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Italia fue la región más urbanizada de la Europa Medieval, resultado de un proceso que abarcó entre los siglos X y XIII. A finales de esta época, entre un 25 % y 35 % de la población vivía en las ciudades, las cuales se convirtieron en los principales centros de poder e integra- ción social y territorial de la península.

Aunque la conexión con la antigüedad es evidente, se pueden rastrear algunas excepciones posteriores al siglo XI sobre todo como Lecce, Troia, Fabriano, Macerata e incluso la más tar- día Alessandria. Estas podían ser construidas sobre asentamientos anteriores abandonados como Manfredonia relacionada a Siponte, Massa Marítima con Populonia o Ferrara a partir de Commanchio. La única ciudad importante en la que no hay antecedentes antiguos y en 1300 superaba los 40.000 habitantes era Venecia.

El paisaje urbano de Francia, constituía una zona densamente poblada y extensa como re- sultados de la fuerte influencia romana y del auge del Imperio Carolingio en el siglo IX.

El medievalista J.Mª Monsalvo Antón (1997) resume tres tipologías de ciudad:

1. En primer lugar las de origen antiguo y que habían sido sedes episcopales más tarde. En 1300 ciudades como Rouen y Paris superarían los 40.000 habitantes, pero la gran mayoría contaban con alrededor de 10.000.

2. El segundo grupo, lo constituían las ciudades surgidas espontáneamente de un movi- miento pre urbano no antiguo, sino medieval en el siglo XI denominados “burgos cas- traux” (E. Carpentier. 1986) y centros monásticos. Ejemplos importantes como Montpe- llier del primer caso, y Moissac, el Monte Saint Michel, Vézelany, Cluny o Saint Jean d’ Angely y centros como Arras del segundo.

3. En tercer lugar, los nuevos centros de población, iniciativas de la aristocracia feudal en los siglos XII y XIII. Las llamadas “bastides” (T. Dutour. 2004) constituían un ejemplo del urbanismo voluntario.

La urbanización de Flandes responde a motivos comerciales y portuarios de donde se erigieron ciudades como Newport, Ostende y Gravelines. Los emplazamientos en la región

del Midi francés Toulousain, Albigeos, Agenais y Perigoldpor promoción de los condes de Toulouse. Gran Bretaña, salvo por las regiones de los Midlands y el Sureste, tuvo un desa- rrollo urbano mucho menor que el continental. A la parte inglesa de las islas corresponde la mayor cantidad de ciudades que crecieron entre los siglos XI y XIII, no obstante con nota- bles diferencias del caso francés. La red urbana no debe casi nada al modelo de Britania romana, a excepción de Londres. En la época de Carlo Magno existían solo 17 ciudades episcopales en Inglaterra.

Las ciudades británicas tienen antecedentes en emplazamientos pre-urbanos durante la Alta Edad Media, por ejemplo en abadías como la de Westminster. También se explican por la in- fluencia vikinga en cuanto a la construcción de fortificaciones denominadas burhs (N. Christie & S. T. Loseby. 1996) en casos como Nottingham, Lincoln, Stanford, Leicester y Derby.

De acuerdo con Rodney Hilton (1995) de la combinación entre la fortificación y el mercado (wik) surgió el borough (S. Reynolds. 1977), que en Inglaterra tuvo la particularidad de ser con- siderado regio incluso antes de la conquista normanda. Los enclaves más demostrativos fueron Fordwich, Norwich, Sándwich y Southampton. La urbanización planificada de Inglaterra es un fenómeno circunscripto al siglo XIII y se limitó a las fronteras del reino, tampoco repercutió en enclaves importantes. Se pueden nombrar Winchelsea, promovida por Eduardo I y distintas iniciativas en Escocia que por razones bélicas terminarían en fracaso.

En la urbanización de la corona de Castilla y Aragón se retoman en parte los elementos an- teriores es decir, elementos Antiguos implantados por la colonización romana de Hispania, con la ampliación de los burgos y con la urbanización voluntaria. Además se introduce la compleji- dad del desarrollo árabe en el sur de la Península Hispánica:

En primer lugar los asentamientos romanos en Cartago, Itálica, Taraco y Augusta Emérita influyeron enormemente en el paisaje de ruina y su posterior ampliación y poblamiento.

En segundo lugar la influencia señorial, de acuerdo con Toubert55, produjo procesos de re-

agrupamientos del hábitat antes dispersos en forma de encastillamientos, y progresivamente darían lugar a ciudades en Cataluña, Aragón y Navarra en torno al año 1000. Este aspecto se relaciona con la importancia del tercero, pues en el poblamiento residía la oportunidad de una organización social del espacio. Aragón por ejemplo se desarrollaría mediante la concentración e interconexión de aldeas y villas rurales.

El análisis de la ciudad musulmana en la Península Ibérica ofrece algunas particularidades: en primer lugar al menos en apariencia no parecía obedecer a un paradigma edilicio programa- do, las murallas eran desiguales y los domicilios variaban en tamaño. Era común que reapro- vecharan restos materiales y estructuras previas del lugar, muchas de estas de origen romano. Su principal característica es que las casas tendían a orientarse hacia dentro con un patíbulo interno en vez de externo. En su geografía muchas ciudades musulmanas parecen proyectar un trazado en forma de “plato roto” y de vialidad laberíntica56.

