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RQ4: How do architectural changes evolve during code review?

5.5 Experimental Results

5.5.4 RQ4: How do architectural changes evolve during code review?

¿Qué entendemos entonces por clases sociales? Si bien resulta dificultoso definir la innumerable cantidad de elaboraciones teóricas que han analizado el tema de las clases sociales dentro de este espacio, podemos inferir algunas nociones fundamentales a los fines de esta investigación. Comúnmente, las clases sociales se definen como agrupamientos sociales que se asocian a las relaciones sociales de producción y se constituyen entonces en la esfera económica de la sociedad, siendo condicionadas por su propiedad o no de los medios de producción dentro del mercado (Engels, [1888] 1974a: 111). Sin embargo este atributo no determina la constitución de las clases, sino que es su propia dinámica relacional, recíproca, enajenada y contrapuesta la que las instituye.

Marx utiliza los conceptos de clase y de lucha de clases de forma correspondida: por un lado, las clases pueden designarse como un conjunto de relaciones sociales que se expresan en las condiciones históricas de vida de individuos concretos; mientras que la lucha de clases se utiliza para observar la totalidad social en movimiento como un instrumento heurístico para inferir esas mismas relaciones sociales (Marx, 1974a; 1974c; 1974b). El desarrollo del término “clase social” no se encuentra claramente delimitada en sus obras

12 Flabián Nievas (2016) observa que en el proceso de apropiación del capitalista sobre el proletariado, en la expropiación del plusvalor relativo se evidencia más claramente el análisis de clase, por cuanto se redimensiona el sujeto que pasa de ser individual a colectivo: al obrero se le paga el precio de su fuerza de trabajo, pero el efecto de la acción cooperativa queda por fuera de esa transacción, pues esta solo existe en cuanto el capitalista la reúne (p.169). Se presentan cuatro elementos del análisis que demuestran el tránsito de la situación individual a la de clase: 1) homogeneidad de las condiciones de existencia y de producción; 2) concentración espacial y temporal de relaciones “cooperativistas”3) empleo simultáneo de las fuerza laboral a través de la disciplina, del colectivo productivo 4) enajenación del saber- hacer del artesano hacia su trasmutación en conocimiento científico, redundando en una relación jerárquica (pp: 170-171).

pero pueden identificarse una serie de criterios unívocos sobre su significado (Theotonio do Santos, 1967). Según Ellen Meiksins Wood (2000) “existen solo dos formas de pensar teóricamente las clases: ya sea como ubicación estructural o como una relación social”. La primera acepción derivó en la comprensión de las clases sociales como formas de estratificación cimentadas para clasificar a la sociedad. Marx se afirma preferentemente sobre la última alternativa, donde las clases sociales están vinculadas conceptualmente a las relaciones sociales que simultáneamente son procesos (Nievas, 2008).

La falta de una interpretación crítica y el desarrollo dogmático han reproducido visiones vulgares sobre el concepto de clase y la lucha de clases, donde se ignora la mirada dialéctica y se cosifican las clases sociales dentro de un sistema económico como categorías ocupacionales o culturales, sin observar las relaciones entre las mismas. Marx no concibe a las clases como algo con existencia previa a las relaciones de clase, sino que primero observa el movimiento y luego la constitución de las clases (Izaguirre y Aristizabal, 2002).

Cuando los agentes sociales toman conciencia de sus intereses contrapuestos con los de otros grupos sociales y se organizan para luchar por ellos es cuando indefectiblemente se avanza hacia una percepción de clase. Su definición no puede pensarse como si fuera una simple categoría clasificatoria. Las clases no luchan individualmente, sino que se expresan en la conformación de fuerzas en movimiento, impulsadas por las tensiones políticas: se oponen de esta forma a una situación o a otra fuerza, constituyéndose en fuerzas sociales políticas (Bonavena, 1991).

Para el historiador británico marxista E. P. Thompson, el concepto de lucha de clases es más sólido y explicativo que el de clase, ya que este último puede caer en una visión estática de la realidad, reduciendo su característica de ser un proceso diacrónico, y de reificación de las “clases” (Marín, 1984).

El análisis de Daniel Bensaid del El dieciocho brumario de Luis Bonaparte (1852) de Marx, parece indicar que las clases pueden constituirse objetivamente (sociológicamente), pero solo lo hacen subjetivamente (políticamente) cuando se organizan como partido (Bensaid, [1995] 2013).

Sobre este punto, que muchas veces parece derivar en una lógica evolutiva, conviene aclarar que si bien las fuerzas sociales son los agentes actuantes, no son el partido. Como afirma Flabián Nievas:

“(…) las fuerzas sociales son la forma excluyente en que se libra, en general, la lucha de clases. Pero no son ellas mismas partidos políticos. Las fuerzas sociales se componen de manera objetiva ante conflictos coyunturales. Transformarla en composiciones subjetivas (tomar conciencia de las acciones) es la primer tarea del partido; se trata de establecer una política de alianzas, esto es, trazar de manera consciente y voluntaria sus acciones de composición, de las que no puede sustraerse. (…) El Partido es una situación particular de una fuerza social política: estabilizada y con un programa. Lenin fue el primero (no el único) que teorizó acabadamente sobre ello. Me refiero a una teoría que interactúa con el orden de lo real. Y se trató de una organización de tipo militar. (…) La tarea del partido es dirigir y ponerse al frente de la clase (…) el partido no es la clase; por el contrario, es un artefacto externo a ella, un artefacto avanzado que no se articula directamente con la clase, sino mediado por la vanguardia de la misma. Esta exterioridad plantea dos cuestiones: el problema del conocimiento y el origen social de sus portadores” (Nievas, 2016: 270-279).

