Este capítulo tiene como finalidad investigar la evolución del castigo en relación a la
legitimación del poder y el control social.
El nacimiento de las cárceles está vinculado al surgimiento de los Estados. Ello lleva a
pensar que si con el tiempo el papel de Estado se va transformando, las cárceles también se van
transformando
Es tanto así, que en los años 30 con el propósito de evitar las crisis y mantener el
crecimiento económico, el Estado utilizó en este sentido diversas estrategias que implican
coordinación, regulación, planificación.
En los años 50, después de la segunda guerra mundial esta intervención se consolida. El
Estado adquiere entonces un papel dominante, la intervención económica para el crecimiento
comporta una ampliación e intensificación de control burocrático sobre la sociedad, que se ejerce
se mezcla la represión y la tolerancia. Ese control, que se extiende a la cultura y al conocimiento
se acompaña asimismo de políticas protectoras para los trabajadores mediante las cuales, a la vez
que se les reconoce, se logra neutralizar su fuerza política, convirtiéndolos en sujetos asistidos
(dependientes de la asistencia y seguridad sociales que les otorga el Estado Benefactor).
A partir de la década de 60 del siglo pasado, la modernidad atravesó una etapa
caracterizada por múltiples transformaciones. Comenzando por el campo político, se asiste una
disminución de las soberanías estatales socavadas por el poder creciente que adquieren las
empresas multinacionales y transnacionales y los organismos multilaterales de crédito.
Asimismo, se genera una creciente asimetría de poder entre los Estados.
En los años 80 surge en Estados Unidos el neoliberalismo, donde algunos pensadores
económicos de Estados Unidos, Alemania e Inglaterra, apoyados por profesionales de la
economía, por organismos financieros internacionales como el FMI consolidan un nuevo modelo
económico, modelo que terminaría por extenderse a gran parte del mundo.
El neoliberalismo hace una crítica constante al llamado Estado de bienestar, modelo de
Estado que funcionó en Europa y en los países escandinavos con éxito durante algunas décadas,
pero que en los años setenta, debido a la crisis mundial que se vivía, quedó en entredicho.
Las políticas económicas neoliberales que triunfaron en todos los países capitalistas
avanzados durante las dos últimas décadas, propiciaron la austeridad presupuestaria y la represión
fiscal, lo que derivó en una disminución del gasto público, en una privatización y fortalecimiento
de los derechos del capital y en una apertura sin límites de los mercados financieros y los
intercambios, la flexibilización del trabajo asalariado y la reducción de la cobertura social.
Es admisible pensar que según el Estado se iba modificando, las funcionas sociales de la
Sobre este tema señala Wacquant (2004) que el Estado se retira del escenario benefactor,
pero, se endurece en su intervención penal. Para este autor, el neoliberalismo no pretende acabar
con el Estado, sino que propone sustituirlo por un Estado punitivo ―paternalista‖, el único capaz de obligar las personas a aceptar el trabajo precario. Como consecuencia el papel de las cárceles
se va modificando poco a poco. Se abandona el modelo resocializador y reeducativo identificado
con proyectos socio-políticos de inclusión social de determinados grupos sociales.
Garland (2005) defiende que ha habido cambios en las bases culturales de las
instituciones penitenciarias y como consecuencia afloran nuevas maneras de tratar el mismo
problema. Este autor sostiene que la protección del público se ha convertido en la preocupación
central de la política penal. Frente a esta nueva ideología emerge corrientes que defienden la
autoridad de la gente, en el sentido común, de ―volver al básico‖ en detrimento del discurso de
los expertos.
Wacquant (2004) y Garland (2005) coinciden en que dentro de este contexto surgen en
Estados Unidos diferentes tesis referentes al crimen, la violencia, la justicia, la desigualdad y la
responsabilidad del individuo, de la comunidad, de la colectividad nacional.
La más conocida de estas tesis es la de la tolerancia cero, creada por Bill Braton, jefe de la
policía de Nueva York, que decía: ―la causa del delito es el mal comportamiento de los individuos y no la consecuencia de condiciones sociales‖ (Wacquant, 2004, p. 11).
La tolerancia cero se caracteriza por el endurecimiento de la ley contra cualquier
infracción (ebriedad, comportamientos antisociales, mendicidad, etc.). Adoptó como medida de la
tolerancia cero someter a cualquier persona considerada sospechoso a cacheo y arrestos. En
Estados Unidos los negros fueron la población más afecta por esta política. Estados Unidos se ha
convertido en el país con mayor población carcelaria mundial, poseyendo actualmente 751
Estas tesis fueron trasladadas a América Latina que se convirtió en un terreno fértil para
difundirlas. Argentina fue el primer país en aceptar tales propuestas.
En 1999, Joaquín Roriz, gobernador del Distrito Federal de Brasilia (Brasil), anunciaba la
aplicación de la tolerancia cero. Como consecuencia, Brasil en la actualidad es el cuarto país del
mundo con mayor población carcelaria, contando con 247.68 personas por 100 mil habitantes.
Para Wacquant (2004) la adopción de esta política está trayendo consecuencias trágicas, ya que el
gobierno invierte dinero en la manutención de un sistema carcelario gigantesco y no intenta sanar
la desigualdad social existente en el país. Tampoco invierte en tratamientos penales. Brasil es el
protagonista de muchas tragedias, se puede afirmar que la relación entre sistema penal y derechos
humanos está degradada por la violencia.
El modelo resocializador que imperó en las cárceles durante muchos años, desarrolló a la
vez medidas de tratamiento propias de un Estado de Bienestar, pero según Foucault (2002),
encubría otros intereses como el de disciplinar la clase obrera. Ahora que ―el ideal rehabilitador‖ ha caído por tierra, ¿qué intereses estaría ocultando la nueva política? Según Wacquant (2004) las
cárceles en la actualidad funcionan como una fábrica de exclusión, al utilizar una política de
criminalización de la miseria, cuyo objetivo es tanto imponer un trabajo asalariado precario y mal
pagado como intensificar el mercado informal. Wacquant (2004) se pregunta ¿cuáles son las
técnicas de obediencia obligatoria que pueden funcionar contra las multitudes crecientes que no
tienen y no tendrán empleo‖. Su respuesta: En la construcción de un gigantesco sistema penal. En el siglo XXI, dos factores fueron cruciales para que la legitimación de las cárceles se
convirtiera en blanco de discusión: 1) El desplome del ideal de Tratamiento; 2) la comprobación
de la que el rasgo de carácter disuasorio- prevención general negativa- que pretendía liberar
Desde la perspectiva del autor mencionado anteriormente, este inmenso sistema penal,
prueba que las cárceles están más que legitimadas. No obstante, las estrategias de legalización
pasande estar fundamentadas por teorías ideológicas a estar cimentadas por las teorías
tecnocráticas.
2.2.4 Los dispositivos electrónicos: ¿símbolo del paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad