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5.3 Memory Model Implementation

5.3.1 A Memory Sub-Component Model

Todo ello lo haremos leyendo y atravesando rigurosamente la totalidad de los textos de Deleuze ya sean escritos, sonoros o audiovisuales60, pues es nuestro objetivo, como veremos en el epígrafe “5.2. Heterogénesis. De la doble causalidad”, no tanto notar las evoluciones de su filosofía, como su devenir interno; y este devenir posee una relación íntima con una unidad de estilo que se da en toda la obra deleuzeana al igual que la

58 F. ZOURABICHVILLI: Deleuze. Une philosophie de l’événement, p. 17. Trad. Cast. p. 27.

59 F. J. MARTÍNEZ: Hacia una era post-mediática. Ontología, política y ecología en la obra de Félix Guattari, p. 40.

60 Nos referimos, además de a los libros publicados por Deleuze, a los cursos a los cuales podemos

acceder en cd como son: Artifice et société dans l'œuvre de Hume (15 min. 1956), Le Dieu de Spinoza (4 min. 1960), Le Travail de l'affect dans l'éthique de Spinoza (8 min. 1978), 3 interventions réunies dans

Anthologie sonore de la pensée française par les philosophes du XXe siècle Editions INA / Frémeaux &

Associés, 2003; Spinoza, immortalité et éternité, 2 cd, Gallimard, « A voix haute », 2005; Leibniz, âme et

damnation, 2 cd, Gallimard, « A voix haute », 2005; Gilles Deleuze, cinéma, 6 cd, Gallimard, « A voix

haute », 2006; La voix de Gilles Deleuze en ligne, enregistrements des cours donnés à l'université Paris VIII Saint-Denis et leurs transcriptions. También algunos de los cursos trascritos que encontramos en la Web de Deleuze: www.webdeleuze.com y que han sido convertidos muchos de ellos en libros en la Editorial Cactus. Y también por último a los vídeos: L'Abécédaire de Gilles Deleuze , de Pierre-André Boutang, entretiens avec Claire Parnet, Éditions Montparnasse, 2004; 2 moteurs de recherche sémantique un et deux de vidéos sur le Web pour "Deleuze "; des cours de Deleuze à Vincennes (1975-1976-1980); Le Point de

vue, cours sur Leibniz - novembre 1987; réalisation M. Burkhalter - Bibliothèques publiques (service du

podemos encontrar en muchos otros filósofos como hace ver T. Oñate respecto de Nietzsche:

«Podría referirse el eterno retorno de Nietzsche también a la voluntad de unidad

de estilo e implicaría, por ejemplo, que no se pudieran separar diacrónicamente,

historicista y hasta evolutivamente El Anticristo y El nacimiento de la tragedia, porque habrían de leerse a la vez, dejando que se transformaran en transversal, mutuamente, y en el marco de una ontología estética de la interpretación.»61

A saber, como veremos detenidamente en este estudio, Deleuze no hace otra cosa que desplegar un mismo sistema a lo largo de todas sus obras62, por ello, no podemos separarlas claramente por periodos ni notar evolución en ellas, sino sólo devenires. Ello hace que, contrariamente a lo que parecería en la exposición del problema que tratamos, a saber que la “ontología” desaparece de la superficie de los textos deleuzeanos, la cronología de sus obras no sea considerada en este trabajo como fundamental y podamos poner a dialogar textos del final de la vida del filósofo con textos de los primeros de su producción. En casos como el estudiado haremos notar sí, un cierto cambio en las distintas obras pero, como veremos, ese cambio no será comprendido como una evolución de su pensamiento, sino más bien como un devenir del sistema mismo.

Y es que en Deleuze, la filosofía hace y dice en resonancia y, por ello, a la vez que dice que la filosofía es sistemática, se encarga de hacer un sistema, creando conceptos y haciendo notar constantemente que hay algo que nunca está pensado, que no se puede

pensar y que es lo que da que pensar.

