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Hoy en día no se le presta mucha atención al tema de la educación de los adultos, sin embargo, es preciso aclarar que los grandes pedagogos como Sócrates, Platón, Aristóteles, San Agustín de Hipona, Santo Tomás de Aquino, Makarenko, entre otros, y el más grande de todos, Jesús, dedicaron su prédica a la gente adulta.

En este apartado se describirán de manera sintética, los antecedentes de la educación de adultos en México, sus principales características, así como la historia de la escuela secundaria para trabajadores.

2.5.1 Antecedentes

Se ha considerado a la educación de adultos a aquella que va destinada a la gente que no sabe leer y escribir, así como a aquellos oprimidos o marginados sociales. Esta concepción viene desde la conquista del pueblo de Tenochtitlán a manos de los españoles, ya que los principales destinatarios de la evangelización eran precisamente personas adultas. Esto permaneció durante la etapa de la colonia donde la educación de adultos se centró en la alfabetización.

En el México independiente paso de la mera alfabetización a la instrucción técnica para el manejo de equipo y herramientas que el país necesitaba para el progreso económico y social de la joven nación.

A principios del siglo XX y con las ideas revolucionarias de la época, la educación de adultos adoptó una nueva visión: la de liberar al hombre de su enajenación. Las ideas radicales de los hermanos Flores Magón, así como los trabajos de José Vasconcelos y de otros

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Con la creación de la Secretaría de Educación Pública en 1921, la educación de los adultos volvió su mirada hacia la alfabetización, sin embargo, ésta no permaneció ahí, por el contrario, pasó a formar parte de la educación formal, educación primaria y secundaria.

Posteriormente, en el periodo del Presidente Lázaro Cárdenas, se crea la dependencia encargada de la educación de los adultos que instaura la escuela nocturna para trabajadores.

Para 1975 la educación de adultos cobra tal importancia que se expide la Ley Nacional de Educación para Adultos. En la actualidad ha perdido fuerza, los recursos y apoyos

gubernamentales han disminuido considerablemente.

Hoy en día la escuela secundaria para trabajadores admite a jóvenes y adultos cuya edad sea mayor a 15 años. Por lo tanto, la mayoría de los estudiantes son adultos que se encuentran trabajando o están por hacerlo.

2.5.2 Escuela secundaria para trabajadores

En primer lugar, se hace un esbozo de la historia de la escuela secundaria, ya que, posteriormente, es de ésta que surge la secundaria para trabajadores.

El primer intento de creación de la educación secundaria se tiene con la Ley de

Instrucción de 1865 dictada por el emperador Maximiliano de Habsburgo que contemplaba la instalación de esta educación. Pero, con el triunfo armado del gobierno liberal republicano, esto quedó trunco.

Una vez instaurado el nuevo gobierno y con la Ley de Orgánica de Instrucción Pública en el Distrito Federal expedida en 1867 por el presidente de la República en ese entonces, Lic. Benito Pablo Juárez García, resultado de la reestructuración de educación pública llevada a cabo por el Dr. Gabino Barreda, se crea la Escuela Nacional Preparatoria (ENP), siendo él su primer director y fundador.

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La educación que se impartía se dividió en cinco ciclos anuales, de los cuales se incluía a la educación secundaria.

En 1896 el presidente Porfirio Díaz emitió un decreto por el cual se propone la reorganización de la Instrucción Oficial y Elemental y la Instrucción Primaria Superior, ordenando que se constituyera, esta última, como enseñanza media o secundaria.

Para 1922, se crea la Secretaría de Educación Pública, que reforma los ciclos de educación, y dejarlos como hasta hoy los conocemos.

En 1925 con el impulso intelectual de Moisés Sáenz, se crea la Escuela Secundaria Mexicana, cuyo programa esencial giraba en torno a las siguientes cuestiones:

• ¿Cómo conservar la vida?.

• ¿Cómo ganarse la vida?.

• ¿Cómo formar una familia?.

• ¿Cómo gozar de la vida?.

Se dejaba entrever con ello, una propuesta de educación para la vida, acompañada de una orientación vocacional incipiente.

En 1926, nace la primera escuela nocturna para trabajadores, de manera incipiente, ya que esta aún estaba incluida en la estructura de la Escuela Nacional Preparatoria.

Para el año de 1934, las escuelas secundarias para trabajadores, ya como parte integrante de la Secretaría de Educación Pública, reciben un impulso importante con la creación de más planteles que prestaron atención a los trabajadores en horarios nocturnos.

Posteriormente para el año de 1935, el presidente de entonces, Gral. Lázaro Cárdenas Del Río, crea el Instituto Nacional de Educación para Trabajadores que fue ésta la instancia

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encargada de establecer las escuelas primarias, secundarias, preparatorias y superiores de dar atención a los adultos que trabajaban y que no podían asistir a la escuela por las mañanas.

