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4.4 Software Patterns

4.4.5 Patterns in Real-time Systems

la iniciación de un nuevo capítulo en este punto. Mateo no señala conexión cronológica alguna entre este versículo y el material precedente (el relato del bautismo y la tentación). Bien podría haber habido un lapso intermedio de un año, durante el cual ocurrieron los

sucesos relatados en Jn. 1:19–4:42.244 Si es así, la fecha en que Jesús salió hacia Galilea

para iniciar el gran ministerio galileo fue probablemente en los alrededores de diciembre del año 27 d.C. o un poco después.

Pero aunque estaba tan separado de los acontecimientos precedentes, lo que Mateo está por decirnos está estrechamente relacionado en sustancia material con lo precedente. Ha llegado a su fin la preparación de la obra que [p 252] el Padre dio a Jesús que hiciera, y ya acabó también su inauguración. El principio ha sido completado. Ha quedado establecida la identidad de Jesús como hijo de David que al mismo tiempo es el Señor de David (cap. 1). De los magos ha recibido la honra debida a Quien es el Rey de reyes y Señor de señores (cap. 2). Ha sido anunciado como soberano y, por medio de su bautismo, ha confirmado su decisión de llevar sobre sí mismo el pecado del mundo (cap. 3). Ha demostrado que es digno, porque en el desierto triunfó sobre el diablo, venciendo como representante nuestro donde Adán había fracasado. Por lo tanto, ahora nada le impide llevar a cabo la tarea asignada y que él voluntariamente asumió.

En consecuencia, ahora ha llegado el momento en que Jesús debe retirarse de Judea para ir a Galilea. Esto era en cumplimiento de la profecía, como Mateo va a decir (vv. 14–16). Pero, como lo muestra el v. 12, también tuvo algo que ver con el encarcelamiento de Juan el

Bautista. Este, como ya se ha mostrado, hizo su primera aparición pública en el verano del año 26 d.C. Y ahora, unos dieciocho meses más tarde, había sido encarcelado por la razón declarada en 14:3, 4. Los líderes judíos, especialmente los de Jerusalén, que se habían llenado de celos en los días de la gran popularidad de Juan, y acerca de los cuales Juan había hecho declaraciones muy poco corteses (3:7), deben haberse alegrado. Pero este gozo fue de corta duración, porque a los oídos de los líderes llegaron otras noticias, a saber, que las multitudes que seguían a Jesús eran más numerosas que las que habían seguido al heraldo. En realidad, aun antes del encarcelamiento de Juan, Jesús iba por sobre Juan en el favor popular (Jn. 3:22–26). Por eso, desde el punto de vista de los líderes las cosas estaban empeorando en vez de mejorar. Ahora, cuando el Señor supo que Juan había sido

encarcelado (Mt. 4:12) y que los fariseos, con base en Jerusalén, hubieron oído que Jesús estaba ganando y bautizando (a través de sus discípulos) más discípulos que Juan (Jn. 4:1), salió de Judea y se dirigió a Galilea. ¿Por qué hizo esto? ¿No estaba gobernada Galilea por Herodes Antipas, el tetrarca que había encarcelado a Juan el Bautista? Es verdad, pero se debe recordar que este error judicial se debió a una razón muy especial: no se nos dice que

Jesús haya reprobado personalmente a Herodes como Juan lo había hecho. Cuando, después

de la muerte de Juan, Herodes se convence que Jesús es “Juan el Bautista, resucitado de los muertos”, Jesús también se aparta hasta cierto punto de la atención inmediata de ese rey (Mt. 14:1, 2, 13).

En el momento indicado en 4:12, no era de Herodes Antipas de quien Jesús necesitaba alejarse, sino de los líderes religiosos que estaban en Judea. Sin embargo, bien podría hacerse la pregunta: “Pero, después de todo, ¿por qué tenía que apartarse Jesús? ¿Tenía miedo? ¿Le faltó valor?” ¡Perezca tal pensamiento! La verdadera razón era esta, que Jesús estaba bien consciente del hecho de que su propia gran “popularidad” en la región de Judea traería tal resentimiento de parte de los líderes religiosos que este [p 253] resentimiento, en el curso natural de los acontecimientos, podría conducir a una crisis prematura. El Señor sabía que para todo acontecimiento en su vida había un tiempo señalado en el decreto de Dios. También sabía que el momento señalado para su muerte aún no había llegado. Tan pronto

