La opinión de varios es que el escritor del libro que abre la puerta hacia los tesoros del Nuevo Testamento “ciertamente no fue Mateo el apóstol”.108 [p 103] Hasta donde concierne a
107 C. S. Petrie, “The Authorship of “The Gospel according to Matthew’: A Reconsideration of the External Evidence”, NTStud 14 (1, 1967), pp. 15–32.
108 A. H. McNeile, The Gospel According to St. Matthew, Londres, 1915, p. xxviii. La misma idea es expresada por B. M. Metzger, The New Testament, Its Background, Growth, and Content, pp. 96, 97. E. J. Goodspeed, op. cit., p. 20, reconoce que por mucho tiempo él también había sido de esa opinión. Su libro indica un giro completo. Se sostiene en forma más o menos extensa el punto de vista de que aunque Mateo no fue el escritor de la obra acabada, él tuvo algo que ver con ella. Había provisto la estructura básica al escribir los dichos (logia) del Señor, etc. Sea lo que fuere que el verdadero Mateo había escrito, posteriormente se lo usó, amplió y organizó mediante el trabajo de un compilador o editor cuyo nombre se ha perdido. El conjunto se llamó entonces “El Evangelio según Mateo”. Según un autor, la razón para atribuírselo fue que “habría una tendencia irresistible a buscarle sanción apostólica”, W. C. Allen, A Critical and Exegetical Commentary on the Gospel according to Matthew (International Critical Commentary), p. lxxxi. Esta razón no es muy convincente. Si el Evangelio en cuestión se atribuyó a Mateo “a fin de encontrarle sanción apostólica”, ¿por qué no se atribuyó el Evangelio más largo al apóstol Pablo en vez de a Lucas y el más corto al apóstol Pedro en vez de a Marcos? Según A. Plummer, el escritor de este Evangelio “no fue Mateo”, sino “un cristiano judío del primer
la doctrina de la inspiración, no hay objeción a esta opinión. En ningún lugar revela el escritor su identidad. Lo que escribió es anónimo y permanece anónimo. El caso de Pablo es distinto. Cuando dirigió una carta a Filemón, incluyó estas palabras: “Yo Pablo lo escribo”. En realidad, en el primer versículo de cada epístola se identifica como escritor. Desde luego, el nombre de Mateo aparece en 9:9 y en 10:3 pero en ninguno de estos pasajes se llama a sí mismo escritor. Además, como se ha indicado previamente, el título que, según se interpreta corrientemente aunque no en forma estricta, atribuye el libro a Mateo como escritor, sólo fue agregado hacia el año 125 d.C. Por eso no pertenece al libro inspirado mismo.
Hay que reconocer la posibilidad de que el título del Evangelio pueda señalar al nombre de una persona que, supongamos, fuera responsable de parte de su contenido solamente.
Excelentes eruditos conservadores no ven dificultades en el título, aun cuando rechazan el punto de vista tradicional según el cual el ex publicano Mateo fue el compositor de todo el Evangelio. Como ellos lo ven, la relación entre Mateo y su Evangelio debe entenderse en el sentido que, además de lo que tiene en común con los demás sinópticos, también contiene mucho que es original en material, propósito y estructura. En este modo nuevo e
independiente de considerarlo, disciernen la influencia permanente de un testigo ocular bien definido, esto es, del apóstol Mateo.109
Sin embargo, de ningún modo están todos los especialistas satisfechos con la idea de que el ex publicano fue el escritor solamente en el sentido de que fue responsable de una parte de su contenido. En cambio, creen que en sentido real él fue el escritor o compositor de todo el libro, aunque al [p 104] escribir hizo uso profuso de fuentes.110
Los argumentos111 de quienes aceptan una conexión remota entre el ex publicano y el
libro que se le atribuye son los siguientes:
1. La apelación a la tradición primitiva en apoyo de la proposición de que Mateo mismo fue el escritor de todo el primer Evangelio canónico no se justifica, porque la tradición se refiere a un escrito en arameo y el Mateo en griego ni siquiera es una traducción del arameo escrito.
