Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en prime- ra persona o en segunda, usando la primera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de na- da [...].
Vamos a contarlo despacio, ya se irá viendo qué ocurre a medida que lo escribo […].
JULIOCORTÁZAR “Las babas del diablo”
Para situar el tema y presentar a las protagonistas de este estu- dio, se ha construido una historia anónima a partir de los testimo- nios vertidos por ellas, haciendo un recorrido desde el pasado pa- ra dar un marco al presente.
¿Cuento mi vida no más así? Mi vida fue una vida triste, pero bue- na. Mi mamá tenía que trabajar para alimentarnos, nunca nosotros tu- vimos juguetes, ropa nueva ni nada. Incluso, a veces no tenía cómo darnos educación porque no teníamos útiles, de repente nos regala- ban los vecinos en el colegio y así fuimos saliendo […] Nosotros no salíamos, no tuvimos como ahora que los niños juegan en la calle, no tuvimos esa facilidad que tienen los niños ahora, de ninguna manera, todo el día encerrados. Mi mamá con mi papá no se llevaba muy bien, no congeniaban. Había espacios bien felices y otros espacios bien tris- tes porque mi papá era muy celoso y esos eran los motivos de las pe- leas, y mi mamá era muy callada, no lo sacaba de eso, sino que lo es- cuchaba no más cuando la retaba. Cosas que él se imaginaba porque yo veía que no había motivos, porque mi mamá era muy de la casa. Mis recuerdos de la escuela […] bonitos porque había niños tan bue- nos y compañeros de curso, así que era distinto de aquí en la casa. Uno como que más salía de la rutina, en el colegio lo pasaba mejor uno. No me dio la cabeza para seguir estudiando, pero es que ya des- pués los mismos problemas de la casa, así que no quise estudiar. Mi papá era celoso, no me dejaba pololear.4Un día me fue a buscar allá a
la casa, me pegó con una correa me acuerdo, de esas gruesas. Empecé
a alegar y le eché un garabato5a mi papá y él me dio otro charchazo.6
Yo le dije que me iba a ir y él me dijo: “Ya, si te querís ir, ándate”. Tengo mala suerte porque hice la primera relación y quedé al tiro7
embarazada. Con el tiempo me empezó a crecer la guata.8Entonces
ahí le tuve que decir a mi mamá que estaba embarazada. No me pegó, en todo caso, me retó y de ahí fuimos a hablar con los papás del chi- quillo éste y aclararon entre ellos sus atados.9No me salió muy bueno
mi marido, le gustaba el trago, tuvimos hartos problemas, me costó amansarlo un poquito. Ya llevo como tres años tranquila. Igual bebe pero no es lo mismo porque antes me golpeaba, pero a medida que yo lo he ido dejando solo cambió un poco. De ahí ya no hay golpes, de repente su garabato, sus peleas. Usted sabe que cuando el hombre es agresivo, lo primero es el garabato, pero de ahí a golpes, no. Yo le di- go a mis hijos, a mi esposo le converso, voy a llegar a los cincuenta y mis hijos van a estar grandes, yo quiero hacer otra cosa que a mí me satisfaga, les digo yo […] Siempre ha sido así que la persona tiene que luchar […] a pesar que yo como que soy para los demás ¿ah?, pero siempre tengo la esperanza que van a llegar los años que voy a hacer algo que a mí me guste.
Las historias de vida de las mujeres están marcadas por el do- lor. Provienen de familias pobres en las que la subsistencia cotidia- na no deja espacio para relaciones de protección, sobre todo en el ámbito de los afectos. Tuvieron que trabajar desde pequeñas, y co- múnmente dejaron de estudiar alrededor de los doce años para hacerse cargo del cuidado de los hermanos. Esto se debe a que muchas de las entrevistadas son hijas mayores. El momento coin- cide con la edad de la primera menstruación, que marca un paso importante hacia la asunción de otras tareas propias del género.
La escuela está catalogada como un espacio de recreación fren- te a las pesadas labores tanto del hogar como extradomésticas, sin embargo, el estudio es poco estimulado por los adultos. La mayo- ría de las veces en sus hogares no se les permitía jugar en la calle ni tener amigos, por lo que refieren “no haber tenido niñez” ni li- bertad.
5. Palabra fuerte, insulto. 6. Golpe fuerte en la cara. 7. En seguida.
8. Vientre. 9. Problemas.
Las relaciones con las madres están llenas de culpas. Por una parte, se las admira por haberlas criado, y, por otra, se reconocen grandes abusos, malos tratos y desvalorizaciones. Les dijeron co- sas traumáticas con respecto a la menstruación y la sexualidad, y no tenían mucha comunicación con ellas, lo cual significó no en- contrar respuestas a sus curiosidades de niñas ni acogida a sus pe- nas.
Muchas mujeres fueron castigadas por tener novios y sólo al- gunas pudieron socializar con personas de su edad y realizar acti- vidades propias de las etapas vitales por las que atravesaban. La mayoría se casó con el hombre con el cual iniciaron su vida sexual coital. Empezaron convivencias muy jóvenes “allegadas”10en las casas de suegros o padres, y con un proyecto de familia ligado a la casa propia y a los hijos. Se advierten historias en las que prima el sacrificio, el esfuerzo y la soledad.