entorno afectivo y material, en el que empezamos a formar parte de una familia, y donde se realiza principalmente el proceso de formación de la personalidad humana (7.1). Allí es donde nacen los hijos, es el marco natural del amor, del sexo, del a familia189. La fuerza devastadora de la noción de hogar procede de que ningún hombre ni mujer puede carecer de uno sin grave prejuicio para él. Sin un hogar, difícilmente se puede llegar a alcanzar una suficiente madu- rez afectiva y psicológica190. Quien ha carecido de él dirá con razón que le ha faltado lo más importante.

Los dramas humanos (16.4) más vivos, y las mejores obras de la literatura y la creación, tiene casi siempre que ver con el hogar, con la casa, con su pérdida y su recuperación. Basta recordar tragedias antiguas, como La

Odisea de Homero, o películas modernas, como Lo que el viento se llevó. Volver a casa expresa, como ya se ha dicho, una de las tendencias más

profundas del hombre: es entroncar con los propios orígenes y con la p- ropia estirpe, descansar, encontrarse uno con los suyos, compartir la vida con ellos, etc. Esto es una inclinación humana profundísima. Tener un ho- gar es bueno para el hombre; es más: es imprescindible. Esto también tie- ne que ver con la ética y el derecho: no se puede dejar a nadie sin hogar. 5) El hogar es, en consecuencia, el lugar donde se despliegan de modo más intenso las dimensiones más profundas de las personas: la intimidad, la manifestación, el diálogo y el dar. Las formas más estables y más fuert- es del amor (7.4) se dan todas ellas en él. Y sobre todo, las personas

nacen en un hogar. Por eso es también el lugar donde se guarda a la per- sona amándola, el lugar donde se cuida al varón y a la mujer191, al enfer- mo, al niño, al anciano, no de cualquier modo, sino amándolos. Y cuidar, guardar y amar al varón y a la mujer, al niño y al anciano es mucho más i- mportante que guardar los instrumentos.

Construir un hogar, mantenerlo y cuidar a las personas que hay en él, es más rico y más profundamente humano que trabajar y transformar el medio. La razón es sencilla, y ya se ha dicho: guardar a la persona pone en juego dimensiones humanas más profundas que usar instrumentos.

Producir es mucho, cuidar de un hogar es mucho más. Una antropología

que no hable de él está incompleta; su ausencia deja a la persona sola, desorientada y sin raíces: no tiene donde ir. La felicidad de una persona

se mide por el hogar que tiene.

De todo esto se pueden sacar una gran cantidad de consecuencias jurídi- cas y organizativas para el hombre y la sociedad: si el hogar es tan impo- rtante, habrá que organizar las cosas para protegerlo, para que todo el m- undo tenga uno, para hacer que el trabajo sea menos importante, etc. Todas esas consecuencias tienen, como se puede fácilmente imaginar, c- arácter ético: no puede uno ausentarse de él como y cuando quiera y no cuidar a quienes están allí; un padre debe alimentar a sus hijos, etc. Esto puede enlazarse fácilmente con las reivindicaciones de los llamados «machismo» y «feminismo»: la mujer ha sido discriminada cuando se la ha asignado como misión única el cuidado del hogar, negándosele el acc- eso al mundo profesional (12.4); el varón ha adoptado actitudes dominant- es cuando ha sido el artífice de esa discriminación. El estudio histórico y social de estas diferencias ha adquirido muchísimo auge en los últimos q- uince años. Hoy en día se ha conseguido una mayor igualdad en el repa-

rto de oportunidades entre el varón y la mujer en el mundo del trabajo de

los países desarrollados, aunque queda todavía mucho por hacer. Sin embargo, la familia ha visto reducido el número de miembros y su estabili- dad (10.12). El cuidado del hogar, por otra parte, es también tarea del var- ón, y es frecuente que éste haga o haya hecho dejación de esta respon-

sabilidad de muy diversas maneras: es el llamado «síndrome del padre

ausente»192, hoy tan corriente.

Las reivindicaciones del feminismo no se pueden separar de la crisis del ejercicio de la paternidad, paralela de la crisis del ejercicio de la maternid- ad (10.10). El «feminismo» y el «machismo» son dos actitudes extremas, que coincides en una cosa: proclaman la independencia de la mujer o del

varón respecto de las tareas que les impone la construcción del hoga- r193. Las actitudes machistas o feministas conciben al varón o a la mujer, respectivamente, como sujetos «emancipados», que se dedican afanosa- mente a su autorrealización individual, al margen de las cargas que impone la paternidad o la maternidad a ellos/as o a los/las demás (9.9, 10.12). Las actitudes machistas y feministas disminuyen el respeto recíproco de varo- nes y mujeres y aumentan la conflictividad entre ellos (11.4)

Machismo y feminismo son manifestaciones de una actitud más profunda y antigua del hombre europeo, que se ha acentuado en los últimos cuare- nta años, como consecuencia de la fuerte subida del nivel de vida y del cambio cultural ocurrido en torno a 1968: el individualismo (9.9) que con- cibe al varón o a la mujer como individuos que se realizan plenamente de modo independiente, sin estricta necesidad de una familia. La influencia de los USA es importante en este punto.