2.4 Problem Statement
2.4.1 Security Management Abstractions
La Agenda 21 española (Agenda Hábitat España, 1998) plantea que “las ciudades son ecosistemas dependientes de los intercambios con el exterior del territorio que ocupan, necesitando para su funcionamiento tener garantizada la aportación de suministros externos, su distribución y utilización interna, y la expulsión posterior de productos y residuos al exterior”(p. 3). Esto en otras palabras es el mismo concepto de huella ecológica.
Recientemente el economista canadiense William Rees empezó un debate acerca del impacto de la huella ecológica en las ciudades. Por ejemplo, Londres, con una superficie de 150,000 ha (similar a la del Distrito Federal), tiene una huella ecológica de 20 millones de ha; esto es, alrededor de 130 veces su superficie (OneWorld, 2004). Haciendo una analogía, la Ciudad de México, con menos del 10% de la población nacional, requiere para sostenerse, el equivalente a todas las tierras aptas para la agricultura del país. Bajo esta circunstancia, la ciudad tendrá que replantear su actual modelo de desarrollo.
En la ciudad actual los flujos de los recursos naturales son invisibles para el citadino, impera el pavimento y el automóvil promueve la expansión de la ciudad. En la medida en que el automóvil se vuelve común, la escala peatonal del barrio desaparece. Para Mumford (1961), irónicamente, “en lugar de edificios en un parque, ahora tenemos edificios en un estacionamiento” (p. 265).
Así, con este modelo de urbanización se está llegando a una homogenización del paisaje urbano que convierte la diversidad citadina en una única ciudad global. Hammerstein (2003) dice que “las megalópolis y ciudades de nuestra época son templos de la velocidad. Una de las máximas incuestionables de nuestras trepidantes vidas urbanas es el imperativo de tener que ir siempre corriendo. Los modelos de planificación y las remodelaciones urbanas buscan obsesivamente el incremento de velocidad y el ahorro de tiempo para cualquier actividad y a cualquier precio” (p. 10). Sin embargo, existen experiencias en los Estados Unidos y otras partes del mundo donde el modelo de ciudad y la importancia de lo verde alcanzan otra dimensión.
De lo que se trata entonces es de buscar un modelo de desarrollo diferente, repensar, rediseñar y reconstruir socialmente la ciudad; hacer socialmente perceptibles y visibles en el paisaje urbano, a la chinampa de las afueras, al acuífero debajo de los pies, y a los árboles y el aire que se respira. Se trata de buscar el desarrollo equilibrado del hombre, de la mano con la naturaleza, a partir de los espacios verdes que ya se tienen. En otras palabras, dejar que los árboles nos lleven al bosque. Para Register (2002) se requiere “un dinámico y saludable balance con la naturaleza que abra la puerta a infinitas exploraciones de creatividad en arte, diseño y ciencia, y a relaciones humanas más auténticas” (p. 33). Parafraseando a Vargas
Llosa: a la manera de las ciudades europeas buscaremos a la naturaleza para diseñar paisajes caminables y geografías a la medida de nuestro pie.
Ante el fracaso de muchas de las utopías que promovían el desarrollo de la ciudad hacia afuera, ante el fracaso del modelo de expansión y ensanchamiento de las ciudades en detrimento de sus recursos naturales, se impone ahora volver la mirada y buscar dentro de la misma ciudad los factores que puedan contribuir a una nueva aproximación o visión del desarrollo urbano. En este sentido, la sustentabilidad es una utopía a inventarse o reinventarse, que debe ser construida y asumida socialmente. Es decir, ciudadanos, políticos y gobernantes deben constituirse en una sola fuerza, en un solo movimiento en busca de este sueño.
Desde la perspectiva forestal la sustentabilidad es una preocupación constante en las ciudades y tiene un gran potencial, debido a la importancia de los bosques urbanos y a las poderosas fuerzas físicas, biológicas y sociales que la afectan.Los bosques y las áreas verdes ofrecen un modelo de sustentabilidad urbana ante la estandarización masiva del modelo actual; los ritmos de regeneración en la naturaleza son diferentes, más pausados, igualmente las velocidades y las distancias. Silva (2003) dice que “la ciudad marca y es marcada por la gente; una ciudad acelerada comparte su ritmo con el de sus veloces habitantes, mientras que un lugar lento y pacífico genera individuos apacibles y meditabundos” (p. 93).
En el bosque urbano existen otras dinámicas que ofrecen el patrón de un modelo de desarrollo sustentable. Al respecto, David Hammerstein (2003) desarrolla este concepto:
La parsimonia de ritmos singulares, conectados, y con distancias más cortas, además de constituir un principio fundamental que caracteriza al mundo vivo, puede servirnos de guía para reivindicar y crear otro modelo de ciudad. La velocidad más pausada y las distancias más reducidas, son también rasgos que caracterizan a las formas de vida cotidiana y a las culturas singulares de la infancia, de los mayores, de muchas mujeres, de la vida doméstica, del barrio y del medio ambiente local, que pueden ayudarnos al diseño del camino de la sostenibilidad urbana (p. 12).
Las áreas verdes contribuyen a hacer ciudad, dicho esto en términos de recrear un ambiente, una atmósfera y un espacio que sean significativos para el citadino. Debido a su valor y a sus bajas tasas de crecimiento, los árboles se convierten en los más claros indicadores de la sustentabilidad de un área verde. Las contribuciones más importantes de los grandes árboles incluyen la estética, limpieza del aire, retención de la lluvia, aporte de sombra y valores
simbólicos a la comunidad. En efecto, para Dwyer, et al. (2003)“es la naturaleza resistente y longeva de los grandes árboles, en un medio ambiente urbano rápidamente cambiante, la que más contribuye a dar un sentido de permanencia y a los más altos valores simbólicos en nuestra sociedad”(p. 50).
Como sostiene Michael Pollan (entrevista, 2003), los árboles van adquiriendo un valor simbólico diferente. El significado del árbol al principio fue religioso, era sagrado y así se le trataba; luego se cargó de valor social al llevarlo a las ciudades; y ahora los árboles son considerados como pulmones del planeta. Se les identifica como algo cercano a la gente, parte del mismo organismo humano, pero de enorme valor.
Para que los espacios verdes y en especial los árboles contribuyan de una forma efectiva a sostener estos planteamientos de desarrollo humano equilibrado con la naturaleza, de hacer ciudad a partir del uso de los servicios ambientales, turísticos y recreativos, se requiere como mínimo cuantificar la cobertura arbórea, evaluar su salud y conocer su potencial para cobertura adicional; indicadores básicos para la estimación de los impactos de los programas forestales en el desarrollo económico y la vitalidad ambiental de la ciudad.
En este sentido, resulta necesario conocer la planificación del área urbana y la caracterización estructural y funcional del bosque urbano, para la realización de los diferentes estudios ambientales con relación a la mitigación de la “isla de calor”, captura de carbono, ahorro de energía, recarga de mantos acuíferos, control de contaminantes y servicios eco-turísticos, entre otros (Dwyer, 2003; Herrera, 2005).
Conociendo cómo se lleva a cabo la administración de los recursos forestales urbanos y cómo está constituido el capital natural del Distrito Federal, lo importante es determinar y proponer cuáles son los distintos factores que contribuyen al desarrollo humano de la ciudad. Los actuales diagnósticos adolecen del análisis de aspectos tales como: participación social, educación, investigación y administración, necesarios para determinar la ruta del desarrollo. Por ello, en el análisis que sigue se va a revisar la historia de la ciudad y se van a considerar nuevas situaciones, que permitan rescatar y definir cuáles son los aspectos con los que ya se cuenta, lo mismo que identificar los que se requieren. Todo con el fin de arribar a la formulación de un diagnóstico y a la presentación de estrategias de desarrollo urbano que tengan como centro el binomio hombre-naturaleza.
II EL DISTRITO FEDERAL: DESARROLLO URBANO Y EQUILIBRIO ECOLÓGICO HASTA 1997
En los países en desarrollo el crecimiento incontrolado de las ciudades ha llevado a la disminución y empobrecimiento de los recursos naturales. La construcción de las ciudades ha seguido una dinámica que no las considera como organismos vivos, esta ha sido una preocupación mundial, principalmente a partir de los setenta. En México, el agua, el aire, el suelo, la vegetación, la fauna, entre otros recursos, se han visto mermados y esto amenaza la supervivencia misma de la población.
La historia de la Ciudad de México25 no escapa a estas contradicciones, en contraste con la visión de sus fundadores, su modificación con la llegada de los españoles estuvo marcada por una falta de conexión con sus recursos naturales y su vocación lacustre (Legorreta, 2002). Así, a través de una serie de cambios históricos y sociales, desde la colonia, pasando por diferentes períodos de intervenciones y revoluciones, se llegó a una crítica situación ambiental, principalmente a partir de los setenta, que ha llevado a que se impulsen y se den cambios importantes en sus políticas ambientales (López, 2001).
En concordancia con esta problemática ambiental, en un principio la literatura de la sustentabilidad urbana no fue tan prolija como la de la sustentabilidad en general. Sin embargo, dado el carácter abarcador del término, la multidimensionalidad de la problemática, y sobre todo por el papel que juegan los sistemas urbanos y las ciudades en un mundo cada vez más globalizado, en poco tiempo se tuvo un importante número de documentos, que se acrecentó e impulsó a raíz de la Conferencia sobre los Asentamientos Humanos realizada en Estambul en 1996 (Ibid.).
Por consiguiente, en este capítulo se trabajará la revisión histórica del desarrollo de las áreas verdes en la Ciudad de México hasta llegar a la problemática ambiental discutida con las nuevas formas de gobernar la ciudad. También interesa conocer y discutir las principales políticas y acciones públicas que se impulsaron con relación al desarrollo urbano y sus posibilidades ante los nuevos procesos de espacialización en la ciudad. El rescate de la visión
25 No existe una definición en cuanto al nombre para la capital del país. A pesar de que el nombre oficial es
“Distrito Federal”, muchos le llaman “ciudad de México”, otros “Ciudad de México” o simplemente “México”. Amparados en lo que opina Carlos Monsivais de que “gana la costumbre, que es un producto de la voluntad colectiva” (Botello¸ 2004, p. 10), se emplea indistintamente en este trabajo Distrito Federal, Capital o Ciudad de México. Aunque se enfatizan sobre todo en datos lo acontecido en el Distrito Federal.
de los pioneros de la planificación urbana en México resulta de vital importancia, en lo que se refiere al manejo de las áreas verdes en la actualidad.
2.1 De la ciudad lacustre a la ciudad gris, una reseña histórica desde la