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Ablation Experiments on Human Manipulation Dataset

4.5 Temporally Coherent 3D Segmentation

4.6.3 Ablation Experiments on Human Manipulation Dataset

Spinoza, Leibniz, Schopenhauer, Whitehead, Aurobindo, Radhakrishnan y Schelling son algunos de los teóricos más importantes que han reconocido de forma explícita que el dentro de las cosas, la interioridad de los holones individuales, es esencialmente conciencia, aunque, por supuesto, utilizan diferentes nombres con significados ligeramente diferentes.

Whitehead utiliza la palabra «aprehensión» para describir el contacto y, por tanto, el «sentimiento» de un objeto por parte de cualquier sujeto, sin importar lo «primitivo» que sea, pues incluye también a los átomos (de aquí su famosa afirmación: «La biología es el estudio de grandes organismos, la física estudia los pequeños»). Spinoza usa la palabra «cognición» para referirse al conocimiento de un suceso «desde dentro», y «extensión» (o materia), para el conocimiento del mismo «desde fuera». Leibniz usa «percepción» para el interior de sus mónadas (holones) y «materia» para el exterior, con la advertencia añadida de que sólo el interior es auténticamente real y puede ser conocido directamente; la materia (o extensión) es únicamente una apariencia vacía de realidad sustancial; es sólo la apariencia mental externa. Teilhard de Chardin lo expresó de forma muy simple: «El dentro, conciencia, espontaneidad; tres nombres para la misma cosa»1.

No entraré de momento en los matices filosóficos de estas diversas posiciones, que están ligadas de modo inextricable con el problema del pansiquismo y las soluciones históricas al problema de la relación cuerpo- mente (volveremos a ello más adelante). De momento, tomaré una posición más general y simplemente diré que, a mi entender, el dentro de las cosas es conciencia y el fuera de las cosas es forma.

O como dijimos anteriormente, el dentro de las cosas es profundidad y el fuera es superficie. Pero todas las superficies son superficies de profundidad, lo que significa que todas las formas son formas de conciencia.

Además, no quiero regatear sobre si los holones más básicos están total o sólo mayormente privados de formas rudimentarias de conciencia o aprehensión. En primer lugar, no hay límite inferior a los holones, no hay un fondo absoluto que pueda servir de referencia. En segundo lugar, todos ellos son formas de profundidad y, por tanto, la cantidad real de conciencia en ellos es una cuestión totalmente relativa. Por eso, sea cual sea el que tomemos ahora como holón inferior o más primitivo (los quarks, por ejemplo), simplemente diré que tienen comparativamente la menor profundidad y la menor conciencia, y, como Whitehead, a esta forma básica la denominaré «aprehensión». Se puede también decir, si se quiere, que los niveles inferiores son «totalmente inertes» y

retomar el razonamiento a partir de ahí.

Permitidme destacar que, a mi juicio, no importa hasta qué punto se quiera descender en la conciencia. Whitehead, como hemos dicho, vio la «aprehensión» como el «átomo» irreducible de la existencia. El budismo mahayana mantiene que todos los seres sensibles tienen la conciencia de Buda y que la liberación implica llegar a realizar esa conciencia omnipenetrante. Lynn Margulis, la célebre bióloga, cree que las células tienen conciencia. Algunos científicos creen que las plantas muestran protosensaciones. Los activistas en favor de los derechos de los animales insisten en que la mayoría de las formas animales muestran algún tipo de sentimiento rudimentario, y supongo que los teóricos más ortodoxos no sitúan la emergencia de la conciencia hasta los primates y, a menudo, hasta los seres humanos.

Pero, para mí, la cuestión principal no es dónde trazar la línea divisoria —trazadla donde os sintáis cómodos— sino que la línea misma implica fundamentalmente una distinción entre lo interno y lo externo 2. Volveremos a

este punto a lo largo del libro; mientras tanto, asumiré simplemente que conciencia es sinónimo de profundidad, y que la profundidad realiza todo el recorrido descendente yendo progresivamente a menos cada vez, hasta perderse en las oscuras sombras de la noche. Como Teilhard de Chardin expresó elocuentemente: «Refractada hacia atrás a lo largo del curso de la evolución, la conciencia se muestra cualitativamente a sí misma como una serie de sombras cambiantes cuyos términos inferiores se pierden en la noche»3.