244 Baso esta probabilidad en la suposición de que la salida hacia Galilea y la entrada en Galilea para comenzar el Gran Ministerio en Galilea que se menciona aquí en Mateo, es lo mismo a que hace referencia Jn. 4:3, 43. En Juan fue seguida poco después por lo que fue probablemente la segunda fiesta de la Pascua del ministerio público de Cristo (Jn. 5:1); sería, pues, la Pascua del año 28 d.C., precedida, un año antes, por la primera Pascua, mencionada en Jn. 2:13, 23. Véase también pp. 192, 208; C.N.T. sobre el Evangelio según Juan, pp. 39, 186, 200, 201; y mi Bible Survey, pp. 61, 62, 69.

llegara ese momento, él voluntariamente pondría su vida (Jn. 10:18; 13:1; 14:31). Entonces lo haría, pero no antes de ese momento. Por eso, ahora tenía que salir de Judea.

¿A dónde fue Jesús cuando llegó a Galilea? ¿Dirigió sus pasos directamente a lo que había sido hasta ahora su hogar en Nazaret? Mateo sabe que esto es lo que los lectores de su

Evangelio esperarían que Jesús hiciera (2:23). Sin embargo, el Señor hace lo contrario. Aunque, naturalmente, no ha olvidado Nazaret, y le hará una visita cuando llegue el momento oportuno (13:53–58; Mr. 6:1–6; Lc. 4:16–30), Nazaret no será su base de

operaciones. Ha dejado de ser su lugar de residencia. Esto está indicado en el v. 13. Saliendo de Nazaret, fue y se estableció en Capernaum, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Capernaum puede significar aldea de Nahum. De todos modos, no es seguro que el lugar recibiera el nombre por el profeta del Antiguo Testamento que predijo la destrucción de Nínive. Originalmente la referencía podría ser a algún otro Nahum. O, puesto que Nahum significa compasivo, el nombre podría interpretarse “aldea de compasión” o “de consolación”. Nadie sabe. Sin embargo, lo que está claro es que en un tiempo Mateo, el escritor del

Evangelio, tenía su oficina en este lugar. Como se ha indicado (Mt. 9:9), Mateo era “publicano”, esto es, cobrador de impuestos o inspector tributario.

Fue en los alrededores de esta aldea que Jesús había llamado a sus primeros discípulos (Jn. 1:35–42). También fue aquí que Pedro y Andrés, Jacobo y Juan fueron invitados

posteriormente a ser “pescadores de hombres” (Mt. 4:18–22). Capernaum llegó a ser el centro de las actividades de Cristo, su base de operaciones durante el gran ministerio galileo. Fue aquí que Jesús realizó muchos milagros (11:23; cf. 8:5–17; 9:1–8, 18–34; 12:9–13; 17:24–27; Lc. 4:23, 31–37; 7:1–10), asistió regularmente a la sinagoga y presentó varios mensajes, incluyendo el del Pan de Vida (Jn. 6:24–65). Mateo aun llega a llamar a Capernaum “ciudad de” Cristo (9:1).

Se han desenterrado las ruinas de una sinagoga en Capernaum. Ha sido restaurada en parte. La estructura data del segundo o tercer siglo d.C. Se piensa que una casa de adoración más antigua, probablemente la mismísima que había sido regalada por el centurión que amaba la nación judía (Mt. 8:5, 6; Lc. 7:5, 6), y donde Jesús enseñó, yace sepultada bajo los cimientos de la ya descubierta. Es evidente que en Capernaum está estacionado un

destacamento de soldados. El relato del funcionario del rey a cuyo hijo Jesús sanó (Jn. 4:46– 54) podría indicar que Capernaum era también un centro de administración política.

El año 1905 se iniciaron excavaciones en Tell Hum en la costa noroccidental [p 254] del mar de Galilea. Fueron completadas por los franciscanos, los que presentaron evidencias para mostrar que Tell Hum es el sitio de la antigua Capernaum, ubicado unos cuatro kilómetros hacia el oeste de donde el río Jordán, viniendo del norte, desemboca en el mar.

Para Jesús y sus discípulos el lugar era estratégico, porque desde este punto en (lo que era) el territorio de Zabulón y Neftalí había un fácil acceso a la mayoría de las aldeas de

Galilea y sus alrededores. Podía llegarse a ellas por tierra—porque Capernaum estaba situada en la costa muy poblada y en la ruta comercial que conectaba a Damasco con el

Mediterráneo—o también por mar.

