2.4 Sampling techniques to accelerate regular expression matching
2.4.3 Constant Period Sampling
2.4.3.2 Second stage: Reverse DFA
Junto al conocimiento teórico está el práctico, que no es aquel que se refi- ere a los individuos singulares (ése es el conocimiento sensible), sino el
que versa sobre las acciones humanas: «esta tarde iré al cine», «quiero
irme de vacaciones», «prefiero cerveza», etc. El conocimiento práctico t- iene una característica especial: es la aplicación del conocimiento intelect- ual a la concreta situación en las que nos encontramos. Las acciones h- umanas tienen lugar en la realidad concreta y singular: la conducta es personal, de cada uno. El conocimiento práctico se refiere a la conducta
y la conducta se rige por él.
Los clásicos acuñaron el concepto de razón práctica233 para referirse al empleo de la razón como reguladora de la conducta, por oposición a la r-
azón teórica que construye la ciencia. Esta distinción es, como se ha dic-
ho, muy básica e importante. Estos dos usos de la razón no pueden con- fundirse. El análisis del conocimiento práctico exige mostrar a continuaci-
ón los elementos que intervienen en la acción humana234. Algunos de ell- os ya lo señalamos al hablar de la voluntad (2.6), pues ésta interviene a- ctivamente a lo largo de todo el proceso. La adecuada consideración de estos elementos tiene una enorme importancia para dirigir las acciones propias y la ajenas en una dirección y con un rendimiento satisfactorios. Forma parte del buen uso de la libertad (6.4):
1) El fin. La acción comienza cuando los apetitos, los sentimientos, la vol- untad o la razón, más bien juntos que separados, tienden a un objetivo
final que se quiere conseguir: llegar a comer a casa, estudiar una carrera,
viajar a Barcelona, etc. Es decir, lo primero en la acción es el fin que se
pretende. La acción humana siempre tiene un fin o una serie de fines, que
son los objetivos hacia los que se dirige. El fin es lo primero que aparece
y lo último que se consigue235.
Los fines son el motor de arranque de la acción, aquello que «provoca»
que el hombre se ponga en marcha. Por eso, lo importante de la conducta es saber qué es lo que uno quiere. Si faltan los fines aparece, por ejem- plo, el aburrimiento, el tedio (15.9), pues el dinamismo humano no sabe entonces adonde dirigirse: donde ir a comer, qué carrera estudiar, etc. L- os fines son tan importantes en la acción humana que según las clases de fines a los que el hombre tiende, se originan distintas clases de acciones (9.7).
2) La deliberación y la prudencia. Esta primera inclinación o deseo de
hacer algo produce una deliberación acerca de cómo realizaremos la a- cción, es decir, qué medios emplearemos para conseguir el fin querido,
que circunstancias concurren en el caso, etc. Lo segundo en la acción es
la deliberación acerca de los medios para llegar al fin que se pretende.
Ya lo dijimos al hablar de la voluntad que aquí se incluye todo lo que desi- gnan términos tales como consejo, asesoramiento, consultoría, análisis de situaciones, etc. Esto son ayudas y preparaciones para la decisión, y por tanto, deliberaciones. Esta fase de la acción puede tener gran complejidad cuando no se conocen las circunstancias, que son algo a lo que hay que atender, además del fin y los medios236. En el mundo empresarial tiene enorme importancia realizar bien esta deliberación.
La mejor manera de llevarla a cabo viene caracterizada desde hace muc- ho tiempo por la palabra prudencia, que significa: acertar sobre lo que me
conviene hacer y sobre el modo de hacerlo. La prudencia es la encarga-
da de responder esta pregunta: ¿qué es preferible hacer en este caso? Esta virtud ayuda a:
a) captar rectamente qué es en general bueno para el hombre, qué es lo natural y lo conveniente para él (3.6.3);
b) captar si una acción concreta favorece o perjudica ese bien natural del hombre, por ejemplo, su salud, etc.;
c) valorar las circunstancias que favorecen o dificultan la acción para m- odificar el plan de ésta.
La prudencia es especialmente importante para los gobernantes de cualquier comunidad237. Por eso se estudia en todas las escuelas empre- sariales y en los estados políticos. Los clásicos le concedieron una enor- me importancia. La imprudencia es fuente de muchas equivocaciones en la conducta.
3) La decisión. Una vez hecha la deliberación acerca de los medios, se
elige uno de ellos (2.6), es decir, se toma la decisión: viajar en coche o en
autobús, estudiar en esta universidad o en la otra, comer pollo o hamburg- uesa, seguir una estrategia comercial u otra, etc. Lo tercero en la acción es, pues, la decisión, que incluye la elección de los fines y de los medio-
s, es decir, una estrategia que podemos llamar plan de actuación (no se
pueden hacer cosas al «tuntún»; hay que haberlas previsto).