Veamos ahora algunas correlaciones simples. La figura 4-1 es una lista de los puntos significativos en la evolución de la forma externa de los holones individuales; adjuntos aparecen algunos de los puntos correspondientes de las formas de conciencia emergente. Sugiero que se corresponden entre sí.

Cada nuevo holón interno, por supuesto, trasciende pero incluye a sus predecesores; incorpora lo esencial de lo que ha ocurrido antes y después añade sus propios patrones distintivos emergentes4 (como pronto veremos en detalle).

Observemos que estos holones interiores no tienen nada que ver con el tamaño o la extensión espacial; un símbolo no es mayor que una imagen, una imagen no es mayor que un impulso; aquí es donde la aplicación de las ciencias físicas distorsiona la realidad.

Figura 4-1. El fuera y el dentro.

De momento, el hecho importante es que cada nuevo holón interno emergente trasciende pero incluye —y por tanto opera sobre— la información presentada por los holones menores y, de esta forma, presenta algo novedoso dentro de la corriente continua de cognición interna. Por tanto, cada nuevo desarrollo en la conciencia no es sólo el «descubrimiento» de algo más de un mundo previamente dado, sino la cocreación de los nuevos mundos mismos, lo que Popper llama «fabricar y combinar» nuevos dominios epistemológicos, el descubrimiento/creación de mundos superiores y más amplios.

No tiene sentido comentar los detalles de la lista dada en la figura 4-1, la elección de las palabras o su emplazamiento preciso. Creo que la mayoría de la gente, incluso si no está de acuerdo con los detalles expuestos, estará de acuerdo en que algo así ocurre realmente. Cada vez mayor profundidad, mayor interioridad, mayor conciencia. Teilhard de Chardin lo expresa en su «ley de la complejidad y la conciencia», que propone: cuanto más de la primera, más de la segunda. Según hemos visto, la evolución está encaminada hacia mayor complejidad o, lo que es lo mismo, va hacia mayor conciencia (de nuevo, profundidad = conciencia).

La mayoría de las palabras de la figura 4-1 se explican por sí mismas, pero debo mencionar que una imagen es una construcción mental que representa una cosa por semejanza (la imagen de un perro «se parece» al perro real); un símbolo representa a una cosa por correspondencia, no por semejanza (la palabra Fido representa a mi perro, pero la palabra misma no se le parece en absoluto; el símbolo representa una tarea cognitiva más difícil); y un concepto

representa toda una clase de semejanza (la palabra perro representa la clase de todos los perros, una tarea cognitiva aún más difícil).

Cuando un zorro descubre a un conejo al otro lado de una valla y corre cien metros alrededor de ésta para cazarlo, presumiblemente lleva una imagen o protoimagen del conejo en su mente. Si subimos en la escala, hay muchas pruebas de que los simios y los chimpancés son capaces de formar símbolos (al menos paleosímbolos), por lo que evidentemente se les puede enseñar a usar un lenguaje denotativo simple. Por lo que sabemos, tan sólo los humanos podemos crear y utilizar conscientemente conceptos plenamente formados (o universales), y estos conceptos, entre otras muchas cosas, alcanzan, diferencian y colorean todos los niveles previos del ser humano individual compuesto (un paleomamífero puede sentir ira, pero sólo los humanos la elaboran conceptualmente en enfado y odio, una larga y lenta quemazón mantenida conceptualmente).

En otras palabras, los conceptos trascienden e incluyen los símbolos, que a su vez trascienden e incluyen las imágenes (que trascienden e incluyen los impulsos, etc.), y nada de esto tiene mucho que ver con la extensión física.