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Chapter 3 Methodology and Methods

3.3 Justification and Background for the Ecological Model

La Iglesia cristiana originalmente rechazó la obra de Aristóteles, que fue condenada por san Buenaventura (1221-1274). Sin embargo, los escolásticos medievales siguieron rápidamente a sus homólogos islámicos y trataron de integrarla en la teología cristiana. En la metáfora litera- ria predominante de la época, trataron de efectuar una especie de “matrimonio” intelectual entre la teoría aristotélica y la cristiana. La razón activa de Aristóteles fue identificada con el alma inmortal, y el Primer motor aristotélico con el dios cristiano.

Santo Tomás de Aquino El planteamiento clásico de este intento por reconciliar la razón (o al menos la razón aristotélica) con la fe se halla en la obra de Santo Tomás de Aquino (c. 1225-1274). Tomás de Aquino, nacido en la ciudad italiana de Roccasecca, era cono- cido en su infancia, entre sus condiscípulos, como el “buey tonto” y, entre sus admiradores posteriores, como el “doctor angélico”. Su familia frustró la primera pretensión de integrarse a la vida eclesiás- tica, encerrándolo con la esperanza de convencerlo de que cam- biara de opinión. Al fracasar todos los intentos (incluidas las tenta- ciones sexuales), cedió y le fue permitido viajar a Colonia y estudiar con Alberto Magno, quien lo convenció de las virtudes de la filoso- fía aristotélica. Santo Tomás obtuvo su maestría en la Universidad de París, en donde impartió clases durante muchos años. Su princi- pal obra, Suma teológica, se apropió de los elementos de la teoría aristotélica más afines a la teología cristiana.

No resulta difícil entender por qué la teoría aristotélica atrajo a los teólogos cristianos. El universo de Aristóteles era teleológico y jerárquico. Cada objeto inanimado y animado tenía su propio fin o función, y era fácil interpretar esto en términos de propósito y crea- ción divinos. La escala natural de Aristóteles se representó como una “gran cadena del ser” (Lovejoy, 1936) que iniciaba en los objetos inanimados, comprendía sucesivamente a los reinos vegetativo, ani- mal y humano e incluía a los ángeles y a Dios en la parte superior, siendo la Tierra el centro físico del universo y situando al hombre en su centro espiritual. Esta concepción jerárquica fija del orden natu- ral sirvió convenientemente para sancionar la jerarquía social esta- blecida por la Iglesia y el sistema feudal, con el papa y los reyes en su ápice y los campesinos trabajadores en su base, cada uno de los cuales cumplía con su propósito propio y fijo en la estructura feudal de nobles, señores y vasa- llos. Aunque la versión aristotélica del cristianismo propuesta por Santo Tomás fue despreciada inicialmente, llegó a complementar la antigua versión neoplatónica promovida por san Agustín y sigue siendo considerada, hasta ahora, la teología fundacional de la Iglesia Católica Romana.

Santo Tomás revivió la concepción aristotélica de la psique humana como el conjunto de capacidades funcionales del cuerpo humano material. También dio un paso adelante y enten- dió la razón activa como una capacidad funcional de la psique humana encarnada (Abel, 1995; Haldane, 1992). En consecuencia la teología cristiana posterior, formada a partir de sus postu- lados, ha tendido a concentrase en la esperanza segura y cierta de la resurrección en lugar de una vida espiritual posterior a la muerte. Como Aristóteles, Santo Tomás afirmaba que el pen- samiento necesita de la experiencia sensorial pues depende de la capacidad para formar imáge- nes sensoriales y, por tanto, negaba la existencia de las ideas innatas (Davies, 1992).

También reconocía la naturaleza intencional de estados psicológicos como los pensamien- tos, las emociones, las motivaciones y los recuerdos, es decir, el hecho de que estos estados hagan referencia a algún objeto más allá de ellos mismos. Por tanto, mi idea de que Aristóteles fue el primer científico de la psicología se dirige a o es sobre Aristóteles. A finales del siglo XIX, el psicólogo alemán Franz Brentano (1838-1917) caracterizó la intencionalidad como la “marca [distintiva] de lo mental” (Brentano, 1874/1995).