Respuesta: Si los exponentes de la antigua tradición consideraban Mateo en griego como una traducción libre, de modo que ellos estimaban que el supuesto original arameo y el nuevo documento eran un solo libro, el cual atribuían a Mateo, ¿no pierde su fuerza este argumento? Si estos primeros testigos (Papías, Ireneo, Orígenes, etc.) no lo consideraron así, ¿no debemos concluir que algunos de ellos, aun cuando con frecuencia citaban el Mateo en griego, nunca discuten su paternidad literaria? Además, ¿no sugiere una tradición muy
tiempo que no tenía la suficiente importancia como para dar su nombre a un Evangelio”. Este escritor desconocido usó el más antiguo logia de Mateo (“colección de hechos acerca de Jesús, que consiste principalmente en sus dichos y las circunstancias en que fueron pronunciados”) como fuente (An Exegetical Commentary on the Gospel according to St. Matthew, reimpresión, Grand Rapids, 1953, pp. viii–x.
109 Así, por ejemplo, H. N. Ridderbos, Het Evangelie naar Mattheus (Korte Verklaring der Heilige Schrift), Kampen, 1952, pp. 13– 15. De ahora en adelante, cada vez que el nombre de este autor es mencionado y seguido por las palabras op. cit., la referencia es a su comentario sobre Mateo.
110 Según A. T. Robertson lo ve, “no hay una razón verdadera por la cual el apóstol Mateo no pueda haber escrito tanto el Logia en arameo como nuestro Mateo en griego, a menos que uno no quiera creer que él podía usar la obra de Marcos a la par que la suya propia” (Word Pictures, Vol. I p. xi). R. C. H. Lenski considera que Mateo es el escritor de todo el libro, en el cual incorporó ciertos dichos hebreos o logia (Interpretation of St. Matthew’s Gospel, Columbus, Ohio, 1932, p. 18. De aquí en adelante, cuando se menciona el nombre de este autor seguido por las palabras op. cit., la referencia es a su comentario de Mateo). S. Greijdanus considera que Mateo es el escritor del Evangelio en arameo, y cree que alguien lo tradujo al griego (Bijbelsch Handboek, Kampen, 1935, Vol. II, p. 104). N. B. Stonehouse cree que “la autoridad apostólica de Mateo está tan firmemente atestiguada como cualquier otro hecho de la historia eclesiástica antigua” (Origins of the Synoptic Gospels, pp. 46, 47). Como se ha dicho antes, esto concuerda con lo que antes escribiera Goodspeed, aun cuando no todas las razones en las que éste basó sus opiniones fueron aceptadas por Stonehouse. Finalmente, R. H. Gundry también defiende el punto de vista de que Mateo fue el escritor de la obra que se le atribuye (op. cit., pp. 181–185. En la p. 182 da su estimación de los argumentos de Goodspeed. Estoy completamente de acuerdo con esa estimación.
antigua el título “según Mateo”? En cuanto a evidencia sobre la fecha primitiva del título, véase Goodspeed, op. cit., pp. 37, 38.
2. Es muy dudoso que Mateo, un testigo ocular, hiciera un uso tan extenso de un Evangelio escrito por Marcos, hombre que ni siquiera formaba parte del grupo de los Doce.
Respuesta: Este argumento ya fue contestado; véanse pp. 54, 55.
3. El primer Evangelio canónico no es tan vívido como esperaríamos si hubiese sido
compuesto por un testigo ocular. En realidad, no es tan vívido como el Evangelio de Marcos (o el de Juan).
Respuesta: Se reconoce de inmediato que entre los Sinópticos Marcos es generalmente el más vívido, como también sería de esperar con referencia a un Evangelio escrito por el intérprete de Pedro. Sin embargo, para dar razón de la presencia de un relato vívido, no solamente se debe considerar la proximidad al escenario donde ocurrió la acción, sino también el carácter o [p 105] personalidad del escritor. Probablemente Pedro fuera un individuo más intenso y vibrante que Mateo. Marcos podría haberse parecido a Pedro en algunos de sus rasgos (véanse pp. 49, 50). Mateo podría haber sido más calmado y más cauto. Además, esta probable diferencia en cuanto a vivacidad no se debe exagerar. El Evangelio de Mateo no carece de toques vívidos: 1:20; cap. 2; 7:24–27; 8:23–27; 14:28–31; 20:1–16; 22:1–14; 23:1–39; cap. 25; 27:3–10, 19–21, 24, 25, 50–56, 62–66; 28:2–4, 11–15.