61 T. OÑATE: “Grecia en la postmodernidad”, en A.A.V.V. G. VATTIMO, T. OÑATE, F. ARENAS y A.

NÚÑEZ (eds.): Politeísmo y encuentro con el Islam…p. 192. Infra. §. “5.2. Heterogénesis. De la doble

causalidad”.

62 En esta tesis están de acuerdo muchos de los estudios acerca del pensamiento deleuzeano, desde el

polémico Badiou, hasta un discípulo de Deleuze como es J-C. Martin, pasando por M. Antonioli, etc. Vid. BADIOU, Alain, Deleuze, la clameur de l’être; ANTONIOLI, Manola: Deleuze et l’histoire de la

philosophie ou de la philosophie comme sciene-fiction. ; MARTIN, Jean-Clet: Variations. La philosophie de Gilles Deleuze ; GALVÁN, Gustavo: Gilles Deleuze: ontología, pensamiento y lenguaje. Un logos problemático. Frente a esta postura, encontramos trabajos como los de P. Mengue y M. Hardt que abogan

más por pensar un sistema menos repetitivo y más evolutivo en el pensamiento de Deleuze: Vid. MENGUE, Philippe: Gilles Deleuze ou le système du multiple ; MENGUE, Philippe : Deleuze et la

question de la démocratie : HARDT, Michael: Gilles Deleuze. An apprenticeship in Philosophy, entre otros

La filosofía es, para Deleuze, creación de conceptos con su consecuente constitución de un plan(o) de inmanencia, es decir y como veremos, sistema. Y ello no es baladí, Deleuze no dedica su vida a crear conceptos por entretenimiento o erudición. Al contrario, su filosofía guarda un objetivo que justifica todo el sistema que desarrolla en sus variaciones continuamente, incluso justifica que la filosofía se establezca necesariamente como creación de conceptos, hacerse de un sistema abierto donde lo abierto es precisamente, como veremos, el plan(o) mismo que da necesidad al sistema. El objetivo por el que pensamos y mostramos en este trabajo que lucha y filosofa Deleuze durante toda su vida, a pesar de todas las condiciones, es para acabar con la ilusión de

trascendencia en el pensamiento. Esta trascendencia contra la que lucha Deleuze posee

muchas caras, entre ellas, y como un factor muy importante, encontramos la “Identidad”, pues para que algo sea trascendente ya debe tener una identidad consigo misma. Por ello sabemos que, desde el comienzo de su producción, Deleuze aboga por una “filosofía de la diferencia” en la cual la diferencia no pueda devenir trascendente:

«Mientras la diferencia esté sometida a las exigencias de la representación, no está pensada en sí misma, y no puede serlo. […] Pensable, parece que sólo llega a serlo domada, es decir, sometida al cuádruple grillete de la representación: la identidad en el concepto, la oposición en el predicado. La analogía en el juicio, la semejanza en la percepción […] Al dejar de ser pensada, la diferencia se disipa en el no-ser.»63

Ello significa que Deleuze lucha contra una estructura cerrada y dada de antemano. Lucha contra Un Mundo, un único Cosmos posible, el de Dios, un Juicio que se impusiera, que organizara de una manera única y jerárquica todo lo que hay y fuera ineludible. Lucha contra que el mundo de la empiría y las opiniones sea hipostasiadas, con su representación, a todo lo que hay de manera trascendente.

« ¿Qué pensar de una filosofía que comprende que no sería filosofía si no rompiera, por lo menos provisionalmente, con los contenidos de la doxa, pero que conserva lo esencial de ella, es decir, la forma, y se contenta con

elevar a lo trascendental un ejercicio meramente empírico en una imagen del pensamiento presentada como “originaria”?»64

Mas, su lucha no se da contra las organizaciones. En efecto, el filósofo considera en su pensamiento, que las opiniones, los juicios y las estructuras en lo empírico son inevitables y también las jerarquías que conllevan como la propia extensión que son; pero lo que no parece ineluctable en la filosofía de Deleuze es que haya un Orden con sus valores y jerarquías que sea único. Un orden identitario que nos haga decir que «no hay

nada nuevo bajo el sol» tanto en lo filosófico como en los artístico, lo científico y lo

político.

