Chapter 4 Results and Discussion
4.3 Interpersonal
4.3.5 The Interpersonal layer and perseverance Discussion
La Revolución Científica fue más que una revolución en las teorías astronómicas —físicas y médicas—, pues implicó una profunda renovación intelectual. Antes de este periodo, muchos eruditos se contentaban con evaluar las afirmaciones teóricas en función de si guardaban con- gruencia con las autoridades clásicas y religiosas. Algunos de los colegas de Galileo en la Uni- versidad de Pisa se negaron a la propuesta de constatar sus postulados mediante la observación a través de su telescopio, pues consideraban redundante dicha pretensión empírica, en cambio, afirmaban que las cuestiones astronómicas ya las habían establecido Aristóteles y la religión. Sin embargo, aproximadamente desde el siglo XVI, los filósofos naturales llegaron a adoptar el planteamiento de que las teorías no deben aceptarse sino hasta que se hayan puesto a prueba empíricamente, en términos ideales por medio de lo que se conoció como “experimento cru- cial”, lo que permitió a los científicos juzgar entre explicaciones teóricas rivales sobre el mismo rango de datos empíricos. De esta manera, se convirtieron en lo que los antiguos y los medie- vales habían deplorado: en empíricos.
Galileo ejemplifica mejor que nadie esta nueva actitud. No se conformó con aceptar o recha- zar las teorías de Ptolomeo o Copérnico sobre la base de la autoridad clásica o religiosa y, en cambio, entró en las polémicas astronómicas tras haber desarrollado el telescopio y realizar las que consideraba que eran observaciones cruciales en sustento de la teoría copernicana. Aunque investigadores anteriores se habían adelantado a él tanto en la teoría como en la práctica, nin- guno igualó su capacidad para integrar y difundir aquellos elementos los cuales, desde enton- ces, son calificados como constitutivos de la ciencia moderna.
Galileo fue nombrado profesor de matemáticas de la Universidad de Pisa a los 25 años de edad. Fungió como profesor de matemáticas en la Universidad de Padua desde 1592 hasta 1610, cuando se convirtió en matemático residente del gran duque de Toscana. Realizó aporta- ciones importantes a la astronomía y la física, al someter las teorías aristotélicas arraigadas al escrutinio empírico crítico. Continuó con su trabajo científico hasta su muerte en 1642 aun- que, dado que sus últimos años los pasó bajo el arresto domiciliario impuesto por la Inquisi- ción, durante las últimas décadas lo hizo en secreto. Su última obra, Diálogo concerniente a dos nuevas ciencias (1974 —originalmente publicado en 1638—), fue sacada clandestinamente de Italia para su publicación.
Galileo estaba comprometido con la evaluación empírica de las teorías científicas y el desa- rrollo de instrumentos que permitieran y facilitaran la comprobación de éstas. Construyó su primer telescopio en 1609 para poner a prueba la teoría de Copérnico, también hizo una revi- sión empírica crítica de la teoría de Aristóteles sobre los cuerpos que caen (según la cual, cuer- pos de diferente peso caen con distintas velocidades). Demostró que cuerpos de diferente peso, como una bala de cañón de 100 libras y una bala de mosquete de una libra, caen aproximada- mente con la misma velocidad (según la leyenda, comprobó esto al arrojar ambos objetos desde la Torre Inclinada de Pisa). Con ayuda de un reloj de agua perfeccionado por él, y un plano de madera ligeramente inclinado, por el cual dejó caer balas de bronce lustradas, desa- rrolló y puso a prueba su propia teoría respecto a la caída de los cuerpos. Esto lo llevó a reco- nocer que las fuerzas actúan ciertamente en los cuerpos, pero no producen movimiento como había argumentado Aristóteles, sino que lo modifican ocasionando aceleración.
Galileo no sólo rechazó teorías aristotélicas particulares, sino también la forma general de explicación aristotélica de la física. Renunció a todos los intentos por explicar el movimiento
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de los cuerpos en términos de las causas finales aristotélicas (es decir, en cuanto a la propensión a moverse hacia su “lugar de reposo natural”) y empleó sólo explicaciones causales eficientes de la materia en movimiento. Este último tipo de explicación, en términos de condiciones previas suficientes para producir un efecto, llegó a caracterizarse como la explicación mecani- cista y se asoció con la popular concepción del siglo XVII del Universo como un mecanismo gigantesco (por lo común, metaforizado en la imagen de un dispositivo de relojería), que se regía por las leyes fijas de la naturaleza.
