fue llamado "Rabenu Hakadosh", nuestro santo Rabino por su gran erudición y nobles cualidades y así escribe Rambam (Rabí Moshé ben Maimón) en su prólogo al comentario de las Mishnáiot, y fue (Rabí) único en su generación y en su época como persona que poseía todas las buenas virtudes que le ameritaron recibir el nombre de nuestro santo Rabí sabio que fue comparado con Moshé nuestro maestro, como cita el Talmud. De los días de Moshé hasta los días de Rabí, no vimos Torá y grandeza en una sola persona como la suya (Gitin 59:1) y era totalmente grandioso en su piedad y humildad, dominaba como ninguno el idioma hebreo.
Vivió en Bet-Shearim, Galilea, donde fundó su Gran Yeshivá (casa de estudios), y residió el Sanhedrín, (Gran Tribunal) que tenía su anterior sede en Usha, pasando después a Shfaram (Galilea).
En los últimos años de su vida cambió su residencia a Tzipori conocida por su clima sano (Ketubot 103:2)
Rabí dice: ¿cuál es el camino recto que debe elegir el hombre?
¿Cuál es el camino que elegirá el hombre, por el cual transitará toda su vida? Los humanos pueden elegir el camino bueno o el malo, ya dijeron nuestros sabios: Todo está en manos del cielo, menos el temor al cielo (que está en mano de los hombres) y así leemos en Leyes de arrepentimiento (Mishné Torá) de Rabí Moshé ben Maimonides.
1. Todo hombre goza de libre albedrío: si quiere inclinarse por el buen camino y ser un hombre justo, es libre para ello; si quiere inclinarse por el mal camino y ser un malvado, es libre para ello. Esto es lo que está escrito en la Torá: "He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros para conocer el bien y el mal" (Génesis III, 22). Es decir: He aquí que la especie humana es única en el mundo, sin que haya otra especie que se le parezca en este sentido: que el hombre, por sí mismo, por su entendimiento y pensamiento, conoce el bien y el mal y hace todo lo que desea, sin que nadie le impida hacer el bien o el mal, y solo por eso pudo HaShem agregar: "Quizás extienda su mano y tome también del árbol de la vida".
2. No vayas a pensar esto que dicen tanto los necios de otras naciones como muchas personas torpes de entre los judíos: que HaShem decreta, desde el momento de crear a cada hombre, si ha de ser justo o malvado. No es así, sino que a todo hombre cuadra ser justo como nuestro maestro Moisés o malvado como Ierabam, al igual que sabio o necio, misericordioso o cruel, avaro, o pródigo, y así en todos los demás rasgos. Nadie lo obliga, nadie se lo decreta y nadie lo arrastra por ninguno de los dos caminos, sino que él mismo, por su propia determinación, se inclina hacia el camino que prefiere. Es lo que dice Irmiahu: "No es de boca del Altísimo que salen los males y el bien" (Lamentaciones III, 38) es decir, que el Creador no decreta que el hombre sea bueno o malo.
Todo aquel que es honorable seguir y que le proporciona consideración de parte de los hombres. Antes de tomar su camino deberá revisar dos cosas, si ante sus ojos el
camino es bueno, y si sus semejantes consideran que lo es (Rabí Shimon Duran) ¿Cómo sabremos si el camino elegido por nosotros es el correcto?
Porque si sus semejantes consideran que lo es, pueda que piensen así por alguno que otro interés
El "Maharsham de Berzan en su libro" Tejelet Mordejai (2da parte, P. 443) aconseja que nos imaginemos a otra persona actuando de la misma manera que elegimos, si nos parece correcta, señal es que es la preferida y honorable seguir
Observa tanto el precepto ligero como el grave, pues desconoces la recompensa.
No hay que hacer diferencias en el cumplimiento de los preceptos ordenados por HaShem, aquel que parece no tener mucha importancia, lo cumplirás como si fuera el más grave de ellos.
Una de las razones de la advertencia de Rabí, es que si despreciásemos a un precepto ligero al final llegaremos a pecar en algo grave. Así nos enseña el Talmud en el (Tratado de Ioma 83: 2)
Erase en tiempo de persecuciones, un comerciante israelita cocinaba y vendía carne pura (Kasher) y carne de cochino para que no sepan que era hebreo. Y así era su costumbre: Todo aquel que entraba a su negocio y no se lavaba las manos señal era que era un gentil y le servía carne de chancho, y todo aquel que se lavaba las manos y bendecía era hebreo y por ende le servía carne pura.
Una vez entró un hebreo a comer y no se lavó las manos, pensó que no era y le dio carne de porcino, comió y no bendijo. Pidió la cuenta por el pan y la carne, pero como la carne no Kasher valía mucho más cara, recibió una suculenta cuenta.
Cuanto me cobras hoy, dijo el cliente extrañado, ayer pagué 8 y hoy pides 10. ¡Lo que has comido es carne de porcino, y por eso es cara!
Al escuchar esas palabras, comenzó a temblar y le dijo susurrando (para que no escuchen los gentiles), soy hebreo, y me has servido carne impura.
¡Mala sea tu suerte! Le contestó enojado, ¡cuando vi que no te lavaste las manos y no recitaste la bendición pensé que no eras hebreo!
