Chapter 5 Summary of Findings and Implications
5.1 Summary of Findings
Descartes postuló el planteamiento revolucionario de extender los principios de la explicación mecanicista a todo el comportamiento animal, y a algunas conductas humanas, al entender dicho comportamiento como un producto de la materia en movimiento, pero se resistió a aplicar estos principios a la mente humana, cuyo fundamento material negó. El médico militar francés Offroy de La Mettrie no tuvo esos escrúpulos y declaró con audacia que el “hombre es una máquina” y “en todo el universo sólo hay una sustancia diversamente modificada” (El hombre-máquina, p. 39).
Oriundo de Bretaña, recibió su educación médica en la Universidad de Leiden en Holanda. Ahí ejerció como médico durante muchos años, publicando ensayos sobre viruela, enfermeda- des venéreas y vértigo, hasta que lo comisionaron como galeno del ejército durante la guerra franco-austriaca. Se cree que desarrolló sus planteamientos materialistas como consecuencia de una fiebre contraída durante el asedio de Freiburgo, a lo largo de la cual los trastornos mentales y emocionales inducidos por este padecimiento lo dejaron impresionado de forma duradera. Publicó Historia natural del alma en 1745, obra en la cual afirmó que los seres humanos son animales complejos. Esta obra generó tal escándalo entre el clero francés que La Mettrie se vio obligado a regresar a Holanda. Durante 1748 produjo su principal obra, El hombre-máquina, en la cual sostuvo que los principios de la explicación mecanicista debían extenderse a todo el comportamiento humano, incluidos el pensamiento y el lenguaje. Cuando el patente materia- lismo y ateísmo implícito de esta obra resultaron demasiado aún para los ilustrados daneses, se mudó a Berlín respondiendo a la invitación de Federico el Grande, quien se convirtió en su
04Green(071-104).indd 93
biógrafo. Ahí murió de manera prematura debido a la vida excesivamente indulgente y hedo- nista que llevaba, según aseveran sus críticos: falleció a causa de una indigestión producida por una comilona de faisán y trufas.
Materia organizada La Mettrie consideraba que en la organización de la materia se encon- traba la clave para entender por completo el comportamiento animal y humano:
Dado que todas las facultades del alma dependen, en gran medida, de la organización específica del cerebro y del cuerpo que, claramente, no son nada sino esa misma organización, la máquina se explica perfectamente.
—(El hombre-máquina, p. 26) Asimismo afirmaba que “la materia organizada está provista de un principio motor, que lo distingue de la no organizada” y que los grados de complejidad del comportamiento animal y humano “los dictaba la diversidad de esa organización” (El hombre-máquina, p. 33). En conse- cuencia, sostenía que el pensamiento humano es una propiedad emergente de la materia en un nivel de organización complejo:
Creo que el pensamiento es tan pequeño e incompatible con la materia organizada, que parece ser una de sus propiedades, como la electricidad, el poder motor, la impenetrabilidad, la extensión, etcétera.
—(El hombre-máquina, p. 35)
La extensión de la explicación mecanicista al pensamiento era tan obvia y natural, según La Mettrie, que Descartes debió haberse convencido de ella. Aunque Descartes, quien “enten- dió la naturaleza animal y fue el primero en demostrar perfectamente que los animales eran simples máquinas, confesaba de manera pública que la mente y el cuerpo son sustancias dis- tintas, “es obvio que [ello] sólo era un truco, un instrumento malicioso para hacer que los teólogos se tragaran el veneno que está oculto detrás de una analogía que desconcierta a todos, y que ellos no pueden ver”:
Porque es precisamente esa fuerte analogía la que obliga a todos los eruditos y verdaderos jueces a reconocer que, aunque es posible que esos seres altaneros y vanos […]quieran exaltarse, son básicamente sólo animales y máquinas, que se arrastran de manera vertical.
—(El hombre-máquina, p. 35) Aseguraba que el hombre-máquina es materialmente continuo con la máquina animal: “De los animales al hombre, no hay una transición abrupta” (El hombre-máquina, p. 13). Argu- mentaba que el hombre-máquina difiere del animal-máquina sólo en términos del grado de complejidad de su organización material:
Podemos ver que sólo hay una sustancia en el universo, y que el hombre es lo más perfecto. Es, para el simio y los animales más listos, lo que el reloj planetario de Huygen es para uno de los relojes de Julien Leroy.