PSICOLOGÍA MEDIEVAL 61

Los sentidos internos Los primeros padres cristianos, como san Agustín, siguieron a Platón, Filón y Plotino en la concepción del alma como una entidad espiri- tual inmaterial encerrada en el cuerpo humano mate- rial, planteamiento que también adoptara Avicena. Santo Tomás provocó el regreso del cristianismo a la concepción aristotélica del alma como la forma fun- cional del cuerpo humano material, idea retomada por Averroes, aunque eruditos cristianos e islámicos en el periodo medieval trataron valientemente de reconciliar las dos posturas (Kemp, 1990). En razón de este cambio significativo, ni a la ortodoxia teoló- gica cristiana ni a la islámica puede culpárseles del dualismo sustancial que dominó la ciencia psicológica temprana. Los compromisos posmedievales con el dualismo fueron, en un sentido muy real, un subpro- ducto de la revolución científica que se dio en Europa y que comenzó en el siglo XVI; ésta era la postura que defendió René Descartes, uno de los principales parti- darios de la nueva ciencia mecanicista.

En cualquier caso, aunque las diferencias entre estos teóricos fueron teológicamente significativas, desempeñaron al parecer una función relativamente menor en el desarrollo de las teorías psicológicas medievales. Como se sabía tan poco sobre la psicolo- gía y la neuropsicología humanas, diferentes visiones sobre los fundamentos inmateriales o materiales de la psique humana ejercieron poca influencia en la teoría psicológica, lo cual puede ser una de las razones por las cuales las autoridades religiosas persiguieron a pocos científicos por sus teorías específicamente psi- cológicas.

Un buen ejemplo es la popularidad de la teoría de los sentidos internos o “inteligencias internas” durante el periodo medieval (Harvey, 1975). Esta teoría fue una fusión de la psicología de Aristóteles y la neuropsicología de Galeno. Los sentidos internos solían identificarse como el sentido común, la imaginación, la estimación, la memoria y la razón. Se decía que se ubicaban en los ventrículos (cavidades llenas de líquido) del cerebro, que Galeno identificó con la precisión razonable (aunque él creía que las capacida- des psicológicas se hallaban en la sustancia del cerebro y no en los ventrículos).

Las primeras versiones de la teoría se hallan en Nemesio (médico cristiano del siglo IV) y san Agustín (Green, 2003). Avicena desarrolló la versión más popular e influyente en su Canon de medicina (Kemp, 1997). Afirmaba que los tres ventrículos del cerebro realizan cinco opera- ciones cognitivas diferentes. El ventrículo anterior recibe las impresiones de los diversos órga- nos sensoriales y nervios, las cuales son integradas por el sentido común, localizado en la parte frontal del ventrículo; la imaginación almacena las imágenes producidas en la parte posterior. El ventrículo medio es responsable de la reconstrucción de imágenes acumuladas, la cual deriva en la formación de representaciones complejas (incluidas las representaciones de objetos hasta ahora inobservados, como hombres con alas o montañas de oro) y de la estimación, basada en el instinto o aprendizaje asociativo:

Luego está la facultad estimativa que se ubica en el extremo posterior del ventrículo medio del cerebro, la cual percibe las intenciones no sensibles que existen en los objetos sensibles en lo individual, como la facultad que juzga que al lobo debe evitársele y al niño amársele.

—(Rahman, 1952, p. 31)

Representación medieval de los sentidos internos. Inner Wits: The Nobel Life and Natures of Man (c. 1521).

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El ventrículo posterior es responsable del recuerdo de las reconstrucciones cognitivas y las esti- maciones producidas en el ventrículo medio.

La teoría se empleó para explicar diversos fenómenos psicológicos más allá de la percep- ción y la cognición básicas. La naturaleza extraña de las imágenes oníricas se explicaba en términos de una imaginación y una memoria que operaban independientemente de la percep- ción sensorial; y las manías, la melancolía y la acedia (una forma debilitante de apatía) se atri- buían a perturbaciones de los distintos ventrículos (Kemp, 1990). La teoría fue abandonada cuando en el siglo XVI el anatomista Andrés Vesalio (1514-1564) demostró que los nervios sen- soriales están conectados con la parte posterior del cerebro y no con el ventrículo anterior.