Debido al hecho que, a pesar de todas las obras de misericordia y poder que Jesús realizó aquí y de todas las palabras de gracia que salieron de sus labios, los habitantes de

Capernaum permanecieron impenitentes en general, Jesús predijo su condenación, como se explicará más adelante (véase sobre Mt. 11:23, 24). En cuanto a la destrucción de la ciudad misma, lo que ocurrió aquí es tan sorprendente, que durante siglos la ubicación de

Capernaum ha sido materia de discusión.245

245 Se ha consultado la siguiente literatura sobre Capernaum: W.H.A.B., p. 86; G. E. Wright, Biblical Archaeology, Filadelfia, Londres, 1957, p. 237, con una foto de la sinagoga descubierta en Capernaum; E. G. Kraeling, Rand McNally Bible Atlas, 1966, Nueva York, Chicago, San Francisco, pp. 373–379; L. H. Grollenberg, op. cit., consúltese el índice, p. 146; W. Ewing, artículo

Dirigido por el Espíritu, Mateo nos da una versión propia de Is. 9:1, 2 en la que considera el establecimiento de Cristo en Capernaum como otro cumplimiento profético; esta vez 14–16 … Para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta Isaías:

Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, rumbo al mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles,

El pueblo sentado en tinieblas ha visto una gran luz;

y sobre los que estaban en la tierra de sombra de muerte, luz les ha amanecido.246

[p 255] En su gracia soberana Dios hizo algo completamente inesperado. Envió a su Hijo no principalmente a la aristocracia de Jerusalén, sino especialmente a las despreciadas, dolorosamente afligidas y en gran parte ignorantes masas de Galilea, una población mixta judío gentil. Fue en Galilea y sus alrededores donde Jesús pasó la mayor parte de su vida encarnada sobre la tierra. Fue aquí donde creció; también aquí fue que posteriormente viajó de ciudad en ciudad, de aldea en aldea, en sus misiones de misericordia, impartiendo

consuelo y sanidad, y por sobre todo lo demás tratando de salvar a los perdidos. Fue aquí donde recorrió la costa y se dirigió a las multitudes. Fue en esta región general donde reunió a su alrededor un grupo de discípulos. Fue desde esta parte norte de Palestina que sus bellas palabras de vida, de amonestación y consuelo fueron difundidas ampliamente y se

transmitieron de padres a hijos.

Con toda probabilidad, los cinco puntos mencionados en el v. 15 se refieren a cinco secciones diferentes de la Gran Galilea. Véase un mapa bíblico que muestre estas secciones. La tierra de Zabulón estaba al oeste del Mar de Galilea, y limitaba al norte con la tierra de

Neftalí. La región rumbo al mar estaba al occidente de éstos y se extendía desde el norte hacia

el sur a lo largo del Mediterráneo. El otro lado del Jordán indica el territorio que está al oriente del Jordán. La región que era llamada Galilea de los gentiles (Galîl en el Antiguo Testamento) debido al fuerte elemento pagano en su población, era la parte norte de lo que antes se llamaba Neftalí. Una de sus ciudades principales en los tiempos del Antiguo

Testamento era Cedes (Jos. 20:7; 21:32). El nombre Galîl (Is. 9:1) fue cambiado a Galilea, y, alterado de este modo, se convirtió en la designación de toda la gran provincia gobernada por Herodes Antipas.

Es evidente que la palabra “tierra” en el v. 5 se refiere primariamente a la gente que la habitaba. Cf. Jer. 22:29: “Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová”. Esto se aplica también a las otras tres designaciones, “rumbo al mar …” Toda la población de esta quíntuple parte norte de Palestina es llamada “pueblo sentado en tinieblas”, y “los que estaban en la tierra de sombra de muerte”. Durante siglos los que vivían en este extenso territorio habían estado

sobre Capernaúm en I.S.B.E., Vol. I, pp. 566, 567; y J. S. Irvine, artículo sobre Capernaum en Encyclopaedia Britannica, edición de 1969, Vol. IV, p. 826.