Lo que hasta ahora se ha discutido es una posición conservadora acerca de la paternidad literaria del libro conocido como “Evangelio según Mateo”. Los conservadores están de
acuerdo que de uno u otro modo el título es correcto. También concuerdan en creer que el libro es una parte de la Palabra inspirada por Dios. Las diferencias entre ellos tienen que ver con un punto relativamente secundario. Sin embargo, ningún conservador verdadero podrá apoyar la posición de un radical en cuanto a la paternidad literaria, el carácter y el contenido del Evangelio. Puesto que esta posición es verdaderamente un ataque al carácter fidedigno de los Evangelios, tema que ya ha sido tratado con cierta extensión (véanse pp. 63–86). Queda poco por añadir aquí.
Un ejemplo típico del punto de vista radical en cuanto al Evangelio de Mateo se encuentra en un artículo de H. H. Koester de la Escuela de Divinidad de Harvard.112 Ese autor considera
que parte del material contenido en este Evangelio es de carácter legendario, niega de plano que pudiera haber escrito el libro un discípulo inmediato de Jesús, y expresa como opinión suya que 22:6, 7 considera la caída de Jerusalén como algo ya ocurrido. También está seguro que las formulaciones cristológicas, doctrinales y litúrgicas desarrolladas demuestran que el libro fue escrito por un hombre de la tercera generación, no antes de 75–100 d.C.
Pero el rechazo de un relato (por ejemplo, el nacimiento virginal) no prueba que el suceso indicado no haya ocurrido. El argumento basado en 22:6, 7 es muy débil, como ya se ha mostrado (véase p. 30). Y un argumento consistente exigiría que si vamos a rechazar la existencia de formulaciones cristológicas, doctrinales y litúrgicas desarrolladas antes del año 75 d.C., tendríamos que negar también la autenticidad de todas las epístolas de Pablo (y, de hecho, de gran parte del Nuevo Testamento).
Argumentos en defensa de la atribución del “Evangelio según Mateo”
a Mateo, uno de los Doce
112 “Matthew, Gospel according to Saint”, Encyclopaedia Britannica, Chicago, Londres, etc., edición de 1969, Vol. XIV, pp. 1117–1118.
1. Mateo (Mt. 9:9; 10:3; Mr. 3:18; Lc. 6:15; Hch. 1:13), llamado también [p 106] Leví (Mr. 2:14; Lc. 5:27, 29), era judío, como se ve claramente por sus nombres.113 Esto puede explicar
el carácter judaico de su Evangelio.
2. Cuando recibió el llamamiento a seguir a Jesús, Mateo era un publicano, esto es, un cobrador de impuestos en Capernaum. Es probable que estuviera al servicio de Herodes Antipas. Puesto que trabajaba en “Galilea de los gentiles” tenía que estar familiarizado con el griego y con el arameo.114 El Evangelio según Mateo muestra que su escritor tenía buen
conocimiento de más de un idioma. Así las citas que en él se encuentran con frecuencia presentan una especie de paráfrasis en que se combinan elementos de la Septuaginta griega con elementos arameos y derivados del hebreo.115
Además, como recolector de impuestos, Mateo estaba obligado a presentar informes escritos del dinero que cobraba. Hasta puede haber sabido algún sistema de taquigrafía.116
Por lo tanto, era la persona más indicada para tomar notas de las palabras y obras de Cristo. 3. Mateo no solamente era un judío inteligente; también era profundamente religioso, como se ve del hecho de que cuando Jesús lo llamó, él obedeció inmediatamente. Como tal bien podemos creer que tenía un conocimiento muy completo del Antiguo Testamento en hebreo y de la traducción al griego, la Septuaginta. Ciertamente estaba bien versado en las Escrituras. Por eso, guiado por el Espíritu, era el tipo de hombre que podía interpretar pasajes del Antiguo Testamento de tal modo que podía aplicarlo a nuevas situaciones. El Evangelio según Mateo concuerda con esta habilidad de parte de Mateo. Los escritores de los demás Evangelios, podemos suponer, pudieron hacer uso de las notas de Mateo. El, por su parte, pudo utilizar el Evangelio de Marcos.