«El Cso [cuerpo sin órganos] no se opone a los órganos, sino […] a esa organización de los órganos que llamamos organismo, a la organización orgánica de los órganos. El juicio de Dios, el sistema del juicio de Dios, el sistema teológico es precisamente la operación de Aquel que hace un organismo […] porque Él no puede soportar el CsO, porque lo persigue, porque lo destripa para adelantarse y hacer pasar primero al organismo.»65

Al contrario, la lucha de Deleuze defiende, y a ello dedica toda su vida, que hay una Tierra (Cso) que es diferencia, lo abierto y el plan(o) de inmanencia. Lo que legitima precisamente que en lugar de una trascendencia jerárquica y judicativa haya Tierra, es precisamente que haya lo nuevo. No se trata, como dicen los refranes de las opiniones comunes, que “no haya nada nuevo bajo el sol”, sino que la medida se inmanentiza y conduce a la tierra, cambiando así el refrán a algo más parecido a: «siempre hay algo

nuevo en la superficie de la Tierra». Si la filosofía comienza, como dice Heidegger, con

la caída en un agujero en la tierra de Tales de Mileto, ello no se debe tanto en Deleuze a que Tales fuera mirando el cielo como podríamos suponer, y como marca Platón, sino que nos hace ver que la filosofía comienza con una caída en un agujero de la Tierra, con una violencia de la Tierra que nos da que pensar, que hace que haya filosofía y que las cosas puedan cambiar en todos los ámbitos, también en el político.

64 LS., p. 119. Trad. Cast., p. 113.

«La filosofía es aquel pensar con el cual esencialmente no se puede hacer nada, y

del cual las criadas necesariamente se ríen. […]Significaría para nosotros sólo aquel proceder, por el que se corre especial peligro de caer en el pozo.»66

Así pues, en Deleuze lo que hay siempre es una lucha contra una acción y un pensamiento que pueda legitimar de derecho, de antemano y ontológicamente Un solo orden u organización de un solo mundo posible, con sus valores y jerarquías: el mundo de las opiniones y los hábitos de una cultura legitimadas ontológica, teológica y moralmente. No dice que no haya, en lo empírico, ni órdenes, ni valores, ni jerarquías –que las hay–, sino que ninguna posee legitimidad ontológica, pues el Ser –ahora no en las alturas sino en el corazón y en la superficie de la Tierra, de la materia y el pensamiento–, desaparecido incluso como Ser y derramado en esta Tierra, devenido Tierra, no es un orden ni impone una jerarquía desde sí mismo, sino todo lo contrario, es lo que hace y deshace cada orden, lo que posibilita que haya siempre lo nuevo y que otros mundos sean posibles y reales. Y sobre todo, permite que veamos con otros ojos también el mundo empírico que nos rodea, pues aniquila toda posibilidad de establecer ninguna jerarquía fija y por naturaleza de los entes gracias a la univocidad, haciendo que localicemos en lo que hay siempre vías de mutaciones, fisuras por las cuales circula la vida, en las cuales crear:

«De cierta forma esto quiere decir que la garrapata es Dios. No hay diferencia de categoría, no hay diferencia de sustancia, no hay diferencia de forma. […] ¿En qué consisten entonces las diferencias entre los seres? La única diferencia concebible desde el punto de vista del Ser unívoco será, evidentemente, la diferencia como grados de potencia.»67

Por ello, Deleuze hace un sistema y constituye un plan(o) de inmanencia a través de la imagen de lo que significa pensar, por ello crea conceptos, porque siempre se puede dar lo nuevo. Y es lo nuevo, las otras posibilidades de vida, las que deben producirse. A ello contribuye la filosofía no menos que las artes y las ciencias, etc.: a pensar de otro modo, a vivir de otro modo.