Todo conflicto forma parte del movimiento de la sociedad y es, a su vez, expresión de los elementos de una determinada estructura económica social que configura alineamientos político- sociales que la atraviesan transversalmente y producen diversos territorios sociales. Esos territorios en su totalidad presentan los programas, los objetivos del movimiento de cada capa social en ese determinado momento, en ese conflicto,

y son, por eso, la herramienta fundamental para comprender y explicar científicamente un hecho social. El resultado de las diversas formas de conflictividad formaliza la constitución de las clases como sujetos históricos, en muchos casos, productores de cambios o permanencias. Como afirma Carlos Vilas:

“la formación de las clases es un proceso histórico donde se articulan factores políticos, ideológicos, culturales, organizativos, que son tan decisivos como el anclaje estructural. En consecuencia, la identificación de las clases y de su lucha no puede llevarse a cabo mediante una deducción abstracta de determinados rasgos estructurales, sino a partir de análisis que combinen la atención a la estructura con la identificación de los mecanismos por los que es posible referir a ella el comportamiento efectivo de los actores colectivos en situaciones particulares” (Vilas, 1995: 70).

Si bien dentro del modo de producción capitalista se hace referencia a dos clases fundamentales (burguesía y proletariado), dentro de una situación social histórico/concreta pueden aparecer más de dos. En general, son llamadas clases en transición o segmentos de las clases principales. En este sentido, los enfrentamientos como unidades mínimas de análisis hacen visibles a los sujetos que intervienen, o a las fracciones sociales en un proceso de lucha; es decir, la conformación de fuerzas sociales en formación y en pugna. Nikos Poulantzas explica que las mismas “cubren prácticas de clase, es decir, la lucha de clases no se dan sino en su oposición. (…). El aspecto principal de un análisis de las clases sociales es el de sus lugares en la lucha de clases: no es el de los agentes que las componen” (Poulantzas, 1997: 13- 16).

Afirman Marx y Engels sobre este proceso: “Los diferentes individuos solo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase, pues por lo demás ellos mismos se enfrentan unos con otros, hostilmente en el plano de la competencia”(Marx y Engels, 2005: 60-61).

Analizando particularmente el caso de la clase obrera francesa, Marx realiza una periodización general del proceso de conformación que recorre desde el punto más temprano hasta el momento de máximo desarrollo cuando deviene en proletariado revolucionario, proceso al que se refiere como el pasaje de una guerra oculta a una guerra abierta (Marx, 1974a). Flabián Nievas (2016) observa que este desarrollo se expresa en el Manifiesto comunista (1848) y en Miseria de la filosofía (1847), desagregando varios elementos para periodizar la lucha de clases: 1) que los enfrentamiento entre el proletariado y la burguesía comienzan desde la existencia de los mismos y van recorriendo etapas; 2) las etapas señalan un avance no lineal de la clase obrera desde un momento de sumisión hacia una fase de emancipación donde logra la soberanía de sus acciones; 3) que en un principio, la clase obrera aparece sin autonomía en el enfrentamiento con otras clases y fracciones de clase y 4) desde su situación inicial el proletariado comienza gradualmente una expansión concéntrica y pasa de formas individuales de resistencia a un segundo nivel de estructuración (los obreros de una fábrica), para luego alcanzar un tercero (por oficio y localidad). 5) La concentración de masas obreras en grandes establecimientos junto a la introducción y el desarrollo de la maquinaria permitieron que el proletariado se organizara en asociaciones de clase (coaliciones), que evolucionan desde un nivel corporativo a un nivel donde adquieren un carácter político. 6) La fase más desarrollada está en correspondencia con el ingreso a la lucha política entendida como acción revolucionaria. En esta etapa, la lucha es generalizada, expandida (formalmente nacional) y centralizada (de carácter homogéneo). Asimismo, es lucha social (en sentido de enfrentamiento entre clases sociales) no reducida al ámbito institucional del Estado, sino lucha contra el poder de la clase capitalista (capitalistas y su gobierno) (Nievas, 2016).

Las mutaciones sociales mencionadas entre diversas personificaciones del proletariado pasan a caracterizarse de corporaciones a personificaciones políticas. Esta proposición entronca su aplicación con el planteo teórico metodológico del análisis de las situaciones sociales y de las correlaciones de fuerzas que realiza Antonio Gramsci (Gramsci, 2009; Gramsci, [1932-1935] 2013) siguiendo a Marx. Esta reflexión teórica parte de considerar la disposición de las clases y sus enfrentamientos como carácter constitutivo de las mismas, en íntima relación con las fuerzas productivas. En este sentido se observa a la sociedad como una totalidad en movimiento, como una disposición de fuerzas (Carrera y Podestá, 1985). Esta primera disposición de fuerzas dentro de una estructura económica hace referencia a las contradicciones en la producción de la vida materia, al conflicto entre fuerzas productivas y relaciones de producción (propiedad).

