2.3 Implementation of Evolutionary Algorithms
2.3.4 Selection
La economía del conocimiento se basa en las redes. Es decir, en la gestión de los cono-cimientos de las personas y departamentos en empresas y organismos públicos. En la capacidad de organizar los clusters en los diferentes sectores económicos. En la capa-cidad de articular en los territorios las funciones de investigación, formación, producción, comercialización y distribución, para los sectores económicos consolidados y los emer-gentes. En el establecimiento de redes internacionales y, en general, suprarregionales, entre empresas y entre estrategias sectoriales de las instituciones públicas.
El desarrollo económico del territorio en la era infoglobal se asienta en tres elementos fun-damentales:
1. La gestión relacional.26La gestión de las interdependencias entre los actores de un territorio y en las alianzas entre los actores de distintos territorios.
2. El desarrollo es fundamentalmente endógeno. El desarrollo económico se inicia de manera endógena porque los flujos económicos que se intercambian se producen a ni-vel local y se consolida a nini-vel suprarregional o internacional al insertarse un territorio en las redes de flujos de la economía mundial. Una red de flujos que, como señala M. Cas-tells, se basa en los sistemas de ciudades.
3. La importancia de lo intangible. Los factores determinantes son intangibles, al ser el conocimiento de las personas, más que las infraestructuras, la principal fuente de valor añadido.
Hoy, con la perspectiva de la sociedad red o sociedad del conocimiento, aparecen cada vez más estudios e investigaciones que señalan que en los territorios en situación de
de-26. «El territorio es entendido de otra manera. Ahora es mucho más que un mero soporte físico o contene-dor de actividades. Es el espacio donde se producen relaciones económicas y sociales generacontene-doras de pau-tas específicas de equilibrio, desigualdad o marginación, dependiendo de su grado de conexión a redes más o menos globales» (Véase Romero, J., «El gobierno del territorio en España. Balance de iniciativas de coor-dinación y cooperación territorial» en Desarrollo territorial sostenible en España: experiencias de cooperación, Boletín Asociación de Geógrafos Españoles (1.ersemestre 2005, pág. 61).
clive, el capital físico y, en especial, las infraestructuras de accesibilidad exterior, inciden negativamente en el desarrollo económico comparado. En cambio, en una situación de avance económico y social el capital físico actúa potenciando dicho desarrollo. La gene-ración de valor añadido depende de muchos factores interrelacionados de capital huma-no, físico, capital social, capacidad de innovación y gestión de los conocimientos, moti-vación, etc. Pero está claro que es preciso saber con qué finalidades vamos a utilizar un equipamiento o infraestructura, disponer de las habilidades para su uso y querer utilizar-la. Es decir, utilizar los equipamientos o infraestructuras con motivación para que el capi-tal físico pueda incidir en la productividad y hacerlo de una manera eficiente.
El dominio de la visión del desarrollo propia de la sociedad industrial ha dificultado la rea-lización de estudios e investigaciones que identificaran con claridad los principales com-ponentes de la capacidad de organización y acción de una sociedad para favorecer el progreso económico y social. Pero recientemente, y seguro que por la intensidad del pro-ceso de cambio de la era industrial (en que las personas se consideraban un apéndice de las máquinas) a la era del conocimiento (en que el conocimiento y la capacidad de in-novación de las personas se consideran la principal fuente de valor añadido) han surgido importantes investigaciones que han puesto en evidencia los aspectos intangibles del de-sarrollo. En especial, los aspectos relacionales y las configuraciones culturales en que vi-ven los principales actores y amplios sectores de la ciudadanía y que, sin duda, son te-mas básicos de la capacidad de organización y acción de los territorios. Así, por ejemplo, encontramos:
• A. Sen27entiende que el desarrollo humano y muy concretamente la reducción de la pobreza se relaciona más con la capacidad colectiva e individual de conseguir bie-nestar de manera endógena, que con la presencia exógena de bienes y servicios. Lo que importa para el bienestar no es lo que uno tiene, sino lo que es capaz de realizar con lo que uno tiene. Los medios son importantes, pero sólo en la medida en que posibilitan la capacidad de actuar.