Galileo también insistió en que el “meollo” de la ciencia es explicar los cambios cuantita- tivos y no simplemente los cualitativos, y hacerlo en relación con cambios de este tipo en variables fundamentales como el tiempo, el espacio y el movimiento; esto lo llevó a declarar que las matemáticas son el “lenguaje de la ciencia”:
La filosofía se escribe en este gran libro, el Universo, que permanece abierto continuamente a nuestra mirada. Pero el libro no se entiende a menos que uno aprenda primero a comprender el lenguaje y leer las letras con que está compuesto. Está escrito en el lenguaje de las matemáticas.
—(Il Saggiatore, pp. 237-238)
Asimismo, Galileo repitió la antigua distinción entre las cualidades primarias y secunda- rias. Sostuvo la idea de que las cualidades primarias, como el tamaño, la forma y el movi- miento, son propiedades reales de los cuerpos materiales y explican cómo éstos inciden en nuestros sentidos. Las cualidades secundarias, como los colores, los sabores y los olores, no son nada más que la forma en que los cuerpos nos afectan sensorialmente:
Por tanto, pienso que los sabores, los olores, los colores, etc., no son más que meros nombres en lo que respecta al objeto al cual le adjudicamos tales sensaciones, y que éstas residen únicamente en la consciencia. Por ende, si se eliminara la criatura viviente, todas esas cualidades se esfumarían y aniquilarían.
—(Il Saggiatore, p. 274) Galileo explicó las diferencias en las cualidades secundarias, como los sabores y los olores, en términos de diferencias en las cualidades primarias como las formas, los tamaños y las velo- cidades de las partículas microscópicas:
Hay cuerpos que se disuelven constantemente en partículas diminutas, algunas de las cuales son mucho más pesadas que el aire y descienden, en tanto que otras son mucho más ligeras y se elevan. Estas últimas pueden chocar con cierta parte de nuestro cuerpo que es mucho más sensible que la piel, la cual no siente la invasión de esa materia tan sutil. Se trata de la superficie superior de la lengua; aquí, las diminutas partículas son recibidas, y al mezclarse con y penetrar en su vaho, dan lugar a sabores, que son dulces o desagradables según las diversas formas, cantidades y velocidades de las partículas.
—(Il Saggiatore, p. 276)
La nueva ciencia de Galileo representó una integración de las antiguas tradiciones materia- lista (jónica) y matemática (pitagórica). También marcó un nuevo comienzo, al combinar estas tradiciones con un nuevo énfasis en la evaluación empírica y experimental, y el rechazo de la explicación causal final en favor de una explicación causal o mecanicista. Estos elementos paradigmáticos también se encuentran en la obra de los principales exponentes de la Revolu- ción Científica, como Robert Boyle (1627-1691), Descartes, William Gilbert (1544-1603), William Harvey (1578-1657), Robert Hooke (1635-1703), Kepler y Newton.
En tales aspectos, de suma importancia, la obra de dichos teóricos fue discontinua en rela- ción con la obra de los teóricos antiguos y medievales, y marcó una ruptura decisiva con la tradición histórica previa. Sin embargo, la Revolución Científica no fue ni tan súbita, ni tan innovadora como podría sugerir su nombre. Como se mencionó en el capítulo anterior, en los escritos de escolásticos como Roberto de Grosseteste, Roger Bacon y Guillermo de Ockham existen anticipaciones de esta “nueva ciencia”; asimismo, la investigación empírica había des-
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empeñado una función significativa en la obra de Aristóteles, Alcmeón, Hipócrates y Galeno. Aunque Galileo hizo su propia ruptura con la tradición aristotélica, en su época dicha tradición se había convertido en algo retomado de manera bastante ecléctica. Las doctrinas que forman la base de Il Saggiatore, por ejemplo, se hallarán en las anotaciones de sus maestros aristotélicos en el Colegio Romano Jesuita (Wallace, 1984).
No obstante, el rechazo a la ortodoxia clásica llegó a desempeñar una función importante en la retórica de la nueva ciencia. Los pensadores posteriores a Galileo fueron considerados los iniciadores de un nuevo comienzo en la ciencia al romper con la tradición, rechazando las teorías antiguas y medievales precisamente porque no tenían bases empíricas. Así, por conside- rar uno de muchos ejemplos, Descartes se sintió obligado a prologar su estudio de la psicología fisiológica en Tratado de las pasiones del alma (1649) con las siguientes advertencias:
Los defectos de las ciencias, que heredamos de los antiguos, en ninguna parte son más evidentes que en sus escritos sobre las pasiones […] Sus enseñanzas al respecto son tan precarias y, en su mayor parte, tan poco factibles, que no puedo esperar aproximarme a la verdad salvo alejándome de las sendas que ellos siguieron. Ésta es la razón por la cual me siento obligado a escribir como si se tratara de un tema que nadie ha abordado antes que yo.
—(1958 —originalmente publicado en 1649—, p. 328)