La ciudad en el continente americano se realizó no solo por simples cuestiones prácticas de asentamiento para los conquistadores, sino por la utilidad jurídica y legal que implicaba para los españoles la creación de un municipio, con todo el proceso legítimo que ello implicaba, es decir el despliegue administrativo de funcionarios y cabildos que se había desarrollado en Castilla desde varios siglos antes.
Solo después de la conquista definitiva de los imperios principales prehispánicos en Améri- ca se despliegan las fundaciones a mayor escala en el continente, siguiendo los modelos euro- peos de ciudad, a veces con características de cada uno amalgamadas en una nueva ciudad,
pero adaptándose a ciertas circunstancias locales, más allá del uso de instituciones conocidas para los españoles.
Por ello podemos considerar que en realidad no hay un patrón único y explícito en el que basar estrictamente las ciudades aquí fundadas. Más bien hay que hablar de la correlación de diferentes características y estructuras (en todo sentido) de los modelos previos, aunque sí hubo cierta norma en la repetición de algunas particularidades por las que se guiaron en el trazado y funcionalidad de estas nuevas ciudades. Por ejemplo lo veremos en los trazados geométricos, con calles rectas formando manzanas rectangulares o cuadradas, con un centro libre de edificios como plaza mayor, como elemento estructurante básico no solo de lo arquitec- tónico, sino sobre la confluencia social e institucional. Allí encontraríamos importantes centros de poder público o religioso: la catedral, el cabildo, el palacio real.
Lo que se produce es un intento del europeo de implantar ciudades a la manera del Vie- jo Mundo, y su vida en el nuevo continente transcurriría por bastante tiempo respecto a estas ciudades una vez que fueron fundadas. Las zonas del interior solo eran tierras para la producción, encargada a otros delegados, muchas veces utilizando la estructura funcio- narial prehispánica, y como fuentes de la riqueza que se podía extraer con la servidumbre de los nativos.
El investigador argentino, José Luis Romero61, explicaba que solo años más tarde, tras va- rias generaciones de criollos, se explotó y redescubrió más ampliamente el mundo rural, pero las ciudades eran el centro de la vida de la sociedad criolla. Allí convergían grupos sociales incluso más variados que en las ciudades españolas originales.
Incluso el tipo de representación no varió en las nuevas urbes, ya que se pretendió la cele- bración de Cortes, efectuadas con un regidor y un personero por provincia, quienes se aperso- narían en calidad de procuradores a las ciudades que fuesen sede de las Reales Audiencias. El proyecto en específico no prosperó debido a las quejas de algunos cabildos por las presio- nes fiscales a las que la Corona los sometía. En realidad las juntas y representaciones ameri- canas adscribían a las tradiciones jurídicas de Castilla, pues no se logró ningún régimen ex- cepcional para ellas, aunque ello no evitó los problemas respecto a las condiciones jurídicas de las Indias de Castilla, particularmente por la distancia geográfica que provocaba choques con las particularidades americanas.
Conclusiones
El estudio disciplinar de los procesos de urbanización se puede resumir en dos perspectivas interconectadas:
1. En primer lugar, desde una visión histórica, el surgimiento de una serie de sistemas económicos y políticos que permiten un sustento y excedentes que remiten a su apro- vechamiento en condiciones de aglomeración.
61 Romero, J. L. (2009)
2. Segundo, en reflexión sociológica, la relación de la ciudad y el ser social que involucra la interacción entre espacio físico e instituciones sociales.
El análisis del mundo urbano durante el antiguo régimen no solo pone de relieve cuestio- nes de funcionalidad, sino también de un conjunto de mecanismos jurisdiccionales que fo- mentan la articulación entre los poderes centrales, monarquías y los gobiernos semi- autónomos de las ciudades.
La división funcional en ciudades regalistas, administrativas y mercantiles no es excluyente, pues cada ciudad constituía una entidad donde se integraban los tres factores, pero al mismo tiempo resulta útil para ubicarlas en el sistema territorial europeo.
Las ciudades mercantiles tenían una serie de particularidades que las convertían en siste- mas dinámicos de relaciones a gran escala. La articulación comercial con diversos puntos pro- movía válvulas de escape para parte de la comunidad y posibilitaban la movilidad social. El carácter portuario se convirtió en el principio fundamental de la urbanización de estos espacios.
Mientras el ámbito jurisdiccional reproduce la tensión entre la administración centralizada y la municipal. En realidad había un principio de autonomía práctica que no era asumida por la teoría del sistema corporativo.
Si bien existen diferencias significativas entre las principales entidades políticas del Anti- guo régimen europeo entre ellas: las repúblicas italianas, las coronas de Francia y la Hispánica. Se toma la última como la portadora de elementos comunes de integración de las ciudades en sistemas de representatividad. Las Coronas solo pretendían dominar desde fuera imperando la lógica de un gran señorío, para asegurarse las rentas y una superioridad simbólica. Existía una división entre el mundo de la Corte real y las cortes locales. Los objetivos de la corona eran para con los espacios locales meramente fiscales. Los litigios se resolvían adecuando el dere- cho romano a la costumbre que prevalecía en los espacios locales.