• D. Putnam28, como hemos señalado, entiende que es el capital social, es decir la ca-pacidad de cooperación, el factor clave de la competitividad. Desde otro enfoque y posicionamiento social, tanto F. Fukuyama29como A. Peyrefitte,30llegan a semejan-tes conclusiones. Para ellos, el principal factor de desarrollo es la generación de con-fianza entre los actores y la ciudadanía.
• Tanto R.E. Lucas, Premio Nobel de Economía en 1995,31como el financiero A. So-ros32señalan que el principal móvil de las inversiones económicas son las expecta-tivas racionales. Las decisiones sobre el ahorro, señalaba Keynes, las toman los in-dividuos en función de sus ingresos, las decisiones sobre inversión las toman los empresarios en función de sus expectativas. Las expectativas racionales incluyen no 34| La estrategia territorial como inicio de la gobernanza democrática
27. Sen, A. Ver Sen, A. K. Bienestar, justicia y mercado. (Barcelona, Ed. Paidós, 1998). Págs. 109 a 120. Ver, del mismo autor, Nuevo examen a la desigualdad. (Madrid, Alianza Ed., 1999). Págs. 119 a 131.
28. Putnam, D. Op. cit. También del mismo autor Solo en la Bolera. (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2002). Págs. 387 a 474.
29. Fukuyama, F. La confianza. (Barcelona, Ediciones B, 1998). Ver también La gran ruptura (2000). 30. Peyrefitte, A. La sociedad de la confianza. (Barcelona, Ed. Andrés Bello, 1996).
31. Lucas R. E. Discurso de concesión del premio Nobel. Museo Nóbel. (Estocolmo, 1995). 32. Soros, A. La crisis del capitalismo global. (Barcelona, Temas de Debate, 1999).
sólo el cálculo de los indicadores en los últimos años, sino también el aprendizaje de los propios errores y las expectativas y previsiones de los otros actores, en especial el gobierno, pero también los sindicatos y organismos financieros, etc. La legitimi-dad y la confianza en los otros actores es, por tanto, un elemento clave para la ge-neración de inversiones. En otras palabras, el tangible depende del intangible, y éste del nivel y calidad de las relaciones entre actores.
• Las tecnologías de la información sólo incrementan la productividad y generan valor añadido si se enmarcan en una organización de empresas en red, afirma M. Cas-tells.33Para este analista de la era de la información, el desarrollo económico y la competitividad de un territorio dependen fundamentalmente de la organización de los sectores productivos y las empresas en redes. Pero identifica también otros fac-tores como la formación, la innovación (incluida la tecnológica) y la capacidad de em-prendimiento de una sociedad. Esta última constituye, para Castells, el mecanismo que articula la innovación para incrementar la productividad, a condición de que se disponga de los recursos humanos, organizativos y tecnológicos adecuados. Para el autor, el desarrollo y las características de este desarrollo en la sociedad red de-penden de un modelo cultural emprendedor, puesto que la riqueza se crea por un tejido de innovadores y empresarios que se genera por la propia sociedad y sus ins-tituciones.
M. Castells atribuye un papel al gobierno en la competitividad y el desarrollo econó-mico (que es el mismo papel que se atribuye en este libro al gobierno relacional y a la gobernanza como su arte especifico de gobernar): «La experiencia internacional demuestra que la estrategia de reindustrialización y la transición a un nuevo tipo de economía requieren un papel activo de la Administración. No bajo la forma del inter-vencionismo dirigista o de la expansión del sector público, modelos también obso-letos, sino mediante el apoyo estratégico al tejido empresarial en términos de finan-ciación de la innovación, reciclaje del personal, apoyo a la investigación y difusión tecnológica y de información».34
• P. Himanen, en colaboración con M. Castells35actualizan la tesis de Max Weber, se-gún la cual fue la adopción de valores y actitudes del protestantismo calvinista lo que generó el espíritu del capitalismo, y este espíritu impulsó al capitalismo entendido como sistema económico.36Nuestros actores muestran cómo los hackers, enten-diendo por éstos los profesionales de vanguardia de la nueva sociedad informacio-nal, participan de una misma cultura que impulsa el nuevo espíritu innovador: la cul-tura hacker. Esta culcul-tura está caracterizada fundamentalmente por valores y actitudes que fomentan la creatividad y la difusión de la innovación. Valores y actitudes como el valor del trabajo-ocio, una manera de trabajar que disuelve la frontera entre
traba-33. Castells, M. «Globalización, competitividad y deslocalización» en Observatorio Global. (Barcelona, Ed. La Vanguardia, 2006), págs. 151 a 193.