Y algo más sobre los pecados que nos parecen ligeros y sin importancia. Hay pecados dice Rabí Aharon Kotler en su libro "Mishnat Aharon". Considerados como tal, aunque estos actos son graves y de suma importancia hasta que pueden minar y socavar las bases de nuestra fe y componen el eje central que muchas actividades importantes de nuestra vida. Por ejemplo: la codicia del dinero, no vemos pecado alguno en esta, pero la raíz de esta mala cualidad confirma la falta de fe y es también padre de otros grandes pecados.
Y en la Tosefta (final del Tratado de Menajot) leemos: "Pero en este último (2do Templo) vimos que estudiaban Torá, y eran cumplidores del diezmo" ¿Por qué fueron desterrados? Porque amaban el dinero y se odiaban unos a otros.
Entendemos que la codicia por el dinero, trajo a la destrucción del templo, esta no se termina, sino lleva al odio sin razón (sin-at jinam).
¡La espiritualidad no puede conducirnos al odio sin razón! ¡Solo el amor al materialismo lo hace!
El materialismo daña a la esencia del ser humano, la perjudica ya que cuando más vas tras el dinero, más se materializa y se convierte en insensible a lo espiritual.
Compara el perjuicio (que puede ocasionar el incumplimiento) de un precepto, con la recompensa (por haberlo observado) y la recompensa (que aporta) una trasgresión con el perjuicio (que puede ocasionar)
Si al cumplir un precepto, pierdes dinero, recuerda la recompensa que recibirás en el mundo venidero, y no prestes atención alguna a la satisfacción que recibirás al hacer un pecado, porque al final recibirás tu castigo como dice el Rey Salomón: Sabroso es al hombre el pan habido por engaño, más después se llenará su boca de cascajo (Mishná 20: 17).
El mensaje es claro, todos los actos de los seres humanos se dividen en buenos o malos y no hay ninguno el cual no lo podremos catalogar como preceptos o pecados, y aquel que vence al instinto nuestros Rabinos opinan que recibirán recompensa como si hubiese cumplido un precepto. De aquí aprendemos que el que al no cumplir con el mandato divino, cambiamos un mundo dinámico por uno estático en vez de cumplir un precepto, pecamos.
Reflexiona acerca de tres cosas y nunca caerás en manos del pecado.
Rabí Iehuda Hanasí nos enseña pensar continuamente sobre las tres cosas que nos salvarán del pecado.
Conoce lo que hay encima de ti: Debes tener conciencia de lo que hay arriba
de ti
Un ojo que ve, y un oí do que escucha
Un ojo que ve todo, y un oí do que escucha también los sentimientos de tu corazón.
Cuentan que el Jafetz Jaim (Rabí Israel Meir Hacohen de Radin) viajaba en una carreta para repartir los libros, escritos por él, gratuitamente, ya que su intención era que todos leyeran sus comentarios y explicaciones.
Al pasar por un prado lleno de árboles frutales, el conductor no pudo contenerse, detuvo la carreta y bajó con la intención de tomar uno de esos maravillosos frutos. Vio el Jafetz Jaim lo que el hombre iba a hacer y exclamó a todo grito: ¡Lo están viendo! Lo ven; sorprendido y horrorizado por los gritos del Rabí, volvió a su lugar, cuando se recuperó del susto, miró a todos los lados, y vio que no había nadie - Por que me asustó mi señor, si no hay nadie en los alrededores. Estás equivocado, dijo el Jafetz Jaim, hay quien nos ve, y ¡nos ha visto!
(Y no olvides) que todas tus acciones están escritas en el libro.
Todo es conocido ante HaShem, como si estuviese escrito en el libro (Rambam)
Si cometiste un pecado, imposible que no sea castigado, la persona es castigada por el pecado y recibe recompensa por el precepto cumplido (Rabí Menajem Hameiri).
MISHNA 2
(
ב
)
ר ֵּמֹוא אי ִשָׂנ ַה ה ָדוּה ְי י ִב ַר ל ֶׁש ֹונ ְב ל ֵּאי ִל ְמַג ן ָב ַר
,
ה ָרֹותּ דוּמ ְל ַת ה ֶׁפָי
ץ ֶׁר ֶׁא ךְ ֶׁר ֶׁד ם ִע
,
ןֹו ָע ת ַחַכ ַש ְמ ם ֶׁהיֵּנ ְש ת ַעי ִג ְי ֶׁש
.
הּ ָמ ִע ןי ֵּא ֶׁש ה ָרֹותּ לָכ ְו
הָכאָל ְמ
,
ןֹו ָע ת ֶׁר ֶׁרֹוג ְו הָל ֵּט ְב הּ ָפֹוס
.
רוּב ִצ ַה ם ִע םי ִל ֵּמֲע ָה לָכ ְו
,
וּי ְה ִי
ם ִי ַמ ָש ם ֵּש ְל ם ֶׁה ָמ ִע םי ִל ֵּמֲע
,
ת ֶׁד ֶׁמֹוע ם ָת ָק ְד ִצ ְו ן ַת ָע ְי ַס ְמ ם ָתֹוב ֲא תוּכ ְז ֶׁש
ד ַעָל
.
ם ֶׁתּ ַא ְו
,
ם ֶׁתי ִשֲׂע וּל ִא ְכ ה ֵּב ְר ַה רָכ ָשׂ םֶׁכיֵּלֲע י ִנ ֲא הֶׁלֲע ַמ
:
2. Raban Gamliel, hijo de Rabí Iehuda Hanasí decía: hermoso es estudiar la