246 En el original hebreo de Is. 9:1, 2 los dos primeros puntos, “la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí” están separados de los otros tres, “hacia el mar, más allá del Jordán, Galîl de las naciones”. Los cinco son objetos de verbos: los primeros dos de “trajo aflicción”; las últimas tres de “hizo pesado”, esto es, aquí probablemente “llenará de gloria” (VRV 1960), “hará que tenga honra”. Sin embargo, en Mateo los cinco puntos forman un grupo estrechamente entrelazado. Aquí es probablemente mejor considerar los cinco como nominativos en aposición con “el pueblo que andaba en tinieblas”, con el predicado “ha visto gran luz”. Las últimas dos líneas que comienzan con “y sobre”, están en una relación de paralelismo. Aquí “luz” es el sujeto, y “les ha amanecido sobre, etc.”, es el predicado. El arreglo de las frases en Mateo muestra muy poca conexión con la versión más bien pobre que se encuentra en la Septuaginta. Mateo, de un modo muy propio, pudo reproducir en forma muy hábil los pensamientos de Isaías. Esencialmente Isaías y Mateo están en perfecto acuerdo: la luz amanece (o resplandece) sobre los que anteriormente estaban en tinieblas.

expuestos a la agresión política y militar del norte (Siria, Asiria, etc.) y a la corruptora

influencia moral y religiosa de un ambiente pagano. Habían sido invadidos y amenazados en una escala mucho mayor que el pueblo de Jerusalén y sus alrededores (véase 2 R. 15:29; Is. 8:4). Sin duda, a muchos de los habitantes de Galilea se les podían aplicar también las palabras de 2 R. 17:33 con referencia específica a los samaritanos: “Temían a Jehová y honraban a sus dioses”.

Sentarse en tinieblas y en la tierra de sombra de muerte indica una condición de peligro, temor, desesperación, languidecimiento, sin ninguna ayuda humana a la vista. En las Escrituras la designación tinieblas, cuando se usa en forma figurada, se refiere a una o más de las siguientes características: [p 256] engaño (ceguera de mente y corazón; cf. 2 Co. 4:4, 6; Ef. 4:18); depravación (Hch. 26:18); y abatimiento (Is. 9:2; véase su contexto, v. 3). Aunque las tres cualidades probablemente estén en el cuadro aquí, el énfasis bien podría estar en la última de las tres (abatimiento, desaliento), como ya se ha explicado.

El antónimo de tinieblas es luz, que, en consecuencia, se refiere a una sabiduría verdadera (el verdadero conocimiento de Dios, Sal. 36:9), vida para la gloria de Dios (Ef. 4:15, 24; 5:14), y risa (alegría, Sal. 97:11). Podrían estar incluidas las tres, pero aquí también el énfasis quizás esté en la última de ellas.

En consecuencia, el verdadero sentido de la cita es éste, que Jesús, por su presencia, sus palabras y sus hechos de misericordia y de poder, llenaría del gozo de la salvación el corazón de todos sus seguidores galileos. Ya no languidecerían de tristeza y desesperación. Cuando Jesús entra en Galilea y comienza allí su gran ministerio, se llevan a efecto las palabras de un himno popular:

El mundo perdido en pecado se vio; ¡Jesús es la luz del mundo!

Mateo concluye este párrafo diciendo: 17. Desde entonces Jesús comenzó a predicar y a decir: Convertíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Hay que notar los siguientes puntos:

a. En esencia, aunque no en detalle, el mensaje de Cristo es el mismo que el de Juan el Bautista, testificado por el hecho de que en 3:2 la proclamación hecha por el heraldo se resume con palabras idénticas. Por lo tanto, es innecesario repetir la explicación que ya se ha dado; pero véase también sobre 4:23.

b. En conexión con el contexto precedente (4:13–16) el significado aquí en el v. 17 es que Jesús ahora empieza a llevar este evangelio del reino a regiones que el Bautista no había penetrado en ninguna medida. La buena nueva se está empezando a esparcir en un territorio más amplio. La exigencia de que los hombres se conviertan resuena en regiones donde no había sido oída antes.

c. El hecho de que la venida de Cristo ciertamente ha traído un cambio tremendo sobre la tierra, de modo que millones de personas han sido trasladadas del reino de las tinieblas al reino de la luz muestra que la proclamación “el reino de los cielos se ha acercado” está plenamente justificada.

d. Este mensaje no fue proclamado inmediatamente o de una vez por todas a todo el mundo. Desde el principio su difusión iba a ser progresiva: iba a alcanzar primero al judío (10:5, 6), luego también, paso por paso, a todas las naciones (24:14; 28:19; Hch. 13:46; Ro. 1:16). Por lo tanto, no es sorprendente que el anuncio, “el reino de los cielos se ha acercado”, se [p 257] encontrara primero en labios del Bautista y luego fuera confirmado por Jesús, y por mandato de Cristo fuera luego repetido por los discípulos (Mt. 10:7), con la intención de que al fin llegara a todo el mundo, a toda nación. Entonces vendrá el fin.