[p 107] 4. La tradición es unánime al señalar a Mateo como el escritor. Nunca menciona a otro:
Eusebio, al comienzo del cuarto siglo, escribió lo siguiente:
“Mateo, habiendo predicado al principio a los hebreos, cuando estaba a punto de salir en busca de otros puso por escrito en su idioma nativo el Evangelio según él mismo, y así, al escribir, hizo provisión para la falta de su propia presencia” (op. cit., III.xxiv.6).
Un poco antes, Orígenes (escribió entre 210–250) se expresó en forma similar, y también, aun antes (entre 182 y 188), Ireneo (véase en p. 53, notas 41b y 41a respectivamente). Papías
113 El nombre de su padre era Alfeo (Mr. 2:14). Este era también el nombre del padre de Jacobo el Menor y de José (Mt. 10:3; Mr. 15:40). Goodspeed identifica a este Alfeo con el padre de Mateo. Como él lo ve, la madre de la familia era una de las Marías, y era madrastra de Mateo. Aun sugiere que la presencia de Mateo en esta familia notable podría haber sido el trasfondo para el dramático llamado al discipulado que él recibió (op. cit., pp. 2, 6, 7). Todo esto suena un poco irreal. No encuentro base alguna para ello en las Escrituras. Puesto que los Evangelios no señalan relación familiar entre Mateo y Jacobo el Menor (como lo hacen entre Jacobo y Juan, y entre Pedro y Andrés), ¿no es mucho más posible que no hubiera tal relación? Con toda probabilidad, por lo tanto, así como la Biblia habla de más de uno que lleva el nombre Goliat, Herodes, Jacobo, Jeroboam, Juan, Josué, Judas, Noé, Felipe, Simón, etc., así también reconoce más de un Alfeo. En algunos aspectos encuentro que el libro de Goodspeed, Matthew, Apostle and Evangelist es muy estimulante e informativo, pero en otros aspectos muy repetitivo e irreal.
114 Véase E. Schürer, Geschichte des jüdischen Volkes in Zeitaltar Jesu Christi, Leipzig, 1901–1909, Vol. I, pp. 5755; 84ss. 115 Esto lo aclara R. H. Gundry, The Use of the Old Testament in St. Matthew’s Gospel, pp. 174–178.
116 Goodspeed arroja valiosa luz sobre este tema basado en papiros descubiertos, op. cit., pp. 57–76. Sobre el tema de taquigrafía antigua véase también G. Milligan, The N. T. Documents, Londres, 1913, pp. 241–247. La taquigrafía era bien conocida y estaba muy difundida aun antes del tiempo de Mateo, lo que es confirmado por el hecho de que ya en el año 63 a.C. Marcus Tulius Tiro, amigo de Cicerón había inventado un sistema taquigráfico que se enseñaba extensamente en las escuelas del imperio y era usada por los notarii en el Senado Romano para tomar los discursos de los oradores. Y el mundo griego no se quedaba atrás en esto, como Milligan y otros han demostrado.
41b “En el primero de sus Comentarios sobre el Evangelio según Mateo, al defender el canon de la iglesia, él (Orígenes) da testimonio de conocer solamente cuatro evangelios, escribiendo más o menos como sigue: ‘… habiendo aprendido por la tradición acerca de los cuatro Evangelios, los únicos que son indiscutibles en la iglesia de Dios bajo el cielo, que primero fue escrito aquel según el ex cobrador de impuestos, luego apóstol de Jesucristo, Mateo; quien lo publicó para quienes llegaban del judaísmo a
es el más antiguo en esta serie de testigos (entre 125 y 140) cuya referencia a Mateo y su Evangelio también ha sido citada y discutida (pp. 97–100). Papías fue descrito por Ireneo como oyente del apóstol Juan y compañero de Policarpo.
Hay abundante testimonio del uso de este Evangelio en los primeros escritos patrísticos que se han preservado (los atribuidos a Bernabé, Clemente de Roma, Ignacio y Policarpo). La Didaché también añade su testimonio. En realidad, uno puede decir sin exageración que la evidencia externa del uso primitivo de este Evangelio, y de su atribución a Mateo tan pronto como estas comenzaron a hacerse, es unánime.