Gramsci distingue diversos momentos o grados de las relaciones de fuerzas, comenzando por las relaciones de las fuerzas internacionales (que siguen a las relaciones sociales fundamentales). Después pasa a la relación de fuerzas sociales, objetiva, estrechamente ligada a la estructura, independiente de la voluntad humana; es entonces cuando aparece una las relaciones de fuerzas políticas y de partido, y finalmente a las relaciones políticas inmediatas o potencialmente militares (Gramsci, 1997). Este ejercicio de observación de ninguna manera propone una indicación evolutiva de las formas de organización social, ni siquiera de ascenso de la conflictividad en etapas, por lo que distingue únicamente las formas que adquieren las clases devenidas en fuerzas sociales (Gramsci, [1932- 1935] 2013).

Una alianza de clases o de diversas fuerzas sociales antagónicas se establece cuando se produce una confluencia objetiva de intereses, observable a partir de las acciones que los sujetos desarrollan en el marco de los enfrentamientos sociales, más allá de lo que pueda expresarse en términos de voluntad. Como expresa Juan Carlos Marín:

“Si partimos del modelo de la lucha de clases, tenemos la premisa de que las clases se enfrentan por medio de fuerzas sociales. Y una fuerza social es siempre la expresión de una alianza de clases. La lucha de clases, en nuestra imagen, es confrontaciones, encuentros, combates entre fuerzas sociales, fuerzas que son la territorialidad de una alianza de clases, territorialidad en la que se manifiestan los grados de unidad de cada clase social. La constitución de las clases se da en la lucha misma entre ellas, pero la lucha de clases determina también y es determinada por los grados de unidad de cada clase social, y estos grados de unidad dependen del tipo de alianzas en que están involucradas esas clases sociales. Todo ello marca el grado de desarrollo de la lucha de clases en un momento determinado: constitución de la clase, expresión como fuerza social, alianzas de clase, grado de unidad de la clase.” (Marín, 1995: 62-63).

En las confrontaciones, las diferentes fracciones recurren a alineamientos cuya lógica es independiente de la situación estructural de cada fracción. En situaciones donde el capitalismo está consolidado, las diferentes fracciones burguesas tienden a dirigir a las diversas fracciones no burguesas acumulando para sí el poder político de éstas; en cambio, los escasos procesos donde esto no ocurre son los que llamamos períodos revolucionarios (Nievas, 2016). Como plantea Marín: Esto nos remite al tema leninista de los “intereses objetivos” que se refiere a lo que objetivamente un ser social es. Cuando Lenin analiza alianzas de clase, y utiliza este concepto, hace énfasis en lo que objetivamente sucede y tiende a suceder, no a partir de las visiones subjetivas de las clases y de los individuos, a partir no de lo que desean ser, sino de lo que objetivamente son (…) (Marín, 1984: 32). Lenin dice que hay que observar las luchas obreras como manifestaciones de un proceso general que puede derivar o no en lucha de clases. En este sentido, cualquier

lucha de los obreros contra la patronal se convierte necesariamente en lucha política, a medida que se convierte en lucha de clases (Lenin, [1902] 1969).

La noción de enfrentamiento social exige determinar las acciones entre fuerzas sociales en conflicto, ya que permite hacer observable el objeto mismo de investigación y reconoce la especificidad del momento de génesis, desarrollo y realización de los cuerpos sociales en movimiento. Todo hecho de esta naturaleza tiene la capacidad de convertirse en unidad de registro dentro de una información de base, como dato concreto para comprender las diferentes formas de concentración y centralización de la lucha (Balbe et al., 1990). De esta manera, el estudio de la conflictividad obrera que abordaremos en el desarrollo del cuerpo principal de la tesis, tiene relación con el entramado complejo de la dinámica de la lucha de clases, en el cual se encuentra subsumido el movimiento de trabajadores desocupados. La relación aquí entre movimientos sociales y lucha de clases resulta clave para comprender la organización y la conflictividad de ese sector, retomando la agenda de investigación que propone Inés Izaguirre para el conflicto social (Izaguirre, 2002). Todo hecho de conflictividad tiene la capacidad de convertirse en unidad de registro dentro de una información de base, como dato concreto para comprender formas de concentración y centralización de las luchas, pero también de su propia descomposición.

Las prácticas de los trabajadores y en especial sus experiencias laborales y políticas no se encuentran subsumidas únicamente a las protestas que realizan, sino también a sus condiciones de trabajo, sus expresiones culturales y a las representaciones sociales que se generan colectivamente (Thompson, [1963], 1989). En este mismo sentido, deben analizarse la posición que ocupan las fuerzas sociales en la estructura social y económica como campo de posibilidades de su propia acción (Marín, 1984) y de qué forma asimila y reproduce un grado específico de conciencia grupal.