18 Mientras estaba caminando junto al Mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón llamado Pedro y

Andrés su hermano, echando una red en el mar, porque eran pescadores. 19 Les dijo: “Venid,

seguidme, y os haré pescadores de hombres”. 20 Inmediatamente ellos dejaron sus redes y le siguieron. 21 Y yendo más adelante, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo y Juan su hermano, en la

barca con su padre Zebedeo, remendando las redes, y los llamó. 22 E inmediatamente ellos dejaron la

barca y a su padre, y le siguieron.

4:18–22 El llamamiento de cuatro pescadores

Cf. Mr. 1:16–20; y para Mt. 4:19b y Mr. 1:17b, cf. Lc. 5:10b

18–20. Mientras estaba caminando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón llamado Pedro y Andrés su hermano, echando una red en el mar, porque eran pescadores. Les dijo: Venid, seguidme, y os haré pescadores de hombres.

Inmediatamente ellos dejaron sus redes y le siguieron.

Como se dijo en la explicación del v. 17 (véase especialmente d. arriba), el maravilloso evangelio del reino no era sólo para los hombres que vivían en el tiempo del ministerio terrenal de Cristo. Era para todas las edades. Por lo tanto, no es sorprendente que en el comienzo mismo de su ministerio Jesús eligiera hombres que, por medio de su testimonio oral y escrito, perpetuasen su obra y proclamasen su mensaje. No era algo nuevo que un maestro tuviera no solamente un auditorio general, sino también un grupo de compañeros íntimos o discípulos. ¿No había tenido discípulos Sócrates? ¿No los tenía Juan el Bautista? ¿Los fariseos? ¿Los rabinos? Los discípulos de Cristo se iban a convertir en los eslabones entre él y su iglesia. Iban a ser el fundamento de preciosas piedras para la Jerusalén de oro (Ap. 21:19, 20). Piénsese, por ejemplo, en la importancia de hombres tales como Mateo, Juan y Pedro en la formación de los Evangelios, que son nuestras principales fuentes de

información sobre Jesucristo. Por consiguiente, mientras caminaba junto al Mar de Galilea, Jesús invita a algunos hombres a que le sigan.

Hubo varios llamados al discipulado y al estrechamente relacionado apostolado:

a. El mencionado en Jn. 1:35–51. Véase C.N.T. sobre esos versículos. b. El mencionado aquí (Mt. 4:18–22; Mr. 1:16–20).

c. El mencionado en Lc. 5:1–11.

[p 258] d. El mencionado en Mt. 9:9–13; Mr. 2:13–17; Lc. 5:27–32.

e. El mencionado en Mt. 10:1–4; Mr. 3:13–19; Lc. 6:12–16.

Las cinco invitaciones diferían, probablemente en la siguiente forma (explicando a hasta e según la lista de arriba):

a. Aproximadamente en febrero del año 27 d.C. este llamamiento fue extendido a Andrés y

a un discípulo anónimo, con toda probabilidad Juan, invitándolos a aceptar a Jesús de Nazaret como el Mesías y ser sus seguidores espirituales. Andrés trajo a su hermano Simón (Pedro) a Jesús. Probablemente Juan haya hecho el mismo servicio a su hermano Jacobo. Casi inmediatamente después, Felipe y (por medio de él) Natanael fueron agregados a la lista. Aunque acompañaban ocasionalmente a Jesús en sus viajes, los discípulos continuaron en sus actividades seculares.

b. Esto ocurrió como un año después; por lo tanto, alrededor de febrero del año 28 d.C.

Los cuatro discípulos a que se refiere Jn. 1:35–41 (Pedro, Andrés, Jacobo y Juan) ahora llegan a ser compañeros más estables del Señor y están más conscientes que antes del hecho de que se están preparando para el apostolado, esto es, para ser “pescadores de hombres”.