La adecuación del modelo Europeo al escenario colonial Americano no ocurrió sin sobre- saltos. Pero también se expresó en la repetición de ciertos patrones institucionales que enmar- caron la compleja evolución urbana en las colonias. Esto se ve en los paisajes y las geometrías de las principales ciudades. En la representatividad se intentó, pese a las particularidades, integrar al colono al criterio de súbdito y al reforzamiento del principio de monarquía dual.
Por último, el principal objetivo ha sido integrar al lector a las principales características del fenómeno de la urbanización, integrando parcialmente los debates historiográficos y repasando el conjunto de transformaciones en el Antiguo Régimen.
Referencias
Bartlett, R. & MacKay, A. (1989). Medieval frontier societies. Oxford: Oxford University Press. Boone, M. (2013). The origins of medieval urban Europe. En P. Clark (Ed.). The Oxford Hand-
book of Cities in World History. Oxford: Oxford University Press.
Carpentier, E. (1986). Orvieto à la fin du XIIIe siècle. Ville et campagne dans le cadastre de 1292. Paris: CNRS Editions.
Christie, N.; & Loseby, S. T. (Eds.) (1996). Towns in Transition: urban evolution in late antiquity and the early middle ages. London: Scolar Press.
De Vries, J (1987). La urbanización de Europa, 1500-1800. Barcelona: Crítica.
Diago Hernando, M. (2003). Transformaciones en las instituciones de gobierno local de las ciudades castellanas durante la revuelta comunera (1520-1521). Hispania, n. 63, pp. 623-655.
Dutour, T. (2004): La ciudad medieval: orígenes y triunfo de la Europa urbana, Grupo Planeta (GBS).
Fortea Pérez, J. I. (1995). Las ciudades de la Corona de Castilla en el Antiguo Régimen: una revisión historiográfica. Revista de Demografía Histórica, vol. 13, no 3, p. 19-60.
Las ciudades, las Cortes y el problema de la representación política en Castilla Moderna (1997), en: Imágenes de la diversidad. El mundo urbano en la corona de Castilla (siglos XVI- XVIII). Santander: Editorial Universidad de Cantabria.
La Ciudad y el fenómeno urbano en el mundo moderno: España en su entorno europeo (2009). Anuario IEHS, n. 24.
Guimerá Ravina, A. (2006). Puertos y ciudades portuarias (ss. XVI-XVIII): una aproximación metodológica. En Fortea Pérez, J. I. y Gelabert González, J. I. La ciudad portuaria atlántica en la historia. Siglos XVI-XIX. Santander: Universidad de Cantabria, pp. 19-44.
Hespanha, A. (1989). Vísperas del Leviatán. Instituciones y poder político (Portugal, siglo XVII). Madrid, Taurus.
Hilton, R. H., & Hilton, R. H. (1995): English and French towns in feudal society: a comparative study, Cambridge, Cambridge University Press.
Lawton, R. & Lee, W. R. (2002). Population and society in Western European port cities, c. 1650-1939. Liverpool: Liverpool University Press, 2 vol.
Martínez Shaw, C (1997). La Ciudad y el mar. La ciudad marítima y sus funciones en el Antiguo Régimen. En Manuscrits: revista d'història moderna, n. 15, p. 257-278.
Monsalvo Antón, J. Mª (1997). Las ciudades europeas en el Medievo. Madrid: Editorial Síntesis. (2002) “Aproximación al estudio del poder gremial en la Edad Media castellana: Un escena- rio de debilidad”. En la España medieval, nº 25, pp. 135-176.
O'Hara, G. (2010). Britain and the sea: since 1600. Londres: Palgrave Macmillan.
Pérez, J. (1977). La revolución de las Comunidades de Castilla (1520-1521). Madrid: Siglo XXI. Reynolds, S. (1977). An introduction to the history of English medieval towns. Oxford: Oxford
University Press.
Ringrose, R. (1997) La ciudad y su entorno en la Época Moderna. En Manuscrits, nº 15, pp. 221- 245.
Romero, J. L. (2009). La ciudad occidental: culturas urbanas en Europa y América. Buenos Aires: Siglo XXI.
Thompson, I. A. A. (1989) Cortes y ciudades: Tipología de los procuradores. Extracción social y representatividad, en AA. VV. Las Cortes de Castilla y León en la Edad Moderna. Actas de la Segunda Etapa del Congreso Científico sobre la Historia de las Cortes de Castilla y León, Valladolid: Cortes de Castilla y Léon, 1989, pp. 191-248.
Torres Balbás, L. (1953): Estructura de las ciudades hispanomusulmanas: la medina, los arra- bales y los barrios, en Al-Andalus, n. 18, pp. 149-177.
Extensión y demografía de las ciudades hispanomusulmanas (1955):, en Studia islámica, nº 3, pp. 35-59.
Toubert, P.; Galmarini M. A.; De Togneri, R. P. (1990). Castillos, señores y campesinos en la Italia medieval. Barcelona: Crítica.
Verhulst, A. (1989). The origins of towns in the Low Countries and the Pirenne thesis. Past & Present, n. 122, 3-35.