Para el primero de enero de 1937, la Secretaría de Educación Pública y Bellas Artes, acordó la creación del Departamento de Educación Obrera que diera atención a la clase trabajadora a través de las escuelas.

Las finalidades de la escuela secundaria nocturna, como se conocía entonces eran:

• Instruir a los alumnos con las disciplinas científicas, así como recibir

capacitación técnica, tendientes a lograr la superación económica de México.

• Dotar a los alumnos de conocimientos y prácticas que favorezcan la unidad nacional.

• La libre cátedra, siendo ésta profunda y amplia en concordancia con las necesidades económico-sociales del país.

• Tener relación con organizaciones obreras y campesinas en pro del conocimiento de la lucha de clases.

En 1943, tras un breve decaimiento, se suprimieron todas las escuelas secundarias nocturnas por razones que no llegaron a hacerse del dominio público. Estas escuelas se transformaron en horarios nocturnos de las escuelas secundarias diurnas.

Pero, los grupos obreros y sindicales ejercieron presión al gobierno y a las autoridades educativas para que se reestablecieran las escuelas nocturnas. Por lo que en 1944, el Secretario de Educación Dr. Jaime Torres Bodet y la Directora General de Segunda Enseñanza, Profesora Soledad Anaya Solórzano, determinaron reestructurar a la escuela nocturna que reabrió sus puertas de manera provisional en abril de ese mismo año (SEP, 1958).

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Después de este periodo de inestabilidad en su organización, que abarcó el periodo de 1942 a 1945, se creó el Departamento de Escuelas Secundarias Nocturnas en 1947 dando un fuerte impulso a la escuela secundaria nocturna para trabajadores el Profesor Arquímides Caballero.

Con el paso del tiempo, la escuela para trabajadores ha sido reorganizada en varias ocasiones de forma estructural, hasta quedar como hoy la conocemos, como una modalidad más de la escuela secundaria formal, cuyo nombre cambió por el de Escuela Secundaria para Trabajadores.

Estas escuelas dependen de la Administración Federal de Servicios Educativos del Distrito Federal, a través del Departamento de Escuelas Secundarias para Trabajadores y de la Coordinación Sectorial de Educación Secundaria en el Distrito Federal.

Como se puede observar, la escuela secundaria para trabajadores surgió a partir de necesidades muy específicas del entorno y del clima de aquellos años, que con el paso del tiempo se han ido modificando, no así este tipo de escuelas, lo que la hasta cierto punto, la han ido debilitado.

Por ello, es preciso reconocerle y respetar su espacio, así como permitirle reorganizarse a ella misma, ya que sus características y necesidades son muy diferentes a las de una escuela secundaria diurna regular.

Existen en el Distrito Federal muchos jóvenes y adultos mayores de 15 años que no han iniciado o concluido sus estudios, además que muchos de ellos se ven en la necesidad de trabajar. Por lo que la escuela secundaria para trabajadores es una opción primordial para que continúen desarrollando su proyecto de vida.

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2.5.3 Andragogía

Es preciso mencionar que para este estudio, se toma la concepción del adulto respecto al aspecto normativo legal. Es decir, aquellos que han cumplido su mayoría de edad (18 años) reconocida por las leyes mexicanas.

Para entender mejor el aprendizaje de los adultos tenemos que remitirnos al estudio de la educación de los adultos o Andragogía. Término acuñado en 1926 por Linderman (en

Knowles, Holton y Swanson, 2001), cuyo objetivo es centrar la educación de los adultos en base a sus experiencias e intereses.

El trabajo con los adultos tiene sus peculiaridades y ventajas, con ellos no hay que lidiar respecto al trabajo en aula o extraclase, la motivación es intrínseca, se tiene el deseo por superarse, por ser mejor. Lo confirman los estudios de Lindeman (en Knowles, Holton y Swanson, 2001) indica que los adultos están fuertemente motivados por aprender porque a través del aprendizaje, serán satisfechas necesidades internas tales como la trascendencia, la elevación de la calidad de vida, mejorar la autoestima, entre otros.

La motivación de los adultos es también externa, ya que lo que los motiva a terminar sus estudios es por conseguir un ascenso laboral, obtener mejores salarios, reconocimiento social entre otros. Pero, al final los componentes internos son los que los conducen a seguir adelante.

El aprendizaje de los adultos se basa en la experiencia de la vida, por lo que la exposición de temas teóricos, no les conduce al aprendizaje. Por el contrario, organizar los contenidos en base a la experiencia personal, es el punto central para que los alumnos aprendan.