5. Sería difícil explicar cómo dentro de un período de quizás sesenta años desde que se escribió este Evangelio pudiera haberse perdido el nombre de su verdadero escritor y se hubiera puesto otro nombre ficticio en su lugar.
6. El escritor de una obra tan hermosa en diseño, tan armoniosa en estilo y tan majestuosa en contenido difícilmente podría haberse perdido de vista.
7. El hecho de que este Evangelio fue atribuido a uno de los menos destacados de los doce apóstoles, un hombre acerca de quien apenas se sabe algo, es otro argumento en favor del carácter fidedigno de esta atribución.
En cuanto a la fecha y el lugar de origen hay mucho de incierto. El conocimiento de Mateo del Antiguo Testamento hebreo y su acceso a los rollos hebreos parecen indicar una fecha en que la ruptura con la sinagoga donde tales rollos eran guardados aún no era completa, y a Palestina en cuanto a lugar, o región general donde se originó el escrito. Apoyando también este lugar están las muchas referencias a sucesos y situaciones en Jerusalén o en sus alrededores, relatados exclusivamente por Mateo (2:3, 16; 21:10; 27:3–8, 24, 25, 52, 53, 62– 66; 28:4, 11–15). La fecha no puede ser posterior a 70 d.C., porque Jerusalén y su templo aún no habían sido destruidos (24:2, 15–28). Sin embargo, debe ser suficientemente tardío como para permitir que Mateo usara el Evangelio de Marcos. Pero no sabemos exactamente cuando escribió Marcos su libro. Pero véase p. 54. La declaración de Ireneo, apreciada e interpretada en diversas formas (citada en p. 50), según la cual Mateo publicó su Evangelio “mientras Pedro y [p 108] Pablo estaban predicando en Roma y estableciendo la iglesia”,117
parecería señalar a una fecha no muy anterior a 63 d. C. y probablemente antes del principio de la guerra judía. Considero 63–66 d.C. como una fecha que no está lejos de ser la exacta. No pudo ser mucho antes, porque 27:8 y 28:15 implican que desde el Calvario había
transcurrido mucho tiempo.
creer, compuesto como fue en el idioma hebreo; en segundo lugar, aquel según Marcos, quien escribió de acuerdo con las instrucciones de Pedro, a quien también Pedro en su epístola general reconoce como su hijo diciendo: La que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, os saluda, como también Marcos, mi hijo. Y en tercer lugar, aquel según Lucas, quien escribió para quienes de los gentiles habían llegado a creer, el evangelio que fue elogiado por Pablo. Después de todos ellos, aquel según Juan’ ” (Orígenes, citado por Eusebio, Historia Eclesiástica VI.xxv, 3–6).
41a “Mateo publicó entre los hebreos un Evangelio escrito en su propio idioma, mientras Pedro y Pablo estaban predicando en Roma y estableciendo la iglesia. Después de la partida de ellos, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, nos entregó por escrito lo que Pedro había predicado. Y Lucas también, compañero de Pablo, escribió en un libro el evangelio que éste predicaba. Después Juan, discípulo del Señor, el que se había reclinado sobre su pecho, también publicó un Evangelio durante su residencia en Efeso de Asia” (Ireneo, Contra herejías III.i.1).
117 Mucho está aún oscuro: a. Cuando Ireneo dice que este Evangelio fue publicado “entre los hebreos en su propio idioma”, ¿es esta su propia opinión original o está haciendo eco de Papías? b. Cuando dice que la redacción de este Evangelio ocurrió en el tiempo en que “Pedro y Pablo estaban estableciendo la iglesia en Roma”, ¿es esto un error, considerando el hecho de que la iglesia de Roma no fue fundada por Pablo? O ¿se debe dar a las palabras “estaban estableciendo” un sentido más figurado, por ejemplo, “fortaleciendo”? Véase Fil. 1:12–18. c. ¿Estaba Pedro en Roma durante el lapso entre el primero y el segundo encarcelamiento de Pablo allí? Véase 1 P. 5:13.