4.3 Component Based Software Engineering
4.3.4 Basics of Component Based Systems
precedente.
Juan “vio el Espíritu de Dios que descendía como una paloma y se posaba sobre él” (3:16)
“Entonces Jesús fue llevado por el
Espíritu” (4:1). “Y he aquí, una voz del cielo que
decía: Este es mi Hijo, el Amado … (3:17)
“Puesto que eres el Hijo de Dios …” (4:3)
Jesús fue llevado desde el Jordán, donde fue bautizado, a las tierras altas adyacentes. Por la dirección del Espíritu es que fue llevado, ese mismo Espíritu que no sólo sabía que era necesaria su experiencia con la tentación sino que también con su presencia plena y activa capacitaba a Jesús para triunfar sobre ella. Fue llevado “al desierto” (véase sobre 3:1), donde estaba “con las fieras” (Mr. 1:13). Aquí es donde fue tentado por el diabolos, esto es, el diablo, que significa calumniador, acusador (Job 1:9; Zac. 3:1, 2; cf. Ap. 12:9, 10), y (por la influencia de la Septuaginta que presenta diabolos como traducción de Satanás) también adversario (1 P. 5:8).
Es claro que Mateo creía en la existencia de un “príncipe del mal” personal. Lo mismo creían los demás apóstoles y escritores inspirados, y Cristo mismo. Además de las referencias en Mt. 4:1, 5, 8; 13:39; 25:41; y las otras ya mencionadas, véanse también Jn. 8:44; 13:2; Hch. 10:38; Ef. 4:27; [p 235] 6:11; Stg. 4:7; 1 Jn. 3:8, 10; Jud. 9; Ap. 2:10 y 20:2.
Expulsado del cielo, el diablo se llenó de furor y de envidia. Su odio está dirigido contra Dios y contra su pueblo, especialmente contra Dios cuando está por revelarse en Jesucristo
para salvación. En consecuencia, su propósito es engañar y seducir a su gran enemigo, el
Mesías, a fin de que, junto con éste, pueda también arruinar su reino (véase 4:23). Los métodos del diablo son muy astutos (Ef. 6:11). Sobre este tema, véase C.N.T. sobre Ef. 6:11.
Su carácter
En conexión con la tentación de Cristo, continuamente se formulan algunas preguntas más bien filosóficas:
Primero: “¿Era posible que el Salvador sucumbiera ante la tentación?”
La respuesta es: “Definitivamente no”. El no tenía pecado, ni podía pecar (Is. 53:9; Jn. 8:46; 2 Co. 5:21). En realidad, él estaba lleno hasta rebosar de bondad positiva: santidad, amor perdonador, el anhelo de curar y de impartir el verdadero conocimiento de Dios, etc. (Is. 53:5; Mt. 5:43–48; 14:14; 15:2, 3; Lc. 23:34; Hch. 10:38).
Sí. “Fue tentado en todo (o en todo sentido) según nuestra semejanza, pero sin pecado”, esto es, sin caer en pecado (Heb. 4:15). Experimentó las diversas tentaciones a las que están sujetos los hombres en general, incluyendo aun a los creyentes. En todas estas experiencias Satanás le presionaba para que creyese que cometiendo un acto malo podía recibir un bien.
Sin embargo, Heb. 4:15 no puede significar que el proceso psicológico implicado en el ser tentado era exactamente el mismo para Jesús como para los hombres en general. Para éstos, incluyendo los creyentes, primero está la voz tentadora o el susurro interior de Satanás, incitándolos a pecar. Pero también está el deseo interno (“concupiscencia”) que estimula al tentado a prestar oídos a las insinuaciones del diablo. Así, el hombre, siendo “de su propia concupiscencia atraído y seducido” (Stg. 1:14), peca. El caso de Cristo era diferente. El
estímulo exterior (exterior en el sentido que no se originó en la propia alma del Señor sino que fue la voz de otro) estaba allí, pero no el mal incentivo interior o deseo de cooperar con esta voz proveniente del exterior. Sin embargo, aun para Cristo fue real la tentación, esto es, el sentimiento de necesidad, el conocimiento de tener que resistir al tentador, y la lucha a que esto daba lugar.
El alma de nuestro Señor no era dura como el pedernal ni fría como el hielo. Era un alma completamente humana, profundamente sensible, afectada y afligida por toda clase de sufrimiento. Fue Cristo quien dijo, “De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!” (Lc. 12:50). Jesús podía expresar afecto (Mt. 19:13, 14), conmiseración [p 236] (23:37; Jn. 11:35), compasión (Mt. 12:32), ira (17:17), gratitud (11:25), y profundo anhelo por la salvación de los pecadores (11:28; 23:37; Lc. 15; 19:10; Jn. 7:37) para la gloria del Padre (Jn. 17:1–5). Siendo no solamente Dios, sino hombre también, sabía lo que era estar cansado (Jn. 4:6) y tener sed (4:7; 19:28). Por lo tanto, realmente no debería sorprendernos que después de un ayuno de cuarenta días tuviera hambre, tanta, que la proposición de convertir las piedras en pan fuera una verdadera tentación para él.
Sin embargo, se hará la pregunta: “Pero esta misma mente muy sensible y escrutadora de Cristo, ¿no podía discernir en forma inmediata que las tres proposiciones (vv. 3, 6, 9) eran malas, puesto que venían de Satanás?” Un autor pregunta: “¿Cómo podría serle atractivo el mal? Y si no le resultaba atractivo, ¿dónde estaba la tentación?” (A. Plummer). Se debe reconocer que es imposible responder a esta pregunta de tal modo que todo quede completamente claro. El tema de la tentación del Salvador perfecto está velado por el
misterio. Pero, ¿no es esto verdad acerca de la doctrina en general? En realidad, “el misterio es el elemento vital de la dogmática. La verdad que Dios ha revelado respecto de sí mismo en la naturaleza y en la Escritura sobrepasa mucho el entendimiento y la comprensión
humanas”.228
No podemos analizar minuciosamente lo que ocurrió en el corazón de Cristo cuando fue tentado. Pero tampoco sabemos cómo se originó el pecado en el corazón sin pecado de Adán, cómo se puede “imputar” la culpa del pecador al Salvador, cómo se puede transferir la
justicia de éste a sus seguidores, cómo puede nuestro Señor ser omnisciente (con respecto a su naturaleza divina) y no omnisciente (en su naturaleza humana), etc. Por lo tanto, no debiera sorprendernos que la tentación de Cristo, sea en el desierto o más tarde, sobrepase nuestro entendimiento. A base del relato inspirado, creemos que fue una experiencia real e intensa. Y, en cuanto al hecho de que las profundas verdades contenidas en las Escrituras trascienden nuestra comprensión, ¿no es exactamente lo que debemos esperar si la Biblia verdaderamente es la Palabra de Dios?
Su progreso paso a paso
Primera tentación
2. Después de estar sin comer durante cuarenta días y cuarenta noches, sintió