La organización adquiría otras dimensiones, el califa, líder espiritual y político confiaba en los emires la responsabilidad de administración del territorio dividido en cantones para la re- caudación del tributo. Es decir, no había un principio de autonomía municipal, sino una jerar-

55 Véase dicha problemática en el trabajo de Toubert, P.; Galmarini M. A.; De Togneri, R. P. (1990)

quía militar y religiosa. Durante la reconquista en 1031, tras el derrocamiento del califa de Cór- doba los enclaves árabes se nuclearon en taifas, jefaturas militares semi-autónomas de origen extranjero.

En Castilla aquellos lugares con más de 5.000 habitantes son tomados por los historiadores como ciudades, hacia el siglo XVI había un total de 41 enclaves que alcanzaban estos requisi- tos. El máximo índice de concentración demográfica, según J. I. Fortea Pérez (1995: 19-60), se encontraba en Andalucía cuya red urbana se consolidaría a lo largo del siglo. Córdoba en el siglo XIII contaba ya con más de 1 millón de habitantes.

Otras áreas de densidad demográfica eran la Extremadura, Castilla Nueva y León. En el pe- riodo comprendido entre 1530-1791 la red urbana de Murcia también crecería a un alto ritmo. Madrid y Cataluña también experimentaron procesos importantes de crecimiento.

Si bien Andalucía seguiría concentrando la mayor cantidad de población se hizo visible un estancamiento del crecimiento en la zona del Bética, Sevilla, Córdoba y Jahen, mientras que aumentaba en la zona costera Cádiz, Puerto de Santa María, Málaga y Cartagena.

El Sacro Imperio Romano Germánico agrupaba un conjunto de regiones muy heterogéneas: los principados de Lorena, Sajonia, Franconia, Suabia y Baviera eran territorios germanos a los que se sumaban posesiones en Bélgica, Holanda y parte del reino de Arles.

La actual Alemania agrupaba, entre los siglos X y XIV, un desarrollo urbano complejo carac- terizado por pequeñas, medianas y grandes ciudades. El núcleo pre-urbano era el conjunto catedralicio conocido Domburg57 que aglutinaba a la dependencia y al obispado. Otro elemento era la fortaleza feudal, epicentro del dominio señorial, al que se sumaban los burgos y barrios artesanales. Según Monsalvo Antón se extraen aquí los mismos modelos que en Francia, es decir, la ampliación de ciudades de la Antigüedad y las urbanizaciones voluntarias.

No obstante, en el caso alemán es pertinente matizar los efectos pues solo una parte del te- rritorio pertenecía al Imperio, y solo parcialmente se adoptaba el componente catedralicio, el principal énfasis estaba en la tradición medieval feudal. También otra diferencia importante la constituía el factor jurídico que dividía entre ciudades imperiales o episcopales pero no refleja- ba su origen sino su dependencia política. Además estas concesiones se daban de manera arbitraria.

Los enclaves de origen antiguo se aglutinaban en la cuenca del Rin: Estrasburgo, Metz, Spi- ra, Worms y Colonia, la última con más de 40.000 habitantes.

El esquema de urbanización es la misma: ampliación de los espacios habitados desbordan- do los límites de la ciudad Antigua y desarrollándose sobre los “arrabales”(R. Bartlett & A. Ma- cKay. 1989).

Las ciudades de origen espontáneo se dieron en toda Alemania, tanto occidental como oriental. Resaltan la zona de Renania, Sarre, Alsacia y Alta Lorena. Mientras que las de nueva fundación o urbanización voluntaria se dieron sobre todo en Oriente del Imperio, pero no en forma exclusiva destacaban Maastritch y Utrecht.

La parte oriental de Europa presenta marcadas diferencias, pues su urbanización fue más débil y tardía, hasta más allá del siglo XIV. La principal particularidad es la ausencia de encla-

57 En cuanto a los núcleos pre- urbanos en Alemania véanse los trabajos de M. Boone (2013: 221); A. Verhulst (1989: 3-35).

ves de origen antiguo, dejando dos posibilidades a los incipientes núcleos: la creación espon- tánea a través de la anexión de aldeas a nuevos burgos; y, con mayor fuerza, la presencia de urbanizaciones voluntarias o la amalgama entre construcciones eslavas y una iniciativa de co- lonización.

Otra peculiaridad en el este de Europa, es la coincidencia cronológica entre la colonización rural y los procesos de urbanización que tuvieron lugar en regiones como Austria, Holstein, Mecklenburgo, Misnia y otras zonas de Saale y Elba a fines del siglo XII. Continúo en Bohemia, Moravia, Silesia, Pomerania, Polonia y Livonia.

En este sentido se combinaron centros proto-urbanos, ciudades de fundación y aglomera- ciones de tipo rural elevadas a rango urbano.