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Hemos esbozado la evolución del holón individual externo hasta llegar al triple cerebro complejo (que abarca y envuelve a todos los exteriores previos), así como la evolución correlativa del interior de los mismos holones hasta llegar a los conceptos (que abarcan o envuelven a todos los interiores previos). Ahora es el momento de retomar la historia desde la emergencia de los primeros animales humanos —con un cerebro complejo que producían conceptos o protoconceptos y vivían en el holón social grupo/familia— y brevemente seguiremos la evolución subsiguiente hasta la actualidad.

Una vez más, la mayor parte del trabajo ya ha sido hecho y disponemos de dos fuentes principales de las que extraer información. Una de ellas es mi trabajo previo en este área, publicado en Up from Eden y en Eye to eye*. El otro es

el trabajo de Jürgen Habermas, a quien muchos (incluido yo) consideran el filósofo y teórico social vivo más importante del mundo. Las conclusiones de estas dos fuentes muestran un claro acuerdo entre sí, aunque llegan a un resultado similar de manera independiente y desde ángulos muy diferentes. Comencé a entrar en contacto con Habermas cuando me encontraba trabajando en Después del Edén, y desgraciadamente no tuve ocasión de incluir sus incisivos comentarios. Me basé, sin embargo, en los trabajos de pioneros como Jean Gebser, Georg Hegel, Erich Neumann, L. L. Whyte y Joseph Campbell. En cierto sentido fue una suerte que ocurriera así; el hecho de que Habermas, trabajando a partir de una dirección muy diferente, llegase a las mismas conclusiones generales que yo, otorga más fuerza a la tesis general.

Lo que me gustaría hacer en este capítulo y en el siguiente es destacar brevemente las observaciones de Habermas sobre la evolución de la conciencia humana y la comunicación social (y entre paréntesis indicar los puntos de acuerdo con mi propio trabajo; quienes estén familiarizados con mis dos obras, Después del Edén y Los tres ojos del conocimiento, localizarán enseguida las similitudes). Las visiones generales de Habermas sobre la comunicación y la evolución social están basadas en su teoría de la acción comunicativa (o acción dirigida a la comprensión mutua como punto omega); recortaré muchas esquinas y daré tan sólo un breve resumen de su rica teoría; pido a los lectores interesados que consulten su obra original9.

En Después del Edén (y en Los tres ojos del conocimiento) seguí el innovador trabajo de Jean Gebser, que reconoce cuatro épocas principales en la evolución humana, cada una de ellas anclada en una estructura particular (o nivel) de conciencia individual a la que corresponde (y que fue producida por) una visión social del mundo particular. A estos estadios generales Gebser los llamó arcaico,

mágico, mítico y mental.

Habermas, como veremos, está de acuerdo en general con esta conclusión.

Yo (y Gebser, en menor medida) sugerimos, además, que cada una de estas estructuras de conciencia generaron una sensación diferente del espacio- tiempo, de la ley y la moral, un estilo cognitivo, una identidad del yo, un tipo de tecnología (o fuerzas productivas), tipos de impulso o motivaciones, tipos de patología personal (y defensas), tipos de opresión/represión social, niveles de aceptación y negación de la muerte, y tipos de experiencia religiosa.

En este capítulo, y sobre todo en el siguiente, examinaremos con cuidado las distintas visiones del mundo: arcaica, mágica, mítica y mental (y sugeriremos también posibles desarrollos futuros).

Pero, en primer lugar, quiero ser claro con lo que estamos intentando hacer ahora. He sugerido que existen holones individuales y sociales, y cada uno de ellos tiene un interior y un exterior. Así, en la evolución general y en la humana en particular, estamos siguiendo la pista de cuatro direcciones distintas, cada una de ellas estrechamente conectada y dependiente de las demás, aunque ninguna puede ser reducida a las otras.

Las cuatro direcciones o cuatro ramas son el interior y el exterior de lo individual y de lo social, o el dentro y el fuera del micro y del macro.

Ya hemos estudiado: 1) el desarrollo de las formas exteriores de los holones individuales, que van desde átomos a moléculas, a células, a organismos, a organismos neurales y hemos llegado hasta los organismos neurales de cerebro triple; por otra parte, 2) el desarrollo de las formas exteriores del holón social, desde los enjambres de estrellas a las galaxias, a los planetas, a Gaia y a los ecosistemas, hasta los grupos/familias (y sugerimos brevemente su continuación en pueblos, estados nacionales, y sistemas planetarios). Después, 3) sugerimos el desarrollo interno del holón individual, desde la aprehensión hasta el impulso, la imagen, el símbolo y el concepto (y más adelante indicamos brevemente su continuación en el pensamiento concreto y en el formal operacional, delineando la existencia de otros estados superiores). Y, por último, 4) hemos sugerido que, al menos en la evolución humana, el desarrollo interno del holón social se evidencia en una serie de visiones del mundo compartidas (desde la mágica a la mítica y la mental; posiblemente haya otras superiores). (Volveremos enseguida sobre estas correlaciones.)

Los niveles inferiores tienen una «visión del mundo» —con lo que me refiero a un «espacio común en el mundo»— precisamente en la misma medida en que creamos que tienen un nivel de conciencia o aprehensión. Si la profundidad es conciecia, que en mi opinión lo es, y si cualquier holón existe únicamente en un sistema de relaciones de intercambio con otros holones del

mismo nivel, lo cual es cierto, entonces cualquier holón tiene una interioridad compartida con sus semejantes, una «visión del mundo» o «un espacio común en el mundo» en el sentido más amplio. Ya hemos acordado que, como ejemplo, si un holón tiene cerebro reptiliano, tendrá entonces una interioridad de impulso, y hemos acordado también que esa interioridad no puede ser captada sin más por el lenguaje objetivo, y por tanto debe tener un espacio subjetivo (o protosubjetivo), un espacio compartido con los holones de la misma profundidad. No sólo hay superficies compartidas, también hay profundidades compartidas, o espacios comunes en el mundo.

Dicho de otra forma: si los holones comparten exteriores comunes, lo que es cierto, entonces comparten también interiores comunes (o espacios en el mundo). Hasta donde llevemos esto es una cuestión donde cabe un desacuerdo razonable, pero es ridículo confinarlo únicamente a lo humano.

Sin embargo, al igual que antes, cada uno se puede sentir libre de tomar este debate, desde el punto de la evolución, en que sienta que entra en escena alguna forma rudimentaria de conciencia o aprehensión; presumiblemente, cuando lleguemos a los humanos, todos estaremos de acuerdo en que existe una visión del mundo compartida, y estas visiones del mundo son simplemente el sentimiento interno de un holón social, el espacio interno de una conciencia colectiva en un nivel dado de desarrollo; no es sólo como «yo» me siento, sino como «nosotros» nos sentimos.