El gran bagaje de experiencias que tienen los adultos, enriquece el trabajo dentro y fuera del aula. Pero también trae consigo ciertas actitudes negativas como los prejuicios, los hábitos

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fuertemente arraigados, la cerrazón a nuevas ideas, entre otras. Sin embargo el docente debe adecuar las estrategias de aprendizaje de tal forma que los adultos puedan vincular sus experiencias con los conocimientos académicos.

Otro de los postulados de Linderman (en Knowles, Holton y Swanson, 2001) es que los adultos tienen una profunda necesidad de autodirigirse y de aprender, por lo que el orientador debe evitar, en la medida de lo posible, los temas teóricos, en lugar de ello, debe dialogar y propiciar la reflexión en base a la experiencia propia de ellos.

Otras de las ventajas del trabajo con adultos es que éstos poseen un autoconcepto regularmente definido como positivo lo que permite que los tropiezos académicos no los desanime a seguir adelante. Caso contrario al de los jóvenes que fácilmente se desaniman ante un fracaso importante, el autoconcepto de ellos es todavía frágil, endeble.

Por su parte, Knowles (2001) basa la teoría andragógica en los siguientes supuestos que sirvieron de base para su desarrollo y popularidad (Cázares, 2004):

• Los adultos se vuelven menos dependientes de los demás y dirigen mejor sus motivaciones.

• Su experiencia de vida se vuelve un aspecto fundamental para la adquisición de nuevos aprendizajes.

• Su disposición para aprender se basa en la relación que se da entre aprendizaje y beneficios obtenidos.

• Requieren de un conocimiento que puedan llevar a la práctica en un plazo inmediato de tiempo.

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Por lo tanto, Knowles (2001) utiliza estas premisas para proponer el modelo andragógico, el cual se sintetiza en: la necesidad de aprender por parte del adulto, el autoconcepto de sí mismo, el papel de la experiencia en la adquisición de aprendizajes, la disposición por aprender, la orientación hacia el aprendizaje, y la motivación interna. Como motor para el aprendizaje.

Por lo visto anteriormente, la labor que tienen los profesionales de la educación, con el aprendizaje de los adultos, se vuelve relativamente sencilla, ya que éstos, poseen una

motivación fuerte por aprender, su autoconcepto es fuerte, por lo que saben quiénes son, qué quieren de la vida y hacia dónde se dirigen. Por lo que hay que basar la enseñanza y la orientación en relación con la experiencia de cada uno de ellos para que la labor que se emprende, rinda sus frutos.

Aunque también es cierto que “a los adultos les toma más tiempo en sustituir viejas ideas y maneras de pensar antes de que pueda darse el nuevo aprendizaje” (Bender, en

Cázares, 2004, p. 52). Para lo cual es preciso tener paciencia y mesura con los ritmos y estilos de aprendizaje del adulto con la finalidad de evitar la frustración y la angustia que de ésta emana.

En ocasiones uno se puede preguntar, ¿por qué dejó los estudios el alumno X?. Tal vez la respuesta la encontremos en la forma de conducirse de los docentes dentro del salón de clases respecto al proceso de enseñanza-aprendizaje. En el diseño o implementación de la clase que no toma en cuenta las experiencias, motivaciones y proyecto de vida del adulto o simplemente en la evaluación de corte rígido tradicional que se limita a medir y no a evaluar como realmente se propone.

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2.5.4 Educación como práctica de la libertad

El modelo andragógico expuesto anteriormente es un modelo de educación libertaria, ya que parte de las experiencias, necesidades e intereses de los alumnos, por lo tanto se deja de lado las imposiciones del currículo formal, así como las prácticas pedagógicas tradicionales pasivo-receptivas hacia los alumnos.

Es preciso mencionar que las aportaciones del pedagogo brasileño Paulo Freire en la educación de adultos, son fundamentales como un referente y guía en la atención de los alumnos y en la conducción del docente orientador. Sin dejar de lado a Carl Rogers quien realizó un extenso trabajo en la educación de los adultos.

Todo acto educativo debe tener implícito un acto de análisis y reflexión acerca del entorno sociocultural del hombre. “La educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo” (Freire, 2002, p. 7).

No existe una educación apartada de la realidad del sujeto cognoscente, así como no existe hombre aislado. Por lo que el acto de orientar debe estar muy relacionado con las experiencias personales de los alumnos y no hacerlo de tal forma que el estudiante vea como inalcanzable lo que se le está presentando (Freire, 1975)

Los alumnos tienen que ser vistos como sujetos y no objetos de la educación, es decir, ellos son quienes están destinados a transformar su realidad en base a la reflexión de su actuar, más no a ser depositario de conocimientos. La labor del docente no debe ser mecanizada, por el contrario, debe propiciar la reflexión en sus alumnos. De acuerdo con Freire (1973) la transformación de la realidad del sujeto, depende de la lectura crítica y reflexiva que éste haga del mundo en el que vive.