34. Véase Castells, M. Ob.Cit. págs. 163 y 164.
35. Himanen, P y otros. La ética hacker y el espíritu de la era de la información. (Barcelona, Ed. Destino, 2002).
36. En la época en que los países calvinistas desarrollaban las manufacturas y las primeras industrias, eran las coronas de España y Portugal las poderosas y las que disponían del capital procedente de América, pero lo invirtieron, también por motivos ideológico-religiosos, en expansionar y mantener sus dominios territoria-les y en defensa de la religión católica.
jo y ocio; el desarrollo de las redes para fomentar el intercambio y la generación de nuevos conocimientos; y una actitud abierta y solidaria que permite difundir la inno-vación y democratizarla. No hay revoluciones tecnológicas sin revolución cultural, puesto que las tecnologías deben ser pensadas, afirma M. Castells. Las condicio-nes económicas y sociales decidirán qué tecnologías sobreviven en el mercado pero no deciden qué tecnologías se desarrollarán. Para estos autores la comprensión teórica de esta cultura y de su papel como fuente de innovación y creatividad en la era de la información constituye la piedra angular de la sociedad red.
• D. S. Landes, en su monumental estudio sobre la riqueza y pobreza de las naciones,37
señala que las sociedades no progresan ni por recursos naturales, ni por su situación geo-estratégica, ni por el clima, ni por la demografía..., sino porque su desarrollo se basa en las ciudades que están en disposición para aprender y crear. Afirma también que los pueblos son prósperos en la medida que mantienen la humildad y el espíritu de cooperación para convertir la búsqueda de conocimiento en su principal valor. • C. Cipolla38y colaboradores han demostrado que la crisis de las ciudades, naciones
e imperios más importantes en la historia se deben a actitudes y comportamientos. Así los principales elementos comunes son:
– La autocomplacencia que posibilita el mismo desarrollo económico y el crecimien-to de la renta.
– La poca disposición de sus actores al cambio y la innovación. – La arrogancia que desprecia a la competencia.
– La existencia de un pensamiento centrado en «derechos» y no en «deberes y res-ponsabilidades» que facilita que se genere un gasto por encima de las posibilida-des productivas.
– La quiebra del espíritu de colaboración y confianza entre los actores económicos y sociales.
– La existencia de rigidez institucional que, entre otros defectos, negó el cambio de situación e inicio del declive.
• A. de Geris,39de manera sorprendente, ha invertido los factores de decadencia an-tes citados para explicar las razones de estabilidad del progreso por las que 27 em-presas multinacionales tienen más de 100 años, y que sin duda podemos aplicar también a las ciudades:
– Adopción de políticas financieras equilibradas o incluso conservadoras. – Adaptación constante al cambiante entorno competitivo.
– Fuerte sentimiento de pertenencia de los empleados.
– Apertura permanente hacia nuevas ideas y especialmente tolerantes a experimen-tos y excentricidades que mejoran su comprensión y adaptación productiva. Estos ejemplos, procedentes de investigadores ampliamente reconocidos pero de disci-plinas y enfoques teóricos muy diversos, son sólo un botón de muestra de estudios que
36| La estrategia territorial como inicio de la gobernanza democrática
37. Landes, D. S. Riqueza y pobreza de las naciones. (Barcelona, Ed. Crítica, 2004).
38. Cipolla, C. y otros, La decadencia económica de los imperios. (Madrid, Ed. Alianza, 1999). 39. De Geris, A. «The living future» en Harvard Business Review. (Abril 1997).
ponen de relevancia que el desarrollo depende, en unas condiciones dadas, de la articu-lación de las relaciones entre los actores y la ciudadanía y de cómo son percibidas por éstos.
