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5.2 The Component Framework

5.2.2 The Component

Este trabajo no es lugar para cuestionar y tratar pormenorizadamente la

postmodernidad y su problemática, ya que su temática explícita es otra, pero sí debemos

advertir que se trata de un asunto demasiado complejo para desestimarlo y criticarlo tan fácilmente. Por ello, necesitamos tratarlo aquí de un modo breve antes de comenzar propiamente nuestro estudio27.

Aquello que se nombra bajo el rótulo “postmodernidad” consiste en una problemática compleja que, en nuestros tiempos concretos, ha tendido a ser deslizada hasta casi desaparecer, al ser tachada y escondida bajo un lema homogéneo que muchos se han dedicado a vilipendiar: el de “postmodernidad”; o bajo el rótulo del debate, el cual ya suena como algo dualista y reduccionista, entre “modernidad/postmodernidad”.

Quizá por uno de los avatares que siempre parecen surgirle a la filosofía, una problemática que le concierne profundamente se ha convertido en un mero rótulo. Se ha tornado una palabra denostada por algunos, cada vez más, de tan repetida y banalizada en tantas dimensiones, tanto académicas como mundanas, como parece estar. Se ha deslizado y banalizado tanto, que ya no creyéramos que tenga algún sentido, y menos que esconda una problemática crucial para la filosofía actual. Es difícil localizar, en estos

27 Para tratar en sus múltiples dimensiones el problema de la postmodernidad son destacables las

siguientes obras: Contribuciones al debate de la postmodernidad-modernidad a favor de postmodernidad: J- F. LYOTARD: La condición postmoderna. J. F. LYOTARD: La postmodernidad (explicada a lo niños). G. VATTIMO: El fin de la modernidad. Nihilismo y Hermenéutica en la cultura postmoderna. G. VATTIMO:

Las aventuras de la diferencia: pensar después de Nietzsche y Heidegger. T. OÑATE: “Al final de la

modernidad”, T. OÑATE: “Tu n’as rien vu à Hiroshima (Postmodernidad /Modernidad)”, T. OÑATE: El

retorno griego de lo divino en la postmodernidad. Críticas de la postmodernidad: G. HABERMAS,

"Modernidad versus postmodernidad" en J. PICÓ. Proceso de la razón. T. EAGLETON. “Capitalism, Modernism and Postmodernism”. En Against the Grain: Essays 1975-1985. T. EAGLETON: La idea de

Cultura, A.A.V.V. H. FOSTER (ED), The Anti-Aesthetic. Essays on Postmodern Culture. En orden a

sobrevolar y localizar la cuestión desde muchas de sus perspectivas y problemáticas: Ch. E. WINQUIST:

Encyclopedia of postmodernism, F. JAMESON. El Postmodernismo o la Lógica Cultural del Capitalismo Avanzado. F. JAMESON: El giro cultural: escritos seleccionados sobre el posmodernismo, 1983-1998. F.

JAMESON Y S. ŽIŽEK: Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo. P. ANDERSON. Los

orígenes de la postmodernidad. D. HARVEY: The Condition of Postmodernity. An enquiry into the origins of cultural change. M. DE LANDA: A Thousand Years of Nonlinear History, J. M. RIPALDA: De Angelis. Filosofía, mercado y postmodernidad. J. L. PARDO: “A vueltas con la modernidad”, A.A.V.V. T. OÑATE

y S. ROYO: Ética de las verdades hoy: homenaje a Gianni Vattimo, S. BENHABIB: El ser y el otro en la

ética contemporánea: Feminismo, comunitarismo y posmodernismo, C. AMORÓS: Tiempo de feminismo: sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad. A.A.V.V. G. VATTIMO, T. OÑATE, A. NÚÑEZ y

F. ARENAS (eds.): El Mito del Uno. Horizontes de latinidad. Hermenéutica entre civilizaciones I. Dykinson, Madrid, 2008. Y A.A.V.V. G. VATTIMO, T. OÑATE, A. NÚÑEZ y F. ARENAS (eds.):

rótulos, problemas que nos incumben radicalmente, problemas que consisten, en último término, en analizar y resistir la época en la que vivimos. Ello se expresa con tino en el discurso de algunos pensadores, filósofos rigurosos, que han decidido seguir tratando con la “postmodernidad” a pesar del desprecio que provoca, a pesar de que haya sido completamente banalizada para que sea inocua, para intentar ocultar un problema que sí hay, y es el nuestro, se denomine con el nombre con que se denomine28. Así dice Gianni Vattimo:

«Por mucho que las nociones de ‘posmoderno’ y ‘posmodernidad’ se hayan visto repudiadas y abandonas en ocasiones por parte de algunos intelectuales y lo hayan sido a veces hasta por la parte de sus mismos inventores –pienso en Jean François Lyotard, por ejemplo– lo cierto es que parecen volver a ponerse paradójicamente “de moda” una y otra vez. Pero quizá se esconda en ello la señal de algo mucho más sustancial y de mucho mayor alcance, que afecta no sólo a la filosofía. Es decir que quizá se trate de advertir el inicio –si lo hubiera– de la disolución de la idea de unidad como “valor”. “Valor” a encontrar y a situar como culminación de nuestros pensamientos, debido a que parece coincidir con el valor de la paz. Así pues se trata de la “crisis del mito de la unidad” como propongo aquí denominarlo, que ha comenzado en filosofía con Heidegger: con su anuncio del “fin de la metafísica”, y quizá ya antes –si bien no siempre se ha entendido así– con la frase de Nietzsche “Dios ha muerto”» 29

Con Vattimo, dice Teresa Oñate, quien aboga por una postmodernidad cercana a la planteada por J. F. Lyotard como “delimitación prudente de la modernidad”30:

28 Así dice Simón ROYO: «Porque muy frecuentemente se ha procurado de manera dialéctica

encuadrar tanto al Romanticismo como a la posmodernidad como el reverso de la moneda de la Ilustración, un epifenómeno de la propia modernidad, su reverso tenebroso o su conciencia crítica. […] Cuando no se reconoce la existencia de otro suelo que el moderno ¿desde dónde se podrá realizar cualquier cosa sino desde el lugar de la modernidad? ¿Cómo no ser anti-demócrata si la modernidad indica que todo lo que no sea ella misma no puede ser democrático? Pero el Romanticismo tiene su propia especificidad y su propio suelo y espacio nutricio, enlaza con mayor profundidad en la democracia griega que toda la tradición ilustrada, secuestrada por la economía, para sostener, lejos de la sociedad de masas y del espectáculo, una democracia radical, real, no fantasmagórica, nacida de una vinculación del ser y el ente, de la fusión entre ontología y arte, de la comunión de mundo y tierra, alumbramiento y ocultación.»

En el artículo: “El joven Nietzsche y la revolución musical: un acontecimiento romántico”, V.V.A.A. G. VATTIMO, T. OÑATE, A. NÚÑEZ y F. ARENAS (eds.): Politeísmo y encuentro con el Islam.

Hermenéutica entre civilizaciones II. pags. 45-46.

29 G. VATTIMO en “El mito de la unidad”: V.V.A.A. G. VATTIMO, T. OÑATE, A. NÚÑEZ y F.

ARENAS (eds.): El Mito del Uno. Horizontes de latinidad. Hermenéutica entre civilizaciones I. p. 43.

«Se trata de una controversia abierta e intrincada, pero su importancia no puede ya soslayarse, pues lo que inquiere es, nada menos, el sentido(s) de nuestra ubicación en todos los órdenes, buscando perfilar nuestra singularidad histórica, si es que la hubiera: si hubiera una epocalidad distintiva que consintiera ser llamada nuestra»31

Y del mismo modo, J. M. Ripalda, considerando más el aspecto derridiano de la

diseminación que introduce la postmodernidad:

«En definitiva rechazo y aceptación de la postmodernidad, como denominación y como realidad, pueden hacerse desde puntos de vista teóricos y políticos los más opuestos. Incluso puede ser que la denominación cree más problemas que los que resuelve; pero al menos hasta ahora, ha permitido dramatizar, poner en escena nuestra situación, es decir: poner en marcha la reflexión nómada, transformadora de su objeto que ella misma es.