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El ser humano es un ente inacabado, por lo que la educación debe ayudarlo a trascender, a identificarse y a reconocer su condición social y proponer alternativas de mejora.

Freire (1975) señala dos tipos de educación, una bancaria y otra libertadora. Respecto a la primera, el docente es quien enseña al alumno que sólo recibe pasivo, los conocimientos que se le vierten en él. El docente es quien posee el conocimiento, los alumnos ninguno. Es el maestro quien habla, los alumnos sólo escuchan. El docente es quien disciplina. Los alumnos son quienes se ajustan a los contenidos programáticos que los docentes seleccionaron. ”El educador es el sujeto del proceso; los educandos, meros objetos” (Freire, 1975, p. 78).

Desde la percepción bancaria de la educación, los docentes son quienes tienen que depositar conocimientos en los alumnos, quienes pasivos, sólo los reciben sin cuestionar absolutamente nada.

La educación bancaria concibe al hombre acabado y asincrónico, sin historia, cuya finalidad es someter al ser humano, domesticarlo, que no cuestione las decisiones de los económicamente poderosos, al contrario que reproduzca las acciones que lo llevarán a su autodestrucción y a la perpetuidad del sistema opresor.

De acuerdo con este autor, las consecuencias negativas de la educación bancaria son: negar el diálogo, inhibir la creatividad personal, domesticar la conciencia, eliminar las capacidades de análisis y crítica, negar la existencia del “ser”, desarrollo del individualismo, perpetuar la satisfacción de los intereses de los opresores y crear un mundo reaccionario. Además de ello, el ser humano acaba por ser manipulado y domesticado en vez de ser un hombre realmente libre (Freire, 2002).

La educación liberadora, por el contrario, ayuda al sujeto al análisis y a la reflexión, por medio del diálogo, de su realidad y con ello convertirse en un hombre de acción y creación.

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“Los adultos necesitan ser libres para dirigirse a sí mismos” (Lieb, citado en Cázares, 2004, p. 52).

En este tipo de educación libertaria, se concibe al educador y al educando como una unidad, sin dicotomías. Considera como vehículo esencial al diálogo que se da entre estos dos actores para transformar el entorno en donde se desenvuelven. En resumen, la educación liberadora, lucha por la emancipación del ser humano.

Para construir una educación libertaria, hay que empezar desde el propio salón de clases que es donde cohabitan y coexisten alumnos y docente. Al respecto Rogers y Freiberg (1996) proponen un método para construir la libertad en el salón de clases.

El primer paso consiste en la construcción de problemas percibidos como reales, es decir, hacer frente a temas que tengan significación e importancia para los alumnos. Vincular la teoría con la realidad inmediata de los individuos.

Lo anterior se puede comparar con el aprendizaje significativo que propone David Ausubel (1976), donde el alumno relaciona la nueva información con sus conocimientos y experiencias previas. Se requiere la intervención del docente facilitador de aprendizajes para lograrlo.

Si se logra el aprendizaje significativo, se elimina la repetición memorística de contenidos y se construye significado, se da sentido al nuevo conocimiento, colocando al sujeto en la dirección de transformar su entorno. Al respecto Rogers (1972, p. 333) menciona que “una persona aprende significativamente sólo aquellas cosas que percibe como vinculadas con la supervivencia o desarrollo de la estructura del sí-mismo”.

El segundo paso, para la construcción de la libertad, es que el docente se convierta en facilitador de aprendizajes vivenciales de acuerdo a las necesidades de sus alumnos.

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Recordando que el aprendizaje no está separado de la enseñanza. El docente también aprende de sus alumnos con sus preguntas, curiosidades, etc. La enseñanza de los docentes, por tanto, no debe ser como burócratas de la mente, sino como constructores, arquitectos de los caminos de la curiosidad y de la experiencia de sus pupilos (Freire, 2006).

El tercer paso, es el uso de contratos entre los alumnos y el docente, lo que repercute en asumir las responsabilidades propias y en el fomento en la autodisciplina. Al respecto de la disciplina, este último autor sostiene que para fomentarla es preciso dinamizar al grupo de alumnos tomando en cuenta su libertad, no tenerlos inmóviles, sujetos. Además, los docentes tienen que ejercer su autoridad en base a la humildad y no el autoritarismo que ejerce siempre la coerción.

Los aspectos restantes de este método, se refieren hacia el diseño de proyectos colaborativos, la investigación y el fomento hacia la autoevaluación.

Es este tipo de educación liberadora es la que debe predominar en la educación de adultos, sin dejar de lado a los jóvenes, pero es en esta etapa de la vida, que el sujeto ha vivido un gran número de experiencias que le sirven de referente para cuestionar, analizar y

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Capítulo 3