—(El hombre-máquina, pp. 33-34) La Mettrie también afirmaba que los médicos eran “los únicos filósofos naturales que tie- nen derecho a hablar de este tema” (El hombre-máquina, p. 5), pues sus puntos de vista se basa- ban sólo en “la experiencia y la observación” (El hombre-máquina, p. 4). Ofreció dos evidencias para respaldar su teoría materialista sobre la mente y sus afirmaciones acerca de la continuidad entre la máquina animal y humana. Además, documentó los efectos de varias sustancias inge- ridas, como opio, vino, café y carne roja en el pensamiento y la emoción humanas y señaló cómo el daño ocasionado a los “resortes” de la máquina humana por la fiebre o el envenena- miento, pueden producir una alteración grave en el funcionamiento mental en forma de deli- rios y manía. También apeló a los estudios en “anatomía comparada” realizados por el neuroa-
EL HOMBRE MÁQUINA 95
natomista de Oxford, Thomas Willis (1621-1657), autor de The Anatomy of the Brain (1664) y de Two Discourses Concerning the Soul of Beasts (1672):
En general, la forma y composición del cerebro de los cuadrúpedos es más o menos la misma que la del hombre. En cualquier parte encontramos la misma forma y la misma disposición, con una diferencia esencial: el hombre, de todos los animales, es el que tiene el cerebro más grande e intrincado en relación al volumen de su cuerpo. Luego vienen el simio, el castor, el elefante, el perro, el zorro, el gato, etc.: éstos son los animales que más se le parecen, ya que podemos ver en ellos la misma analogía gradual concerniente al cuerpo calloso.
—(El hombre-máquina, pp. 9-10) Sin embargo, la atribución que hiciera La Mettrie de los efectos de las sustancias ingeridas, la fiebre y el envenenamiento en el funcionamiento mental difícilmente puede considerarse como el postulado que estableció el materialismo. Aunque demostró que muchos “estados del alma […] se relacionan con los del cuerpo” (El hombre-máquina, p. 9), la correlación regular entre los estados mentales y corporales era completamente congruente con el dualismo inte- raccionista de Descartes quien, de hecho, la propuso. Si bien las evidencias de la anatomía comparada sustentaban la escalada jerárquica de la psicología y el comportamiento humano y animal, no demostraban su continuidad. Muchos teóricos antiguos y medievales reconocían la escalada jerárquica de los seres humanos y los animales, pero pensaban que algunas capacida- des psicológicas, como el pensamiento abstracto y el lenguaje, son atribuibles únicamente a los seres humanos.
Continuidad fuerte y débil La Mettrie reconocía dos formas de continuidad entre seres huma- nos y animales que deben distinguirse claramente. Una es la continuidad débil entre seres humanos y animales que presupone el materialismo: la noción de que ambos, así como ocurre con los vegetales y los minerales, están compuestos por el mismo material básico pero organi- zado en forma diferente. Rechazó la afirmación cartesiana de que los seres humanos y los ani- males son fundamentalmente discontinuos debido a que el ser humano tiene una mente inmaterial y los animales no. Como planteara:
El hombre no está moldeado de una arcilla más preciosa; la naturaleza ha utilizado una y la misma masa, cambiando simplemente la levadura.
—(El hombre-máquina, p. 20) Por tanto, afirmaba que el pensamiento del hombre está representado materialmente en su cerebro.
Sin embargo, también defendía una continuidad fuerte entre la psicología y el comporta- miento de humanos y animales. Sostenía que las diferencias entre ambos aspectos son simple- mente de grado, y no corresponden a diferencias fundamentales de clase. Según este plantea- miento, la psicología y el comportamiento humanos son fundamentalmente idénticos a los de los seres del reino animal. La psicología y la conducta humanas pueden reidentificarse en otros animales, si bien en forma atenuada, ya que los fenómenos humanos son simplemente formas más complejas de psicología y comportamiento. Por tanto, La Mettrie argumentaba que las capacidades de pensamiento y lenguaje podían atribuirse a los animales, aunque de manera aminorada.