4) La ejecución. En la acción viene después la ejecución, que muchas v- eces es lo más largo y costoso. Mantener la decisión tomada y ponerla
en práctica hasta el final cuesta mucho más que decidirse. Hay muchas
decisiones que nunca se ejecutan, por olvido, desorden, pereza, miedo, etc. La ejecución de las decisiones tiene que ver también con las virtudes morales (3.5.2): la valentía o fortaleza, la constancia, etc. Las ideologías fallan por aquí: se olvidan de que el hombre es falible y creen que la plani- ficación se realiza automáticamente sólo con decidir y dar las órdenes
oportunas. Los ideólogos no contemplan la debilidad humana. Por eso tie- nen que recurrir al terror para que la gente cumpla las órdenes (9.5) La ejecución de las decisiones se convierte con frecuencia en tarea, que es el trabajo de llevar a cabo lo que nos hemos propuesto. La vida huma- na está llena de tareas, incluso ella misma lo es (8.4).
5) Los resultados. Después de realizar lo decidido, se comprueba que los
resultados casi nunca son exactamente los esperados238. Esto es una experiencia muy común: al principio uno piensa que hacer una tesis docto- ral es fácil, pero pronto surgen dificultadas no previstas, se tarda más t- iempo, y se alcanza la meta en condiciones y tiempos diferentes a los imaginados, uno tiene que aplazarlo por otra cosa, etc. Las cosas no suelen salir como uno había pensado, es decir, los fines pueden no alcan- zarse, los medios pueden resultar inadecuados, la decisión errónea, etc. El resultado viene a ser el modo en que se alcanza el fin propuesto. Una de las características más claras de la acción humana es la diferen-
cia entre las expectativas y los resultados. Esto es muy visible en los
viajes por mar239: las corrientes le llevan a uno mar adentro cuando cree estar llegando a la costa; se nos olvida incluir en la planificación elementos que conocemos mal, o que no conocemos en absoluto, pero que influyen: hay niebla y no se puede traza bien el rumbo, etc.
El conocimiento práctico se diferencia del teórico en que tiene que prestar
atención a contingencias concretas y mudables, que pueden echar por
tierra los planes teóricamente más perfectos: por ejemplo, ha caído una g- ran nevada y tenemos que suspender el viaje previsto. Los racionalistas y los ideólogos suelen pensar que un plan teóricamente perfecto se tiene q- ue cumplir necesariamente, sea como sea; por ejemplo, que desaparezc- an las clases sociales después de la revolución. Pero no desaparecen: ¡la realidad práctica es rebelde a la mejor teoría! ¿Por qué? Porque es impre-
visible, mudable, variada y libre, llena de mil circunstancias aleatorias
(5.1.2). La razón práctica es por eso consciente de sus límites, modesta y calculadora de sus fuerzas: sabe que puede fallar240. La diferencia entre
las expectativas y los resultados es un recordatorio de la limitación h- umana y de las cosas siempre cuestan trabajo. Lo finito es imperfecto, y
sólo llega a ser perfecto a base de rectificarlo.
6) La corrección. En la acción humana se hace necesario, por tanto, intr-
oducir los resultados obtenidos en la nueva planificación y en la toma de decisiones. Entonces se hace balance de la situación y se corrigen las p-
revisiones iniciales. Esos resultados (por ejemplo, un examen con mala calificación, una fracasada operación de venta, etc.) obligan muchas vec- es a cambiar el plan de trabajo y los objetivos. Para ello hay que actuar
cibernéticamente (3.5.2): incorporar al sistema los resultados obtenidos,
para mejorarlos. Las variaciones del barco nos obligan a corregir el rumbo inicial, si queremos llegar al puerto.
Los estudios de impacto de las televisiones, por ejemplo, son procesos de este tipo: análisis de audiencias, para mejorarlas, cambiando la progr- amación. La razón práctica humana es una razón corregida241, que vuel- ve sobre sí para rectificar las decisiones. Quien no sabe rectificar, es un terco o un teórico. En ambos casos se chocará con la realidad; «rectificar es de sabios», es decir, de prudentes: «la indisposición habitual a ser
corregido por las experiencias agudiza la pérdida de la experiencia»242. Y al revés, la experiencia es el saber refrendado por la práctica, y por ta- nto una riqueza, una fuerza que ayuda a afrontar mejor los futuros probl- emas. El hombre es capaz de aprender de sus errores.
7) Las consecuencias. Por último, en la acción hay que tener en cuenta, no sólo el resultado, sino también sus consecuencias: las acciones tienen
edio natural, que ya se mencionó (4.7). Por ejemplo: si apruebo una oposi- ción, obtengo un buen resultado, porque logro el objetivo o fin de la acció- n, pero eso implica además que me toca elegir un destino que puede no c- onvenirme, que ingreso en el cuerpo de funcionarios del estado, etc. Est- as son las consecuencias. Entre ellas, están los efectos secundarios, que son las consecuencias imprevistas. Si son malas, se llaman efectos
perversos.
La consideración de los efectos secundarios tiene una gran importancia
en medicina (los medicamentos tiene esos efectos: cfr. 16.8) y en la eco- nomía (que pasa cuando se sube el precio del dinero, etc.) Hoy está de moda hablar de efectos perversos porque somos muchos más sensibles a ellos, como se vio al tratar del problema ecológico (4.7). La contaminación es un efecto perverso de la tecnocracia.