[…] La costumbre historicista de acuñar nombres para crear épocas definidas idealmente […] está repartida, dispersa, a la vez que sujeta a operaciones masivas de inducción y control. No es un sujeto ilustrado quien pueda dar cuenta de ella.»32

En efecto, la postmodernidad parece ser uno de los nombres que podría darse también a la epocalidad en la que nos hallamos, pero, en su terminología, introduce cierta complejidad que otros nombres no parecen poseer, como hace notar Ripalda. Es decir, ya hemos visto que, en lo que Foucault llamaría su diagrama de poder33, esto es, en el mapa que podemos hacer de las fuerzas que constituyen el poder en nuestra epocalidad y sociedades, nuestro tiempo ha sido bautizado por diversos pensadores de formas plurales:

Sociedad de control por Deleuze, plan sobre el planeta del capitalismo mundial integrado

por Guattari, o la forma Imperio por A. Negri y M. Hardt. Pero ha sido también llamada “postmodernidad” por estos últimos, así como por F. Jameson. Como podemos ver, este término se ha acuñado, en uno de sus modos, como otro nombre del diagrama de fuerzas condensadas en nuestra epocalidad, nombre que llama (aunque no parece englobar) los

dispositivos de poder bajo los cuales nos hallamos y que tan bien han sido descritos en la

31 T. OÑATE: “Al final de la modernidad”. p.40.

32 J. M. RIPALDA: De Angelis. Filosofía, mercado y postmodernidad. p. 68-69.

33 «El diagrama […] es el mapa, la cartografía, coextensiva a todo el campo social. […]Es la exposición de las relaciones de fuerzas que constituyen el poder» F., pags. 42 y 44. Trad. Cast. pags. 61 y 63.

actualidad por filósofos como el mismo F. Jameson, J. Baudrillard, A. Negri, M. Hardt, P. Virilio, T. Oñate, J. M. Ripalda, etc. de la mano de Deleuze, Foucault, Derrida y Lyotard. Pero, por otra parte, también hay muchos pensadores que han llamado “postmodernidad” precisamente a las resistencias que surgen para corroer el poder de estos diagramas de sumisión y “normalización” que se han creado y que marcan una epocalidad de las fuerzas. Resistencia para generar modos de vida posibles. Este es el caso de filósofos como J. F. Lyotard o T. Oñate.

Entonces, encontramos dos acepciones de “postmodernidad”: por un lado, aquella que la defiende en cierto modo, como hemos visto en los textos de T. Oñate, G. Vattimo y J. M. Ripalda; y por otro, aquella que la considera la ideología imperante en nuestra actualidad, como defiende F. Jameson (muy matizadamente, sobre todo en su últimos textos) y con él Zizec34 y A. Negri con M. Hardt35 entre otros muchos. Dice Jameson:

« […] todas las posiciones del postmodernismo en lo referente a la cultura – trátese de apología o estigmatización– son también, al mismo tiempo y necesariamente, declaraciones políticas implícitas o explícitas sobre la naturaleza del capitalismo multinacional de nuestros días.» 36

Pero no sólo encontramos esas dos acepciones, podemos hallar una más. Una que no es síntesis entre las anteriores, pero que hace notar que se puede bizquear entre ambas. Como dice un texto de Deleuze:

« […] Un diagrama es un mapa, o más bien una superposición de mapas. Y de un diagrama a otro, se extraen nuevos mapas. Al mismo tiempo no hay diagrama que no implique, al lado de puntos que conecta, puntos relativamente libres o liberados, puntos de creatividad, de mutación, de resistencia; de ellos, quizá, habrá que partir para comprender el conjunto. Es a partir de las “luchas” de cada época, del estilo de las luchas, desde donde se

34 Vid. F. JAMESON. El Postmodernismo o la Lógica Cultural del Capitalismo Avanzado. F.

JAMESON: El giro cultural: escritos seleccionados sobre el posmodernismo, 1983-1998. F. JAMESON Y S. ŽIŽEK: Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo.

35 Cfr. M. HARDT: “La société mondiale de contrôle” en A.A.V.V. E. ALLIEZ: G. Deleuze. Une vie philosophique, p. 360. HARDT, Michael y NEGRI, Antonio: Imperio. Passim.

36 F. JAMESON: “postmodernismo como lógica cultural del capitalismo tardío” en Ensayos sobre el postmodernismo, p. 18.

puede comprender la sucesión de los diagramas o su re-encadenamiento por encima de las discontinuidades.»37

Hay, pues, un sentido del concepto “postmodernidad” que queda entrevisto en este texto de Deleuze. Esta acepción intermedia es aquella que refiere, en primer lugar, que la postmodernidad no sólo se las ve y tiene relación o no con las sociedades de control

abiertas que él denuncia, sino también con los resquicios de los diagramas disciplinarios

que ya establecía Foucault en Vigilar y castigar, La voluntad de saber o La vida de los

hombres infames38 y que no hay que olvidar como si fueran inoperantes. Unos diagramas

que todavía permanecen vigentes en nuestra actualidad, y lo hacen de dos modos:

1. Por un lado, porque estos sistemas disciplinarios no se han ido, sino que se re- encadenan con los diagramas abiertos y flexibles que parecen ocupar la totalidad de este capitalismo tardío donde nos encontramos. Ello es mostrado por Deleuze una y otra vez al señalar que encontramos líneas de segmentariedad duras en el mapa de nuestras sociedades.

