4.4 Experimental System Implementation
4.4.5 The Signal Conditioning Circuit
4.4.5.4 Voltage Limiter
56. Entendemos por globalistas a los autores que opinan que las ciudades contemporáneas no son más que el fruto del desarrollo del mercado mundial.
Sólo los que se arriesgan a ir siempre más allá, pueden descubrir lo lejos que se puede llegar
La tesis de que las ciudades y no los estados son las bases de la civilización y el progre-so, en principio, puede parecer arriesgada o muy propia de la sociedad global contem-poránea. Pero a medida que se estudia el tema con perspectiva histórica, se aprecia con toda claridad lo evidente que resulta dicha tesis, una evidencia que ha sido escondida por la ideología del estado-nación que surge a finales del siglo XVIIIy adquiere una gran fuerza a partir de los inicios del siglo XIX y logra interpretar toda la historia a partir de la legitimación de los territorios que componen, o se aspira que compongan, el Estado-nación.
La falta de perspectiva histórica del papel de la ciudad arranca desde la consideración de los inicios de la ciudad. La encontramos en la asimilación de la agricultura al mundo rural. Es un tema muy recurrente y extendido considerar las ciudades como resultado de la revolución agrícola del neolítico. Se argumenta que como consecuencia de esta prime-ra revolución tecnológica se crearon los excedentes productivos paprime-ra comercializar y en general para crear una masa crítica de hombres y mujeres no relacionados directamente con la producción de alimentos. En definitiva, para la corriente de pensamiento dominan-te la agricultura es lo primero y después aparecen las ciudades.
La economista norteamericana Jane Jacobs ha demostrado,57por el contrario, que el tra-bajo agrícola –al que consideramos habitualmente como tratra-bajo rural– se ha originado en las ciudades. Para Jacobs las economías rurales, en su totalidad, se construyen directa-mente sobre la base de la economía y el trabajo urbanos. Es decir, de la existencia de una «masa crítica» de población que constituye la base de relaciones sociales creativas. Jacobs constata, en el ámbito mundial, que la agricultura no sería mínimamente produc-tiva si no incorporase los bienes y servicios producidos en las ciudades: fertilizantes quí-micos, segadoras, sembradoras, refrigeración mecánica, bombas de agua, etc. La cons-tatación de que son justamente los países predominantemente agrícolas los que tienen la agricultura más improductiva le permite afirmar que al crecimiento de las ciudades le sigue el incremento de la productividad agrícola.
Para A. Smith las ciudades eran los centros de innovación y generadoras de la riqueza de las naciones. Pero es el descubrimiento de la ciudad hasta hoy más antigua del mundo: Catal Huyük, en el territorio de la actual Turquía, la que permite a Jacobs ir más allá y se-ñalar que la misma agricultura es un producto urbano. Esta ciudad data del año 7000 a.C., en pleno período de economía cazadora y recolectora. Su descubridor, el arqueólogo Mei-lart, la describe en 1961 como una ciudad muy densa, de unos quince mil habitantes, bá-sicamente mercaderes, artesanos y trabajadores manuales en general. En los alrededores de la ciudad se encontraron restos de una agricultura avanzada para la época.
El conocimiento de la ciudad de Huyük permite a Jacobs afirmar su tesis de que las ciu-dades eran punto de encuentro para el intercambio de productos y de innovación, como nuevos materiales para la extracción, recipientes para almacenar y transportar grano, etc. En estas ciudades se originó la agricultura y la domesticación de animales como una de tantas actividades productivas que tenían lugar en ellas.
54| La estrategia territorial como inicio de la gobernanza democrática
57. Jacobs, J. Muerte y vida de las grandes ciudades. (Barcelona, Ed. Península, 1973). Ver también Las
La agricultura, y la ganadería posteriormente, se externalizó dando origen a las aldeas ru-rales. La externalización se produjo por la necesidad de disponer de grandes espacios para la alimentación del ganado, que además servían como lugar de abastecimiento a comerciantes y nómadas.