Una vez consideradas las investigaciones sobre el desarrollo económico y social de los territorios podemos afirmar de manera concluyente que el desarrollo económico y so-cial depende fundamentalmente de la capacidad de organización y acción de los te-rritorios. Es decir, de la capacidad de articular su potencial humano y el capital físico ha-cia finalidades y objetivos de progreso ampliamente compartidos.
En tanto exista una capacidad de organización adecuada es posible identificar los pro-yectos de capital físico adecuados para mejorar su competencia y la generación de va-lor. El esquema es el siguiente:40
Hay dos ejemplos de grandes proyectos urbanísticos y de infraestructuras que respon-den a una estrategia previa, a unas capacidades internas de las ciudades que buscan su oportunidad para desarrollar todo su potencial endógeno. Éstos son los Juegos Olímpi-cos de Barcelona de 1992 y la Copa América de Valencia de 2007.
Barcelona 92 respondió al lema del entonces alcalde de Barcelona, P. Maragall, de «Ha-cer unos Juegos para la ciudad y no una ciudad para los Juegos». Las obras de accesi-bilidad, como las rondas y la mayoría de las nuevas zonas de la ciudad, respondían al di-seño del plan general metropolitano de los años 70. Por si fuera poco, se lanzó el que fue el I Plan Estratégico en 1987, elaborado con la colaboración entre los principales actores de la ciudad y con una importante participación ciudadana para canalizar en función de una estrategia de futuro las principales inversiones y proyectos que se realizarían en la ciudad.
Con palabras muy semejantes al lema de Maragall, la alcaldesa de Valencia, R. Barberá, se esforzó por conseguir la organización de la America’s Cup para dar salida a los acce-sos de la ciudad hacia el mar y conseguir la realización del proyecto de puerto ciudada-no «Balcón al Mar» y fortalecer la estrategia portuaria y marítima de la ciudad. La apertu-ra al mar y sus principales proyectos estaban contemplados en el Plan estapertu-ratégico de la ciudad elaborado en 1995 , como en el caso de Barcelona, con los principales actores de la ciudad y con un amplio apoyo ciudadano. A su vez, la ciudad está finalizando la re-novación de su estrategia general para dar continuidad al progreso económico en la pers-pectiva 2007-2015.
Desarrollo territorial
Capital físico y humano Capacidad de organización
40. Pascual Esteve, J. M. en La Gestión estratégica de las ciudades: Un instrumento para gobernar las
La ciudad de Valencia también es un ejemplo de desarrollo estratégico en que los pro-yectos estructurantes han tenido muy poco impacto en el mismo. La visión de ciudad que formuló su plan estratégico ha sido sin duda superada por el desarrollo económico y social que está teniendo la ciudad en los últimos 12 años. Así, hoy la ciudad se ha abier-to completamente al mar; su puerabier-to es de los más competitivos del mediterráneo; está teniendo un gran desarrollo el sector de los servicios avanzados, hoy también denomina-dos quinarios; las actividades de I+D+I de las universidades se multiplica y crecen el tu-rismo cultural y de negocios como algunas de las principales bazas de la ciudad.41En cambio, ni las inversiones del sector público, que bajaron en términos absolutos y relati-vos desde 1992, han tenido un papel relevante en el proceso de cambio, ni se han rea-lizado los proyectos que se consideraban más importantes en aquellos años: el parque central (soterramiento de la estación de trenes, eje pasante y parque en la superficie), el acceso norte al puerto o la llegada del AVE, entre otros.
Lo que se ha producido ha sido una generación de expectativas razonables del empresa-riado, las instituciones y diferentes sectores de la ciudadanía que, acompañadas de visua-lizaciones y constataciones de mejora, ha generado una configuración cultural y empren-dedora que ha sido estudiada y seguida por el Centro de Estrategias y Desarrollo de Valencia42, que configura la ciudad como uno de los principales motores del Mediterráneo. En la misma dirección, después de la transformación de Barcelona entre 1887 y 1992, su alcalde afirmó que la transformación de la ciudad y el éxito de los Juegos Olímpicos no hubiera sido posible sin la complicidad del conjunto de la ciudadanía.