«Individuos o grupos estamos hechos de líneas, de líneas de muy diversa naturaleza. Un primer tipo de línea sería segmentaria, de segmentariedad dura (en realidad existen muchas líneas como esta); la familia- la profesión; el trabajo-las vacaciones; la familia-y luego la escuela-y luego el ejército-y luego la fábrica-y luego el retiro. […] Pero al mismo tiempo tenemos unas líneas de segmentariedad mucho más flexibles […]. Son líneas que trazan pequeñas modificaciones, se desvían, esbozan caídas o impulsos, sin que por ello sean menos precisas, puesto que incluso llegan a dirigir procesos irreversibles. […] Pero aún tenemos un tercer tipo de línea […] la línea de fuga y de mayor pendiente.»39

También lo encuentra M. Morey, en nuestros días, en la forma de las cárceles actuales, tanto o más duras que las disciplinarias. Del mismo modo, lo podemos notar en algunos discursos bastante “fuera de época” pero todavía abundantes con los cuales es fácil seguir topándonos: los discursos machistas; los anti-homosexuales, que tachan de

37 F., p. 51. Trad. Cast. p.71

38 Ver M. FOUCAULT. Surveiller et Punir, Gallimard, Paris, 1975. La volonté de savoir, (Histoire de la sexualité I), Gallimard, 1976. Y “La vie des hommes infâmes”, Les cahiers du chemin, 1977.

“antinatural” todo lo que no sea la identidad fija de sus hábitos cerrados; incluso algunos discursos feministas emancipatorios, aquellos que se centran más en el odio y exclusión de lo otro, que en una afirmación de la diferencia, etc.

« ¿Cabe concluir de lo anterior que la nuestra es ya, plenamente, una sociedad de control, lista para evacuar todos sus arcaísmos disciplinarios? Han transcurrido quince años desde la corrección de Deleuze a la recepción del trabajo de Foucault, pero el alcance anticipador de sus palabras sigue estando en el aire. Por un lado, la liquidación del cuartel, con la desaparición del servicio militar obligatorio es un hecho. Como es un hecho la liquidación de la escuela (liquidación ejemplar en este país nuestro, capitaneada por un conseller formado como técnico penitenciario). En estos momentos nos preparamos para la liquidación de la enseñanza universitaria, a toda prisa. En toda Europa los estados dimiten de su compromiso ciudadano con la instrucción pública, y, en su lugar, anuncian un nuevo compromiso, esta vez con el capital: la formación de mano de obra cualificada a la medida de las exigencias del mercado, tan flexible como el mercado mismo. La cultura es puesta ahora "al servicio de los fines de las multinacionales". Hasta aquí el diagnóstico de Deleuze se cumple al pie de la letra, incluso en sus extremos más policialmente siniestros: las nuevas figuras del saber que están ocupando el lugar del sabio o del intelectual son ahora el gestor, el experto, el agente evaluador...

[…] Los últimos avatares políticos, si algo han hecho, sido endurecer sus arcaísmos disciplinarios, en un reforzamiento que, legitimado por la amenaza terrorista, no deja de afectar a la sociedad en su totalidad. Aquí los sueños penitenciarios alternativos de la sociedad de control (químicos, electrónicos…) parecen haber encontrado su límite específico, tal vez el punto más ciego del sistema.»40

2. Y por otro lado, los sistemas disciplinarios siguen presentes en nuestras vidas porque el modelo de estas sociedades disciplinarias es lo que se suele utilizar como

resistencia, o más bien oposición, a lo llamado postmodernidad como forma de poder.

40 M. MOREY: “El porvenir de las instituciones totales. Sociedades de control.” La Vanguardia,

« Frente a las formas de control en medios abiertos que se avecinan, es posible que los más duros encierros lleguen a parecernos parte de un pasado feliz y benévolo.»41

De ahí, múltiples manifestaciones, por ejemplo: que en muchos lugares del mundo vivamos expresiones a favor de “La Familia”, “La Iglesia”, “La Patria” como bloques de tradición que nos aportarían de nuevo una seguridad; que Žižek y gran parte de la izquierda abogue por una suerte de “Toma del Palacio de Invierno” frente al Capital digital; o que se hagan defensas ilustradas cerradas frente a problemas que ya no son los de la Ilustración.