No obstante, la continuidad débil del materialismo no entraña la continuidad fuerte de la psicología y el comportamiento de humanos y animales; asimismo, más que la continuidad débil de lo inorgánico y lo orgánico que presupone esta perspectiva, implica una fuerte conti- nuidad de estructura y función entre lo inorgánico y lo orgánico. Las piedras y las plantas están compuestas de materia organizada; sin embargo, las plantas poseen propiedades como la capa- cidad de realizar la fotosíntesis, que no existen en ningún grado en las piedras. En consecuencia, aunque los seres humanos y los animales están compuestos de materia organizada, aún podría ser que los humanos posean ciertas capacidades psicológicas como el pensamiento abstracto o el lenguaje, que están ausentes en absoluto en los animales. Por tanto, es una materia empírica
04Green(071-104).indd 95
separada que la capacidad de pensamiento abstracto y el lenguaje estén representadas o no en los animales.
La débil continuidad del materialismo y la fuerte continuidad entre la psicología y la con- ducta humana y animal se asociaron históricamente, debido a que Descartes rechazaba tanto el materialismo como la continuidad fuerte y porque la mayoría de los teóricos evolutivos, psicólogos comparativos y conductistas posteriores fueron materialistas que, como La Mettrie, postulaban la continuidad fuerte. Aristóteles y otros teóricos antiguos y medievales defendían la continuidad débil del materialismo, pero negaban la continuidad fuerte entre la psicología y el comportamiento humano y animal, tal como lo hicieron el psicólogo comparativo Lloyd Morgan y el conductista B. Watson, quienes eran materialistas pero afirmaban que sólo los seres humanos poseen la capacidad para el lenguaje.
Animales y lenguaje Aunque no lo exigía su materialismo, La Mettrie consideraba que la psi- cología y las conductas humana y animal mantienen una relación de estrecha continuidad. Además, reconocía que sólo los seres humanos hablan un lenguaje, pero negaba que las máqui- nas y los animales fueran capaces de aprender uno, lo cual consideraba que estaba en función del tamaño del cerebro. Ahora bien, en razón de las semejanzas anatómicas y conductuales entre los simios y los seres humanos, estaba convencido de que los simios sí eran capaces de aprender un lenguaje:
La semejanza de la estructura y las funciones del simio es tal que no dudo en absoluto que, si a este animal se le entrenara perfectamente, lograríamos enseñarle a emitir sonidos y, en consecuencia, a aprender un lenguaje. Entonces, ya no sería un hombre salvaje ni un hombre imperfecto, sino un hombre perfecto, un hombrecito del pueblo, con tanta sustancia o músculos para pensar y aprove- char su educación como nosotros lo hacemos.
—(El hombre-máquina, p. 12)
También propuso que se enseñara a los simios el lenguaje con ayuda de las técnicas desarrolla- das por J. C. Amman (1700/1995) para la enseñanza del lenguaje de señas a los sordomudos. En el siglo XX, Allen y Beatrice Gardner se valieron de técnicas similares para llevar a cabo una empresa similar (Gardner y Gardner, 1969).
La Mettrie afirmaba que tanto las competencias lingüísticas de los seres humanos como sus desarrolladas formas de conducta social y cultural, se basan en la imitación interpersonal o “mímica”, una forma de aprendizaje reflejo que es tan automática como el reflejo pupilar:
Tomamos todo —gestos, acentos, etc. — de aquellos con quienes vivimos, del mismo modo en que el párpado se abre y cierra ante la amenaza de un golpe previsible, o como el cuerpo de un especta- dor imita mecánicamente, y pese a sí mismo, todos los movimientos de un buen mimo.
—(El hombre-máquina, p. 9) Además, La Mettrie planteaba que los animales son capaces de la imitación o “mímica”, y señaló cómo un mono puede aprender “a ponerse y quitarse su sombrerito, o a montar en un perro entrenado” (El hombre-máquina, p. 13). Explicaciones similares del aprendizaje por imi- tación formaron la base de teorías sobre el comportamiento social desarrolladas por Gustav Le Bon (1841-1931) y Gabriel Tarde (1843-1904) a finales del siglo XIX, las cuales desempeñaron una función importante en el moldeamiento de la psicología social estadounidense del siglo XX. Al igual que los psicólogos conductistas del siglo XX, La Mettrie consideraba que los mis- mos principios básicos del aprendizaje se aplicaban a los animales y los seres humanos, y que éstos podían explotarse para mejorar su condición mediante el entrenamiento y la educa- ción.
Dios, la naturaleza y la moralidad Si bien La Mettrie afirmaba la probabilidad de la existencia de un “Ser supremo” (El hombre-máquina, p. 22), negaba que éste favoreciera las doctrinas de alguna de las religiones establecidas. Desdeñaba los argumentos académicos sobre la existencia de Dios, sobre todo los que se basaban tanto en la diversidad y adaptación funcional de las
EL HOMBRE MÁQUINA 97
especies animales, como en la aparente naturaleza deliberada del desarrollo biológico. Recono- cía que era improbable que esas características fueran producto de un azar ciego, pero afirmaba que “destruir el azar no demuestra la existencia de un Ser supremo” (El hombre-máquina, p. 24). La Mettrie proponía otra opción, que la funcionalidad y la aparente teleología son simple- mente producto del desarrollo ordenado de la naturaleza misma:
El ojo ve sólo porque resulta que está organizado y colocado como está y que, en razón de las mismas reglas de movimiento que sigue la naturaleza en la generación y desarrollo de los cuerpos, no era posible que ese órgano maravilloso estuviera organizado y colocado de otra forma.
—(El hombre-máquina, p. 25) Sin duda, La Mettrie tomaba en serio la posibilidad de que no hubiera un propósito o designio que diera forma a la existencia humana:
Quién sabe, después de todo, si la razón de la existencia del hombre no es su existencia misma. Tal vez fue lanzado por azar a un lugar de la superficie terrestre sin ser capaz de decir cómo o por qué, sino simplemente que tenía que vivir y morir, como los hongos que aparecen de un día para otro, o las flores que crecen al lado de las zanjas y cubren muros.
—(El hombre-máquina, p. 23) Una concepción materialista y mecanicista no comprometida como ésta parecía “pintar” una imagen muy sombría de la naturaleza humana, pues proponía que los seres humanos no son mejores que los animales, interesados sólo en la satisfacción de deseos sensuales, en especial dada la celebración que hacía La Mettrie de la naturaleza sexual de la máquina humana. Ésta fue, precisamente, la consecuencia de tratar a los hombres como máquinas que temía Descartes.
Con todo, La Mettrie fue bastante más apasionado respecto a las perspectivas sobre la huma- nidad. Cuestionó la premisa común de que los seres humanos son moralmente superiores a los animales, señalando que estos últimos pocas veces se asesinan o torturan unos a otros, o se entregan a guerras religiosas, y afirmó que son capaces de sentir emociones morales como el remordimiento. Pero lo más significativo es que destacaba que una explicación materialista y mecanicista del pensamiento y comportamiento humanos no excluye la virtud humana, ya que la trata como producto de la organización material a la par que el pensamiento y la digestión:
Dado que el pensamiento se desarrolla claramente con los órganos, ¿por qué la materia que los compone no va a ser capaz también del remordimiento una vez que ha adquirido, con el tiempo, la facultad de sentir? […]
En razón del principio más leve de movimiento, los cuerpos animados tendrán todo lo que necesitan para moverse, sentir, pensar, arrepentirse y, en una palabra, comportarse en la esfera física y en la esfera moral que depende de ella.
—(El hombre-máquina, p. 26) Según La Mettrie, no hay una razón especial para suponer que las máquinas humanas persegui- rían sus propios intereses egoístas a expensas de los demás. Por el contrario:
El materialista, convencido, como quiera que pudiera objetarse su vanidad, de que es mentira que la máquina o animal persigue sólo sus fines, no afectará a sus compañeros […] Siguiendo la ley de la naturaleza dada a todos los animales, no quiere hacer a los demás lo que no le gustaría que le hicieran a él.
—(El hombre-máquina, p. 39) Aunque su obra ejerció una influencia importante en el siglo XVIII, su nombre llegó a aso- ciarse con un odio tal que pocas veces se le citó y, en consecuencia, tuvo un efecto limitado en el desarrollo posterior de la psicología. Si bien su compromiso con una fuerte continuidad pre- sagió un principio fundamental de la teoría evolutiva y de la psicología conductista, los evolu-
04Green(071-104).indd 97
cionistas y psicólogos conductistas posteriores al parecer no fueron conscientes de la importan- cia de su obra. Cuando Thomas Huxley (1825-1895) pronunció su discurso de ingreso a la Asociación Británica en Belfast en 1874, “La hipótesis de que los animales son autómatas y su historia”, hizo el debido reconocimiento a Descartes, pero no remencionó a La Mettrie (Boakes, 1984).