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5.3 Behavior Prediction Experiments

5.3.2 Instantaneous Prediction

A este tipo de hornos o huairas registradas en el Perú, Barba ([1877]1995, p. 136) las llama guayra de los Indios, las que compara con los hornos cuadrados o redondos, llamados castellano. Construidas en terracota o arcilla refractaria, con una altura de un metro de alto y con una serie de aberturas a los lados, éstas se ubicaban en las partes altas de las colinas donde el viento soplaba con más fuerza (Grupo Cera Perdida, 1992). También los había de forma troncocónica, unos tenían orificios grandes “eran ojos o bocas en una mitad de la cara lateral y pequeños en la opuesta” (Baltasar Ramírez, 1597, citado en el hombre y los metales del Perú. Fascículo II), era en estos agujeros o respiraderos donde se ponían el carbón y el metal encima, en particular Barba ([1877]1995, citado por Bargalló, 1955) describe estos orificios como orejas: “salen por la parte de abaxo de cada uno de estos agujeros unas como orejas pequeñas; en que se sustenta con carbón por la parte de afuera para que entre el aire

Figura 2.48. Horno fijo o Huaira (Cohen, 2008, citado por De Nigris y Puche, 2011).

132 caliente”; resultado de esta fundición quedaban en el fondo del crisol los tejuelos. Sobre la forma como se fundía en estos hornos, Garcilaso (1943 [1609], citado por Bargalló, 1955, p.40) describe el uso de cañutos, así como la presencia de entre ocho y doce hombres encargados de avivar el fuego:

Fundían a poder de soplos con unos cañutos de cobre, largos de media braza, más o menos, como era la fundicion, grande o chica. Los cañutos cerraban por el vn cabo, dejávanle un agujero pequeño, por do el ayre saliese más recogido, y más recio. Juntávanse ocho, diez, y doce, como era menester para la fundición: andaban al derredor del fuego, soplando con los cañutos, y oy [hacia 1609] se etán en lo mismo que no han querido mudar costumbre.

La forma de esta huaira colonial del Perú, según Pifferetti (2009, p. 42) era una solución tecnológica “que suplía la falta de los fuelles utilizados en el viejo mundo o los tubos sopladores o sopletes”. Su estructura estaba compuesta por dos partes, una base o cuenco cerámico, que funcionaba como crisol, el cual tenía dos orificios, uno para la salida del metal líquido y otro más grande para retirar la escoria; sobre el cuenco se ubicaba una estructura tubular (figura 2.50.), con forma troncocónica invertida, la cual tiene alrededor de 1 metro de alto y unos 20-30 cm. de diámetro, en ésta se colocaba el metal y el carbón. Por los orificios que se ven, ingresaba el aire que avivaba el combustible, de esta manera el aire entraba precalentado, con lo cual se mejoraba el rendimiento del ciclo térmico (Pifferetti, 2009, p. 43; Grinberg y Palacios, 1992). En las partes de la Huaira portátil (figura 2.51.) (por De Nigris y Puche, 2011, modificado de Grinberg y Palacios 1992), se ilustra la funcionalidad del orificio superior tanto para la carga del mineral, fundente y carbón, así cómo para la salida del humo, este señalamiento no coincide respecto del indicado por Barba ([1877]5, citado por Bargalló, 1955), para quien es en algunos de los orificios del cuerpo de la huaria donde se ubica el carbón. La no coincidencia en la funcionalidad de algunas de las partes de la huaira, según estos autores, podría suponer la existencia de variantes de este mismo diseño.

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Otro registro de estas huairas, la tenemos en Bolivia en una imagen fotográfica de fines del siglo XIX (Cohen, 2008, citado por De Nigris y Puche, 2011), (figura 2.52.), en la que se observa la huaira portátil con su operario; de este mismo registro

Figura 2.50. Huaira portátil del Perú (según Barba ([1877]1995), citado por Bargalló, 1955).

Figura 2.51. Esquema que ilustra las partes de la Huaira (por De Nigris y Puche, 2011, modificado de Grinberg y Palacios 1992).

Figura 2.52. Fotografía de una “guayra” portátil (Cohen, 2008, citado por De Nigris y Puche, 2011).

Figura 2.53. Ilustración de la huaira portátil y su operario (González, 2004).

Figura 2.54. Ilustración de utilización de la Huaira (Gargallo, 1969, citado por Neyra, 2010).

134 incluimos su ilustración (figura 2.53.) (González, 2004b). Según Baltasar Ramírez

(1597, citado en el hombre y los metales del Perú. Fascículo II) cuando el aire era escaso, los “indios” subían las huairas a los cerros, y cuando era mucho, las bajaban a lo llano. Vemos la manera como éstas eran usadas en lo alto del cerro (figura

2.54.), (Bargalló, 1969, citado por Neyra, 2010). Sobre estos hornos cilíndricos o

huayrachina, presentes en el altiplano de Bolivia, considera Shimada, Goldstein, Wagner y Bezur (2007), que estos se

ponían en lugares elevados para alcanzar el viento, y la forma particular de los agujeros en su estructura, tenían la intención además de incrementar la corriente del aire, la de eliminar el humo y los gases, durante este proceso de fundición. Pifferetti (2009, p. 42) encuentra que las formas tubulares de las huairas, supondrían un desgaste de sus paredes y por lo tanto de su duración. Téreygeol y

Cruz (2014), nos presentan algunos restos arqueológicos de estas huairas, hallados en el departamento de Potosí, al sur de Bolivia (figura 2.55.).

Posibles variantes de la anterior huaira, son las encontradas en Alamito (Catamarca, Argentina). Presentamos el dibujo de Núñez Regueiro (1991-1992, citado por Petersen, 1970), (figura 2.56.), que corresponde a un diseño tubular sin orificios, pero que mantiene la estructura de la huairas, con el recipiente contenedor en su base. Otras huairas se relacionan con el mismo diseño (figura 2.57.); se trata de los restos de la estructura tubular de una huaira portátil encontrada en el mismo sitio, conocido como Condorhuasi-Alamito (NO Argentino, por Núñez 1991-1992, citado en Pifferetti, 2002). Según refiere este autor, los vestigios de huairas fijas se han hallado en sitios como Rincón Chico y Quillay. Estos registros de Huairas portátiles, con diseños diferentes, también aparecen en las ilustraciones del Códice Florentino de Sahagún (1938), los cuales detallaremos más adelante.

Figura 2.55. Fragmento de Huaira. (Téreygeol y Cruz, 2014).

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