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4.4 Single Frame Compact Point Cloud Detection

4.4.2 Compact Point Cloud Detection

Jantsch da diversos diagramas similares a los de las figuras 3-3 y 3-4, que según él representan desarrollos en la noosfera (o lo que llama la evolución sociocultural). No los voy a reproducir aquí porque creo que están radicalmente equivocados. Jantsch dice que una vez que la evolución alcanza la noosfera, «las cosas se invierten totalmente». Pero lo único invertido es su propia confusión previa entre extensión y tamaño, y su insistencia en encontrar extensión donde hay principalmente intención. Sin esa confusión, se pueden ver en funcionamiento los mismos principios y el mismo proceso evolutivo; no hay «inversión». Como dije, Jantsch a menudo trata de hacer de la extensión espacial (tamaño físico) un correlato fundamental del crecimiento mental (sociocultural), cuando en la noosfera, como Descartes sabía muy bien, la extensión deja el lugar a la intención, sobre la que las medidas no se ajustan bien.

Volveré enseguida sobre este punto para repasarlo con cuidado, pero antes observemos el trabajo de los teóricos de sistemas que han registrado el crecimiento de los holones sociales humanos durante un millón de años, más o menos, de historia de la humanidad.

Recordemos que ya hemos perfilado (aunque brevemente) el crecimiento de los holones individuales, desde átomos a células, a organismos pluricelulares, hasta los animales complejos (los microcomponentes están sugeridos de forma aproximada en las mitades inferiores de las figuras 3-3 y 3-4), y también hemos indicado los holones sociales o medioambientales correlativos de cada nivel (los macrocomponentes sugeridos en las mitades superiores de las figuras 3-3 y 3-4). Después esbozamos brevemente el crecimiento posterior del holón individual de los animales complejos hasta los de cerebro trino (desde el reptil, al mamífero y al primate). Queremos observar ahora el entorno social y los tipos de holones sociales en los que existían los organismos de cerebro triple para facilitar sus relaciones de intercambio.

Esto nos lleva directamente a la noosfera, el reino de la evolución sociocultural (no sólo biosocial). Estamos añadiendo un tercer tablero al juego: materia, vida, mente.

Si observamos la figura 3-4, de Jantsch, recordaremos que los animales complejos individuales, hasta los primates incluidos (lo que incluye a los humanos), necesitaban holones sociales a nivel de familias/grupos, y si disponían de los apropiados, los holones individuales podrían mantenerse de forma muy adecuada (asumiendo, por supuesto, que todos los niveles anteriores en el individuo compuesto existen también en un marco de relaciones

equilibrado y sostenible con sus propios entornos; es decir, asumiendo que toda la disposición multinivel sea ecológicamente sana en el sentido más amplio, lo que tenemos razones para creer que era el caso en este punto de la evolución).

Expresado con más sencillez, el holón social de la familia/grupo podría haber mantenido el triple cerebro humano indefinidamente, de la misma manera que mantiene el triple cerebro de otros primates (que sigue existiendo en holones sociales de parentesco), el cual es bastante similar al humano. Pero el holón humano fue más allá de los holones sociales basados en el entorno de parentesco (basados biosféricamente), tales como la familia, y comenzó a producir pueblos, ciudades, estados… Como dije, un tercer tablero fue añadido al juego evolutivo.

Obviamente, esto hace surgir de nuevo una serie de viejos y espinosos problemas, como la relación entre cuerpo y mente o toda la cuestión de si la noosfera misma fue una buena idea para empezar. Todo lo que puedo decir es que intentaré tratar estos asuntos lo mejor que pueda, pero debemos proceder paso a paso y sólo se desvelará el verdadero significado de cada uno de estos pasos cuando el cuadro total comience a emerger.

Por el momento, señalemos que no hay una razón biológica que nos hubiera obligado a producir pueblos, ciudades y estados. El holón social de la familia/grupo podría haber mantenido el triple cerebro humano de la misma forma que ha mantenido el de los simios hasta el presente. Pero al igual que la materia sacó de sí la vida, el impulso de autotrascendencia dentro de la biología hizo emerger algo más allá de ella: símbolos y herramientas que, simultáneamente, creaban y dependían de nuevos niveles de holones sociales en los que los usuarios de esos símbolos y herramientas podían existir y reproducirse, pero ahora la reproducción era la de la cultura a través de la comunicación simbólica, no únicamente la reproducción de cuerpos a través de la sexualidad. El parentesco dio paso a la «cultura», añadiendo de esta forma una nueva dama azul sobre la roja y la negra.

Sólo un reduccionista sería lo suficientemente atrevido como para afirmar que la cultura es sólo una formidable manera de ganarse el pan, que la dama azul es sólo una solapada redisposición de las damas rojas y que la noosfera no es sino un giro más de la biosfera. Pero de la misma forma que la fisiosfera no está en la biosfera (no puedes encontrar damas rojas en ningún lugar del nivel 1), la noosfera no está en la biosfera (no hay damas azules en el nivel 2, no hay conceptos lingüísticos autorreflexivos; por ejemplo, no hay cálculo matemático, ni poesía, ni lógica formal).

Por lo que sabemos, el cerebro humano ha permanecido prácticamente inalterado a lo largo de los últimos cincuenta mil años. Y sin embargo, en todo ese tiempo, el cerebro trino ha producido una extraordinaria serie de logros y desastres culturales. En otras palabras, nada realmente novedoso le ha ocurrido

al cerebro durante ese periodo, no ha habido ninguna evolución biosférica importante, y sin embargo toda la majestad y la catástrofe de la cultura han desfilado por la escena, toda ella con la misma base biológica; no obstante, la majestad y la catástrofe no pueden ser reducidas ni explicadas ni están contenidas en esabase.

Una vez más, lo inferior había establecido los cimientos y preparado las posibilidades para la evolución superior (pero no la determinó), y esas nuevas posibilidades fueron puestas en juego en la noosfera, en el reino de la cultura, los símbolos y las herramientas.

Examinaremos los cambios noosféricos de los holones individuales en el capítulo siguiente. Por el momento centrémonos en la evolución de los holones sociales en la nueva noosfera emergente. La figura 3-7 está adaptada del «modelo sociocultural de sistemas fuera de equilibrio», de Alastair Taylor, un planteamiento social basado en la teoría dinámica de sistemas (en este caso nos estamos centrando en los aspectos «verdaderos» de la teoría de sistemas). Taylor mantiene que cada holón social sucesivo «se construye sobre las propiedades y experiencias sociales de(l) nivel(es) anterior(es) y, a su vez, contribuye con sus propias “cualidades emergentes”, que toman la forma de nuevas tecnologías y estructuras sociales, acompañadas por nuevas percepciones de la relación entre el ser humano y su entorno. Podemos discernir la existencia de desarrollos de complejidad y heterogeneidad crecientes (aunque en cualquier situación histórica podría ocurrir una experiencia diferente, incluso la contraria)»15; todos estos conceptos nos son

familiares (están contenidos en los veinte principios).

Podríamos incluir una enorme cantidad de componentes en la noosfera evolutiva de holones sociales, desde tipos de herramientas hasta distintas visiones del mundo, desde instituciones políticas hasta estilos artísticos, desde modas hasta la creación de códigos legislativos. Evidentemente, volveremos a estos distintos aspectos a medida que continuemos con nuestra historia, pero por el momento la figura 3-7 nos puede servir como ejemplo del crecimiento de los holones sociales en la nueva noosfera emergente16. Nos servirá, al menos,