«Reproche clásico de Robespierre a los oportunistas de Danton “Lo que queréis es una revolución sin revolución”. […] La verdadera revolución es la “revolución con revolución”, una revolución que en el curso de su desarrollo revoluciona sus propios presupuestos iniciales”. […]

Con el desarrollo del capitalismo, especialmente del “capitalismo tardío” actual, es la propia vida normal predominante la que, en cierta forma, se “carnavaliza” con su incesante “auto-revolucionamiento”, sus cambios de rumbo, sus crisis, sus reinvenciones, de forma que es la crítica misma del capitalismo, desde una posición ética “estable”, lo que aparece cada vez más como una excepción.» 42

***

Por ello, concluimos que la postmodernidad posee tres sentidos cruciales: 1) Nombrar el diagrama de poder de nuestra actualidad como hacen Jameson, Negri, Žižek y tantos otros, en una línea más pesimista. 2) Denominar, así mismo, su resistencia propia. Es decir, la resistencia que es efectiva para este diagrama, la que no es visible, ni localizable y difícilmente anulable pues se acomoda a las fisuras de dicho diagrama. Y 3) Reclamar la “postmodernidad” a la vez: como mapa de los poderes y las fuerzas de nuestra epocalidad y también como, precisamente por ser mapa, el lugar privilegiado para poder resistir a esos mismos tiempos y espacios que son los nuestros al localizar sus

41 PP., p. 237. Trad. Cast. p. 274.

fuerzas y su modo de actuar. Ello, sobre todo, hace notar la pertinencia de esa resistencia postmoderna a la postmodernidad como una de las más eficaces frente a los modos de

oposición que se proponen desde los sistemas disciplinarios. Propuestas estas que parecen

más bien la re-producción de un esquema de poder frente a otro, como veremos: una

hipermodernidad frente a la postmodernidad. Como expone Luís Sáez respecto de lo que

él llama una “reilustración” que pretende hacer síntesis entre lo moderno y lo postmoderno sin renunciar a sus totalidades y sus disciplinas:

« La reilustración alemana, cuyos protagonistas son J. Habermas y K. O. Apel, intenta superar las diversas críticas contemporáneas que han minado el concepto de razón y de sujeto ilustrados recurriendo a una nuevo paradigma lingüístico y pragmático: la universalidad racional se funda ahora, no en la conciencia, en el “yo”, sino, más básicamente, en las estructuras formales de la intersubjetividad, del “nosotros” […] y la filosofía se convierte en una análisis de los universales del diálogo.

[…] “La pragmática universal”, en cuanto propuesta de un pensamiento “postmetafísico”, no abandona, como advierte Habermas, la referencia a la totalidad, que caracterizó a la metafísica, sino que opera con un concepto distinto de ésta: los universales del diálogo […]. La filosofía, pues, tiene un nuevo “todo” a la vista […].»43

Parece, más bien, una mera lucha de poderes (Universales) enraizados que encuentra más alianzas entre los dos diagramas que resistencias. Como dice Teresa Oñate respecto a estos intentos de oposición o de reconversión sin alterar lo fundamental (el universal o fundamento mismo):

«[…] cualquier sistema monológico y holista –de todos y partes– que funcione por inclusión, exclusión, división y universalización, resulta demasiado elemental, caro y violento, pesado y lento, además de visible, por central, para las necesidades

43 L. SÁEZ: “Acerca del conflicto entre los discursos "metafísico", "postmetafísico" y "teológico"” Daimon: Revista de filosofía, Nº. 8, pags. 64-65. Veremos más tarde, en el epígrafe: 5.3. “Potencias e

impotencias de la filosofía” el pensamiento de Deleuze acerca de esta sustitución de una filosofía de los Universales de la contemplación o de la reflexión por los Universales de la comunicación, como el filósofo francés los llama. Vid todo el artículo para notar los intentos “modernos” de acabar con una “postmodernidad” del capitalismo avanzado y algunas de las aperturas que podemos encontrar, sin embargo, en ellos siempre que no se totalicen en otro discurso Ilustrado de nuevo. También en el artículo: L. SÁEZ: “Acerca del conflicto entre los discursos "metafísico", "postmetafísico" y "teológico"” Daimon: