2.2 Adding complexity
2.2.3 Modelling bilingual word learning
Hasta fines del siglo XVIII, arguye Foucault en La voluntad de saber, tres grandes códigos regían las prácticas sexuales: el derecho canónico, la pastoral cristiana y la ley civil. Determinaban, cada uno a su manera, la línea divisoria entre lo lícito y lo ilícito, lo permitido y lo prohibido. Según Foucault, romper las leyes del matrimonio o buscar formas alternativas de placer que no el coito podría conllevar a la condenación. Los tribunales podían condenar tanto la sodomía como la infidelidad. O el matrimonio sin consentimiento de los padres y la bestialidad. Para el autor, el contra natura era tachado como una abominación particular. Pero, a la vez, no era percibido como un enfrentamiento directo contra la ley.
La producción discursiva de los siglos XVIII y XIX, según sostiene el análisis foucaultiano, conllevó a dos cambios: en primer lugar, estableció la monogamia heterosexual y legítima, además del sexo dentro del matrimonio con propósito exclusivamente procreativo, como patrón de normalidad. En segundo lugar, tachó todo lo que huía a este patrón de normalidad de perversión, dándole un peso y una importancia más allá de la infracción legal o moral. Foucault recuerda que de los pervertidos y de los antiguos libertinos nace una nueva especie. Nace el homosexual. O más bien, nace la homosexualidad como concepto.
Según esta lógica, que excluye del patrón de normalidad todo y cualquier acto sexual que no objetive la procreación dentro del matrimonio, se consideraría perversión la sexualidad de los niños, la de quienes no aman al otro sexo y también los deseos ocultos, las obsesiones, las pequeñas manías y los fetiches. Les toca a los que se dan a prácticas que no las estipuladas como normales tomar la palabra y confesar lo que hacen y, por ende, lo que son. Foucault señala que, en el caso de la homosexualidad, la extracción de una dimensión específica del contra natura adquiere autonomía con respecto a otras formas condenadas.
Para Foucault (1976: 52), la invención del invertido y del libertino coincide con la celebridad de Don Juan: debajo del libertino se halla el perverso. La ley de la alianza y el orden de los deseos es destruido por la existencia de un personaje como Don Juan, pero deja a cargo de los psicoanalistas debatir si se trataba de un narcisista, de un impotente o de un homosexual reprimido y recuerda que a partir de esta época dejan de quemar a los sodomitas, cuando desaparece todo un lirismo homosexual que la cultura del Renacimiento había soportado perfectamente. En 1726, en París, un individuo es condenado por última vez a morir en la hoguera por sodomita. A partir de entonces, el castigo pasa a ser el confinamiento en un hospital o en una casa de detención. Foucault sentencia: antes la homosexualidad era considerada pecado y después pasa a ser delito, luego se convierte en enfermedad, dejando de ser de jurisdicción de la Iglesia para ser competencia del Derecho y la Medicina.
La innumerable familia de los perversos, según señala Foucault (1976: 53), es vecina de
los delincuentes y pariente de los locos. En Las heterotopías de Michel Foucault, Didier
Eribon (2001: 372) sostiene que la conceptualización de la homosexualidad, elaborada en el siglo XIX teniendo como referencia únicamente la práctica con carácter habitual de una determinada actividad sexual considerada pecaminosa, carece de una base científica. Los homosexuales, como los demás pervertidos, se encuentran entre esos pecadores de la carne, víctimas del destierro social y por ello relegados tras los muros de los manicomios.
Si los homosexuales hasta entonces eran considerados simplemente libertinos o delincuentes, pasarán a ser percibidos, en un parentesco integral con los locos, como
enfermos del instinto sexual. Según Foucault, el homosexual no hace su entrada en la
medicina psiquiátrica sino bajo la forma del hermafroditismo.
Foucault (1976: 54) advierte que la intervención de la iglesia en la sexualidad conyugal y su rechazo a los fraudes a la procreación ha perdido mucho de su fuerza desde hace doscientos años, pero la medicina ha entrado de lleno para cubrir esta laguna:
Ha inventado toda una patología orgánica, funcional o mental, que nace de las prácticas sexuales incompletas, clasificando todas las formas anexas de placer e integrándolas a las perturbaciones del instinto.
El poder adquirido por la medicina es la misma táctica de control puesta en acción; que, en diferentes momentos, la ejerció la iglesia y el derecho civil utilizando algunas veces la palabra pecado, otras vicio ó delito, posteriormente enfermedad. Para Foucault, la función del poder que aquí se ejerce no es la de prohibir ciertas prácticas, sino hacerlas secretas, es decir, camuflarlas – y así evitar la exclusión social – para luego descubrirlas, ya que habrá que confesarlas. Si no al cura, al médico o al psicoanalista. La clave aquí no reside en el nivel de indulgencia o en la cantidad de represión, sino en la forma de poder que existe.
Según Foucault (1976: 56), la nueva caza de las sexualidades periféricas produce una
incorporación de las perversiones y una nueva especificación de los individuos. En los
antiguos derechos civil y canónico, la sodomía era tan solamente una práctica prohibida y el sodomita no era más que un pecador o un sujeto jurídico, al igual que un ladrón. El homosexual del siglo XIX ha llegado a ser un personaje, una especie. La manera como encuentra placer lo define como persona y lo clasifica al atribuirle una expectativa de comportamiento y un estilo de vida.
La homosexualidad, a partir del siglo XIX, se convierte así en parte subyacente de todas las conductas del sujeto que se siente atraído sexual y afectivamente por alguien de su mismo sexo. La condición homosexual pasa a ser definida como una inversión del sexo
interior, como un hermafrodismo del alma. En este momento, la homosexualidad apareció
como una de las figuras de la sexualidad, dejando de estar asociada a la sodomía para ganar otro status, el de un cierto tipo de androginia interior. El sodomita era un reincidente, el homosexual es ahora una especie.
De lo anterior, podemos concluir que antes del nacimiento del sujeto homosexual, aunque se dieran actos sexuales entre personas del mismo sexo, no había sujetos homosexuales. Como veremos en el siguiente apartado, no es sino a través del discurso médico, cuando se menciona la palabra homosexualidad por primera vez, que se inventa el concepto y todo lo que éste trae consigo.