66 M. HEIDEGGER: La pregunta por la cosa. La doctrina kantiana de los principios trascendentales,

pags. 12 y 13.

67 G. DELEUZE: Curso sobre “Capitalismo y esquizofrenia”, 14/01/74. En el libro obtenido de estos

Nosotros, por estar razones, no hacemos un estudio “de más” acerca del pensamiento deleuzeano, sino un estudio “de menos”, en el sentido de que buscamos menos “interpretar” a Deleuze que crear con él, notar sus potencias y extenderlas al concepto de “ontología” que a su vez él sustrae de su filosofía.

Para toda esta tarea, a saber, para ayudar a este movimiento creativo deleuzeano y sus potencias a seguir vivo y activo en nuestro presente, es esencial nuestro estudio, a través de la investigación en la desaparición del concepto “ontología”, de toda su obra. Pues en esta desaparición se juega mucho: se juega que no haya un Ser en las alturas, que no haya legitimidad de una organización o un cosmos sobre otros, que no haya jerarquía de unos seres sobre otros, ni siquiera en un mismo cosmos; en definitiva, que las cosas puedan cambiar y que se pueda intervenir en lo que hay. Por estas razones, la filosofía según Deleuze no es de descubrimiento de algo que ya hubiera de antemano, sino precisamente la creación de conceptos, la creación de otros modos de pensar, de percibir, de ser afectados, la creación de otras posibilidades de vida nuevas y siempre en y desde una Tierra y ya no desde un Ser = Dios o desde un Dios por encima del Ser, nunca por encima, sino siempre por debajo, en el agujero con el que comienza la filosofía.

***

La metodología que utilizamos para localizar este objetivo político-ontológico y estético en el pensamiento de Deleuze, que es un método deleuzeano a su vez, nunca se establece de antemano, sino que es una búsqueda a través de los signos y se construye a la vez que se crean los conceptos. En efecto, en Deleuze, como muy bien sabe Zourabichvili, los signos de la Tierra no son claros aunque son distintos y nos violentan a estudiar, a buscar.

«Pensar comienza con la diferencia: “algo se distingue” (DR, 43), se hace signo y se distingue como envuelto, implicado: distinto-oscuro (DR, 43,191,275). Hay problema y sentido en función de un signo que el pensamiento encuentra y que fractura la unidad de lo dado, introduciendo una diferencia de punto de vista.»68

Deleuze nos recuerda que hay una filosofía cuya imagen no se basa en los sabios, en los amigos del saber que digan a los demás mediante su teoría lo que deben hacer porque ellos, según su inclinación natural, han visto eso que es la naturaleza de cada cosa y por ello saben. Hay otra filosofía, una filosofía menor, que se conduce como un amante celoso a través de los signos ambiguos del amado. Se trata de una relación más amoroso- celosa-detectivesca que una tranquila amistad, una relación en la que el amante no contempla, sino que hace y crea en su investigación.

« […] Los celos son más profundos que el amor, contienen su verdad. La razón está en que los celos llegan más lejos en la recogida e interpretación de los signos. Son el destino del amor, su finalidad. En efecto, es inevitable que los signos de un ser amado, desde que los “explicamos”, se manifiesten engañosos. […] los signos amorosos […] son signos engañosos que sólo pueden dirigirse a nosotros escondiendo lo que expresan, es decir, el origen de mundos desconocidos, de acciones y pensamientos desconocidos que les otorgan un sentido. […] Las mentiras del amado son los jeroglíficos del amor. El intérprete de los signos amorosos es necesariamente el intérprete de las mentiras. Su propio destino está contenido en la siguiente divisa: amar sin ser amado.»69

