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Chapter 2 The Review of Literature

2.4 Positive Psychology: Theory, Background and Programs

En su explicación de la sensación y la percepción, Aristóteles afirmó que hay sentidos especia- les, sensaciones que son discernibles únicamente por uno de los sentidos. El color es la sensa- ción específica de la vista; el sonido, la sensación específica del oído; y así sucesivamente en el caso del olfato, el tacto y el gusto, los cinco sentidos que reconocía Aristóteles. También soste- nía que hay sentidos comunes para el movimiento y la magnitud, que son perceptibles mediante varios sentidos. Cada sentido requiere un órgano sensorial y un medio transmisor de

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la cualidad sensible a éste. En el caso de la vista, por ejemplo, el objeto visto debe poseer color, y debe haber un medio transparente que “contenga” la luz existente entre el objeto y el ojo. Aristóteles postulaba que es posible que se generen errores respecto a los juicios sobre los sen- tidos comunes, pero no respecto a los juicios sobre los objetos especiales de los sentidos.

Aristóteles planteó también un sentido común que combina información sobre sensibles especiales o comunes para formar una percepción integral de las sustancias que hay en el mundo externo, como serían las manzanas y los antílopes. Al parecer no concibió un sentido común como sentido adicional que necesitara un órgano separado, sino como una función emergente de los cinco sentidos que se articula al unísono en un nivel complejo de organiza- ción. Argüía que la forma más rudimentaria de percepción sensorial es el tacto, y afirmaba que éste se liga a formas básicas del deseo, las cuales a su vez se relacionan con la capacidad de experimentar el placer y el dolor.

Aristóteles consideraba que la cognición depende de la imaginación: “Sin una imagen, el pensamiento es imposible” (Sobre la memoria, 1, 450a1). Concebía que las imágenes eran repre- sentaciones de las sustancias y sus propiedades y que se derivaban de nuestra experiencia sen- sorial en forma de débiles copias o rastros apenas perceptibles de dicha experiencia, que sobre- viven en la memoria:

La memoria […] es tener una imagen, relacionada como semejanza de aquello de lo cual es imagen; y […] se ha demostrado que está en función de la facultad primaria de la percepción sensorial.

—(Sobre la memoria, I, 451a16-18)

Aristóteles distinguía entre la memoria simple, capacidad de reconocer una imagen como representación de algo en el pasado, y la reminiscencia, búsqueda activa de imágenes en la memoria. Sostenía que los animales tienen memoria simple, pero sólo los seres humanos con una psique racional poseen la capacidad de la reminiscencia, la cual supone una deliberación. Según Aristóteles, la deliberación es la capacidad para comprender la forma común de diferen- tes casos del mismo tipo de sustancia mediante su abstracción de la experiencia sensorial (por ejemplo, para comprender la forma común de las estatuas o de los cisnes por medio de la abs- tracción de los casos que de ellos se perciben), que es la base de todo conocimiento teórico, incluido el conocimiento psicológico.

Aristóteles afirmaba que la inteligencia racional es una capacidad única de los seres huma- nos, que los distingue de los animales y las plantas. Aunque sostenía que las plantas, los ani- males y los seres humanos forman parte de un sistema de la naturaleza jerárquicamente gra- duado, no afirmaba que las diferencias entre seres humanos y animales fueran simplemente de grado de complejidad. Sostenía que los seres humanos tienen capacidades psicológicas como la inteligencia que no existen en ningún grado en los animales, si bien hay diferencias en el tipo de capacidades que comparten ambos, como la sensación y el deseo.

En su análisis de la reminiscencia, Aristóteles identificó muchos principios que llegaron a formar la base de teorías psicológicas posteriores. Señaló que el orden significativo del material que debe recordarse facilita la remembranza, uno de los fenómenos que se exploraron en el laboratorio de Wundt en Leipzig a finales del siglo XIX. También apuntó que la remembranza se basa en relaciones de semejanza, contraste y continuidad (cercanía en el espacio y el tiempo):

Por tanto, siempre que recordamos, experimentamos uno de los movimientos antecedentes hasta que finalmente experimentamos aquel tras el cual habitualmente sobreviene el que buscamos. Esto explica por qué buscamos la serie, habiendo empezado a pensar desde el presente o algún otro, y a partir de algo similar o contrario a lo que buscamos, o de aquello que es contiguo a él.

—(Sobre la memoria, 2, 451b17-19) Estos principios, sobre todo aquel de la contigüidad (con repetición), se convirtieron en el pilar de la psicología asociacionista en Europa en los siglos XVIII y XIX y de la psicología conductista en Estados Unidos en el siglo XX.

Como sus aportaciones a la ciencia teórica en general, las contribuciones de Aristóteles a la psicología fueron muy variadas. Dedicó toda una obra a los sueños (Sobre los sueños), mismos

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que explicó en forma naturalista en términos de la operación libre de las imágenes, sin las ata- duras de las aportaciones sensoriales y el juicio racional. Rechazó la noción popular de que los sueños tuvieran un significado religioso o profético, aunque reconocía el valor de diagnóstico de ciertos sueños como indicadores de afecciones médicas en desarrollo, como el sueño de despertarse en llamas como indicador de una fiebre en ciernes. Hizo hincapié en la función crucial de la habituación en el desarrollo de los rasgos y las capacidades psicológicos. En su explicación de nuestra valoración estética de la tragedia teatral (en su Poética), describió el ali- vio psicológico que produce la expresión catártica de la emoción, noción que posteriormente desempeñó una función medular en la teoría psicológica.

En sus escritos sobre ética, Aristóteles afirmó que la felicidad se deriva del ejercicio apro- piado de las facultades del apetito, la pasión y la razón. Hizo hincapié en la virtud de la media- ción (el “medio de oro”) y sostenía que una buena vida se alcanza por medio de la subordi- nación del apetito y la pasión al control de la razón. Su Ética nicomaquea comprende análisis sutiles sobre los fundamentos psicológicos de las fallas del autocontrol racional, como la intem- perancia, la incontinencia y la debilidad de la voluntad (akrasia). Fue también el primer psicó- logo teórico en reconocer las dimensiones sociales de la psicología y el comportamiento humano y subrayó acertadamente que “el hombre es por naturaleza un animal político [social]” (Política, I, 2, 1253a2).