La civilización es ciudad y la ciudad es civilización. Ésta es en el fondo la tesis de la eco-nomista norteamericana. La ciudad como sinónimo de innovación y capacidad de previ-sión social constituye el telón de fondo de nuestro análisis y reflexión sobre globalización y ciudad que ha concluido en la afirmación de que la globalización emerge de lo urbano; y de la dirección de los procesos de cambio en las ciudades dependerá la configuración de la sociedad mundial.
La gestión urbana contemporánea es una gestión relacional
Ahora bien, ¿por qué son las ciudades el motor de las civilizaciones y la fuente de las in-novaciones de todo tipo y del progreso humano? La respuesta no puede ser más obvia. Es la densidad de las relaciones humanas que se establecen en el espacio urbano. Lo fundamental en la ciudad no es el número de habitantes que tiene, sino la densidad de población, al permitir un mayor número de interacciones entre personas e instituciones. El conocimiento y la innovación, como es obvio, no es un producto espacial sino humano, y éste se produce a través del intercambio de información y de conocimientos, mediante el diálogo y el debate racional y abierto. La densidad humana es la base en que se asien-tan los espacios de encuentro y deliberación que generan conocimiento e innovación. La densidad humana produce interacción, y cuanta mayor calidad, complejidad y diver-sidad tengan las ciudades más posibilidades de que las interacciones generen innova-ción y progreso. Por tanto, gestionar una ciudad es, fundamentalmente, gestionar sus re-laciones, sus redes sociales, para orientarlas hacia el progreso humano.
El gobierno local tiene dos vías para generar un entorno que favorezca la calidad en la gestión de las relaciones sociales: mediante el contenido de sus políticas en la ciudad y a través de técnicas específicas de gestión relacional o de redes.
Los contenidos de las políticas públicas que favorezcan la compactación o densificación del suelo urbano, espacios públicos de encuentro ciudadano, polivalencia de funciones (residencial, comercial, negocios, deportiva, cultural, etc.) en todo el territorio de la ciu-dad, la diversidad social en los barrios, las políticas de respeto y equidad social, el de-porte y la cultura para todos, la seguridad en el espacio público, etc., son sin duda polí-ticas que favorecen la densidad y la calidad de intercambios.
En relación a la gestión directa de relaciones, a las páginas 80-89, se describen sucinta-mente técnicas de la nueva gestión relacional, como la planificación estratégica basada en la colaboración pública y privada y la participación ciudadana, las técnicas de nego-ciación relacional, la gestión de proyectos en red, etc. Es decir, toda la actuación guber-namental dirigida a crear y gestionar espacios de ciudadanía donde sea posible la deli-beración, la generación de conocimiento mutuo, la confianza entre los distintos actores y sectores de la ciudadanía, así como el compromiso de acción.
La gestión relacional implica un nuevo tipo de protagonismo y liderazgo político, de tipo relacional y habilitador de la sociedad que promueva su dinamismo. Se requiere un lide-razgo muy alejado de la figura del líder que sustituye a la comunidad o la subordina al ejercicio de su papel. El carisma de líder proviene de sus cualidades de organizador y dis-tribuidor del «juego» entre actores y sectores ciudadanos para que todos juntos o en gran-des mayorías avancen.
Para finalizar este apartado podemos preguntarnos: si la sociedad es una configuración de relaciones sociales y siempre han existido redes sociales, ¿por qué hablamos de la gestión relacional como una novedad?
En primer lugar, porque si bien siempre han existido redes, éstas estaban circunscritas al ámbito privado y, en general, a actividades no clave, y nunca como en la era infoglobal, y en especial a través del uso de Internet, se les ha posibilitado desplegar toda su flexi-bilidad y capacidad de adaptación de la que se desprende su idoneidad y eficacia para gestionar situaciones complejas y entornos de gran interdependencia, como los propios de la sociedad del conocimiento. Por otra parte, la gestión predominante en la historia ha sido la burocrática y vertical porque, como supone M. Castells,58a un determinado nivel de complejidad social y con un nivel tecnológico pre-electrónico las organizaciones cen-tralizadas resultan más eficientes. Pero cuando incrementa el nivel de complejidad e in-terdependencia a partir de cierto umbral y se dispone de las tecnologías electrónicas, la gestión relacional no es sólo posible, sino que resulta la más adecuada y eficiente.