Así pues, como amantes celosos del pensamiento deleuzeano, nuestro método es elaborado a partir de la búsqueda detectivesca de un problema a través de los signos que Deleuze aporta en su obra. Buscamos, como ya hemos visto, por qué en su filosofía el concepto de “ontología” desaparece. Nuestro estudio parte, pues, de la sustracción realizada por Deleuze de este concepto y nos conducirá a través de múltiples mesetas, cada una con sus métodos u operaciones parciales, hasta notar la importancia de esa misma sustracción. Manejaremos y explicitaremos por ello distintos métodos, todos ellos deleuzeanos, pues cada ámbito y cada meseta necesitan tratamientos distintos aunque resonantes. Los que expondremos y nos serán útiles en nuestra investigación son los siguientes, todos relacionado entre sí:

- Método de la inmanencia. A cada paso de nuestro trabajo, del mismo modo que ocurre en el pensamiento de Deleuze, cada vez que encontremos una dicotomía,

tendremos que inmanentizarla. Y ello para hacer notar que, si bien los dos ámbitos no son el mismo, sin embargo ninguno de ellos sería sin el otro y que ambos remite a otra instancia, desplazando la dicotomía al infinito, convirtiéndola en inoperante. Así pues, este método parcial debe ser aplicado en cada caso para corregir la ilusión excluyente del pensamiento, haciendo ver que nunca hay exclusión, ni síntesis, sino inmanencia de los dualismos. Así dice Deleuze:

«No salimos efectivamente de los dualismos más que desplazándolos como se desplaza una carga, hasta encontrar entre los términos, que son dos o más, un desfiladero estrecho como un borde o una frontera, que va a hacer del conjunto una multiplicidad, independientemente del número de partes.»70

- Método de la negación no dialéctica. Este método, unido al anterior, nos hará notar que, aunque las dimensiones son inmanentes, no pueden ser confundidas y, aunque la exclusión, al igual que la negación y la carencia, son ilusiones si se sitúan en un lugar trascendente y ocupan lo real, sin embargo debemos utilizarlas para no confundir estos ámbitos. Así pues, la negación no se establece en primer lugar, sino que es un efecto óptico para comprender la no confusión o la impotencia de algunas instancias frente a otras. Sin duda una ilusión porque la diferencia no necesita de la negación, pero sí una ayuda metodológica explicativa.

«Lo negativo no está presente en la esencia como aquello de donde la fuerza extrae su actividad: al contrario, resulta de esta actividad […] Lo negativo es un producto de la propia existencia: […] la agresividad de una afirmación.»71

- Método de evaluación inmanente de las potencias. El método anterior no puede ser realizado si inmediatamente después no llevamos a cabo éste. Este método hace notar que la negación no es esencial, sino que es un efecto. De este modo, inmediatamente después de negar alguna instancia, habremos de notar que no es negada, sino más bien que hay que situar en otro lugar del agenciamiento, un lugar donde pueda operar su potencia y no se necrose y aniquile la máquina. Así, por ejemplo, en el §. 5.3. “Las

70 D., p. 160. Trad. Cast., p. 149. Apelaremos a este texto a modo de ritornelo en los momentos que

corresponda explicitar este método parcial dentro de nuestra investigación.

potencias e impotencias de la filosofía”, se lleva a cabo esta evaluación de potencias, y aquello que no funciona y fija el proceso, queda explicitado como aquello que no puede ser llamado filosofía. Pero ahí no cesa este proceso de evaluación, pues estas instancias serán retomadas en los últimos capítulos (§. 17. “La ontología se confunde con la univocidad. La ontología menor de Gilles Deleuze”) para experimentar qué potencias y funciones sí tienen las instancias que hemos desechado por el momento. Por ello, el sistema deleuzeano no excluye en principio nada, salvo aquello que mata el proceso mismo, e incluso aquello, sólo ha de encontrar una función en un nuevo orden nunca eterno ni absoluto. Ello le ocurrirá, como veremos detenidamente en nuestra investigación, a la contemplación, la reflexión y la comunicación, al igual que, en cierto modo, a la misma ontología.

«La evaluación se define como el elemento diferencial de los valores correspondientes: elemento crítico y creador a la vez. Las evaluaciones,